Chicoloapan: crónicas fantasmas

* En la era de los medios de comunicación, nadie puede decir con certeza qué ha sucedido en los municipios de Chicoloapan y Neza, donde una serie de enfrentamientos dejó dos muertos y 7 heridos. Tres versiones, enfrentadas todas, no convencen a nadie en una realidad que se fragmenta en boletines oficiales, redes sociales y declaraciones de ciudadanos que nunca vieron nada. La sicosis desatada, sólo eso, fue lo único real. ¿Qué significa Chicoloapan?

 

Miguel Alvarado

San Vicente Chicoloapan es un municipio de 175 mil habitantes y es vecino de Chimalhuacán, Los Reyes e Iztapalapa, en el oriente del valle de México. Allí, el 5 de septiembre del 2012, la organización Antorcha Campesina, de filiación priista, se enfrentó a perredistas por el control de rutas para mototaxis, una modalidad  de transporte muy popular en aquella región.

Pronto, el enfrentamiento rebasaba cualquier proporción y los rijosos quemaban motos y camionetas. Las calles de Chicoloapan fueron nada más la punta de un iceberg que 24 horas después alcanzaba violentamente Neza, Ayotla, Chalco y Valle de Chalco. Nada más en Neza y luego de la batalla, las escuelas suspendieron labores y los comercios cerraron a pesar de que el ayuntamiento de aquel municipio negara cualquier acto delictivo, balacera o agresiones. La postura de los gobiernos locales y el estatal consistió en negar que algo sucediera en la región, a pesar de que la historia, con todo y fotos, circulara en tiempo real por redes sociales. Lo mismo pasó  con los noticieros de Televisa, donde se acusó al conductor Joaquín López de ocultar la situación.

Al terminar el miércoles 5, el saldo de la gresca arrojaba un muerto y tres heridos, además de 400 priistas contra 200 del PRD en espera de iniciar nuevamente su batalla. En Neza se informaba en redes sociales de la quema de un mercado público y de agresiones a comerciantes. Para José Salinas Navarro, alcalde priista sustituto de Neza, las cosas eran de un solo color. La paz imperaba en sus calles y la ciudadanía realizaba las labores cotidianas normalmente. No hubo nadie que le convenciera de lo contrario y así se sostuvo. “No hay ninguna perturbación de orden, ningún hecho violento”, diría para el gubernamental sistema informativo de Radio y Televisión Mexiquense.

Otra versión se observaba en medios menos controlados. Incluso se reprodujo que en realidad se trataba de un enfrentamiento entre los antorchistas contra algunos jefes del cártel de La Familia Michoacana, quienes al menos hace dos años pelean la plaza al cártel de Neza. La información cuadró al momento con los escenarios de la Tierra Caliente mexiquense y de las detenciones de narcos ligados a ese grupo, y que ahora deben luchar para conservar su negocio contra Los Caballeros Templarios, a quienes se perfila como los nuevos dueños del Estado de México en cuestión de droga. En Chalco, a las 6 de la tarde del 6 de septiembre, la versión de que los Zetas entraban en la pelea cobraba fuerza.

En Chicoloapan las fotos mostraban a decenas de hombres armados con palos, piedras y pistolas que deambulaban por calles desiertas. Otras, del día anterior, retrataban dos hombres tirados, presuntamente muertos y a un tercero en plena calle. A pesar de que no había un reporte oficial, algunos medios como La Jornada reportaban 3 heridos y dos muertos cerca de la Unidad Galaxia, en Chicoloapan, donde el antorchista Manuel López Sánchez quedó sin vida y Miguel Ángel Cruz, de 24 años, murió en un hospital, herido por bala.

Después de todo y a pesar de la negativa oficial de que algo sucedía, 100 elementos de la Secretaría de Seguridad cuidaban el lugar pero no detuvieron a nadie. Los rivales se adueñaron de las calles.

Pero otra versión circuló en las redes sociales. Ésta advertía sobre una “cortina de humo” que el PRI quiso tender para evitar protestas de perredistas en aquella zona, donde la mayoría simpatiza por ese partido. Así, dicen algunos habitantes de Neza, que todo comenzó cuando una patrulla municipal recorría la avenida Pantitlán el 5 de septiembre, alertado por altavoz a los comerciantes para que cerraran sus negocios, pues había gente armada disparando a civiles. Esto, esparcido por la propia policía, nunca pudo ser comprobado, aseguran pobladores de Neza, pero bastó para vaciar las calles. Lo cierto es que las redes sociales contribuyeron a difundir aquello, aunque esa era la intención, creer que algo sucedía cuando no era verdad. Y creerle a un medio independiente, no a Televisa. La finalidad de todo era política. Incluso algunos consideran que las fotos que circularon en la red pertenecían a una balacera ocurrida en agosto. La versión ubica que los antorchistas irían al informe del gobernador mexiquense Eruviel Ávila, para protestar, como siempre lo hacen, pero fueron regresados por la policía. Se reunieron en la Unidad Galaxia e iniciaron el zafarrancho, donde murieron dos y 7 fueron heridos. Luego, se trasladaron a Neza, todavía lejos de Chicoloapan, para evitar protestas sociales pues el 6 de septiembre Enrique Peña iniciaría una gira por el norte del país como presidente electo.

