El Barco Ebrio

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Neza, Chalco, Valle de Chalco, Chimalhuacán, Ecatepec y gran parte de la zona nororiente del Estado de México, conurbada con el Distrito Federal, es el principal bastión perredista en el centro del país.

 

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Allí se ganan y se pierden elecciones, locales o federales pero también se generan tratos comerciales de primera magnitud, pues es la puerta para acceder a la capital del país.

 

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La Zona Metropolitana tiene unos 23 millones de habitantes repartidos en más de 50 municipios mexiquense, dos de Hidalgo y algunas delegaciones del Distrito Federal. La fuerza productiva es enorme, así como la electoral y si bien la mitad de ese territorio ha estado en manos del PRI y del PAN, la otra es esencialmente del PRD. De Ecatepec es el gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, y encabezó aquella presidencia municipal en dos oportunidades.

 

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En esa Zona Metropolitana se gestó la masacre de San Salvador Atenco, que se ubica a pocos kilómetros de Texcoco, Neza y Los Reyes. Es Neza uno de sus municipios más violentos. Tanto, que tiene sus propios cárteles de la droga. Se recuerda al que dirigía la Ma Baker -Delia Patricia Buendía, una cajera de un café de chinos que se convirtió en la jefa única de los distribuidores de droga-, desarticulado según las autoridades hace unos seis años. Otro, el Cártel de Neza, también opera sin mayores dificultades.

 

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Chicoloapan, el pequeño municipio donde se originaron los rumores de violencia callejera, es parte de aquella realidad. Hoy, mil elementos del ejército y las distintas policías han entrado a Neza y su área conurbada para imponer orden.

 

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Hace una semana, las mismas autoridades que envían ahora al ejército aseguraban categóricamente que nada pasaba en aquella región. Que los enfrentamientos callejeros eran rumores esparcidos por personas, cuatro apenas, a las que se les pagó 400 pesos a cada una para que vocearan sobre la peligrosidad de Antorcha Campesina.

 

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Valle de Chalco es escenario de una serie de ejecuciones relacionadas con el narco. Se encuentra en el área de influencia de Neza. Ese municipio fue creado por el ex presidente Carlos Salinas. Incluso su nombre completo incluye la palabra “Solidaridad”. Salinas está de vuelta en la política pública, del lado de Enrique Peña. Aunque nunca se fue, este sexenio tendrá más poder que cuando era presidente.

 

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A Peña no le preocupa el Estado de México, salvo por los negocios que pueda hacer y el capital político que acumula desde el Grupo Atlacomulco. Las realidades sociales le valen sombrilla y quien lo dude puede ver los números que dejó en la entidad cuando era gobernador. Esta realidad, la suya, será la misma que imponga desde Los Pinos, pues no sabe administrar de otra manera. No es que sea malo, como venden las izquierdas, o que sea incapaz. Es inculto y violento, sí, pero ésa es otra historia. México permite que el menos apto conduzca el destino social de millones, pues así se cumple la fallida democracia que tanto se defiende.

 

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Chalco y Valle de Chalco son un matadero. Los últimos ejecutados, hasta el 20 de septiembre, aparecieron descabezados en una cabina telefónica, en la vía pública. Una de las cabezas incluso tenía acomodada la bocina del teléfono, simulando que hablaba. El terror en estado puro ha invadido paulatinamente al Estado de México. No es nuevo ni es más. Solamente se ha hecho visible.

 

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La entrada del ejército y la policía debería garantizar el regreso de la seguridad, si es que alguna vez la hubo, en aquellos municipios. No es así. Al menos en el imaginario colectivo, se asocia mejor a la extorsión y su presencia es más peligrosa y dañina que la de los propios criminales. Por otra parte, crimen organizado significa que las autoridades participan con los malosos, los cuidan , protegen y hasta entrenan. Son los mismos, pues.

 

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Aquella es una zona de migrantes y gran parte de su población trabaja en el Distrito Federal, sólo llega a dormir a sus casas básicamente porque allí encontró un hogar, pero no porque quiera permanecer, echar raíces. Neza es el caos mejor ejemplificado en el Estado de México, junto con Chalco y sus satélites. Quien controla el caos y puede sacarle provecho, domina las diversas situaciones. Es cuestión de la más elemental lógica. Una sociedad sustentada en el miedo responderá a esos estímulos sin darse cuenta.

 

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El ejército también patrullaba Toluca y nada sucedió. Habitantes del barrio de San Buenaventura, en la capital mexiquense, narran cómo los soldados se esconden, parapetados, debajo de puentes peatonales y esquinas en aquella zona, bajo disputa entre cárteles desde hace meses y de lo cual no se sabe casi nada. El ejército no interviene pero sí cuida. Nadie sabe a quién, a quiénes.

 

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Lo mismo sucede en el sur del Edomex, territorio dominado totalmente por los cárteles y que han sustituido incluso a las autoridades municipales. De todas maneras, nadie las necesita. Los grupos criminales se constituyen en gobierno y se autolegitiman, como sucede en las revoluciones cuando las distintas tropas toman las plazas y se fortifican hasta conseguir capital político y territorio.

 

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En México el narcotráfico ha entendido que su fortaleza es tal que puede competir hasta con el ejército. Los diferentes niveles de gobierno también han entendido que es más fácil y menos sangriento incluso, apoyar a las facciones y utilizar como brazo armado en caso de necesidad. Así, la guerra del narco se ha fragmentado en mini-guerras sin frentes claros ni rivales definitivos.

 

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Lo único cierto es que en México se libra una revolución, una guerra de guerrillas oculta, casi secreta cuyo único indicio es el número de muertos. Unos creen que ascienden a 95 mil, otros a 60 mil. Son más, pues de todas maneras son conteos basados en estadísticas oficiales y observaciones ciudadanas.

 

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Así, esta narcoinsurgencia, muy parecida a la colombiana de hasta hace pocos años, controla gran parte del país y sus actividades, pero nada se sabe de ella porque nadie quiere publicarlo, ni siquiera leerlo. La subcultura del miedo, otra vez, hace su papel y lo cumple comedidamente.

 

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Este país de mentiras tiene su explicación incluso en lo inmediato. Basta con voltear alrededor, a nosotros mismos. No siempre en la razón se encuentran las respuestas.

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