Ignorancia y ron

* Eruviel Ávila, entomólogo aficionado y pacifista a ultranza, ha resuelto el crimen del diputado Jaime Serrano, ultimado por su propia esposa luego de una riña conyugal, pero no puede responder por los 100 o más municipios mexiquenses que presentan un índice de feminicidios más alto que la media del país. Mientras la nación contabiliza 2.1 por ciento, el Estado de México alcanza, por sí solo, 4.1 por ciento, según el propio INEGI y la Secretaría de Salud.

 

Miguel Alvarado

Alonso Lujambio murió luego de padecer cáncer de médula. Apareció a finales de agosto en público, con un parche en uno de sus ojos y sin pelo. Ya se había convertido el símbolo del panismo, abanderado de las mejores intenciones, si es que eso existe en política, de la fracción que lo quería como candidato presidencial para enfrentar a López Obrador y Enrique Peña. Símbolo de los llamados “neocons”, Lujambio ha sido calificado por la prensa orgánica como un buen hombre pero también como un político comprometido hasta donde podía. La muerte de Lujambio se inscribe en el rosario de inconvenientes que el panismo enfrentó de cara al proceso electoral del 2012, donde Calderón pactó la derrota de Obrador, el triunfo de Peña y su propia salvación política y judicial, que será respaldada por el priismo de Grupo Atlacomulco y por el propio Emilio Chuayffet, inserto en cuanto se pueda en la Suprema Corte de Justicia como magistrado plenipotenciario al servicio de lo que se le ofrezca al nuevo presidente de México.

Descendiente de uno de los fundadores del PAN, Lujambio se afiliaría hasta el 2009 a ese partido. Es recordado porque fue señalado de cuadra las cuentas del grupo Amigos de Fox y exculpar al PAN por uso de influencias, desvíos y otros escándalos. Secretario de Educación, el día de su muerte, el 25 de septiembre, fue colocado por la clase política mexicana en una imaginaria rotonda que valoró por encima de todo su etapa terminal. Estudioso de la Universidad de Yale, absorbió punto por punto la escuela más pura del capitalismo salvaje que ha mutilado México y que cuesta 95 mil muertes cada seis años. La despedida de Calderón pintó mejor a Lujambio que cualquier remembranza. “Hemos perdido a un hombre de Estado”, decía el presidente desde Nueva York. La presencia en el funeral de amigos y compañeros no dejó de tener excentricidades, como la presencia del hijo de Enrique Peña, Alejandro Peña Pretelini, un niño adolescente. El sitio web ADNpolítico.com resumía la visita del junior: “a las 10:30, con dos camionetas de escoltas detrás de su vehículo conducido por un chofer, llegó a la capilla el hijo del presidente electo de México, Alejandro Peña Pretelini, sin su papá. Con el brazo derecho enyesado, el adolescente entró al recinto principal donde se velan los restos del ex senador únicamente acompañado por otros jóvenes, sin la presencia visible de algún otro adulto, salvo sus escoltas”.

¿Qué significa para Calderón la denominación de “hombre de Estado”? ¿Por qué Peña Nieto envió a su hijo a un funeral, como su representante? ¿Estaba Lujambio listo para ser presidente? Mientras, en el Estado de México, el gobernador Eruviel Ávila malgasta su tiempo público asistiendo a premieres cinematográficas en Estados Unidos que catapultan sus intenciones más näif y lo revelan como amante protector de las mariposas Monarca. Ávila equivoca sus prioridades y observa el campo desde otra perspectiva. Según la UNAM, la producción alimentaria nació al cayó 30 por ciento, aunque culpa a “la inestabilidad internacional”. Según el INEGI, se registró una alza  quincenal de 1.94 por ciento en los precios de los productos pecuarios. La tortilla alcanza 13 pesos por kilo.

El INEGI reporta que los productos y servicios a la alza, con relación a los últimos 15 días, son el huevo, con 5.19 por ciento de aumento; el pago de escuelas primarias, con 4.49 por ciento; el pollo, con 2.79 por ciento; jitomate, con 6.91 por ciento; el pago de escuelas secundarias, con 3.68 por ciento; el cobro de universidades, con 1.04 por ciento; la gasolina de bajo octanaje, con .19 por ciento; el gas LP y la carne de res, con .16 por ciento y las cebollas, con .12 por ciento.

Los precios suben, incluyendo las medicinas. Un ejemplo lo representa el medicamento genérico carbamazepina, que antes de septiembre costaba 19.50 pesos. Hoy, en la cadena de establecimientos Farmacias del Ahorro, cuesta 51 pesos. Una pieza de pan vale hasta 8 pesos en algunas comunidades.

