Cierre de año

* Eruviel Ávila mantiene extravagancias que cuestan dolores de cabeza a sus colaboradores personales. Debido a que tiene la piel demasiado sensible, el gobernador usa cremas especiales para protegerse de los climas extremos del Estado de México y en la Coordinación de Servicios Aéreos padecen para tener listos los productos, que se facturan por fuera, para preservar la salud del gobernador. Esta Coordinación, cuyos servicios específicos son las “operaciones de transportación aérea en apoyo a servicios de seguridad pública, tránsito vehicular, protección civil, emergencias médicas y traslados del C. Gobernador y gabinete”, cuestan a los mexiquenses 96 millones 705 mil 341 pesos al año.

 

Miguel Alvarado

Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, cierra el peor año de su vida pública. Con un gabinete desmantelado por el llamado desde la Federación a más de 400 funcionarios, enfrenta ahora un equipo totalmente armado desde la perspectiva de Enrique Peña y Ernesto Nemer, quien se perfila como el sucesor del actual Ejecutivo estatal, que mientras tanto entiende el papel secundario que desempeña.

Ávila, un ex alcalde de Ecatepec y militante sumiso del montielismo, tuvo su premio económico cuando ganó las elecciones del Estado de México, que generalmente garantiza una carrera política a la sombra del erario. Ana Lilia Herrera, otra montielista, obtuvo una senaduría pero también proyección pública para contender, dentro de cinco años, por el lugar que ahora ocupa Eruviel. Lo mismo sucede con otros mexiquenses. Alfredo del Mazo Maza, Alfonso Navarrete Pria y hasta Emilio Chuayffet y César Camacho fueron nuevamente resucitados para la actividad nacional. El equipó que se le diseñó a Peña promueve un perfil que pondrá a México en la misma situación de 1994. Mientras eso sucede, el nuevo presidente se placea y luce con quien puede, como ocurre con el boxeador Juan Manuel Márquez, emocionado hasta las lágrimas cuando el presidente le levantó la mano, en una mefistofélica reunión donde hasta el secretario de Educación aparece, todo sonrisas, mientras el vapuleado deportista observa embobado a uno de sus máximos patrocinadores.

Eruviel Ávila hace lo mismo pero no le resulta igual. Aparece en todas las reuniones políticas importantes. Envía mensajes contra la delincuencia y hasta se preocupa por temas sociales como el encendido del árbol de Navidad en el Difem. Nada le resulta. Paga la misma cuota de publicidad que Peña en sus tiempos y aunque lo colocan en primera plana, nada más no luce.  Toma protesta a los alcaldes priistas y se congratula, de vez en cuando, por los aciertos del llamado “jefe de jefes”, como se le conoce al sobrino de Arturo Montiel.

Ávila promueve la economía dese su muy particular estilo peor lo cierto es que el Estado de México no ha experimentado un buen año. La derrama económica llegará, pero tarde y para las micro y medianas empresas tal vez signifique más que atrasarse en pagos. Un ejemplo se encuentra en un negocio propiedad del esposo de la productora de Televisa, Carla Estrada, Óscar del Toro, ubicado en Toluca. Primero se llamó Brothers and Sisters y luego Estrellas B&S, dedicadas a vender artículos por catálogo. Desde el 2010, Del Toro había sido demandado por deudas de hasta 40 millones de pesos con sus proveedores y por impagos con sus trabajadores. Tiene como socios a empleados de Televisa como el presentador Xavier López “Chabelo” o los cómicos Jorge Ortiz y Polo Polo. Desde sus inicios presentó incumplimientos y hasta los mismos empleados la señalan como una empresa estafadora. Señalan a los socios como culpables por no dar la cara. Ellos, por su lado, alegan que Del Toro los ha estafado y ni siquiera la intervención del Grupo Interacciones, que compraría la empresa, ha generado calma en los más de 20 proveedores que no han recibido pagos. Algunos pequeños empresarios han quebrado totalmente, pues las ventas a la empresa del esposo de Estrada representaban el total de sus ingresos. Las empresas de Del Toro carecen de activos fijos y operan mediante terceros. Las demandas no han prosperado porque el empresario presume de amistad con los funcionarios.

El gobierno del Edomex ha dado facilidades a empleados de Televisa y a la misma compañía para establecer empresas en la entidad pero los resultados no son satisfactorios. De hecho, el gobierno del Edomex es el principal consumidor en esos negocios. La derrama, pues, no se cumple.

El caso de Del Toro es apenas uno en una entidad que no reporta huelgas anuales pero oculta las condiciones de obreros y trabajadores de la IP. Eruviel y Peña no tiene nada de qué presumir cuando la mitad de la población mexiquense vive en alguna clase de pobreza. Quienes aplicaron las políticas para que ese panorama se presente en la entidad están hoy al lado del presidente.

Eruviel, por otra parte, mantiene extravagancias que cuestan dolores de cabeza a sus colaboradores personales. Debido a que tiene la piel demasiado sensible, el gobernador usa cremas especiales para protegerse de los climas extremos del Estado de México y en la Coordinación de Servicios Aéreos padecen para tener listos los productos, que se facturan por fuera, para preservar la salud del gobernador. Esta Coordinación, cuyos servicios específicos son las “operaciones de transportación aérea en apoyo a servicios de seguridad pública, tránsito vehicular, protección civil, emergencias médicas y traslados del C. Gobernador y gabinete”, cuestan a los mexiquenses 96 millones 705 mil 341 pesos al año.

Eso, y que en el Estado de México no se paga tenencia pero sí refrendo de placas, es lo más importante del gobernador del Estado de México, un hombre plegado ante las órdenes de la Federación y que ha entendido, todavía por las buenas, que su carrera política no depende de su inteligencia. Las manos de Peña Nieto se verán a partir del próximo año en los presupuestos que experimentará el Estado de México. No en balde sus colaboradores cercanos son también los dueños de las empresas en la entidad y serán ellos quienes manejen los dineros del país. Mientras Jenni Rivera, cantante grupera de Televisa, se calcinaba hasta los huesos en un accidente aéreo y su empresa aprovechaba la ocasión para hacer programas especiales casi inmediatos, Peña proponía recortar 37 por ciento al presupuesto de Conaculta y mandar a volar a los intelectuales orgánicos, pero también a los que trabajan por las actividades y promociones.

La pérdida del sentido común se retrata en las calles de la ciudad cuando los camiones urbanos son secuestrados por asaltantes que además violan a las pasajeras y en la postura de las autoridades de ocultar información, pues la unidad plagiada el 5 de diciembre, con 35 pasajeros a bordo y que por más de cuatro horas transitó por las calles de la ciudad sin que nadie se diera cuenta de nada. El evento no era el único, pues ya se había denunciando tres casos similares sucedidos en menos de un mes.

El Edomex de Peña Nieto no necesita del narcotráfico para desnudar impunidades y desaseos. La experiencia cotidiana es suficiente para entender que el gobierno de Eruviel piensa en grande. Y nada más.

 

Los primeros Golden

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

La historia oficial de Peña puede tener muchas lagunas, pero se puede afirmar que cuatro acontecimientos recientes y uno muy lejano, todos de trascendencia, marcaron su desarrollo político y lo encauzaron en la búsqueda de la Presidencia de la República. El primero fue el fracaso de Montiel en 2006. Éste gastó demasiado en los medios, sobre todo en televisión, pero descuidó a su más sólido rival interno: Roberto Madrazo, quien desde la presidencia nacional priista moldeó la convocatoria para erigirse como candidato en 2006.

Segundo, los mexiquenses conocían los errores de Montiel cometidos en su paso por la gubernatura. No sólo había acusaciones de corrupción personal y familiar que explotarían en Televisa, empresa a la que Montiel entregó fuertes sumas de dinero de las arcas estatales con tal de hacerse de imagen y capital político y, al mismo tiempo, labrar los de su sobrino.

El tercer acontecimiento fundamental, aunque misterioso, fue la inclusión de Enrique en la lista de líderes mundiales juveniles que, en febrero de 2007, hizo pública el Foro Económico de Davos. Esto colocó a Peña en otra dimensión, alimentó la esperanza y le dio el impulso definitivo. Fue como un banderazo de arranque. En esa misma relación, pero años antes, se había escrito el nombre del panista Felipe Calderón Hinojosa.

Davos es la tribuna habitual de los dueños del dinero y el poder. La directriz de las agendas del neoliberalismo se escribe aquí. Por esa razón, desde este lugar algunos políticos intentan derribar, cuando las hay, las barreras del empresariado. La inclusión de Enrique Peña Nieto en esta lista fue una clara señal para los priistas de que su candidato iba por el camino correcto. Tenía 40 años de edad.

El opulento escenario suizo, convertido durante los primeros meses de cada año en la capital de la globalización, ratificó a Peña en enero de 2008 como líder mundial juvenil. El atlacomulquense se presentó ante 27 jefes de Estado, al menos 113 ministros, mil 300 directivos de grandes empresas y 340 representantes de la sociedad civil. Mejor, imposible. El significado verdadero se notaría en los siguientes años. Lo atestiguaría el país entero.

