A sangre y fuego

* Cuando llega EPN al Palacio Legislativo, lo acompañan más de veinte camiones de policías federales, que empiezan a rodear a los manifestantes. Los gases lacrimógenos empiezan a caer del lado de ellos. Uno le cae a Yahir y le parte el cráneo. Todos responden gritando “¡asesinos!” y se lanzan contra las vallas. Es la rabia la que tira las vallas y lo que permite el enfrentamiento directo. Se empiezan a escuchar las detonaciones de las escopetas que tiran balas de goma; algunos son heridos pero la furia se acrecienta. De pronto se escuchan balazos: de lado de los policías se disparan ráfagas dirigidas contra los manifestantes. Todos huyen hacia la TAPO. Un estudiante cae, muerto por una bala que le atravesó la espalda. No hay tiempo para tomarle una foto, sólo para correr y salvar la vida. Reagrupados, gritan “no violencia, no violencia”, a unos y a otros: a los policías y a los que pretenden enfrentarlos.

 

 

Andrés Lund Medina/ Rebelión

México. Días antes de que se consumara el asalto al poder ejecutivo por parte del PRI con la toma de posesión de Enrique Peña Nieto (EPN) de la presidencia de México en el Palacio Legislativo de San Lázaro, se impuso un enorme e insultante cerco de varios kilómetros a la redonda de la sede del poder legislativo, encerrando con múltiples vallas, hacia el sur, las inmediaciones del Metro Jamaica, Avenida 8, Lorenzo Boturini y el Eje Central; hacia el oriente, las inmediaciones del Metro San Lázaro hasta el Metro Aeropuerto; hacia el norte, el Eje 1; hacia el este, una parte de Reforma. De hecho, el cerco llegó al Zócalo y se extendió hasta Bellas Artes. Resguardando esas vallas metálicas se concentraron guardias presidenciales, numerosos uniformados de la PFP, granaderos de la policía del DF y otras fuerzas policiacas.

¿Se trataba de disuadir las protestas contra la imposición de EPN o de provocarlas? En todo caso, parecía que existía la intención de impedir que el legítimo derecho a manifestarse perturbara el acto simbólico de cesión del poder Ejecutivo en el Palacio Legislativo.

El gobierno del DF se deslindó de la responsabilidad del cerco y Calderón ya no tenía el control de las “fuerzas del orden” públicas. ¿Quién, entonces, determinó imponer ese cerco? Es obvio que fue EPN, quien delegó en Mondragón el mando único del operativo.

Como veremos más adelante ese cerco sólo fue simbólico: un símbolo de prepotencia y del alejamiento del poder estatal del pueblo, de los ciudadanos. Fue el símbolo de un Estado enajenado: ajeno al pueblo y vuelto contra él. El símbolo de un gobierno que sólo buscará que el Estado siga enajenado al pueblo y controlado por los grupos oligárquicos y los políticos profesionales a su servicio.

 

El cerco real

 

Sin embargo, pese al cerco, los manifestantes, principalmente estudiantes del #YoSoy132, llegaron a las inmediaciones de San Lázaro. La presencia de miles de estudiantes con la intención de repudiar la imposición de EPN cerca del Palacio Legislativo prueba que el cerco no era para impedir que llegaran, no era para disuadir que ejercieran su derecho a protestar, sino para cercar a los manifestantes, reprimirlos y arrestarlos. Para impedir que durante el gobierno de EPN existan voces disidentes que se expresen libremente.

El cerco real, lo comprendimos después, era parte de un operativo policiaco para atrapar, reprimir y acallar a las voces disidentes.

El movimiento estudiantil #YoSoy132 nunca aceptó ir al enfrentamiento con las fuerzas policiacas. Se trataba de manifestarse en contra de la imposición de Peña Nieto, aunque algunos grupos no representativos del #YoSoy132 llamaban a la confrontación e incluso prepararon cohetones o bombas Molotov. Pese al cerco, se citaron para protestar.

Cuestionando el cerco simbólico y entrando en el cerco real, los más de cuatro mil estudiantes que en muy en la mañana se juntaron cerca del Metro San Lázaro constataron el ánimo provocador de la policía y los granaderos, incluso los del gobierno del DF: a gritos los amenazaba y los insultaban. Por su parte, los estudiantes a veces les contestaban que el pueblo uniformado también es explotado o los llamaban a unirse a la lucha, pero más bien los ignoraban preguntándose qué hacer, a dónde ir. Se empezaban a sentir cercados.

