El Papa de Atlacomulco

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Las alianzas y lealtades han dado paso a especulaciones sobre si Peña pertenece a la masonería, a los Iluminati o al Opus Dei. La realidad—con tiento y con mucho cuidado— es que el círculo de los nuevos Golden Boy’s se cerró en la cúpula de la iglesia Católica mexicana con otros Golden muy cercanos a Dios o los Golden de Dios. Desde 1942, ligado al gobierno estatal y al Grupo Atlacomulco en particular, cada periodo electoral es también una oportunidad para el clero que defiende sus intereses e inclinaciones políticas como su Creador le da a entender.

Si bien es cierto que, abiertamente, no puede participar en política y menos en los procesos electorales, la iglesia Católica tiene repartidos territorios y cargos que ayudan, de manera directa e indirecta, en las aspiraciones de los atlacomulquenses. Cuando se ve bien hacia atrás, la de Peña representa la continuidad de las alianzas con la iglesia más sectaria que se tejieron durante el gobierno de Isidro Fabela Alfaro. Los masones creen que la historia les dará las herramientas para neutralizar al Opus Dei —“Obra de Dios”—, se niegan a ver que con Carlos Salinas se murió el anticlericalismo político mexicano, no aceptan que la Obra de Dios pertenece a otro extremo de la iglesia Católica y desdeñan aquellos señalamientos, bien fundamentados, de que, con sus recursos financieros, ésta tiene la capacidad de arrinconarlos, con todo y sus 33 grados, en donde quiera que se encuentren.

En otras palabras, se sorprenden cuando descubren que son enemigos ilustres y que la iglesia mantiene vivo su rechazo a los masones Benito Juárez, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. El primero, porque a través de algunas medidas —entre ellas las leyes de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, Lerdo de desamortización de los bienes de la iglesia o sobre Libertad de Cultos, con la que la religión católica dejó de ser un monopolio o el único permitido, así como los decretos de supresión de festividades religiosas y exclaustración de monjas y frailes— logró la separación Iglesia-Estado.

A Obregón y Elías Calles, la iglesia no les perdona la persecución de curas y sus fieles, que devino en “La Cristiada” o “Guerra Cristera”. Hoy, como advierten algunos curas, fue una guerra no declarada, pero guerra al fin que propició un cisma y, por lo tanto, el debilitamiento del catolicismo, así como la consolidación de las sectas y grupos protestantes.

Tampoco se olvida que, en forma arbitraria, los masones se atribuyeron las mayores construcciones de la antigüedad, como el Arca de Noé, la Torre de Babel, las Pirámides y el Templo de Salomón. Y que, según la historia, poseen secretos para destruir a la iglesia Católica.

Si bien su influencia disminuyó en forma alarmante a partir de la llegada de Miguel de la Madrid Hurtado a la Presidencia de la República el 1 diciembre de 1982, y hoy parecen más un fantasma en la vida política mexicana, los masones insisten en que son una organización secreta anticatólica —gnósticos, dicen algunos—, de orientación filosófica, con un código moral, templos, altares, jerarquía, ritos de iniciación y fúnebres, vestimentas para sus rituales, días festivos y oraciones propias.

En el Opus Dei —una secta extremista moderna fundada el 2 de octubre de 1928 por el cura español José María Escrivá de Balaguer, la cual fue impulsada y aprobada por el Vaticano— se tiene presente que en el ritual de iniciación del grado 29 de la masonería, el iniciado pisa y escupe sobre un crucifijo, al que considera signo de destrucción y muerte oprobiosa, mientras en el del grado 30 (el Kadosh) se pisan la tiara papal y la corona real, como símbolo del repudio a su mayor enemigo, la iglesia Católica y el Estado.

Al margen de estas peligrosas enemistades se encuentra la relación entre Peña y los jerarcas de la iglesia, la cual se fortalece cada año en el opulento fraccionamiento Bosque Real de Huixquilucan donde Enrique llega para agasajar al poderoso arzobispo de la iglesia católica apostólica ortodoxa de Antioquía en México, Antonio Chedraui Tanous.

El importante motivo que los reúne —aparte de estar hermanados en el mismo interés, mantener el poder— es festejar el cumpleaños del arzobispo, quien nació el 17 de enero de 1932. Y el lunes 17 de enero de 2011—cuando Antonio Chedraui cumplía 79 años de vida—, no fue la excepción, pues una vez más, los empedrados del fraccionamiento Bosque Real en Huixquilucan, se llenaron de lujo con un desfile de celebridades políticas y grandes magnates. El festejo del jerarca ortodoxo congregó a gobernadores, legisladores y funcionarios de todos los partidos; además de empresarios, representantes de la iglesia Católica y diplomáticos que llegaron lo mismo en helicóptero que en autos y camionetas de lujo a la catedral de los santos Pedro y Pablo —de la iglesia Ortodoxa—, cuya arquitectura está asentada en un terreno donado por el gobierno mexiquense que encabezó Peña.

Ahí llegaron, entre otros invitados, la entonces primera dama estatal Angélica Rivera Hurtado —acompañada por su esposo Enrique Peña—, Norberto Rivera, la gobernadora yucateca Ivonne Aracely Ortega Pacheco, y el gobernador poblano Mario Plutarco Marín Torres —acusado públicamente de proteger a pederastas—, el magnate Carlos Slim, Marta Sahagún, Josefina Vázquez Mota —ex candidata presidencial del PAN—,Beatriz Paredes Rangel —ex lideresa nacional priista—, Alfredo del Mazo —ex alcalde de Huixquilucan—, así como los empresarios Carlos Peralta, Roberto González y Ricardo Salinas.