En enero de 2008, gracias al presupuesto estatal, Enrique se encargó de probar a todos los políticos priistas mexiquenses su entronización. Mediante un desembolso de 60 mil dólares, viajó a Davos con una selecta comitiva: Luis Videgaray Caso, Gerardo Ruiz Esparza, Marcela Velasco, Laura Barrera y Enrique Jacob Rocha. Ellos representaban a cada uno de los más importantes subgrupos políticos del PRI del estado de México.

Era evidente que Peña estaba montado en una gran campaña mediática para mostrarse como un político moderno, con una imagen radicalmente opuesta a la de su antecesor en el gobierno mexiquense, Arturo Montiel. Atrás de él se notaba la firme presencia de otros personajes como los ex presidentes Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo —a través de su ex secretario particular Liébano Sáenz—, así como la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo Morales.

También se hacían esfuerzos de acercamiento y reconciliación con la familia Hank Rhon. La relación había quedado maltrecha desde diciembre de 2004, cuando el PRI mexiquense, entendiéndose éste como Montiel, obligó a Carlos Hank Rhon a renunciar a la búsqueda de la candidatura priista para gobernador, que al final se le entregó a Peña.

 

Los secretos del poder

 

La versión principesca que difunden los priistas mexiquenses y atrapa la imaginación de los nuevos simpatizantes y seguidores del presidente Peña tiene su contraparte: episodios negros, nunca desmentidos ni aclarados, cuyos efectos ocultos, de distinto tamaño e intensidad, hacen palidecer por el hecho de que cambiaron la historia mexiquense a partir del 5 de marzo de 1942.

No hay saña ni asombro. Aun si uno hace todo el esfuerzo por creer, los hechos ofrecen pocas razones para el júbilo, obligan a dar un giro inesperado y a ver la democracia reducida meramente a una materia teórica o literaria en salones de clase de alguna universidad.

Durante aquel mes de 1942 hubo quienes cuestionaron las medidas ilegales a las que recurrió el culto y refinado Isidro Fabela para imponerse como nuevo gobernador mexiquense y deshacerse de todos los funcionarios del gobierno anterior. Poco se dijo sobre la cacería de políticos emanados del Partido Socialista del Trabajo (PST), pilar para la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR), con todo y su círculo rojinegro.

Mucho menos se habló de la represión ejercida sobre estudiantes universitarios que repudiaron la forma en la que Fabela fue impuesto por el presidente Ávila Camacho, y veían “mano negra” en el asesinato del gobernador Alfredo Zárate Albarrán, los cuales fueron identificados, encarcelados y fichados.

Un análisis elaborado a partir de la composición del gabinete, así como de los cambios en la Legislatura local y en los cuadros del PRI estatal muestra que el fabelismo —entendido como familiares directos y un pequeño círculo de amigos de Atlacomulco y compadres— acaparó hasta 90 por ciento de los puestos de la alta burocracia política y administrativa.

Para evitar su declive y autodestrucción, Fabela aniquiló a la clase gobernante que surgió con los hermanos revolucionarios Abundio, Margarito y Filiberto Gómez Díaz, consolidados con el obregonismo y que, a través de su Grupo Toluca, habían controlado el estado de México por dos décadas. Al término de su mandato, en 1945, el nepotismo le dio la fuerza suficiente para llevar a la gubernatura a su sobrino Alfredo del Mazo Vélez —tesorero y secretario general de Gobierno en la administración fabelista—. El fabelismo se instauró como la base del llamado Grupo Atlacomulco, hasta 1969 cuando emergió plena la figura del profesor normalista Carlos Hank González.

Gracias a la corrupción pública —como se demostró en un estudio encargado en 1942 a los abogados Enrique García Campos, Eduardo Pallares y Germán Fernández del Castillo, especialistas en derecho constitucional—, el nepotismo, compadrazgo, compra de votos, control de la prensa, amiguismo, sumisión y simulación electoral, Fabela colocó los cimientos para garantizar que, en el futuro, el grupo político de su pueblo natal cumpliera con la profecía e impusiera al presidente de la República.

Si bien queda claro que el Grupo Atlacomulco—cuyos orígenes pueden rastrearse hasta finales del siglo XIX, cuando comenzaron a controlar todos los puestos públicos del ayuntamiento de Atlacomulco— nada tuvo que ver con el atentado que le costó la vida a Zárate Albarrán, el prestigioso Fabela se dejó seducir por el poder presidencial de Manuel Ávila Camacho, quien intentaba acallar cualquier duda sobre los trágicos sucesos de aquel marzo de 1942.

Para gobernar, Fabela utilizó la llamada “ley de compensaciones familiares” y se hizo acompañar en su administración por toda su parentela encabezada por sus sobrinos Alfredo y Antonio del Mazo Vélez, Alberto Vélez Martínez, Gabriel Alfaro, Enrique González Mercado, Rafael Suárez Ocaña, Roberto Barrios Castro —a quien encargó responder uno de sus informes anuales de trabajo—, Silvano Sánchez Colín, Maximino Montiel Olmos, Fidel Montiel Saldívar y Federico Nieto. Destaca este último por su estrecho vínculo con Enrique Peña Nieto, al igual que los Del Mazo.

Más claro, ni el agua: Fabela hizo de la gubernatura un negocio familiar muy rentable. Los apellidos relacionados con su familia conforman la aristocracia que, desde hace siete décadas, condimenta los presupuestos y nóminas del gobierno estatal, las diputaciones, escaños en el Senado, regidurías, presidencias municipales y, de cuando en cuando, alguna oficina de cualquier secretaría de Estado.

También fomentó la creación de un grupo de jóvenes políticos-guapos, cuyos alumnos más destacados fueron Alfredo del Mazo Vélez y el humilde profesor normalista Carlos Hank González. Ellos fueron los primeros Golden Boy’s, aunque el término se acuñó hasta 1999, iniciado el sexenio de Arturo Montiel Rojas.

Con un PRI descompuesto y viciado, Fabela se dedicó en 1944 y 1945 a preparar la candidatura de su sobrino Del Mazo Vélez. “Cuando en las postrimerías de 1944, Adolfo López Mateos, de 34 años de edad, tuvo la oportunidad de platicar con el gobernador Fabela para plantearle asuntos relativos al Instituto Científico y Literario Autónomo (ICLA), hoy Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), consideró propicia la ocasión de insinuarle sus aspiraciones de gobernar el estado. El atlacomulquense entendió que el director del ICLA quería ser su sucesor y, sin más ni más, lo paró en seco, diciéndole que era comprensible su deseo, pero que él consideraba que aún estaba muy joven; que en esos momentos aún estaban vivas las actividades que había desarrollado en el movimiento vasconcelista, recomendándole finalmente que orientara su vocación de servicio al desarrollo de su municipio, Atizapán”, escribió Jorge Díaz Navarro, maestro de varias generaciones de periodistas en el Valle de Toluca, en su libro inédito, Feudalismo Político en el Estado de México.

La realidad era diferente, según confesó, en 1978 Salomón González Blanco, entonces gobernador de Chiapas, en una entrevista con Díaz Navarro: “López Mateos no pertenecía al grupo de don Isidro. Y, en cuanto a la recomendación que le hiciera de orientar su vocación de servicio a Atizapán de Zaragoza, conllevaba un vaho de discriminación”.

Como lo advierten algunos viejos periodistas mexiquenses: la intervención de Fabela, en las siguientes décadas del desarrollo político mexiquense, devino en el desmesurado enriquecimiento de ciertos grupos y sectores del valle de Toluca y Atlacomulco. Fue, a la vez, un desarrollo falso e inconsistente.

 

Las mil caras de El Coqueto

* “Lo que queremos es que se juzgue ya (al “Coqueto”), que no salga libre, que se comprometan (las autoridades) a que ese tipo no va a salir. Ahorita lo que menos me importa es cómo se juzga, sino que la sentencia no sea menor de 100 años, para que no salga y ande nuevamente con su microbús atacando mujeres”, dijo Amparo Vargas, madre de Eva Cecilia, joven de 16 años víctima de Librado Legorreta. “El Coqueto” fue detenido el pasado 23 febrero y es procesado por el feminicidio de siete mujeres –tres de ellas menores de edad–, y por la violación sexual de una de sus víctimas, la cual sobrevivió. Por este último delito ya fue sentenciado a 24 años de prisión por parte de las autoridades mexiquenses.

 

Gladis Torres Ruiz/ Cimac

Toluca. Ante la incapacidad de las autoridades del Estado de México para acreditar el delito de feminicidio, y el desgaste emocional de las familias ante el proceso  que se le sigue a César Armando Librado Legorreta, “El Coqueto”, las madres de las víctimas del violador y homicida confeso buscan una sentencia “exprés” que dé por concluido el juicio.

“Lo que queremos es que se juzgue ya (al “Coqueto”), que no salga libre, que se comprometan (las autoridades) a que ese tipo no va a salir. Ahorita lo que menos me importa es cómo se juzga, sino que la sentencia no sea menor de 100 años, para que no salga y ande nuevamente con su microbús atacando mujeres”, dijo Amparo Vargas, madre de Eva Cecilia, joven de 16 años víctima de Librado Legorreta.

“El Coqueto” fue detenido el pasado 23 febrero y es procesado por el feminicidio de siete mujeres –tres de ellas menores de edad–, y por la violación sexual de una de sus víctimas, la cual sobrevivió. Por este último delito ya fue sentenciado a 24 años de prisión por parte de las autoridades mexiquenses.

