A propósito del Papa

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz

La clandestinidad en la que se han forjado los acuerdos entre el Grupo Atlacomulco y la cúpula eclesial más extremista encubre todo tipo de maquinaciones. Sólo tiene que seguirse la línea hasta 1942. La inclusión de Maximino Ruiz y Flores en el equipo de (Isidro) Fabela no fue un paso menor. Hizo emerger a esa iglesia radical como un poder paralelo. Le dio un espacio y la posicionó al frente en las campañas electorales.

Su ilustrísima tenía otras “cualidades” ocultas: el 25 mayo de 1915 apoyó en forma abierta la creación de la Unión de Católicos Mexicanos, la U, que se convirtió en el andamio de la ultraderecha mexicana, entre cuyas finalidades, aparentes e idílicas, sobresalían favorecer la presencia de la fe católica y el reinado de Cristo en México.

En papel, era como un sueño; la realidad era diferente. Un estudio —El origen de la ultraderecha en México— del doctor Yves Solís, director del Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe, advierte: aquella sociedad secreta era, “al principio una especie de círculo de estudios sociales, pero luego encontró, en 1922, que debía ‘organizar las fuerzas de los católicos para fines electorales’. El autor concluye que la U se radicalizó y, en 1929, el papa Pío XI decretó su extinción. Organizada en comisiones, el grupo se dedicaba a mucho más que decir misa.

La U marcó, en la historia de las derechas en México, un primer acercamiento a la reintegración de la vida política, tras el fracaso del catolicismo social y su inhabilitamiento como fuerza política abierta. Si bien la U contaba con una vertiente conocida con fines espirituales y sociales, los iniciados sabían perfectamente que su objetivo era político”.

También analizaba a los candidatos en elecciones, les creaba un perfil y lo hacía público, al menos entre sus militantes. Pero además, funcionaba como un centro de información e inteligencia que se ocupaba de obras sociales, política, gobierno y hacienda, entre otras cosas. Con políticos en sus filas, a principios de los años 20, la U pronto controló ayuntamientos en Michoacán, pero también sostuvo enfrentamientos violentos con otras fuerzas. Un delegado apostólico del Vaticano, monseñor Filippi A. Gasparri, fue quien empezó a sospechar la peligrosidad de aquella organización, pues era un elemento desestabilizador, como precisa el documento que cita el Semanario Nuestro Tiempo Toluca.

“Los obispos de aquella época no compartían su punto de vista, sólo el de Veracruz, Guízar y Valencia, estaba de su lado. Y un mexiquense aparecía en escena: Maximino Ruiz y Flores, auxiliar del obispado de México. Originario de Atlacomulco, considerado por las autoridades de aquel lugar como un personaje célebre, y en un parcial recuento de su vida, recuerdan que, al morir en 1949 a los 74 años de edad, asistieron al velorio y funerales, entre una multitud, Isidro Fabela, Alfredo del Mazo (entonces gobernador), Mario Colín y todos los sacerdotes originarios de Atlacomulco.

En aquellos años, 1921, la U era tan importante para Maximino, de la cual opinaba que “su fin principal era ir ganando terreno en las elecciones, comenzando por los municipios, siguiendo por los diputados y gobernadores de los estados, hasta llegar a las cámaras de la Federación y a la misma Presidencia de la República. Todo esto sin miras bastardas ni ambición personal alguna, sino sólo por el bien de la iglesia y por ende de la patria”.

Según el doctor Yves Solís, Maximino Ruiz y Flores estaba consciente de que La Secrecía de la U no concordaba con el espíritu de la iglesia y que si el gobierno la descubría, habría graves problemas. Finalmente, él fue un actor principal cuando la guerra cristera acabó, pues, al igual que otros, negoció una conveniente paz. A las bases de la U se les puede considerar como el antecedente de grupos actuales de ultraderecha, como es el caso de El Yunque y el Opus Dei, asociados comúnmente a los panistas.

El investigador y arqueólogo Jorge Toribio Cruz Montiel, incluso relaciona a Maximino Ruiz con la masonería y la afiliación a ella de sus parientes Montiel Rojas y Peña Nieto. Pero en ese año, 1921, ingresaba al seminario otro integrante del Grupo Atlacomulco, Arturo Vélez Martínez, pariente directo de Alfredo del Mazo Vélez.

Y si Alberto Tavira, autor del libro Las mujeres de Peña, señala al aspirante como destinado al sacerdocio por su familia desde pequeño, la lista también la integran otros de Atlacomulco, como Juan Monroy o el mismo Arturo Montiel, quien según sus propias declaraciones, estudió un tiempo en el seminario. Lo cierto, precisa el semanario, es que la creación de un obispado de Atlacomulco sólo era cuestión de tiempo. Y con Arturo Vélez en el poder eclesiástico las cosas se aceleraron en 1984, con Ricardo Guízar al frente de ella. Estuvo ubicado en la diócesis de Tlalnepantla y en el 2009 fue sustituido por Carlos Aguiar Retes, cercano al panismo, pero conservó el cargo de arzobispo emérito.

Todavía en marzo del 2011, Guízar firmó una misiva pública, junto con otros obispos, cuyo mensaje aparente era invitar a votar a los mexiquenses en las elecciones para gobernador. “Nos preocupa percibir cómo se ha debilitado el tejido social. La fragmentación social, el individualismo y la apatía han introducido, en distintos ambientes de la convivencia social, la ausencia de normas, que tolera que cualquier persona haga lo que le venga en gana, con la certeza de que nadie le dirá nada”, decían los prelados.

El propio Peña, un año antes y todavía como gobernador, dijo ante el mismo Guízar que gobierno e iglesia tenían “objetivos comunes, propiciar condiciones de mejora, de paz y de tranquilidad a la ciudadanía, a la feligresía en su caso, a la grey, a la que usted esta pastoreando”.

Otro cura cercano a Peña es Florencio Armando Colín Cruz, obispo auxiliar de México, emparentado con la familia de Juan Monroy Pérez, amigo y patrocinador de Arturo Montiel. Este personaje es importante, dice Jorge Toribio, porque se coloca en un lugar estratégico que podría llevarlo a la sucesión del actual Papa, cuando éste muera.

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