Con sede en Damasco, Siria, la iglesia Ortodoxa de Antioquía tiene únicamente siete arquidiócesis fuera de Siria, Líbano e Irak. En México congrega a gran parte de la influyente comunidad libanesa, la mayor avecindada en ese próspero municipio. El arzobispo Chedraui se ha caracterizado por llevar una estrecha relación con los sectores políticos y sociales de más peso en México.

Por su parte, el llamado Golden Boy nunca ha negado su filia religiosa y aunque en Toluca, la capital mexiquense, circulan toda clase de rumores y versiones sobre la formación religiosa del gobernador, acercándolo unas veces a los Legionarios de Cristo y a doctrinas de cualquier denominación, incluso a la masonería; Peña nació y creció en el seno de un hogar indisolublemente ligado a la religión que le fue inculcada por su madre, María del Perpetuo Socorro Ofelia Nieto Sánchez, una de las fieles devotas de su natal Atlacomulco, y por su padre el ex seminarista Gilberto Enrique Peña del Mazo.

Hombre muy religioso y conservador, al nuevo Presidente de México se le puede ver en los onomásticos de monseñor Onésimo Cepeda Silva —ex obispo de Ecatepec— y en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), donde anualmente es recibido para compartir “el pan y la sal” con los obispos y cardenales de todo el país. También asiste a eventos católicos de alta sociedad entre los que destacan la ordenación como obispo de Atlacomulco de monseñor Juan Odilón Martínez García y su viaje a la Santa Sede para recibir las bendiciones papales.

La buena relación con “dios” le sirvió para conseguir que, en mayo del 2009, se anulara el único obstáculo que le impedía contraer matrimonio con su entonces prometida Angélica Rivera; es decir, el matrimonio religioso de ésta con José Alberto Castro Sáenz. El 27 de noviembre de 2010, Enrique Peña y Angélica Rivera recibieron la bendición frente al altar de la catedral toluqueña.

La visita de Peña a la Santa Sede —la segunda semana de diciembre de 2009—, sirvió para que reafirmara sus lazos con la jerarquía católica y reiterara devoción y filiación hacia el Opus Dei. La relevancia de la “Obra de Dios” puede verse en el hecho de que su fundador, Escrivá de Balaguer, es parte del santoral católico desde el 6 de octubre de 2002. En otras palabras, fue canonizado no mucho tiempo después de su fallecimiento, el 26 de junio de 1975, a los 73 años de edad.

A propósito de una segunda visita, cancelada de último minuto, el periodista argentino Andrés Beltramo Álvarez escribió el 29 de abril de 2011 en una nota titulada “Juan Pablo II y la fe de Enrique Peña Nieto”: “El gobernador Enrique Peña Nieto no quiso dejar pasar una oportunidad de oro: aprovechar todos sus contactos para asistir, en primera fila, a la beatificación de Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. Por ello puso a trabajar a su enlace con el mundo católico, Roberto Herrera Mena, coordinador de Asuntos Religiosos de su administración. Gracias a una ayudita de Televisa logró su cometido.

”Ante el interés de su jefe, Herrera apeló entonces a su vínculo clave: Antonio Berumen, famoso por ser representante de artistas como Menudo y Magneto pero que, en sus ratos libres, cultiva pacientemente sus relaciones con altos dignatarios de la iglesia. Miembro del prestigioso grupo de los Caballeros de Colón, Toño ha destacado en las coberturas que Televisa ha hecho a las diversas visitas de Juan Pablo II a México.

”En 2007 sirvió de apoyo estratégico al entonces embajador mexicano ante la Santa Sede, Luis Felipe Bravo Mena, para organizar los festejos por el XV aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República Mexicana y el Estado Vaticano. La idea fue de Bravo, el apoyo logístico de Berumen y el dinero del gobierno de Jalisco. Así nació la ya famosa manifestación ‘Navidad Mexicana en el Vaticano’.

”El proyecto incluyó artesanías navideñas tapatías para regalar al Papa y, de paso, hacer publicidad a quien ponía los recursos: en este caso el gobernador Emilio González Márquez. Tan exitosa resultó la iniciativa que bien pensó Berumen en aprovecharla y la convirtió en una ‘franquicia’ a vender a los gobernadores mexicanos. Al primero que convenció fue a Peña, quien vio la oportunidad y la aprovechó. Por eso en diciembre de 2009 viajó a Roma con su entonces novia, Angélica Rivera y una numerosa comitiva (familiares incluidos).

”No contaba el gobernador con que el Centro Televisivo Vaticano dejaría abierto el micrófono de la cámara que registró su encuentro y que la frase: ‘Santidad, le presento a mi novia, pronto nos vamos a casar’ se escuchase a viva voz en los parlantes de la sala de prensa de la Sede Apostólica. Instintivamente el Papa dio una bendición y así, en un instante, se armó un revuelo nacional.

”Más allá de la nota rosa, lo cierto es que el viaje de Peña a Roma en aquella ocasión poco tuvo de religioso y sí mucho de político. Uno de los principales impulsores de la iniciativa fue el actual presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes. Gracias a sus buenos oficios el gobernador no sólo fue acogido con cortesía sino que recibió un trato de deferencia extraordinaria”.

 

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