Uno de los siete casos de feminicidio corresponde a una joven del DF, donde se lleva a cabo el juicio. La pena máxima por ese crimen en la Ciudad de México es de 70 años de cárcel.

Librado Legorreta, de 29 años, cometía sus violaciones y homicidios entre el DF y el Edomex en el microbús del transporte público de la Ruta 2, que corre del Metro Chapultepec a Valle Dorado, en el municipio de Tlalnepantla.

El cuerpo de Eva Cecilia, hija de Amparo Vargas, fue localizado 40 días después de su desaparición, el 26 de noviembre de 2011, debajo de un puente del Circuito Exterior Mexiquense, en Tultitlán.

 

Incapacidad judicial

 

En un juicio lento y tortuoso, en el que además de soportar las “burlas” de Legorreta durante las audiencias –a decir de las familias de las víctimas–, las madres de las jóvenes han denunciado la complejidad para acreditar el delito de feminicidio.

Por ello, explicó Amparo Vargas, las abogadas y abogados de las víctimas y del acusado acordaron abreviar el juicio para que ninguna de las partes brinde argumentos para acreditar o no el delito, y así abrir la posibilidad de que el juez sentencie a “El Coqueto” a 70 años de prisión por cada una de las jóvenes asesinadas, es decir cerca de 500 años de cárcel.

La propuesta de terminar de manera anticipada el proceso fue de Dante Garduño, abogado defensor de oficio del inculpado, aclaró Vargas.

La madre de Eva Cecilia advirtió que de alargarse el proceso además se corre el riesgo de que al feminicida se le reduzca la condena, debido a que ha “colaborado para reunir las pruebas necesarias”.

El 6 de diciembre comenzó una audiencia en la sala tres del edificio de Control y Juicios Orales, en el penal de Barrientos, en Tlalnepantla.

Amparo Vargas insistió en que las familias de las víctimas no quieren pasar cuatro o cinco años más en juicio, por lo que en la audiencia se le presentará al juez Juan Arturo Velázquez Méndez una propuesta de acuerdo para abreviar el proceso y se dicte sentencia en los siguientes cinco días hábiles. De ser así, el 12 de diciembre habría una condena definitiva.

 

Mala tipificación

 

El delito de feminicidio quedó tipificado en el Código Penal mexiquense el 18 de marzo de 2011. La pena de prisión va de 40 a 70 años.

David Peña, uno de los abogados que litigó ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos uno de los tres casos de feminicidio del Campo Algodonero, en Ciudad Juárez, ha señalado en reiteradas ocasiones que los códigos Penal y de Procedimientos Penales mexiquenses definen el delito en términos académicos y no jurídicos, lo que hace “casi imposible” la acreditación de este tipo de violencia contra las mujeres, y en consecuencia la sanción a los responsables.

El feminicidio quedó definido como la “privación de la vida, asociada a la exclusión, subordinación, discriminación o explotación; cuando ocurra con una persona con quien se haya tenido una relación sentimental, afectiva, o de confianza laboral o escolar; cuando el agresor haya ejecutado conductas sexuales crueles o degradantes o mutile a la víctima, o cuando existan con antelación actos que constituyan actos de violencia familiar del ofensor hacia el ofendido”.

Así, según Peña, la tipificación deja a la interpretación de los jueces si el asesinato fue por razones de género, “es decir si hubo subordinación, exclusión… las cuales son condiciones difíciles de probar, pues no se tiene el testimonio de la víctima, y el Ministerio Público deberá probar que la muerte fue por razones de género y acreditar la discriminación y la explotación…”.

Por la complejidad de esta tarea es posible que en vez de indagar el delito como feminicidio, el MP lo clasifique como cualquier otro tipo de homicidio, abundó el abogado experto en violencia de género.

 

Desgaste

 

“La mayoría de las madres y padres lo que menos queremos es estarlo viendo (a “El Coqueto”); cada audiencia es perder un día entero a lo que se suma el desgaste físico y emocional”, recalcó Amparo Vargas.

Como ejemplo de ese martirio, la mujer recordó que en la audiencia del pasado 21 de noviembre, Librado Legorreta observó fijamente al esposo de una de las víctimas y sonreía burlonamente.

En esa misma audiencia “El Coqueto” miró de manera “lasciva” a las hijas adolescentes de Amparo, y cuando se mencionaba el nombre de Eva Cecilia o el de su madre, también hacía expresiones “sarcásticas”.

Control

* El México de Carlos Salinas, Maquiavelo mexicano como le dicen desde Francia, y Arturo Montiel se articula desde el comienzo oficial en la dictadura. Su estilo es tal que contagia. Los miembros del gabinete son iguales a ellos, quizás con menos estómago pero indudablemente con los mismos objetivos. El país les queda grande, como a tantos otros, pero éstos no disimulan que no les interesa. El Grupo Atlacomulco se ha comido todo, hasta el campeonato de futbol ha quedado en manos de la familia Hank, que lo presume como un logro histórico, lo cual debe ser cierto dado el historial de aquellos.

 

Miguel Alvarado

Toluca. Una persona violenta repetirá esquemas en cualquier actividad de su vida. En su casa golpeará y en su trabajo será déspota o desobligado. Si administra, impondrá sus condiciones al precio que sea y hará lo posible por sostenerlas. El bien común no le importa porque cree que no le reporta ningún beneficio inmediato. Busca, en ese entorno, satisfacer sus impulsos primarios y desarrolla complejos de inferioridad que a veces disfraza con actitudes de megalomanía. Nada le satisface e intenta demostrar, siempre, que posee habilidades, cualidades que no ha desarrollado. Si obtiene un trabajo donde deba mandar, recurrirá al único proceso que conoce.

El priista Enrique Peña es un hombre extraño. Superfluo, parece limitado en lo intelectual porque su preocupación por lo inmediato lo seduce hasta enceguecerlo. Siempre ha temido el qué dirán pero curiosamente siempre encuentra la manera de enredarse en los más inverosímiles problemas. No es bueno para los estudios pero eso no le impide desarrollar otras cualidades, como la memoria, con ayuda de la cual estandariza todo. Si hay un evento público, se toma la foto con los amigos. Si debe leer un discurso público, lo hace con el mismo acento para las buenas y malas noticias. Si lo entrevista Televisa, parece que hará una revelación determinante y posa igual que si estuviera en la Feria del Libro en Guadalajara.

Él no hace nada. Sólo aparece y trabaja como un hombre normal. Habla, firma, le toman fotos, viaja, hace que escucha. Queda claro que nadie puede gobernar solo pero el caso de Peña es extremo. Sólo está ahí para dar la cara.

Así, el México de Carlos Salinas, Maquiavelo mexicano como le dicen desde Francia, y Arturo Montiel se articula desde el comienzo oficial en la dictadura. Su estilo es tal que contagia. Los miembros del gabinete son iguales a ellos, quizás con menos estómago pero indudablemente con los mismos objetivos. El país les queda grande, como a tantos otros, pero éstos no disimulan que no les interesa. El Grupo Atlacomulco se ha comido todo, hasta el campeonato de futbol ha quedado en manos de la familia Hank, que lo presume como un logro histórico, lo cual debe ser cierto dado el historial de aquellos.

Antes del futbol, se atravesaba el primer día de Enrique Peña. Nadie que ha ganado en las urnas de manera legal debería tener miedo pero esto es México, gobernado por déspotas y vigilado por criminales, que se encargan, entre otras cosas, de ejecutar una limpieza social que lo mismo incluye grupos delictivos contrarios que personas con preferencias sexuales distintas. Y si eso es así, entonces cualquier oposición al régimen tendrá la calidad del homicidio. Así ha sido por años y esa costumbre ha terminado por escribirse en los códigos genéticos. Los pobres lo son porque no trabajan. Son sicarios porque son malos. Son contrarios porque son inconformes. Son ignorantes porque no quieren estudiar. No cumplen los roles sociales pero atacan comercios y hieren policías. Hasta cobran por ello y 300 pesos les basta para, en un día, convencer al país de algo que nadie sabe qué es pero que transita hacia el lado del terrorismo en su más burda e importada definición, de la injusticia que proviene de los jodidos, que no comprenden que deben hacerse a un lado y dejar hacer, dejar pasar. Televisa lo ha dicho. La radio lo ha dicho y las redes sociales se contradicen.

El primero de diciembre Enrique Peña llegó para quedarse, para poner su retrato en la sala de los mandamases e inscribir su nombre en los libros de texto. Pero nada más para eso está, porque en el reparto de las migajas que apenas comienza, los únicos favorecidos son los amigos de sus patrocinadores y eso hasta que los vientos cambien.

Peña llegó por la puerta grande. Él y su grupo, el de Atlacomulco, no esperaron ni un minuto para hacerse del control total de los poderes y, de paso, comenzar con un proceso de desgaste contra la oposición o lo que en este momento queda de ella. Peña, como en Atenco, supo con meses de anticipo lo que iba a pasar el primero de diciembre, así como sabe también que es el presidente más impopular de los últimos sexenios, que la mitad de la población no se limitará al abucheo en estadios. La otra mitad, por miedo, disciplina o porque cree que le debe algo al nuevo Ejecutivo, asiste como invitada de piedra al empoderamiento de los amigos del mexiquense, quien no tardará en ocupar a toda la pandilla en los cargos clave que le ofrece la simulada democracia del país.

