Conexión vaticana

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz Jiménez

Otro sacerdote oriundo de Atlacomulco es Abelardo Alvarado Alcántara, emparentado con la familia Del Mazo y los Alcántara, también de aquel municipio, pero dueños de líneas de transportes a nivel nacional y de la terminal de camiones Observatorio, en la ciudad de México.

Pero más allá de pasillos oscurecidos por el rumor, se le conecta con el millonario abad de la Basílica de 1963 a 1996, Guillermo Schulenburg Prado —el cura que negó las apariciones de la Virgen de Guadalupe—, quien había depositado su fortuna y herencia en dos partes. Una, en una cuenta del banco HSBC y otra en un llamado ‘Fideicomiso Guillermo Schulenburg Prado’, creado por un acuerdo de Fideicomiso Inglés, en Merrill Lynch, Trust Services S. A., Ginebra, Suiza.

Muerto el domingo 19 de julio de 2009, Schulenburg había desatado una controversia cuando, el 24 de mayo de 1996, puso en duda la existencia de Juan Diego y, por ende, las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac. En una carta que envió al Vaticano fue muy claro y enfático:

“La existencia del indio Juan Diego no ha sido demostrada, podríamos obtener muchas firmas de eclesiásticos preparados, así como de laicos intelectuales que avalan esta carta, pero no queremos provocar un inútil escándalo, simplemente queremos evitar que disminuya la credibilidad de nuestra Iglesia.

También declaró a la revista italiana 30 Giorni que la existencia de Juan Diego era “un símbolo y no una realidad”, y encendió la controversia y las alarmas de la cúpula religiosa cuando advirtió que la imagen de la Virgen de Guadalupe era “producto de una mano indígena y no de un milagro”.

“Un reportaje de la OEM —precisa el Semanario Nuestro Tiempo de Toluca— informaba en 2010 que la voluntad del abad pudo ser alterada a través de algo llamado ‘repudio de legados’, que ejecutó una asociación civil, Domus Spei, que en lo público tiene como finalidad ayudar a sacerdotes siempre y cuando no padezcan enfermedades mentales. La asociación la integraba el propio Schulenburg, ‘en calidad de presidente, María Isabel Schulenburg Prado, Roberto Quiroz Montero, Abelardo Alvarado Alcántara, Odilón Ramírez Pelayo y el C.P. [contador público] Óscar Philibert Mendoza’.

Alvarado se ha encargado hasta la fecha de recibir el dinero de las donaciones para aquella causa. Domus Spei cobró, en ese entonces, 3 millones de dólares del abad en lo referente a la cuenta HSBC, ‘por una adición posterior a la cláusula séptima del testamento realizada mediante otra escritura pública, fechada el 16 de marzo del 2005, ante la fe del Lic. Javier Correa Field, notario Público número 95, en el Distrito Federal… se instituye un legado por 300 mil pesos, a favor de Abelardo Alvarado Alcántara, a quien el propio Schulenburg relaciona con la asociación civil denominada Domus Spei, mencionándolo como obispo’, puntualiza la OEM.

Si Alvarado, hoy obispo emérito de México, está emparentado con los de Atlacomulco, explica su ferocidad cuando habla del panismo. ‘Los panistas no saben gobernar y su inexperiencia, ineptitud y arrogancia los han llevado a cometer muchos errores… la forma de gobernar de Felipe Calderón es a base de voluntarismos, como si los problemas se solucionaran simplemente por declarar la propia voluntad de resolverlos’, diría en 2010”.

Desde hace años, Toluca ve con perplejidad cómo, anticipándose a la edad de jubilación de Monseñor Alvarado Alcántara, la cúpula peñista se acercó al Excelentísimo obispo Florencio Armando Colín Cruz, encargado de la primera Vicaría episcopal Santa María de Guadalupe, la más importante de México, anclada en el Distrito Federal.

Vicario Episcopal de la primera zona pastoral, Monseñor Colín Cruz nació en Hondigá, Acambay el 27 de octubre de 1950. Según su biografía oficial, es el tercero de cuatro hijos procreados por Jesús Colín Colín y Socorrito Cruz Gómez.

Su formación filosófica y teológica tiene dos alma mater. La primera, el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos de la Arquidiócesis de México; y, la segunda, la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, donde realizó estudios de especialización en el Pontificio Instituto Bíblico (1978-1982), que completó con un semestre en The Hebrew University of Jerusalem (Israel), donde obtuvo la Licenciatura en Ciencias Bíblicas.

El 22 de abril de 1982 recibió en México la ordenación presbiteral de manos del Excelentísimo cardenal Ernesto Corripio Ahumada. De 1988 a 1992 estuvo nuevamente en Italia, donde, además de cursos complementarios a su formación, elaboró y defendió su tesis con la que obtuvo, en la Pontificia Universidad Gregoriana, su doctorado en Teología Bíblica.

Su hoja oficial de vida ofrece algunos datos atractivos para el Grupo Atlacomulco: el 12 de octubre de 1996, bajo las órdenes del Excelentísimo cardenal Norberto Rivera Carrera, dejó la Vicerrectoría del Seminario Conciliar y se hizo cargo de la Parroquia de Capuchinas.

Monseñor Colín “es el tercer canónigo en hacerse responsable tanto de la Parroquia de Capuchinas como de la Capilla de Indios, Capilla del Pocito y del Bautisterio, administradas de manera independiente a la Basílica. Después de dos años, el cardenal lo nombró integrante del Cabildo de Guadalupe, haciéndolo canónigo junto con Monseñor José Luis Guerrero y Monseñor Juan Aranguren”.

En la dimensión de locura en la que entró el Grupo Atlacomulco desde que se confirmó la imposición de Enrique Peña en la Presidencia de la República, hay convencimiento de que monseñor Colín Cruz es el elegido para sustituir a Rivera Carrera como arzobispo primado de México y cabeza de la iglesia católica mexicana.

Futuristas ilusos o videntes precoces, priistas del Estado de México están convencidos de que, con el apoyo sólido del presidente Peña —y sus amistades en el Vaticano—, monseñor Colín Cruz tiene la posibilidad de erigirse en guía moral de todos los mexicanos, influir para que le otorgue la investidura de cardenal que ahora tiene Rivera Carrera y desde allí, iniciar una cruzada por el papado.

Si es una mera vacilada o no, es cuestión de esperar, pero, como dicen los viejos atlacomulquenses, medio en broma y medio en serio: “ya tenemos seis gobernadores, un presidente de la República, un puñado de obispos y estamos en camino de tener un cardenal. Sólo nos hace falta tener un dios propio, nuestro dios”.

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