Exterminio

* La gira latinoamericana del presidente priista electo. Enrique Peña, lo llevó a Colombia. Allí, su agenda pública anunció que tomaría como modelo la experiencia de aquel país ante los cárteles y que la aplicaría en el propio programa de seguridad que pretende el sobrino de Arturo Montiel para México.

 

Miguel Alvarado

El narcotráfico en México es un negocio, como cualquier otro. Al pasar los años, quienes trabajan en ello se dieron cuenta de que debían verlo como una empresa y lo dotaron de estructura, incluso administrativa, para poder obtener el mayor provecho. Como todos los negocios, tiene aliados y rivales, pero el increíble flujo de dinero que genera lo hace apetecible para cualquiera. Incluso el menos avispado se da cuenta de que hacerse millonario de la noche a la mañana es más fácil si se interviene en el narcotráfico, pero no como simple matón o componente de la cuadra de trabajadores de segundo nivel. Quienes invierten y planean están más allá de las leyes mexicanas y de los Estados Unidos y de hecho son los mismos que gobiernan, que proponen y ejecutan las leyes y que además son dueños de medios de comunicación y producción.

Una pandilla de criminales que decide formar una célula de narcos sólo sobrevive porque en México el principal problema es la impunidad, que se desarrolla a cualquier nivel social y económico. Creada la impunidad, el resto es consecuencia. La corrupción de mandos policiacos y militares no puede entenderse sin la primera condición.

Ya establecido que se trata de un negocio, los cárteles creyeron que podían compartir, como lo harían televisoras o compañías de celulares, mercado y territorio. También se enteraron de que podían eliminar la competencia, o al menos debilitarla y que podrían hacerlo mejor si tenían de su lado a quienes definen lo legal y controlan las armas.

Los cárteles pequeños serían absorbidos por las “grandes compañías”, representadas por capos institucionalizados como el Chapo Guzmán, los Zambada y hasta los Beltrán Leyva.  Pronto, algunos se dieron cuenta de que podían juntar en una sola estructura a las disidencias y que podían pelear el mercado bajo condiciones de desventaja siempre y cuando contaran con apoyo de algún gobierno y patrocinio para soportar pérdidas. Así sucedió con Los Caballeros Templarios, escisión de La Familia Michoacana, declarada disuelta por el gobierno federal hace un año pero que pelea con desparpajo plazas mexiquenses y de Guerrero. La Familia tiene inclinación esotérica, casi masona, y hasta su brazo ejecutor había escogido el mote de Guerreros Celestiales, quienes según un reporte del analista Carlos Montiel, entrenaban a adictos desde centros de rehabilitación en el uso de armas y estrategias de combate. Indica que el fundar de La Familia, Nazario Moreno, había sido católico, Testigo de Jehová y fundador de su propio culto. Otros capos, como Osiel Cárdenas, habrían declarado que pertenecían al culto católico de La Santa Muerte. Tampoco se puede olvidar al santo patrono del narcotráfico, Agustín Malverde, de quien se comercializan estampas y figuras sin dificultades, pues es considerado anti-héroe, defensor de oprimidos como él mismo pudo serlo.

El 10 de marzo del 2011 aparecían en Morelia mantas colocadas en las calles por los Templarios, que anunciaban su llegada, como si se tratara de un producto novedoso o algún espectáculo de circo: “A toda la sociedad michoacana les hacemos de su conocimiento que a partir del día de hoy estaremos laborando en el lugar, realizando las actividades altruistas que antes realizaban los de ‘La Familia Michoacana’, estaremos a la orden de la sociedad michoacana para atender cualquier situación que atente contra la integridad de los michoacanos, nuestro compromiso con la sociedad será de salvaguardar el orden y evitar robos, secuestros y extorsiones y blindar el estado de intervenciones de organismos rivales. Atentamente, Los Caballeros Templarios”.

Lo mismo pasó con La Mano con Ojos, producto de otra ruptura y que decidió actuar por su cuenta hasta que la célula fue detenida, pero no desmantelada.

Así, el fenómeno del narco recrea instituciones y las adecua, como una sociedad formal, a las necesidades elementales de sus miembros militantes. No importa que el miedo sea una de los principales elementos de convencimiento y la muerte el precio demasiado alto que algunos deben pagar. De cualquier manera, ningún narcotraficante podría pelear solo la batalla por su mercancía y caería, tarde o temprano, víctima de fuerzas mejor organizadas y poderosas a quienes les interesa esa actividad. Templarios y Mano con Ojos han sido patrocinados, como si se tratara de franquicias comerciales, por un grupo de poder político que también representa una transición en los canales legales que siguen los que viven del poder público.

La gira latinoamericana del presidente priista electo. Enrique Peña, lo llevó a Colombia. Allí, su agenda pública anunció que tomaría como modelo la experiencia de aquel país ante los cárteles y que la aplicaría en el propio programa de seguridad que pretende el sobrino de Arturo Montiel para México.

El periodista del sitio digital Narco News, Bill Conroy, ha documentado en Ciudad Juárez el fenómeno de los cárteles de la droga y considera que aquella ciudad, la más violenta del mundo, podría ser una especie de zona de prueba, de experimentos, según se desprende de información filtrada de Wikileaks y que involucra a funcionarios mexicanos del servicio exterior. El panorama documentado muestra, pues, un exterminio selectivo en el que participan las fuerzas armadas mexicanas entrenadas por norteamericanos a través de un programa llamado Proyecto Esparta.