Peña quiere convencer de que trabajará. No lo hará, al menos no para la ciudadanía. Lo hubiera hecho ya hace siete años, al frente del Estado de México, que ahora espera como hijo consentido los beneficios que su protector, nuevo patriarca, puede darle. Para el resto de las entidades, si las predicciones se cumplen, habrá menos recursos pero más recaudaciones.

Mientras, el destrozado centro de la Ciudad de México hace recuento de los daños y los 65 detenidos por enfrentamientos con la policía enfrentan sus condenas particulares. Algunos señalan, entre ellos el movimiento YoSoy 132, que quienes iniciaron la violencia son grupos pagados por el PRI desde la mañana del sábado primero. Que cobraron 300 pesos por montar un teatro sobre el enfrentamiento. Que tiraron parte del cerco de San Lázaro y corrieron dentro, pero luego, allí, fueron recibidos efusivamente por los policías, quienes hasta platicaron con ellos. Que policías disfrazados los esperaban en la avenida Juárez. Que fueron ellos los que iniciaron todo. Que los estudiantes tienen videos donde documentan agresiones contra ellos que, dicen, iba en paz. Y que otros medios y el gobierno del DF señalan a anarquistas como la Unión de la Juventud Revolucionaria de México o el Bloque Negro México como los culpables de los destrozos, que costarán mil 200 millones de pesos, quedó como anillo al dedo para el siguiente movimiento de la actual presidencia.

La firma del Pacto por México es, nada más, la prueba pública de la sumisión de los partidos políticos, entre cuyos encargos fundamentales está el de ser contrapesos del poder desde sus instituciones y las cámaras. Así, PAN y PRD acudieron y firmaron, disfrazados de demócratas, la entrega total del poder en México. Peña no es un caudillo. No puede serlo alguien de su estatura intelectual, aunque el país no necesita uno. Pero Carlos Salinas y Arturo Montiel son negociantes, comerciantes. Lo llevan en el corazón aunque el primero aventaja con mucho al tío presidencial. Así, mientras la clase media era testigo del vandalismo, por otro lado sopesaba el valor de una firma y cobraba los cheques de saliva que hasta el momento el PRI ha endosado sin mayores dificultades.  El Pacto prevé la discusión sobre el tema de Pemex y su paulatina privatización.

Los de la Unión de la Juventud Revolucionaria de México son de filia marxista-leninista y representan ante la sociedad el brazo juvenil del Partido Comunista de México, ya sin registro oficial. Tienen una página web y en ella expresan su punto de vista. Informan que hay 105 heridos y 92 de sus compañeros detenidos, de los que presentó una larga lista de nombres. De muertos, nadie habla aunque las fotos de un hombre con la cabeza estallada circulan en redes sociales.

Del Bloque Negro México, a quien el diario electrónico Reporte Índigo califica como insurgencia urbana y dice que desde Facebook ofrecía manuales para fabricar bombas Molotov, se sabe que es anarquista y que había anunciado una lucha activa para el primer día del sexenio de Peña. Otras dos organizaciones fueron señaladas por Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del DF, como responsables. El Ejército Popular Magonista de Liberación Nacional, Cruz Negra y Coordinadora Estudiantil Anarquista, cargan con las culpas. A los anarquistas, señalados para cuando hay petardos en bancos o comercios, ahora también se les involucra en una lucha que de armada no tiene nada y que condena a la muerte a quienes enfrentan a hombres  que esgrimen palos y piedras.

Pronto, los relatos de los detenidos fueron dados a conocer. “Entre las personas liberadas se encuentra la joven Ana Lilia Cancino, quien denunció abusos por parte de policías. Al salir de la Agencia 50 del Ministerio Público, Cancino relató que fue detenida en Eje Central, cuando caminaba por la acera. Explicó que ella cuestionaba a los elementos de Seguridad el motivo por el cual detenían a sus compañeros, porque aunque aceptó participar en la protesta, aseguró que no cometieron actos vandálicos.

“Estaban subiendo a la gente (a los camiones de granaderos) cuando yo me acerqué, un policía me dijo: ‘¿qué ves, puta? ¿quieres meterte?’.  Y yo vi a mi novio y vi a mi amiga, y (el policía) me agarró de cabello”, relató la joven, quien aseguró que sufrió vejaciones por parte de elementos de seguridad.

“Me empezaron a pegar entre muchos, mientras me pegaban en medio de la calle me tocaron los senos y me agarraron la parte genital, enfrente de todos, había mucha gente, la gente sólo te tomaba fotos, nadie hacía nada”, dijo luego de reunirse con sus familiares. Cancino aseguró que  al llegar a la Agencia 50 siempre fueron respetados y tratados de manera amable”, publicaba el diario electrónico SDP. Las redes aportaron, dos días después, a los autores intelectuales de los enfrentamientos. Todos perredistas o ligados a Morena, el nuevo partido de Obrador, se escribieron los nombres de Gerardo Fernández Noroña, López Obrador y Martí Batres y el propio Morena, a quien se le sataniza ya y se exige negarle registro como partido político. De paso, el IFE exculpa a Monex y Soriana de los presuntos fraudes cometidos en el proceso electoral que ganó el PRI.

Toluca aportó, como siempre, su acostumbrada dosis de apatía. Las secciones del 132 en la ciudad fueron efímeras flores dispuestas a cualquier marcha y desmadre, mientras no se necesitara de estudio, reflexión o apoyo real. Toluca, la ciudad donde Peña vivió los últimos siete años y testigo del futuro que le espera al país, decidió hacerse de la vista gorda. A fin de cuentas, es ahora el enclave nacional donde se negociará todo aunque su gobernador, Eruviel Ávila, tenga la difícil tarea de aceptar la pérdida absoluta de un poder que nunca llegó a ejercer plenamente. Ávila todavía es funcionario público, investidura que no impide que otro, Ernesto Nemer, asuma las funciones verdaderas.

En 2005, Peña presentaba su Plan de Desarrollo sexenal donde tomaba tres ejes fundamentales: la seguridad social, la seguridad económica y la seguridad pública. Ahora, repetidas las formas, el mexiquense presentó el Pacto y lo hizo firmar por políticos que no tienen representación ciudadana, pero que gustosos aplaudieron otros tres rubros: el Fortalecimiento del Estado Mexicano, la democratización de la economía y la política, así como la ampliación y aplicación eficaz de los derechos sociales y la participación de los ciudadanos como actores fundamentales en el diseño, la ejecución y la evaluación de las políticas públicas.

Si las condiciones se cumplen, México deberá recorrer el mismo camino que el Estado de México. Peña llegó fue recibido con violencia, provocada o espontánea. También se le encararon 20 ejecutados por el crimen organizado, un reclamo creciente por un aumento al IVA avizorado desde las campañas y tres retratos al óleo, de diversos tamaños, que encargó Felipe Calderón de él mismo, y que costaron 997 mil 600 pesos, que se pagaron con dinero público, pintados por Santiago Carbonell y Fermín Lugo Rhode Hartwing.

El 4 de diciembre, el único que no declaró nada sobre la llamada Batalla de San Lázaro fue el propio Peña. Su silencio no impidió, al menos, nuevas manifestaciones en su contra, esta vez aderezadas por la exigencia de la liberación de inocentes. Luego se sabría que el gobierno del DF asumirá el costo de los daños que sufrieron algunos comercios y bancos, no todos, por supuesto, y pagará con dinero público. El presidente sigue con su vida, tal como lo hizo cuando los enfrentamientos de San Salvador Atenco y tal como fue cuando era claro que había comprado a los simpatizantes que lo apoyaban en su campaña. Un desayuno con las fuerzas armadas garantiza a este hombre la fidelidad, al menos momentánea, de quienes controlan el parque.

Entre quienes se enfrentaron a la policía estaban los que creen que no hay otra manera de reclamar por las dictaduras, los oprobios y los agravios. Pero hijos todos del mismo sistema, sólo anuncian la posibilidad de otro 1968 en el marco de la llegada de más de 400 funcionarios mexiquenses al gobierno federal, como asegura el diario local Alfa, encabezados por Luis Miranda en la Subsecretaría de Gobernación, un tenebroso funcionario de Toluca al que todo le da lo mismo todo con tal cumplir los encargos de los superiores. Hasta el momento no les ha fallado.

A sangre y fuego

* Cuando llega EPN al Palacio Legislativo, lo acompañan más de veinte camiones de policías federales, que empiezan a rodear a los manifestantes. Los gases lacrimógenos empiezan a caer del lado de ellos. Uno le cae a Yahir y le parte el cráneo. Todos responden gritando “¡asesinos!” y se lanzan contra las vallas. Es la rabia la que tira las vallas y lo que permite el enfrentamiento directo. Se empiezan a escuchar las detonaciones de las escopetas que tiran balas de goma; algunos son heridos pero la furia se acrecienta. De pronto se escuchan balazos: de lado de los policías se disparan ráfagas dirigidas contra los manifestantes. Todos huyen hacia la TAPO. Un estudiante cae, muerto por una bala que le atravesó la espalda. No hay tiempo para tomarle una foto, sólo para correr y salvar la vida. Reagrupados, gritan “no violencia, no violencia”, a unos y a otros: a los policías y a los que pretenden enfrentarlos.