De pronto, la policía comienza la agresión lanzando gases lacrimógenos. Algunos miembros que vienen de la acampada del Monumento a la Revolución responden con cohetones y Molotov. El Bloque Negro anarquista se enfrasca en una trifulca con la policía. Hay heridos de ambos bandos.

Los estudiantes del #YoSoy132 sólo observan la gresca. Algunos de ellos notan algo muy raro: de pronto llega una banda de chavos, con palos y un guante blanco, todos con un triangulito hacia abajo con la figura del Che Guevara. Muchos recuerdan al Batallón Olimpia del 68, otros rememoran a los Halcones del 71. No faltan los que se van en el momento en que los detectan.

Cuando llega EPN al Palacio Legislativo, lo acompañan más de veinte camiones de policías federales, que empiezan a rodear a los manifestantes. Los gases lacrimógenos empiezan a caer del lado de ellos. Uno le cae a Yahir y le parte el cráneo. Todos responden gritando “¡asesinos!” y se lanzan contra las vallas. Es la rabia la que tira las vallas y lo que permite el enfrentamiento directo. Se empiezan a escuchar las detonaciones de las escopetas que tiran balas de goma; algunos son heridos pero la furia se acrecienta. De pronto se escuchan balazos: de lado de los policías se disparan ráfagas dirigidas contra los manifestantes. Todos huyen hacia la TAPO. Un estudiante cae, muerto por una bala que le atravesó la espalda. No hay tiempo para tomarle una foto, sólo para correr y salvar la vida. Reagrupados, gritan “no violencia, no violencia”, a unos y a otros: a los policías y a los que pretenden enfrentarlos.

 

El acorralamiento

 

Se sienten acorralados, en una trampa montada no para acallar sus protestas sino para terminar con ellos. Perseguidos, corren hasta el Metro Moctezuma y escapan de ese cerco. Algunos quieren ir al Zócalo, se bajan en el Metro San Antonio y caminan por Tlalpan. Observan vallas derribadas por la propia policía para agilizar el tráfico. En realidad, para que pase el convoy que lleva a EPN. El Bloque Negro se lanza contra el convoy y los federales contra ellos. Nuevamente tienen que correr. Llueven los toletazos, los golpes, los gases. Muchos se refugian en una iglesia. Cuando el convoy de EPN se ha retirado, junto con la policía que lo resguardaba, salen y se dirigen hacia Pino Suárez. Los celulares les advierten que grupos de estudiantes están siendo rodeados por policías. Algunos son golpeados y detenidos. Deciden ir a Bellas Artes pero ahí la trifulca está peor. Entre quinientos o mil chavos se han estado confrontando con la policía. Después de arrojarse todo, un grupo ¿de provocadores, de anarquistas, de rabiosos? incendió una patrulla y la policía se ha lanzado contra ellos. En su huida, esos pequeños grupos se dedican a dar cristalazos a hoteles, bancos, periódicos, la torre del ISSSTE, incluso arrojan Molotov dentro de algunos de esos lugares. Corriendo por Reforma la ven rota, con fuego, destruida. La policía los persigue. De pronto, ya son dos las patrullas incendiadas, pero han llegado cientos de policías más. Y van contra todos, incluso contra algunos seguidores de AMLO que venían de su mitin en el Ángel. Unos se refugian en el Metro Balderas y deciden ir a protestar frente a Televisa, otros huyen hacia el Ángel. Hay muchos granaderos, por todas partes. Y no están para resguardar las instalaciones sino para reprimirlos. Otra vez tienen que correr. También los policías del DF los persiguen blandiendo sus toletes. Pero hay algo nuevo: llueven enormes rocas sobre ellos. Es increíble: la policía tiene una especie de catapultas con las que les lanzan rocas inmensas. A una compañera casi la alcanza una. Si le da, la mata. Otra vez: están tirando a matar. Unos huyen hacia Bucareli y entran al Café Habana. En el camino observan corretizas, golpes, pequeños incendios, arrestos. Otros corrieron hacia el Monumento a la Revolución, perseguidos y acorralados. Se reagrupan, informan de los detenidos de sus escuelas. Saben, también, que no podrán resistir ahí. Están rodeados de judiciales, la policía va contra ellos. La acampada, que ha estado ahí por meses, recoge todo para retirarse. Muchos jóvenes, demasiados, tienen moretones, heridas, sangran de la nariz, no aguantan los ojos, no localizan a un compañero. Todos se disgregan.

 

Saldo parcial

 

Más tarde, el #YoSoy132 logra juntar datos y sacar cuentas: tres estudiantes muertos; muchísimos heridos graves; compañeros detenidos, torturados y luego liberados; más de 250 estudiantes detenidos; un número todavía impreciso de desaparecidos (que no están detenidos pero que no han regresado a sus casas o reportado con compañeros).

