Salto al vacío

* No hay nada más importante que sentar las bases de la cooperación y ayudar al nuevo presidente a trabajar en el mejor de los escenarios, dicen los medios masivos de comunicación por radio, televisión e internet. Piden que se perdone, o peor, que se olviden las trampas, pues ya pasaron y ni siquiera se pudieron probar en un ámbito de leyes. La legalización de lo imposible sucede en el país y se impone siempre. Calderón, cuestionado siempre por las elecciones que lo llevaron a la presidencia en el 2006, cerrará un ciclo de 90 mil muertos en las aulas de Harvard, una universidad que prepara a los aliados del gobierno norteamericano para administrar el mundo y a quienes llama, responsablemente según sus políticas públicas, “líderes globales”.

 

Miguel Alvarado

Mientras el nuevo presidente de México, Enrique Peña, termina de aceptar que efectivamente obtuvo el cargo, en la Toluca donde vivió gran parte de su vida y gobernó seis años, el narcotráfico se toma cualquier tipo de molestias para despedir el sexenio y saludar, entre líneas, al próximo negociador. “Uno de esos mensajes fue puesto en la calle 5 de Febrero, la situación podría dar un giro. A escasos cien metros de la gubernatura, el Congreso y el Tribunal Superior de Justicia Los Templarios se atrevieron y pudieron”, comenta el periodista de Toluca, Antonio Huicochea.

Según el comandante de la XXII Zona Militar de Toluca, José Luis Sánchez León, el Estado de México es disputado por tres cárteles, Los Templarios, La Familia y Guerreros Unidos.

Sánchez sabe de lo que habla. En 12 años, doce generales fueron investigados por nexos con el narcotráfico. Sánchez, nombrado en mayo del 2012, sustituyó en el cargo a Rubén Pérez Ramírez como comandante de la zona, encarcelado por colaborar con el cártel de los Beltrán Leyva desde Cancún. Orador consumado, apenas tenía oportunidad, recalcaba siempre la obligación de los militares en el sexenio de Felipe Calderón: “delicada y honrosa encomienda de salvaguardar a la nación, frente a quienes pretenden desafiar la ley y amedrentar a las familias, o las infringen con luto y atribulación”, que pinta de cuerpo entero la doble moral del Estado mexicano y enmarca un proceso electoral dudoso mediante el cual Peña se instala en Los Pinos.

No hay nada más importante que sentar las bases de la cooperación y ayudar al nuevo presidente a trabajar en el mejor de los escenarios, dicen los medios masivos de comunicación por radio, televisión e internet. Piden que se perdone, o peor, que se olviden las trampas, pues ya pasaron y ni siquiera se pudieron probar en un ámbito de leyes. La legalización de lo imposible sucede en el país y se impone siempre. Calderón, cuestionado siempre por las elecciones que lo llevaron a la presidencia en el 2006, cerrará un ciclo de 90 mil muertos en las aulas de Harvard, una universidad que prepara a los aliados del gobierno norteamericano para administrar el mundo y a quienes llama, responsablemente según sus políticas públicas, “líderes globales”. Que Calderón sea invitado para preparar a estos líderes, ofrecerles caminos y perfiles, resulta surrealista, casi estúpido. Estados Unidos, una nación narcotizada y que se desarrolla en el miedo eterno, poco puede cuestionarle a pesar de contar con una de las izquierdas mejor preparadas. México, traspatio histórico, no puede esperar otra cosa que narcomantas de despedida, deseándoles la mejor de las suertes a Felipe, un hombre que empeñó el dinero y la vida de otros en una guerra civil que no incluía ninguna propuesta social, excepto la del exterminio, el negocio y la impunidad. Calderón es acusado de nexos con el narco hasta por La Barbie, uno de los narcos más huidizos de México, capturado hace poco por la Federación. Ahora, en una carta publicada por el diario Reforma, Édgar Villareal Valdez lo escribe claro: “mi detención fue el resultado de una persecución política por parte del C. Felipe Calderón Hinojosa, quien instauró un acosamiento en contra de mi persona por la razón de que el suscrito se negó a formar parte del acuerdo que el señor Calderón Hinojosa deseaba tener con todos los grupos de la delincuencia organizada para lo cual él personalmente realizó varias juntas para tener pláticas con grupos de delincuencia organizada. Posteriormente se realizaron diversas juntas a través del General Mario Arturo Acosta Chaparro, quien se reunió por órdenes del Presidente y Juan Camilo Mouriño, con dos de los jefes de La Familia Michoacana. Posteriormente el general se entrevistó en Matamoros con Heriberto Lazcano y Miguel Ángel Treviño “El Z-40”. Tiempo después Acosta Chaparro y Mouriño se entrevistaron con Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, y también se entrevistó con “El Chapo” Guzmán, líder del Cartel de Sinaloa. Calderón quería el acuerdo con todos los cárteles: Cartel de Los Zetas, Cartel del Golfo, conmigo, Cartel de Juárez con Vicente, Mayo y Chapo”. La carta, extensa y directa, destapará si el nuevo gobierno quiere, las relaciones entre el poder público y la delincuencia organizada, pero también, se entiende, será sólo una corroboración de lo ya sabido. Peña y su grupo, el de Atlacomulco, ha pactado una temporada de no agresión pero la romperá pronto, pues esa es la característica de sus jefes, Arturo Montiel y Carlos Salinas.

En Toluca las mantas fueron retiradas, al igual que otras siete colgadas en octubre de este año. Estos señalamientos no son los únicos que el narco deja en la capital. Negocios abandonados en el primer cuadro observan en cortinas metálicas los mensajes de La Familia, asumiendo la quiebra por terror de los comercios, pequeños y grandes.

Mientras, el gobernador mexiquense Eruviel Ávila, se pasea por su entidad. Inaugura seminarios en Ixtapan de la Sal e impulsa reformas ante el Congreso local, como las que incluyen representaciones jurídicas para los municipios y en un curioso giro Ernesto Nemer, secretario de Gobierno, se ocupa de lo menos frívolo cuando, al menos a nivel de opinión, garantiza que el Edomex  “será modelo de un programa ambicioso e integral contra la corrupción”.

Los golpes de pecho de Peña resuenan en Toluca, mientras la realidad se cumple y las cifras oficiales , ya en manos del Grupo Atlacomulco, dicen todavía otra cosa. La Procuraduría mexiquense, dice el diario local Alfa, reporta 90 elementos reprobados en los exámenes de Confianza que se aplicaron a la instancia. Para nadie es un secreto la ineficiencia o al menos inescrupulosidad de la policía en general y de las instancias de justicia en el país. Pero pocos están conscientes, por ejemplo, que la deficiencia cuesta y duele.

En el 2010, la entidad registró 297 mujeres desaparecidas. Hay 922 casos de feminicidios, de los cuales el gobierno acepta 90 y dice que ha resuelto 78. Pero la Subprocuradoría para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género indica que de los 922 casos, ubicados entre el 2005 y el 2010, apenas se han resuelto 222 y de los 49 cometidos este año, cinco quedan todavía sin solución.

Peña Nieto llega a Los Pinos por la vía más incómoda aunque efectiva. Apuesta por la memoria colectiva diluida y una nueva política contra el crimen. Los pactos que no pudo o no quiso hacer Calderón los intentará Peña, en contextos favorables para los involucrados. El Estado de México será el primero en ser negociado, pues es el ejemplo práctico donde se volcará la atención. Inicia la era de Peña, nada nuevo para algunos pero un salto al  vacío para el resto de México.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s