 

 

Andrés Lund Medina/ Rebelión

México. Días antes de que se consumara el asalto al poder ejecutivo por parte del PRI con la toma de posesión de Enrique Peña Nieto (EPN) de la presidencia de México en el Palacio Legislativo de San Lázaro, se impuso un enorme e insultante cerco de varios kilómetros a la redonda de la sede del poder legislativo, encerrando con múltiples vallas, hacia el sur, las inmediaciones del Metro Jamaica, Avenida 8, Lorenzo Boturini y el Eje Central; hacia el oriente, las inmediaciones del Metro San Lázaro hasta el Metro Aeropuerto; hacia el norte, el Eje 1; hacia el este, una parte de Reforma. De hecho, el cerco llegó al Zócalo y se extendió hasta Bellas Artes. Resguardando esas vallas metálicas se concentraron guardias presidenciales, numerosos uniformados de la PFP, granaderos de la policía del DF y otras fuerzas policiacas.

¿Se trataba de disuadir las protestas contra la imposición de EPN o de provocarlas? En todo caso, parecía que existía la intención de impedir que el legítimo derecho a manifestarse perturbara el acto simbólico de cesión del poder Ejecutivo en el Palacio Legislativo.

El gobierno del DF se deslindó de la responsabilidad del cerco y Calderón ya no tenía el control de las “fuerzas del orden” públicas. ¿Quién, entonces, determinó imponer ese cerco? Es obvio que fue EPN, quien delegó en Mondragón el mando único del operativo.

Como veremos más adelante ese cerco sólo fue simbólico: un símbolo de prepotencia y del alejamiento del poder estatal del pueblo, de los ciudadanos. Fue el símbolo de un Estado enajenado: ajeno al pueblo y vuelto contra él. El símbolo de un gobierno que sólo buscará que el Estado siga enajenado al pueblo y controlado por los grupos oligárquicos y los políticos profesionales a su servicio.

 

El cerco real

 

Sin embargo, pese al cerco, los manifestantes, principalmente estudiantes del #YoSoy132, llegaron a las inmediaciones de San Lázaro. La presencia de miles de estudiantes con la intención de repudiar la imposición de EPN cerca del Palacio Legislativo prueba que el cerco no era para impedir que llegaran, no era para disuadir que ejercieran su derecho a protestar, sino para cercar a los manifestantes, reprimirlos y arrestarlos. Para impedir que durante el gobierno de EPN existan voces disidentes que se expresen libremente.

El cerco real, lo comprendimos después, era parte de un operativo policiaco para atrapar, reprimir y acallar a las voces disidentes.

El movimiento estudiantil #YoSoy132 nunca aceptó ir al enfrentamiento con las fuerzas policiacas. Se trataba de manifestarse en contra de la imposición de Peña Nieto, aunque algunos grupos no representativos del #YoSoy132 llamaban a la confrontación e incluso prepararon cohetones o bombas Molotov. Pese al cerco, se citaron para protestar.

Cuestionando el cerco simbólico y entrando en el cerco real, los más de cuatro mil estudiantes que en muy en la mañana se juntaron cerca del Metro San Lázaro constataron el ánimo provocador de la policía y los granaderos, incluso los del gobierno del DF: a gritos los amenazaba y los insultaban. Por su parte, los estudiantes a veces les contestaban que el pueblo uniformado también es explotado o los llamaban a unirse a la lucha, pero más bien los ignoraban preguntándose qué hacer, a dónde ir. Se empezaban a sentir cercados.

De pronto, la policía comienza la agresión lanzando gases lacrimógenos. Algunos miembros que vienen de la acampada del Monumento a la Revolución responden con cohetones y Molotov. El Bloque Negro anarquista se enfrasca en una trifulca con la policía. Hay heridos de ambos bandos.

Los estudiantes del #YoSoy132 sólo observan la gresca. Algunos de ellos notan algo muy raro: de pronto llega una banda de chavos, con palos y un guante blanco, todos con un triangulito hacia abajo con la figura del Che Guevara. Muchos recuerdan al Batallón Olimpia del 68, otros rememoran a los Halcones del 71. No faltan los que se van en el momento en que los detectan.

Cuando llega EPN al Palacio Legislativo, lo acompañan más de veinte camiones de policías federales, que empiezan a rodear a los manifestantes. Los gases lacrimógenos empiezan a caer del lado de ellos. Uno le cae a Yahir y le parte el cráneo. Todos responden gritando “¡asesinos!” y se lanzan contra las vallas. Es la rabia la que tira las vallas y lo que permite el enfrentamiento directo. Se empiezan a escuchar las detonaciones de las escopetas que tiran balas de goma; algunos son heridos pero la furia se acrecienta. De pronto se escuchan balazos: de lado de los policías se disparan ráfagas dirigidas contra los manifestantes. Todos huyen hacia la TAPO. Un estudiante cae, muerto por una bala que le atravesó la espalda. No hay tiempo para tomarle una foto, sólo para correr y salvar la vida. Reagrupados, gritan “no violencia, no violencia”, a unos y a otros: a los policías y a los que pretenden enfrentarlos.

 

El acorralamiento

 

Se sienten acorralados, en una trampa montada no para acallar sus protestas sino para terminar con ellos. Perseguidos, corren hasta el Metro Moctezuma y escapan de ese cerco. Algunos quieren ir al Zócalo, se bajan en el Metro San Antonio y caminan por Tlalpan. Observan vallas derribadas por la propia policía para agilizar el tráfico. En realidad, para que pase el convoy que lleva a EPN. El Bloque Negro se lanza contra el convoy y los federales contra ellos. Nuevamente tienen que correr. Llueven los toletazos, los golpes, los gases. Muchos se refugian en una iglesia. Cuando el convoy de EPN se ha retirado, junto con la policía que lo resguardaba, salen y se dirigen hacia Pino Suárez. Los celulares les advierten que grupos de estudiantes están siendo rodeados por policías. Algunos son golpeados y detenidos. Deciden ir a Bellas Artes pero ahí la trifulca está peor. Entre quinientos o mil chavos se han estado confrontando con la policía. Después de arrojarse todo, un grupo ¿de provocadores, de anarquistas, de rabiosos? incendió una patrulla y la policía se ha lanzado contra ellos. En su huida, esos pequeños grupos se dedican a dar cristalazos a hoteles, bancos, periódicos, la torre del ISSSTE, incluso arrojan Molotov dentro de algunos de esos lugares. Corriendo por Reforma la ven rota, con fuego, destruida. La policía los persigue. De pronto, ya son dos las patrullas incendiadas, pero han llegado cientos de policías más. Y van contra todos, incluso contra algunos seguidores de AMLO que venían de su mitin en el Ángel. Unos se refugian en el Metro Balderas y deciden ir a protestar frente a Televisa, otros huyen hacia el Ángel. Hay muchos granaderos, por todas partes. Y no están para resguardar las instalaciones sino para reprimirlos. Otra vez tienen que correr. También los policías del DF los persiguen blandiendo sus toletes. Pero hay algo nuevo: llueven enormes rocas sobre ellos. Es increíble: la policía tiene una especie de catapultas con las que les lanzan rocas inmensas. A una compañera casi la alcanza una. Si le da, la mata. Otra vez: están tirando a matar. Unos huyen hacia Bucareli y entran al Café Habana. En el camino observan corretizas, golpes, pequeños incendios, arrestos. Otros corrieron hacia el Monumento a la Revolución, perseguidos y acorralados. Se reagrupan, informan de los detenidos de sus escuelas. Saben, también, que no podrán resistir ahí. Están rodeados de judiciales, la policía va contra ellos. La acampada, que ha estado ahí por meses, recoge todo para retirarse. Muchos jóvenes, demasiados, tienen moretones, heridas, sangran de la nariz, no aguantan los ojos, no localizan a un compañero. Todos se disgregan.

 

Saldo parcial

 

Más tarde, el #YoSoy132 logra juntar datos y sacar cuentas: tres estudiantes muertos; muchísimos heridos graves; compañeros detenidos, torturados y luego liberados; más de 250 estudiantes detenidos; un número todavía impreciso de desaparecidos (que no están detenidos pero que no han regresado a sus casas o reportado con compañeros).

También señalan la existencia de varios grupos de provocadores: civiles con guantes negros, con guante blanco, porros del PRI, grupos violentos que no acataron el llamado del movimiento estudiantil para evitar la violencia. Faltan muchos datos, todavía no les informan de las ráfagas en San Lázaro, de las catapultas que arrojaban enormes rocas, de la fuerza desmedida con que atacaron a muchachos y muchachas. El saldo es, aún, parcial.

Lo que observamos este 1 de diciembre del 2012 en los alrededores del Palacio Legislativo, en Bellas Artes, en las inmediaciones del Zócalo, en Reforma, fue un operativo policiaco-militar, en el que el gobierno federal de EPN tomó el control de las fuerzas represivas, pasando por encima del gobierno del DF, para cercar, reprimir y arrestar a los estudiantes del movimiento estudiantil #YoSoy132, la principal fuerza política opositora al nuevo gobierno. Lo que vimos este día funesto fue un operativo montado no para evitar protestas sino para reprimir al movimiento estudiantil #YoSoy132 y quienes lo acompañaron en su protesta. Se trataba de empezar a cumplir lo prometido: pacificar el país, acallar las protestas, impedir que se escuchen gritos denunciado el fraude o exigiendo democracia.