También señalan la existencia de varios grupos de provocadores: civiles con guantes negros, con guante blanco, porros del PRI, grupos violentos que no acataron el llamado del movimiento estudiantil para evitar la violencia. Faltan muchos datos, todavía no les informan de las ráfagas en San Lázaro, de las catapultas que arrojaban enormes rocas, de la fuerza desmedida con que atacaron a muchachos y muchachas. El saldo es, aún, parcial.

Lo que observamos este 1 de diciembre del 2012 en los alrededores del Palacio Legislativo, en Bellas Artes, en las inmediaciones del Zócalo, en Reforma, fue un operativo policiaco-militar, en el que el gobierno federal de EPN tomó el control de las fuerzas represivas, pasando por encima del gobierno del DF, para cercar, reprimir y arrestar a los estudiantes del movimiento estudiantil #YoSoy132, la principal fuerza política opositora al nuevo gobierno. Lo que vimos este día funesto fue un operativo montado no para evitar protestas sino para reprimir al movimiento estudiantil #YoSoy132 y quienes lo acompañaron en su protesta. Se trataba de empezar a cumplir lo prometido: pacificar el país, acallar las protestas, impedir que se escuchen gritos denunciado el fraude o exigiendo democracia.

 

Mientras tanto…

 

Los legisladores de todos los partidos, incluidos los del PRD y los de Morena dejaron pasar la imposición de EPN, se olvidaron de la democracia y de luchar contra el fraude. Se acomodaron al sistema y al régimen, del que son partes necesarias.

Muy lejos del Palacio Legislativo, AMLO llevó a cabo su protesta simbólica, desconociendo de palabra al gobierno de EPN por “ilegal e ilegítimo” pero reconociéndolo en los hechos con el comportamiento respetuoso de las instituciones del grupo de legisladores que se identifica con Morena.

La verdadera protesta contra el fraude electoral pasado, el auténtico reclamo de democracia en México lo realizó el movimiento estudiantil #YoSoy132. Nadie debe cuestionar la legitimidad y relevancia de su protesta. En un país en el que los partidos políticos aceptan el fraude y la imposición, manifestándose de manera institucional y simbólica como Morena; en el México actual en donde no hay una verdadera fuerza política de izquierda, portadora del reclamo democrático y liberador, la decisión del #YoSoy132 de manifestarse contra la imposición de EPN no sólo es valerosa sino ejemplar. Lo que no es aceptable es que esa legítima manifestación de ideas por parte de miles de estudiantes sea utilizada para provocar y reprimirlos. Lo que es intolerable es que se siga sacrificando a jóvenes para que un Estado enajenado y un régimen que sólo sirve a los oligarcas pervivan. Lo que no podemos permitir es que con el PRI regrese la fuerza desmedida (el “modo Atenco de gobernar”) contra los disidentes, el uso de grupos paramilitares (con guante negro o guante blanco) para montar provocaciones y aplastar a un movimiento que porta la esperanza del cambio. Lo que no podemos pasar es que un nuevo gobierno emanado del fraude electoral, usurpador y represivo, pretenda acallar las protestas en aras de pacificar el país.

No sólo es indignante esta imposición a sangre y fuego de Peña Nieto por parte del PRI, también lo es el coro del PAN, del PRD, del MC y otros, sumándose a satanizar las protestas y manifestaciones de los movimientos disidentes. No deja de indignar, asimismo, que AMLO y el Morena hayan dejado solo al generoso #YoSoy132 que, sin apoyar abiertamente su candidatura, enfrentó con valor e inteligencia la imposición de Peña Nieto.

Por si alguien lo dudara, ha regresado el PRI, con todo su autoritarismo represivo. El PRI está de vuelta, conquistando a la autodenominada “izquierda” institucional, funcional al sistema y al régimen, para hacer “acuerdos nacionales”, dispuesto a seguir el remate de lo común y lo público al capital extranjero, encarrerado para imponer nuevas contra-reformas al pueblo mexicano, formando sus grupos de choque paramilitares, ensayando ya el mando único contra los estudiantes para luego aplicarlo en la ocupación del territorio vendido a las mineras o a otros megaproyectos de despojo y saqueo de las riquezas del país. Un PRI subordinado al imperialismo, violento y represivo, corrupto y aliado a los narcos, que nos anunció en la imposición a sangre y fuego de Peña Nieto cómo nos piensa someter.

 

* Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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