Peña Nieto contrató como asesor de seguridad al general colombiano Óscar Naranjo, ex director general de la Policía Nacional de Colombia. La revista Proceso documentó con información de la DEA, que Naranjo participó en “actividades de tráfico de drogas de la organización paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia, del grupo criminal Oficina de Envigado y del Cártel del Norte del Valle”, escribió el periodista Homero Campa.

“Salvatore Mancuso Gómez –uno de los ex dirigentes de las AUC, extraditado en 2008 a Estados Unidos acusado de narcotráfico– fue más lejos y le dijo a la DEA que Juan Manuel Santos, ministro de Defensa del gobierno de Uribe y actual presidente colombiano, participó en un complot para derrocar en 1995 al entonces mandatario Ernesto Samper. Explicó que ese complot derivó en el asesinato del político Álvaro Gómez Hurtado y afirmó incluso que en ese homicidio “estuvieron involucrados” el general Naranjo y uno de sus oficiales, Danilo González Gil”, complementa la revista en un reportaje del 23 de julio del 2012.

Bill Conroy da otra pista. En Colombia se empleó una estrategia llamada “Seguridad Democrática v2.0”, muy similar a lo que ya se practica en Ciudad Juárez por parte de las fuerzas armadas y el gobierno. Seguridad Democrática v2.0 no es sino un plan para contener ataques de fuerzas guerrilleras y grupos paramilitares contra soldados y policías, que en Colombia están representadas por las FARC y el ELN, a quienes se les señala de tener nexos con el narcotráfico.

El presidente colombiano Juan Manuel Santos relanzó ese programa en el 2010, implementado por su predecesor, Álvaro Uribe. Santos, con quien Peña dialogó en Colombia en esta gira del 2012, la implementó de nueva cuenta porque temía ataques de los remanentes de aquellas Autodefensas Unidas de Colombia, con las que habría participado Naranjo para derrocar al ex mandatario Samper.

Sin embargo, Autodefensas Unidas de Colombia tenían características especiales. Estaban formadas por paramilitares de extrema derecha, desde 1996 y tenían como objetivo fundamental limpiar zonas ocupadas por la guerrilla de izquierda, las FARC, para luego controlarlas. Después, fueron declaradas por el gobierno colombiano, EU y la UE como terroristas. Pero con ellas ya se habían involucrado empresarios, políticos que posteriormente fueron extraditados a EU con la denominación de narcotraficantes. Ellos se definían como contrainsurgentes y fueron fundadas por Carlos Castaño Gil, uno de los capos más importantes de ese país. En sus filas estaban el mencionado Mancuso, Iván Roberto Duque Gaviria, conocido como Ernesto Báez de la Serna, ex alcalde y líder social y a quien los EU le habrían abierto proceso por terrorismo y narcotráfico. También aparece Rodrigo Tovar Pupo, extraditado a EU por narcotráfico. Confesó más de 600 crímenes.

Carlos Castaño, antes de morir, escribió un libro autobiográfico, llamado Los Seis, donde señala que seis personajes de la más alta sociedad colombiana lo asesoraban para conducir su grupo paramilitar. Testimonios de otros implicados aseguran que uno de esos seis era el obispo Isaías Duarte Cancino, asesinado luego. Otro se trataba de José Miguel Narváez, ex subdirector del Departamento Administrativo de Seguridad: Uno más sería el ganadero cordobés Rodrigo García Caicedo.

Óscar Naranjo, el asesor de Peña, ayudó a salir de la cárcel a Mancuso y a Tovar pupo, cuando fueron arrestados en 1997, según documentos de la DEA recabados por Proceso. Naranjo desmintió a los narcos y llamó “mentiroso” a Mancuso, durante procesos seguidos. Subalternos de Naranjo fueron relacionados con el Cártel del Norte del Valle.

El propio presidente Juan Manuel Santos estuvo involucrado en un complot para derrocar a Ernesto Samper, pero además mantuvo relaciones con las AUC y con traficantes de coca. Algunos de esos barcos tenían contacto y reuniones con los capos mexicanos Beltrán Leyva. Sin embargo, Naranjo fue nombrado agente especial de la DEA, aunque honorario, en octubre del 2010.

Peña Nieto, desde Colombia y muy en el estilo que se le conoce, apuntó públicamente que “hemos comprometido contar con el respaldo, la asesoría y el apoyo institucional en las tareas que el gobierno a mi cargo habrá de seguir en materia de seguridad pública. Es claro que la experiencia de Colombia ha sido exitosa, que ha permitido disminuir de manera sensible los índices de criminalidad. Y es por ello que le he pedido al presidente Santos mantener la relación institucional de colaboración para respaldar el ajuste a la estrategia que en su momento esté haciendo mi gobierno a fin de asegurar la seguridad con el pueblo de México”.

Santos y Peña comparten que su presidencia será siempre cuestionada por las relaciones con el narco y por el presunto fraude electoral que se les imputa, respectivamente. Un país gobernado por el narco como México y otro, que pudo legitimar a figuras relacionadas con el crimen organizado, ahora se unen para compartir experiencias y aplicarlas, en medio del silencio tácito de los Estados Unidos, autoproclamados vigilantes del mundo.

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2 comentarios

  1. Ese modelo que quiere implementar Peña al final tambien involucra la intervencion de EUA???? Si es asi, God bless us…

  2. Analistas colombianos consultados telefónicamente por la AP indicaron que la gira de Peña Nieto por la región y su llegada a Colombia marca una diferencia con su predecesor, Felipe Calderón, quien debido a la lucha contra la violencia del narcotráfico estuvo concentrado en temas de seguridad interna.


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