 

Mientras tanto…

 

Los legisladores de todos los partidos, incluidos los del PRD y los de Morena dejaron pasar la imposición de EPN, se olvidaron de la democracia y de luchar contra el fraude. Se acomodaron al sistema y al régimen, del que son partes necesarias.

Muy lejos del Palacio Legislativo, AMLO llevó a cabo su protesta simbólica, desconociendo de palabra al gobierno de EPN por “ilegal e ilegítimo” pero reconociéndolo en los hechos con el comportamiento respetuoso de las instituciones del grupo de legisladores que se identifica con Morena.

La verdadera protesta contra el fraude electoral pasado, el auténtico reclamo de democracia en México lo realizó el movimiento estudiantil #YoSoy132. Nadie debe cuestionar la legitimidad y relevancia de su protesta. En un país en el que los partidos políticos aceptan el fraude y la imposición, manifestándose de manera institucional y simbólica como Morena; en el México actual en donde no hay una verdadera fuerza política de izquierda, portadora del reclamo democrático y liberador, la decisión del #YoSoy132 de manifestarse contra la imposición de EPN no sólo es valerosa sino ejemplar. Lo que no es aceptable es que esa legítima manifestación de ideas por parte de miles de estudiantes sea utilizada para provocar y reprimirlos. Lo que es intolerable es que se siga sacrificando a jóvenes para que un Estado enajenado y un régimen que sólo sirve a los oligarcas pervivan. Lo que no podemos permitir es que con el PRI regrese la fuerza desmedida (el “modo Atenco de gobernar”) contra los disidentes, el uso de grupos paramilitares (con guante negro o guante blanco) para montar provocaciones y aplastar a un movimiento que porta la esperanza del cambio. Lo que no podemos pasar es que un nuevo gobierno emanado del fraude electoral, usurpador y represivo, pretenda acallar las protestas en aras de pacificar el país.

No sólo es indignante esta imposición a sangre y fuego de Peña Nieto por parte del PRI, también lo es el coro del PAN, del PRD, del MC y otros, sumándose a satanizar las protestas y manifestaciones de los movimientos disidentes. No deja de indignar, asimismo, que AMLO y el Morena hayan dejado solo al generoso #YoSoy132 que, sin apoyar abiertamente su candidatura, enfrentó con valor e inteligencia la imposición de Peña Nieto.

Por si alguien lo dudara, ha regresado el PRI, con todo su autoritarismo represivo. El PRI está de vuelta, conquistando a la autodenominada “izquierda” institucional, funcional al sistema y al régimen, para hacer “acuerdos nacionales”, dispuesto a seguir el remate de lo común y lo público al capital extranjero, encarrerado para imponer nuevas contra-reformas al pueblo mexicano, formando sus grupos de choque paramilitares, ensayando ya el mando único contra los estudiantes para luego aplicarlo en la ocupación del territorio vendido a las mineras o a otros megaproyectos de despojo y saqueo de las riquezas del país. Un PRI subordinado al imperialismo, violento y represivo, corrupto y aliado a los narcos, que nos anunció en la imposición a sangre y fuego de Peña Nieto cómo nos piensa someter.

 

* Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La batalla de San Lázaro

* La resistencia se dividía en tres bloques, en la primera línea un grupo de alrededor de 200 jóvenes regresaba los gases hacia la policía, aventaba piedras y algunas bombas Molotov; tenían el rostro cubierto y usaban escudos hechos de trozos de madera. Luego un grupo más grande que el primero lanzaba al Canal de Desagüe (contiguo a donde se concentraron los rebeldes) los gases que pasaban a la primera línea, además, atendían a los lesionados, suministraban agua o vinagre y lanzaban consignas. El tercer bloque era el de los profesores de la Sección 22, su grupo se extendía por miles y se mantenía a la expectativa, lanzaban consignas a coro y escuchaban a los oradores del equipo de sonido.

 

Eduardo H.G/ Regeneración Radio

México. México 2012, año de la sucesión presidencial. Sin duda, también un año de protestas. Miles manifestaron su repudio a la candidatura a la presidencia del priista Enrique Peña Nieto (EPN). La sociedad civil fue testigo de la manipulación de las elecciones del 1 de julio con el objetivo de imponer a EPN. Los principales actores de la fechoría fueron el Instituto Federal Electoral (IFE), empresas como Monex y Soriana y el Partido Revolucionario Institucional (PRI). La compra de votos fue lo que permitió a EPN ganar las elecciones y la coordinación de estos actores garantizaron esa compra.

No obstante a las protestas previas, el 1 de diciembre, cuando EPN asumiría oficialmente el poder, se esperaba una asistencia mayor a las acciones convocadas contra la imposición por actores como el #YoSoy132 y organizaciones coordinadas en el Movimiento Contra la Imposición.

A través de las redes sociales se había convocado a acciones en los hastags #CercoaSanLazaro, #1Dmx y #MéxicoNoTienePresidente. La convocatoria general se hizo para el 1 de diciembre a las 4 de la mañana en el Monumento a la Revolución, lugar donde, desde hace meses se mantiene la Acampada Revolución. De allí se marcharía a San Lázaro.

Al menos unos cuatrocientos jóvenes llegaron a la Acampada desde la noche del 31 de noviembre. Se pintaban mantas, se leía, se preparaba café y tortas en una improvisada cocina del plantón y se discutía la estrategia de seguridad y de medios. En una pequeña televisión al interior del campamento se monitoreaba como EPN y su recién nombrado gabinete recibía el poder de manos de Felipe Calderón en el Palacio Nacional, eran las 12 pm.

 

El saludo a un público inexistente

 

La ciudad vivía un viernes y quincena, el tráfico y cantidad de gente en la calle eran notorios. Envuelto en su muy particular lógica, el D.F. estaba lejos del Palacio Nacional, convertido en un miniestado militar para el acto de EPN y Felipe Calderón. Como nunca, la plancha del Zócalo, rodeada por una gigantesca valla de seguridad, se vistió con una soledad que pasmaba.

Sólo personal de seguridad privada, del Estado Mayor Presidencial, Armada de México, Ejército o Policía podía entrar al Zócalo. El ambiente estaba tenso al cinco para las doce. Desde la contraesquina del cruce de las calles Pino Suárez y Corregidora se observó movimiento de efectivos cuando EPN salió del recinto. Más de veinte camionetas Suburban blindadas, algunas con metralletas giratorias de largo alcance en el techo, una ambulancia, motocicletas con personal de la armada de México y autos chicos, integraban el convoy del nuevo presidente.

Mientras su transporte pasó frente a los pocos testigos: un indigente, cuatro periodistas independientes a los que se nos negó el paso a la plancha y dos curiosos. EPN, vestido de saco negro, corbata roja y camisa blanca saludó desde la ventana abierta de su vehículo blindado. ¿A quién?, “a un público inexistente”, dijo uno de los presentes.

Entrada la madrugada, en la Acampada Revolución, los activistas preparaban mantas y carteles para la marcha a San Lázaro. Algunos dormitaban en casas de campaña colocadas en la explanada, otros en un pedazo de cartón o una cobija a la intemperie.

A las 4:30 de la madrugada del sábado todo estaba listo. El contingente avanzó sobre Buenavista, dobló en el Eje 1 Norte rumbo al oriente. Las calles lucían vacías y hacía un frío mayúsculo. La manifestación siguió su marcha con paso apresurado, pronto quedaron atrás el barrio de Tepito y la Lagunilla. Las consignas reavivaban el ánimo de los concurrentes, “¡México, sin PRI!, ¡México, sin PRI!”, coreaban las mujeres y hombres presentes, casi todos menores de 30 años.

 

“De aquí nadie se mueve”

 

Amanecía cuando la manifestación llegó a San Lázaro por Eduardo Molina, donde ya se encontraban miles de integrantes de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), provenientes de las siete regiones del estado de Oaxaca. Un orador coordinaba e indicaba el orden de las regiones a través de un equipo de sonido: “¡Pinotepa por allá, Valles Centrales por acá, hagan espacio compañeros!”.

A la par, un pequeño grupo de la Policía Federal formaba una fila sobre la avenida, resguardados por las vallas metálicas instaladas en el perímetro del recinto legislativo. Con actitud amenazante, los policías empezaron a golpear los toletes contra sus escudos. El pequeño grupo se nutrió en minutos de más de 500 efectivos que comenzaron a lanzar gritos coordinados, lo cual hizo que los manifestantes comenzaran a tomar precauciones ante la presión psicológica.

A las 6:50 un grupo de manifestantes se apostaron sobre cerco de vallas metálicas frente a la entrada principal de la Terminal de Autobuses del Oriente (TAPO). Varios activistas, golpeaban las vallas sin que estas sufrieran algún daño. La presión creció hasta que tres vallas cayeron. Acto seguido se suscitó el primer conato de violencia, manifestantes y policías intercambiaron golpes, unos con escudos, los otros con palos. La intención de los activistas era entrar al perímetro.

