Los negocios de la Iglesia

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

El clero, plagado de mexiquenses en cargos donde pueden influir en el destino del país, tendrá, como en cada proceso electoral, su participación. No es casual que el Papa haya visitado al país en tiempos comiciales y tampoco resultó extraño que lo haya hecho. Priistas y panistas tienen un origen común, que actualmente los ubica en el extremo más conservador de la ultraderecha.

Al final del día, los atlacomulquenses también esperan contar con el apoyo de Monseñor José Francisco Robles Ortega, cardenal de Guadalajara, amigo de Peña. Aunque pocos lo recuerdan, Robles fue obispo de la diócesis de Toluca de 1998 a 2003. Y siempre llevó relaciones cordiales con el Grupo Atlacomulco, sobre todo con los ex gobernadores César Camacho Quiroz y Arturo Montiel Rojas.

Vista a la distancia, la influencia de su Ilustrísima Ruiz y Flores también fue determinante para que el 11 de abril de 1951 el humilde párroco Arturo Vélez Martínez recibiera la llamada Consagración Episcopal.

De acuerdo con los biógrafos de Vélez Martínez—Antonio Corral Castañeda y Adela García Moreno—, la diócesis “comprendía 12 vicarías foráneas con sus correspondientes parroquias e iglesias filiales: Almoloya de Juárez, Coatepec Harinas, Ixtlahuaca, El Oro —estas dos vecinas de Atlacomulco—, Sultepec, Tejupilco, Temoaya, Tenango del Valle, Tenancingo, Santiago Tianguistenco, Valle de Bravo y Toluca”.

Al margen de los problemas judiciales que enfrentó, “Vélez Martínez es una de las personalidades más destacadas del Estado de México e hijo dilecto de Atlacomulco, murió el 22 de agosto de 1989 en la ciudad de Toluca, a los 85 años de edad, después de haber estado al frente de la diócesis durante casi 30 años”, precisan Corral Castañeda y García Moreno.

La influencia de Maximino Ruiz fue determinante para que otros atlacomulquenses —entre ellos Ezequiel Rosas Monroy, Eliseo Velasco González, Faustino Flores, Francisco Escamilla Gómez y Enrique Mercado Varas de Valdés— abrigaran la carrera sacerdotal. Corral Castañeda y García Moreno recuerdan en 30 Atlacomulquenses distinguidos, reseñas biográficas, publicado en 2004, que el rector del Seminario Conciliar de la Ciudad de México era el doctor Maximino Ruiz y Flores.

Desde principios del siglo XX, el cura radical Maximino Ruiz se convirtió, en forma abierta la mayoría de las veces, en guía “moral” y espiritual de los caciques atlacomulquenses. A su muerte, el lugar fue ocupado por Vélez Martínez, “el cura del diablo”, llamado así porque desapareció los apoyos económicos de sus feligreses.

Seducidos por fantasmas del poder eclesial, otros hijos de Atlacomulco, conocidos por sus andares políticos, también intentaron, si bien en forma infructuosa, seguir la carrera sacerdotal. Entre ellos destacan Enrique Peña del Mazo —padre del presidente Peña—, Arturo Montiel Rojas y Juan Monroy Pérez, pero ninguno tuvo el carácter y la disciplina necesarios, los únicos requisitos con que contaban eran el amor al dinero público y su ambición de poder.

A la muerte de su Ilustrísima Vélez Martínez, los atlacomulquenses no se quedaron sin un representante de Dios en la Tierra. Su lugar lo ocupó Monseñor Abelardo Alvarado Alcántara, actual obispo auxiliar emérito de la Arquidiócesis de México. Sus credenciales lo avalan como digno sucesor: de 1999 a 2003 fungió como secretario general de la Comisión del Episcopado Mexicano y de 2004 a 2006 fue encargado del Departamento de Relaciones Iglesia-Estado en la Secretaría General de la CEM.