Las anécdotas se suceden y pintan el panorama nacional que cada seis años una especie de caudillo político promete paliar. Pero el país no ha cambiado en más de 600 años y cualquier libro puede corroborarlo. Clero, empresariado, militares y políticos son capaces de cualquier cosa, incluso de vender territorio nacional y proteger a invasores con tal de conservar sus propiedades. El historiador Gastón García Cantú recuerda la proclama del general invasor norteamericano y que lanzara en Jalapa, en 1847: “Scott… se declaró defensor de la Iglesia y los propietarios. La guerra, por tanto, se libró contra las clases populares. La paz fue negociada entre unos y otros propietarios. Los norteamericanos deseaban más territorios: los mexicanos, conservar los que tenían cultivados por sus peones; la Iglesia, preservar sus vastos dominios y sus prerrogativas políticas y el ejército, con sus fueros, la facultad de decidor la policía del país”.

Eruviel Ávila, entomólogo aficionado y pacifista a ultranza, ha resuelto el crimen del diputado Jaime Serrano, ultimado por su propia esposa luego de una riña conyugal, pero no puede responder por los 100 o más municipios mexiquenses que presentan un índice de feminicidios más alto que la media del país. Mientras la nación contabiliza 2.1 por ciento, el Estado de México alcanza, por sí solo, 4.1 por ciento, según el INEGI y la Secretaría de Salud. Incluso municipios mexiquenses están por encima de estados enteros respecto al índice, como Tlatlaya, enclavado en el sur y que presenta 12.2 por ciento y se ubica en el segundo lugar nacional, detrás precisamente del propio Edomex; en tercer lugar está Nopaltepec, con 9.8, seguido de Tejupilco, con 8.9 y de Otumba y Almoloya de Juárez, con 6.7 y 6.8 respectivamente. Incluso Ciudad Juárez está por debajo de esas cifras, con 6.4 por ciento. La tasa máxima del DF es de 2.8 por ciento para el 2003; de Sinaloa, 2.5 y de Chiapas, 3.8.

En todo el país, entre los años 2000 y 2009, se cometieron 12 mil 636 feminicidios. En la entidad, en el  mismo periodo, 2 mil 881. Enrique Peña la gobernó del 2005 al 2011.

Uno de los municipios más castigados en ese rubro es Ecatepec, donde fue presidente municipal el actual gobernador Ávila, en dos ocasiones. Y es que esa región presenta 338 feminicidios; Neza, vecino de aquel, registra 205. Luego aparece Naucalpan, con 186 y Toluca, la capital, lleva 170. Ciudad Juárez tiene 408 en la misma cantidad de tiempo. Todo Sinaloa tiene 174 y todo Chihuahua, 843.

La desaparición de 4 representantes del movimiento “Yosoy132”, Aleph Jiménez, Diego Maldonado, Luis Enrique Castañeda, Ana Belém Sánchez y el bloguero Ruy Salgado, se inserta en una política de miedo que causó sinergia en Chicolopana, hace una semanas, donde una imaginaria marcha de la organización Antorcha Campesina obligó a suspender movilizaciones y protestas contra el propio Peña y mantuvo a los “resentidos”, llamados así por los “neocons”, fuera de las calles.

Y en la capital, Toluca, la delincuencia no respeta lutos ni funcionarios endiosados. Ahora los asaltantes de camiones perfeccionan la técnica. Suben a los que llevan poco pasaje. Someten al chofer y vacían la cajita de las monedas, pero para evitarse problemas, ordenan al pasaje descender de la unidad no sin antes regresar los 7 pesos que cuesta el pasaje. Acto seguido, cierran las puertas y corren las cortinas. Luego se llevan el camión, al que sacan de su ruta habitual con todo y operador. Nadie se entera de nada. Todo a las 12 del día, en Paseo Tollocan, frente a la Terminal camionera. Los Amigos de Fox, por ejemplo, no se diferencian en nada a los hábiles aunque rústicos ladrones de a pie. El cuello blanco, la eminencia gris, la universidad extranjera sofistica, eso sí.

Peña Nieto envió condolencias a la familia de Lujambio, pero no se olvida la crítica que se llevó del ex secretario de Educación, cuando en octubre del 2010 el fallecido calificaba al mexiquense de convertirse “en el prototipo de la acción comunicativa unilateral, del monólogo, del espot o de la noticia pagada”. Peña se encontraba en plena campaña anticipada y preveía, desde las palabras de Lujambio, la guerra sucia que finalmente no pudo sortear pero que no impidió el supuesto triunfo del mexiquense.

El destino los ubicó en extremos opuestos, dos años después. Uno, muerto por cáncer, elevado a la categoría de héroe panista sin méritos reales. Otro, presidente de un país al que el mundo, incluyendo a Estados Unidos, ve como el granero del narcotráfico y el nodo de un sistema de gobierno que aplica las más elementales políticas de expansión de los norteamericanos. El exterminio, el desprecio mortal que sufren los grupos étnicos y el dinero como valor moral y espiritual por encima de todo, ha cumplido el sueño gringo, planeado desde 1795, cuando ya se veían dueños del continente por decisión de un dios calvinista y ginebrino, recordaba el sociólogo Max Weber. “Ignorancia y ron, mitad a mitad”, solían decir los políticos norteamericanos en aquellos tiempos para definir su concepción del mundo.

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