Las secciones del perímetro derribadas eran levantadas rápidamente por los policías mientras se escucharon las primeras detonaciones de gas lacrimógeno lanzadas a los manifestantes. Un proyectil de gas hirió a una joven en la pierna, tuvo que salir de la zona auxiliada por dos personas. Pronto, el lugar se lleno de una nube de gas que se extendió hasta los puestos ambulantes en la entrada de la TAPO.

Los manifestantes se replegaron al lugar donde se reunía el grueso de los contingentes. A doscientos metros del perímetro por el lado norte, sobre la avenida Eduardo Molina. En este momento comenzó otro conato con el grupo de policías que minutos antes había hostigado a los activistas. La primera bomba Molotov fue lanzada por los jóvenes. Los escudos de tres policías fueron alcanzados por el fuego. La policía retrocedió y los activistas lanzaron tres cocteles más. El grupo de policías realizó una formación de caparazón con sus escudos arriba de sus cabezas. Luego inició la primera lluvia masiva de proyectiles de gas. Los manifestantes retrocedieron y los policías ingresaron al perímetro de vallas.

Hubo un momento de calma hasta que apareció un camión azul de granaderos por fuera del cerco. Venía por el sur, paso por la entrada principal de la TAPO y al acercarse a la primera fila de manifestantes, estos impidieron su paso con una lluvia de piedras y golpes con tubos y palos; el camión regresó a toda velocidad por donde apareció. Nuevamente una nube de gas, lanzado desde adentro del perímetro inundó el aire. Para este momento se presentaban algunos heridos, la policía disparaba los proyectiles de gas a la cara de los activistas.

Luego otro momento de calma y reorganización. Había unos 200 metros desde las vallas metálicas de la policía y los manifestantes. Un joven que portaba una bandera de México manchada de rojo comenzó a correr en zigzag hacia las vallas. Detrás de él una fila de veinte activistas corría también, se sostenían de una cuerda formando una fila uniforme, como flecha.

Cuando llegaron al perímetro, la policía respondió desde el otro lado con gases y piedras. Otro grupo se acercaba desde atrás regresando los gases, algunos traían puestas mascaras antigás. Los reporteros corrían atrás del último grupo. Una nube de gas se levantó cuando la fila lanzó la cuerda (que tenía un garfio de varilla en extremo) hacía las vallas, el garfio se atoró en una valla. “¡Tiren!” gritaron los jóvenes. La valla cayó al suelo, los policías quedaron descubiertos en un pequeño hueco tras la caída del pesado metal. Un conato de golpes comenzó, piedras, palos y tubos de los manifestantes chocaron contra toletes y escudos de la policía. Finalmente, la cantidad de gas que lanzó la policía obligó un repliegue de los rebeldes.

 

“Un asesino en la presidencia”

 

De pronto, la masa de manifestantes se abrió sobre Eduardo Molina porque se acercaba, desde la parte norte, un camión de volteo gris con franjas verdes del gobierno de la ciudad. Un joven venía al volante, al menos ocho sobre la caja y dos sobre los estribos de las puertas. Gritaron consignas mientras recibieron la venia de los miles sobre la calle para seguir adelante y estrellar el automóvil contra la fila de vallas metálicas. El choque fue tremendo. Luego una nube de gas lacrimógeno desapareció de la vista el camión.

Eran apenas las 9 y el escenario de la refriega remitía a un enfrentamiento que llevaba días por la cantidad de piedras en el suelo y las pequeñas vallas metálicas, que servían de primer bloque de defensa de la policía, regadas por doquier.

Se observaban también algunos neumáticos incendiados, tambos y trozos de madera, metal y plástico. “¡Nadie se mueve!”, “¡ no queremos a un asesino en la presidencia!”, “¡eh, compas, esos gases para fuera!”, “¡mantengan el orden compañeros, si no van adelante, ayuden a los heridos!”, eran las consignas e indicaciones que se escuchan por el equipo de sonido, instalado en una pequeña camioneta blanca tipo Pick Up.

De norte a sur, los manifestantes cubrían Eduardo Molina sobre sus dos sentidos, desde la calle Héroes de Nacozari en las inmediaciones del Archivo General de la Nación hasta las cercanías de San Lázaro donde comenzaba la fila de vallas que se extendían sobre Eduardo Molina frente a la entrada de la TAPO y seguía sobre los límites del Palacio Legislativo.

La acción del camión impactado enfureció a la policía detrás del cerco de vallas. Si para este momento era enorme la cantidad de proyectiles de gas lacrimógeno que lanzaban sobre los rebeldes, vino una segunda afrenta, pero esta vez el humo no era blanco sino rojo. La policía disparaba al menos dos tipos de proyectiles de gas, uno en forma de tubo que al caer producía una explosión y acto seguido se liberaba el gas y otro en forma de calabaza que al caer vibraba y se movía mientras expulsaba el gas.

Debido al efecto de los gases, los jóvenes se retiraban hacia atrás con lágrimas, saliva y secreciones nasales que salían de sus caras involuntariamente. Pero la retirada era momentánea. Cuando se recuperaban, luego de ser atendidos por brigadas de atención medica improvisadas en la retaguardia, regresaban a la primera línea.

La resistencia se dividía en tres bloques, en la primera línea un grupo de alrededor de 200 jóvenes regresaba los gases hacia la policía, aventaba piedras y algunas bombas Molotov; tenían el rostro cubierto y usaban escudos hechos de trozos de madera. Luego un grupo más grande que el primero lanzaba al Canal de Desagüe (contiguo a donde se concentraron los rebeldes) los gases que pasaban a la primera línea, además, atendían a los lesionados, suministraban agua o vinagre y lanzaban consignas. El tercer bloque era el de los profesores de la Sección 22, su grupo se extendía por miles y se mantenía a la expectativa, lanzaban consignas a coro y escuchaban a los oradores del equipo de sonido.

El tiempo perdió sentido, al menos para los presentes, veinte minutos en aquella batalla parecían horas. Eran las 9:21 cuando un grupo de rebeldes regresaba de la primera línea cargando a un joven de aproximadamente veinte años, vestía pants azul y playera negra, tenía el pelo corto, barba y un delgado bigote, su complexión era atlética. Llevaba los ojos cubiertos con una venda blanca. La sangre cubría su rostro y no podía hablar, lo tendieron en la calle, mostraba un profundo dolor. En ese momento, ambulancias de la Cruz Roja ingresaban desde el poniente. A gritos se pedía a los manifestantes que abrieran paso. El joven tendido en la calle vomitaba sangre. Era el primer herido de gravedad de la jornada, vendrían más.

Minutos después, estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) informaron en un comunicado que aquel joven se llama José Uriel Sandoval Díaz, “estudiante de la licenciatura en Medio Ambiente y Cambio Climático del Plantel Del Valle y que fue herido por un proyectil que le explotó en la cara, rompiéndole la nariz y fracturándole los pómulos.” Sandoval Díaz perdió el ojo derecho, de San Lázaro fue trasladado a la Cruz Roja de Polanco, de allí al Hospital General.

 

Retiro táctico

 

En los pequeños lapsos donde se interrumpían los disparos de gas, la gente aprovechaba para reunirse en pequeños grupos, informar sobre lo que pasaba en otros estados del país. Otros, comían en los carritos de tamales, elotes, tacos y frituras. Preocupados, algunos hablaban por teléfono, reunían piedras y diseñaban estrategias. “La nota de hoy no está en lo que pasa adentro, sino lo que estamos haciendo aquí”, comentaba un rebelde emocionado.

El número de heridos empezó a crecer, todos jóvenes, unos raspados, otros sangrados, víctimas de alguna explosión o quemados por repeler con sus manos descubiertas los cartuchos de gas. La Cruz Roja se instaló en la entrada de un callejón sobre Eduardo Molina, una ambulancia permanecía cerca. Algunas heridas llamaron la atención de los rebeldes: pequeñas lesiones redondas de no más de cinco centímetros de diámetro se veían en pechos, piernas y manos. ¿La explicación? La policía comenzó a disparar balas de goma. Para entonces, se hablaba de al menos dos detenidos. “Yo vi cómo se llevaron a dos”, comentaba un activista enfurecido.

Carlos, uno de los joven de la primera línea, mostraba su herida en el pecho a algunos de los pocos fotógrafos y reporteros que había en la batalla. Era una herida redonda, roja, dentro del círculo se formaba un espiral. “Fue una bala de goma, estaba auxiliando con vinagre a un compañero aturdido por el gas cuando la bala me impactó”, comentó. Carlos fue atendido por la Cruz Roja, seguía de pie, entre los rebeldes.

“Ya chingó a su madre el PRI”, se leía en las paredes donde se anuncian conciertos y publicidad gubernamental. Había uno del gobierno de la ciudad que tenía la palabra “felicita”. Abajo, los rebeldes agregan con una lata de aerosol: “a un pueblo que no es sumiso”. Sobre un puente peatonal cercano a Héroes de Nacozari había varias mantas. “No a la imposición”, se lee con letras rojas en una. En otra la famosa frase del relato más corto de la historia escrita por Augusto Monterroso y adaptada en la consigna que definiría los 70 años de poder del PRI: “Cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Desde el sonido se comenzó a plantear la necesidad del repliegue debido al creciente número de lesionados. Eran las 10. La batalla llevaba más de tres horas. Unos minutos después, la Sección 22 se retiraba hacia el Zócalo. “Compañeros, hay que considerar un repliegue táctico”, “marchemos al corazón de este país”, decían por el micrófono. El contingente se puso en marcha sobre Eduardo Molina y dio vuelta en el Eje 1 Norte Albañiles rumbo al Eje Central Lázaro Cárdenas.