Para explicarlo mejor, cuando Arturo Montiel y Peña fueron gobernadores, Monseñor Alvarado Alcántara se convirtió en un hombre poderoso, cumpliendo con su primera cualidad; es decir, el haber nacido en Acambay —tierra original de los Peña—, que pertenece a la Diócesis de Atlacomulco. Y por si alguien dudara del apoyo que éste dio a Enrique, algunos de sus mensajes lo aclaran.

Apenas pasados los comicios del 1 de julio de 2012 escribió: “las supuestas irregularidades que se cometieron el día de la elección parecen ser las normales en una votación en que supone un trabajo arduo y complejo (actualizar el padrón electoral, imprimir millones de boletas, instalar las casillas, representantes de los partidos que verifiquen el desarrollo de la elección, el conteo de los votos, las actas que dan fe de los resultados, los miles de observadores nacionales y extranjeros, etc. etc.). Es decir, se trata de errores humanos que no inciden gravemente en el resultado”.

Fuentes allegadas a la cúpula de la iglesia Católica advierten que, a finales de la década de 1990, Alvarado Alcántara constituyó uno de los pilares para que Atlacomulco fuera considerado en la categoría de Diócesis. Además, los viejos atlacomulquenses recuerdan que su ingreso al seminario y, más tarde, al clero de poder, se dio de la mano del obispo Arturo Vélez Martínez.

Por si le faltara alguna credencial, forma parte de la gran familia del Grupo Inversionistas en Autotransportes Mexicanos S.A. de C.V o IAMSA —que controla, entre otros, 8 mil unidades de transporte de pasajeros—, fundado por Jesús Alcántara Miranda, originario de Acambay, y que preside su hijo Roberto Alcántara Rojas, pariente de Arturo Montiel.

Esta es una de las claves. Monseñor es tío de Jesús Sergio Alcántara Núñez —de la misma familia de Acambay—, un político ligado al primer equipo del nuevo Presidente, aunque, según los peñistas, hace parte del trabajo sucio. Ellos advierten que fue el suplente de Peña cuando este último llegó a la Legislatura del Estado de México en 2003, de donde brincó a una diputación federal.

“Su nombre puede resultar desconocido en la mayor parte del país, pero es una de las piezas clave en la estrategia de Peña. Jesús Sergio Alcántara Núñez pertenece a una poderosa casta política y económica que controla el Estado de México y es socio de un emporio dedicado al transporte terrestre de pasajeros a nivel nacional”, alertó en julio de 2011 el periodista José Pérez-Espino.

Y el 11 de julio de 2011, el extinto periodista Miguel Ángel Granados Chapa escribió sobre él: “es la quintaesencia del priismo mexiquense, ese del que los políticos locales no pueden ni quieren apartarse. Se trata de Jesús Alcántara, el segundo de ese nombre en la historia reciente del partido invencible en el Estado de México. Su nombre completo es Jesús Sergio Alcántara Núñez. Su biografía escueta lo presentaría como un hábil ganador de posiciones de elección popular. Fue alcalde de Acambay, diputado local dos veces por el distrito respectivo y módico diputado federal en la LX Legislatura, la anterior a la presente.

”Pero es parte de una familia poderosa e influyente. Su abuelo y tocayo, que calcó en menor escala el trayecto de Carlos Hank González, de quien era muy cercano, y probablemente socio, fue Jesús Alcántara Miranda. Como lo sería su nieto, ya rico fue presidente municipal de Acambay, en 1958, el mismo año en que el profesor lo era de Toluca. Construyó su bonanza en el transporte público, en las inmediaciones de su localidad y luego en el centro del país. Presidió el consejo de administración de Autotransportes Flecha Roja al mismo tiempo en que era diputado federal (dos veces: en 1979 y en 1985). Coronó su carrera política en el Senado, en el sexenio salinista.

”Ya para entonces su hijo mayor, Roberto Alcántara Rojas iba haciéndose cargo de los negocios, con sus hermanos José Luis y Arturo. En esa época el patrimonio familiar visible se integraba ya con nuevas líneas de autobuses, beneficiarias del programa de modernización emprendido por Salinas, que trocó los vehículos vetustos de la abajeña Flecha Amarilla en las unidades comodísimas de Primera Plus, ETN y otras por el estilo. También ingresó a la transportación turística y hasta a la aérea, con Viva Aerobús.

