Las cien mil violaciones

* A su llegada a la Presidencia, Felipe Calderón decidió dar una mayor participación al Ejército y a la Marina en la guerra contra los cárteles del narcotráfico. Los resultados están a la vista: Human RightsWatch en México ha documentado que “al iniciar la aplicación de la ley, las fuerzas armadas han cometido infracciones graves de derechos humanos, inclusive matanzas, torturas, y violaciones”.

 

Francisco Cruz Jiménez

Los Zetas ya se habían convertido en protagonistas de la escena criminal. La periodista mexicana Cynthia Rodríguez documentó en un libro que, luego de ocupar Michoacán y Guerrero, esta organización criminal estableció nexos con la mafia italiana Ndrangueta de Calabria, la empresa criminal más próspera del mundo, cuyas ganancias anuales se calcula que superan sesenta mil millones de dólares.

Cynthia documentó el papel central que comenzaban a tener los cárteles mexicanos en el creciente tráfico de cocaína de América a Europa. Estados Unidos, Centro y Sudamérica eran ya sólo una parte de una realidad mayor.

En la capital de la República, Karen empezó su relato: “Por lo que respecta a la estructura operativa de la organización conocida como Los Zetas, a la que pertenecí, comandado por Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, en ausencia de Osiel Cárdenas Guillén, se compone de varios niveles.

”El más bajo se denomina halcón, los ojos de la ciudad o vigilante. Luego siguen los encargados de las tiendas, de los puntos, los de productividad y más arriba se encuentra el L o cobra, responsables de la seguridad, por lo que andan armados —valga el pleonasmo— con armas cortas y largas.

”Más arriba se ubican los zetas nuevos o kaibiles, ex militares guatemaltecos que tuvieron entrenamiento especial y que siempre andan con las mejores armas, granadas, chalecos antibalas y cascos. Son, por ejemplo, los encargados de entrar primero a las casas, de revisarlas y llevar el mando en los operativos.

”Son los encargados de ejecutar a la gente porque, se supone, eso les da más fuerza y hace honor a su categoría de zetas. Incluso, en caso de enfrentamientos, los L o cobra tienen órdenes de no disparar, hasta que no lo hagan los kaibiles o hasta que éstos [sic] den la orden.

”En el caso de las detenciones, los L son los encargados de esposar al enemigo capturado, mientras los zetas nuevos dirigen el operativo. Fuera de los kaibiles, hay gafes —militares élite desertores del Ejército mexicano— o zetas viejos entre los que se encuentra la comandancia de la organización.

”Destacan Mateo, Mamito, Hummer, Rex, Ostos, Caprice, Tatanka, Lucky, El Paguita, Cholo, JC, Cachetes, Bedur, El Cuije, El Chispas, El Chafe, Tizoc, El Tejón —kaibil guatemalteco—, El Flaco y Lorméndez. Hasta hace un año, arriba de El Lazca, se encontraba Tony Tormenta, hermano de Osiel Cárdenas Guillén. Pero se pelearon y Tony abandonó la organización. Aparte de los anteriores niveles, cada plaza y cada encargado tienen sus informantes propios, su contador y sus sicarios”.

A su llegada a la Presidencia, Felipe Calderón decidió dar una mayor participación al Ejército y a la Marina en la guerra contra los cárteles del narcotráfico. Los resultados están a la vista: Human RightsWatch en México ha documentado que “al iniciar la aplicación de la ley, las fuerzas armadas han cometido infracciones graves de derechos humanos, inclusive matanzas, torturas, y violaciones”.

Sólo durante el primer semestre de 2010, el organismo registró al menos mil cien quejas por abusos cometidos por el Ejército y denunciados ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Y en su reporte “México: las violaciones de los derechos humanos cometidas por el ejército”, de diciembre de 2010, Amnistía Internacional (AI) critica al gobierno calderonista por su inadecuada aplicación de la justicia, en particular por las múltiples quejas contra el Ejército.

Un año antes, Amnistía Internacional denunció que las violaciones de derechos humanos por parte del Ejército en México han alcanzado “niveles escandalosos” en los últimos dos años, por lo que, en un acto inédito, convocó a una movilización mundial que implicaría manifestaciones en las embajadas mexicanas de ciento cincuenta países del mundo, en los que el organismo tiene presencia.

Al presentar los “Nuevos informes de violaciones de derechos humanos a manos del Ejército”, Alberto Herrera, representante del organismo en México, advirtió: los casos expuestos son sólo la punta del iceberg. De las denuncias presentadas se puede advertir que en dos años las quejas contra militares se triplicaron, al pasar de trescientas sesenta y siete en 2007 a mil doscientos treinta en 2008, mientras que durante los seis primeros meses de 2009 la cifra llegó a quinientos cincuenta y nueve.

AI “ha podido comprobar cómo el Ejército no ha investigado estas quejas a profundidad”, explicó Herrera, ya que en todo momento ha omitido indagar en la cadena de mando: desde los superiores que estaban a cargo de aquellos soldados, hasta los inferiores que cometieron abusos.

Desde que Calderón sacó de sus cuarteles al Ejército para tomar la delantera en el combate contra los cárteles de la droga, han muerto cerca de treinta y cinco mil personas. Las muertes de civiles o “daños colaterales” aumentaron ciento setenta y dos por ciento entre 2009 y 2010, documentó la periodista estadunidense CyrilMychalejko para Upside Down World.

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