Las redes sociales, único canal de comunicación más o menos libre, son también armas de desinformación que pueden ser usadas a conveniencia de algunos. Chicoloapan es un experimento que demuestra la enorme flexibilidad de la historia. La búsqueda de versiones oficiales significa que el día a día sólo tiene un matiz y es el que las fuentes autorizadas firman. Las otras, aunque sean ciertas, serán descartadas porque nadie en un gobierno u organización reconocida las avala. Nadie es fedatario de lo que ve, aunque suceda ante sus ojos, si no trabaja para una dependencia oficial.

Ni siquiera los de Chicoloapan saben qué sucedió, pero para los de Antorcha un enfrentamiento significa muy poco, pues su historia está plagada de ellos. El más sangriento en el que participaron ocurrió el 18 de agosto 2000, en Chimalhuacán, cuando el antorchista Jesús Román Tolentino Bojórquez ganaba las elecciones para la presidencia municipal pero debía enfrentar la ira de Guadalupe Buendía Torres, “La Loba”, lideresa de la Organización de Pueblos y Colonias, OPC, brazo montielista y del salinismo que controlaba a quienes llegaban a habitar aquella región. Y es que en esas elecciones el perdedor era el hijo de la misma “Loba”, Salomón Herrera Buendía.

Los de “La Loba” habían controlado la alcaldía de Chimalhuacán desde 1996 y su pérdida representaba también la desprotección oficial. Así, mientras Tolentino se tomaba un café en un restorán cercano a la presidencia, los suyos y los rivales se mataban a balas y palos, dejando 10 cuerpos regados, 40 heridos y 204 detenidos. Aquí no hubo dudas ni información encontrada. Era lo que era y La Loba tuvo que escapar, junto con toda su familia, para evitar la detención, que finalmente sucedió. Ella permanece en la cárcel desde entonces, según el propio gobierno, cumpliendo una sentencia por 50 años. Sus amigos, gobernadores y secretarios de Estado, le dieron la espalda congruentemente pero olvidaron cuando ella, la cacica más poderosa de la región, les entregó miles de votos en elecciones chanchulleras, como narra una crónica de este semanario, en el 2010: “el primero de junio de aquel 2000, César Camacho, candidato a senador y ex gobernador mexiquense, lo pasó muy orondo reunido con la señora Loba, una ama de casa de armas tomar que en sus ratos libre se hacía llamar Guadalupe Buendía Torres y trabajaba como dueña absoluta de Chimalhuacán y sus gobernantes. Hoy presa, la señora Loba, como le gustaba le dijeran, era la anfitriona del licenciado Camacho. Pretextos sobraban y César se acordó de que a las abnegadas madres de aquella región nadie las había agasajado en su día. Así que le dijo a la señora Loba que le juntara muchas porque él, personalmente, iría a felicitarlas. Y así fue. ‘Que sí, que no, que como chingados no’, entonaban guturales aquellas mientras César posaba para las fotos. ‘Folclórica como siempre en el decir y el hacer, Guadalupe Buendía no tuvo empacho en señalar que ningún panismo ni perredismo entrarán a Chimalhuacán’, mientras anticipaba la victoria del licenciado, de Labastida y la de su propio hijo, Salomón Herrera, miembro destacado de aquella manada y que buscaba una diputación local, recordaba inocente una crónica de El Sol de Toluca. Camacho, alguna vez césar sin sufragios, se apresuró riendo a rifar estufas, lavadoras, refrigeradores, televisiones y planchas mientras tomaba aire y micrófono para asegurar a las 12 mil afortunadas que ‘vengo a cargar pilas con la gente de Chimalhuacán, especialmente con las mujeres, quienes nos llevarán al triunfo. Salomón Herrera mamó desde la cuna el servir a la gente como lo ha hecho Guadalupe Buendía’. Camacho perdió, de cualquier manera y junto con él sus aliados.

Pero algunos son intocables y juegan con la inmortalidad pública casi como al dominó. Los de Antorcha, corresponsables de aquella matazón en agosto del 2000, tenía para el año 2010 un imponente caserón en pleno corazón de Toluca, donde despachaban orondos los más destacados líderes. Una crónica del periodista Elpidio Hernández recuerda para este semanario que “el miércoles 28 de abril del 2010 en Toluca, el secretario general de Gobierno, Luis Miranda; el presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, Ernesto Nemer Álvarez y un nutrido contingente de legisladores y alcaldes priistas arribaron al predio marcado con el número 205 de la calle Benito Juárez para inaugurar las oficinas de esa organización en la capital mexiquense, destinadas, según dijo el dirigente nacional de los antorchistas, Aquiles Córdoba Morán, para “orientar a la gente más desprotegida y atender sus demandas más elementales”.

Aquel edificio es un antiguo caserón comprado a la familia Dosal Estrada. A la que pertenece el cronista deportivo de Televisa, Juan Dosal, y aunque no se reveló el monto de la compra, un edificio con similares características en el centro de la ciudad, cuesta hasta 20 millones de pesos.

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1 comentario

  1. […] el semanario digital mexiquense, Nuestro Tiempo, una crónica de Miguel Alvarardo sobre las raíces del pánico colectivo en el Oriente del […]


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