”El único traspié de un hombre próspero como Roberto Alcántara fue prontamente remediado con dinero público. Adquirió en 1992, en el bazar bancario abierto por Salinas, el Banco de Crédito y Servicios, Bancreser. Era utilizado, como otros varios, para financiar los negocios propios, a través de créditos quirografarios y préstamos cruzados. Cuando reventó esa situación generalizada en el nuevo sistema bancario recién privatizado, allí estaba el presidente Zedillo para sufragar los costos del fracaso. El Bancreser en ruinas fue vendido por el Instituto de Protección al Ahorro Bancario, que remplazó al Fobaproa.”

Todavía en aquel tiempo, julio de 2011, Madai Gabriela Alcántara Núñez —hermana de Jesús— era una de las reclutas de Angélica Rivera Hurtado, “La Gaviota”, segunda esposa de Peña. Sin hacer mucho ruido, la ubicó como subdirectora de Albergues del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Todo es perceptible, nada se ha dejado al azar: monseñor Alvarado es familiar del empresario Mayolo del Mazo Alcántara —propietario de los balnearios Cantalagua y Tepetongo—, emparentado este, a su vez, con Alfredo del Mazo González.

En el entramado de relaciones y parentescos, fuentes de iglesia afirman que Alvarado Alcántara se ha convertido, en los hechos, en enlace entre el presidente Peña —como lo hacía cuando este era gobernador— y la Confederación del Episcopado Mexicano, así como con algunos de los obispos más influyentes del país. Lo han convertido en un personaje central de la historia.

“El jueves 7 de julio —observó Pérez-Espino en un amplio reportaje que subió al blog La Utopía y publicó en el periódico digital sinembargo (sinembargo.com.mx)—, en la Casa de Gobierno de Toluca, Jesús Sergio Alcántara Núñez fue presentado como el responsable de la asociación civil llamada: Expresión Política Nacional (EPN), cuya tarea principal es la de apuntalar a Peña como precandidato presidencial. Su objetivo es la construcción de redes para la movilización electoral en todo el país.

”Además, de acuerdo con el periodista Jenaro Villamil, a Jesús Alcántara Núñez le corresponde la función de ‘pasar la charola’ entre empresarios, tal como lo hizo Roberto Alcántara Rojas —familiar de Jesús Sergio—para Roberto Madrazo Pintado en 2006.

”Alcántara Núñez ‘le ha confiado a sus amigos que lo que se puede comprar con dinero es barato’. Otros lo conocen como ‘el hombre del maletín’, porque en uno lleva los recursos y las órdenes de Peña, escribió Villamil en la revista Proceso, publicada el 9 de julio de 2011.

”Su perfil muestra una carrera política de la mano de Peña y, ambos, bajo la tutela del así llamado Grupo Atlacomulco. Alcántara Núñez nació el 21 de junio de 1965. De 2000 a 2003 fue alcalde de Acambay, un municipio de 61 mil habitantes ubicado al noroeste del Estado de México, a 86 kilómetros de Toluca. En 2003 fue diputado local suplente de Peña por el Distrito 13 con cabecera en Atlacomulco. Después fue diputado federal y actualmente es diputado local por segunda vez, por la misma demarcación. Es integrante del Consejo Político Nacional del PRI.

”Estudió la licenciatura en Administración Pública y Ciencias Políticas y un posgrado en Alta Dirección de Empresas, aunque él se ha definido como ‘un hombre de campo’. Es socio, entre otras empresas, de Enlaces Terrestres Nacionales (ETN), Ómnibus de México y Autotransportes Herradura de Plata.

”Por lo pronto, la responsabilidad que asumió Alcántara Núñez no es nueva para él. En 2009, las redes bajo su responsabilidad, EM, 7:11 EM (nombre clave para la elección de gobernador) y DMD (Dos mil doce), ayudaron a que los candidatos identificados con Peña alcanzaran a ser 100 de los 240 diputados federales priistas”.

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