Un nutrido grupo de marchantes se quedó en la retaguardia de la primera línea, que seguía regresando gases, aventando piedras y algunos cohetones. La rabia creció cuando se informó que un rebelde de los trasladados a los hospitales había muerto. Por el micrófono se daban nombres. La confusión reinaba, la rabia también.

Al interior de San Lázaro, a las 11:18, Enrique Peña Nieto recibía la banda presidencial de manos del presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, Jesús Murillo Karam, quien a su vez la recibió de manos de Felipe Calderón.

La información de un estudiante muerto, que horas después fue desmentida, exacerbó los ánimos de los manifestantes que comenzaban su marcha al centro de la ciudad. La rabia era total. Para los rebeldes, la batalla de San Lázaro había terminado.

 

* Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

El mensaje y el discurso

* Con el regreso del PRI se inaugura una nueva etapa, hay quienes apuestan por la “restauración” del viejo régimen priista y quienes están convencidos de una “renovación”, lo que incluiría el cambio de nombre al PRI, de ahí la importancia del discurso, pues en este último sentido se han advertido las primeras señales tanto en el mensaje de Peña Nieto como en la intervención del diputado Heriberto Galindo quien tuvo a cargo el posicionamiento del PRI en el Congreso antes de la toma de protesta de Peña Nieto como presidente, pues como solía sostener Reyes Heroles “en política la forma es fondo”. De ahí la importancia del discurso.

 

José Martínez

México. Enrique Peña Nieto, quien asumió su mandato como el presidente número 19 desde el establecimiento del Congreso Constituyente y la Promulgación de la Carta Magna brindó, sin llegar a ser excepcional, un buen discurso en la toma de protesta. Exposición que contrastó con la retórica de los discursos de los diputados y senadores que fijaron el posicionamiento de sus respectivos partidos políticos. Después de su mensaje a la Nación, Peña Nieto delineó algunos ejes de lo que será su programa de gobierno. Tras el largo y sinuoso camino que el nuevo mandatario tuvo que recorrer en el último año ha llegado el momento de pasar de las diatribas a los hechos.

Hace un año por estas fechas, Peña Nieto pasó uno de los peores momentos de su vida cuando no supo responder a los cuestionamientos de los periodistas sobre los libros que más habían influido en su vida, de refilón sólo pudo atinar a mencionar la Biblia. Más allá de la anécdota, el episodio que derivó de una visita de Peña Nieto a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a donde acudió a presentar un libro, provocó una diáspora entre los intelectuales. Hubo quienes lo criticaron acremente, como el novelista Carlos Fuentes y el historiador Enrique Krauze y otros que salieron en su defensa al argüir que “Peña Nieto es muy inteligente pero no lo quiere demostrar” y para justificarlo adujeron que no es tan importante haber leído tantos o cuántos libros, sino cómo se debe ejercer un buen gobierno.

Pasada la tempestad y tras el ritual de la trasmisión de poderes es importante ponderar el mensaje de los discursos del nuevo presidente, no es un asunto de exégetas o hermeneutas, sino de entender el sentido de lo que serán los principios políticos, sociales y económicos de su administración gubernamental.

En su breve, pero fructífera carrera política Peña Nieto no se ha distinguido por ser un gran orador o un gran político con dotes de intelectual. Por eso es importante rodearse de expertos que logren comunicar –a través de sus discursos– la filosofía de su gobierno.

Desde que los civiles arribaron al poder y el PRI, como tal, hizo su aparición en la escena política el discurso político de los presidentes tomó una importancia fundamental.

Dos hombres excepcionales Jaime Torres Bodet y Jesús Reyes Heroles desempeñaron un papel fundamental como hacedores de discursos presidenciales. El primero diplomático, escritor, ensayista y poeta, fundador de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos e impulsor del Museo Nacional de Antropología –donde el auditorio principal lleva su nombre–, el segundo un prestigioso político, jurista, historiador y académico, considerado como el último ideólogo del PRI, cuyos restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

A propósito de los habanos y los discursos, recuerdo algunas de las grandes disertaciones de Reyes Heroles como en su momento fueron memorables varias intervenciones del legendario Sir Winston Churchill, el mítico Primer Ministro del Reino Unido que en sus discursos impactaba profundamente en los auditorios por su agudo humor y punzante ironía, y quien acostumbraba a hablar, siempre acompañado de un grueso habano, el cual se iba consumiendo lentamente sin que la ceniza se cayera. Esto mantenía a toda la audiencia pendiente de que en cualquier momento la ceniza se caería. Sir Winston se aprovechaba de esta distracción para ir imponiendo sus ideas en los debates. Lo que nadie sabía era que el viejo zorro preparaba sus habanos enrollándolos con un fino resorte que mantenía la ceniza perfectamente adherida mientras el habano se consumía.

Winston Churchill que escribió sus memorias en seis gruesos volúmenes ha sido el único político que ha recibido el Premio Nobel de Literatura, hecho por el que fue criticado bajo el argumento de que no había derecho a mezclar la política con la literatura, porque según sus críticos el primer ministro inglés había destacado como estadista y jefe del almirantazgo, más que como escritor.

Lejos, pero muy lejos de Churchill, en la política mexicana nunca se había caído tan bajo como ocurrió con Vicente Fox y Felipe Calderón cuyos discursos eran de plano muy malos. Los priistas en ese sentido han puesto un mayor interés, muchos de sus cuadros políticos se comenzaban a formar como oradores desde muy jóvenes. En ese sentido los tecnócratas –a partir de Miguel de la Madrid pasando por Carlos Salinas de Gortari hasta llegar a Ernesto Zedillo– le restaron la importancia debida. Por eso muchos recuerdan el memorable discurso de Luis Donaldo Colosio que enfureció a Salinas por la connotación de las palabras del malogrado candidato priista.

“…Me he encontrado con el México de los justos reclamos, de los antiguos agravios y de las nuevas demandas; el México de las esperanzas, el que exige respuestas, el que ya no puede esperar…

“…Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

Hace poco leí con gran gusto un texto del jurista José Elías Romero Apis sobre quiénes fueron los autores de algunos mensajes que pronunciaron los presidentes.

En ese texto Romero Apis reflexionaba: “¿quiénes han sido los verdaderos autores de los discursos presidenciales? Porque, en todo el mundo, los altos gobernantes no siempre escriben lo que leen ante el público. Y esto no tiene que ver con que sepan hacerlo o no. Pueden ser muy buenos literatos y oradores. Pero no siempre tienen el tiempo para escribir sus propias piezas. Hay presidentes que tan solo dictan las grandes líneas o confeccionan las frases titulares. Otros, desde luego, ni siquiera eso.

“También sucede que el discurso pueda estar dirigido a un público especializado y el autor tenga que ser un conocedor de la materia a tratar. Por ejemplo, hablar ante el gremio de físicos nucleares o ante la comunidad indígena de los rarámuri. Se requiere ayuda para no desbarrar.

 

“Por eso, en ocasiones, hay coautores anónimos que son los que escriben para el gran jefe.

“Pues bien, supongo que Lázaro Cárdenas se auxilió de las plumas de Narciso Bassols y de Ignacio García Téllez. El primero, mexiquense, sería secretario de Hacienda y el segundo, guanajuatense, sería Procurador de la República”.

Manuel Ávila Camacho fue el primer Presidente que se apoyó en Jaime Torres Bodet, como lo hicieron también Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos.

Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid se sirvieron de Jesús Reyes Heroles, aunque desde luego algunos de estos presidentes recurrieron a grandes políticos y juristas como Antonio Carrillo Flores, Mario Moya Palencia, Porfirio Muñoz Ledo, Enrique Herrera, Alejandro Carrillo Castro, Miguel González Avelar, Sergio García Ramírez entre otros.

A Vicente Fox le preparaban sus “grandes discursos” Adolfo Aguilar Zinser, Carlos Abascal Carranza y Jorge Castañeda Gutman.

Con el regreso del PRI se inaugura una nueva etapa, hay quienes apuestan por la “restauración” del viejo régimen priista y quienes están convencidos de una “renovación”, lo que incluiría el cambio de nombre al PRI, de ahí la importancia del discurso, pues en este último sentido se han advertido las primeras señales tanto en el mensaje de Peña Nieto como en la intervención del diputado Heriberto Galindo quien tuvo a cargo el posicionamiento del PRI en el Congreso antes de la toma de protesta de Peña Nieto como presidente, pues como solía sostener Reyes Heroles “en política la forma es fondo”. De ahí la importancia del discurso.

 

* Periodista y escritor. Es Consejero de la Fundación para la Libertad de Expresión (Fundalex). Es autor del libro Carlos Slim, Los secretos del hombre más rico del mundo, y otros títulos, como Las enseñanzas del profesor. Indagación de Carlos Hank González. Lecciones de Poder, impunidad y Corrupción y La Maestra, vida y hechos del Elba Esther Gordillo.