Expediente negro

* Escribió Negocios de Familia y Tierra Narca, dos libros que revelaron las componendas del poder en el Estado de México, el primero entre políticos que creen que los gobiernos se heredan y el segundo sobre los arreglos entre esa misma clase y el narcotráfico, brazo armado de quienes, dicen, nacieron para gobernar. Francisco Cruz, periodista de Metepec, en el Estado de México, documenta ahora al equipo que ayudó al priista Enrique Peña a obtener la presidencia del país. Su libro, Los Golden Boy’s, editado por Planeta, es imprescindible para entender cómo un personaje como el sobrino de Arturo Montiel gobierna a 115 millones de habitantes sin haber leído –dicen los malos oídos- un solo libro, entre otras cosas. Con permiso del autor, este espacio publicará semanalmente un extracto de aquella investigación.

 

Francisco Cruz

Como se acogen a la vieja consigna de que en la vida nadie regala nada y que uno mismo debe procurarse todo, han empezado a ordenar el expediente negro del cardenal Norberto Rivera Carrera, empezando por las demandas interpuestas en Los Ángeles por proteger a pederastas, como el prófugo presbítero Nicolás Aguilar Rivera; o la dispensa que guardó al padre Marcial Maciel, otro cura inmoral y pederasta, fundador de los Legionarios de Cristo.

Abrigan la inconsciente ambición de que el Estado de México se convierta en el centro del mundo. No debe tomarse a broma que vean a uno de los suyos como cardenal, sustituto del conspicuo Norberto Rivera Carrera, cuarto arzobispo primado de México, trigésimo quinto sucesor de Fray Juan de Zumárraga, custodio de la imagen de la Virgen de Guadalupe del Tepeyac y, por lo tanto, responsable del manejo de los dineros de la Basílica y de la Plaza Mariana.

Bajo cualquier concepto que se le busque la importancia de Monseñor Rivera salta a la vista: es también integrante del Pontificio Consejo para la Familia, de la Comisión para América Latina, del Consejo ordinario del Secretariado General del Sínodo de Obispos y de la Comisión Vaticana de Asuntos Económicos de la Sede Apostólica.

En un lenguaje que muy pocos entienden y sin que, aparentemente, se le conceda mayor importancia porque fue un sinónimo del poder de Peña, llegado el momento esperan que, poco a poco, florezcan los pecados del cardenal Rivera, las historias ocultas que debilitan su imagen y minan su autoridad en el Estado Vaticano.

Resalta, en primer lugar, la muerte de Monseñor Jesús Guízar Villanueva en enero de 2010. Ya hay quienes empiezan a recordar que, antes del deceso —ocurrido en condiciones tan extrañas que llevaron a sospechar de un homicidio—, el extinto Guízar envió a Roma documentos confidenciales en los que denunciaba actos de corrupción —enriquecimiento ilícito— de Monseñor Diego Monroy Ponce, rector de la Basílica de Guadalupe de enero de 2001 al 14 de enero de 2011, cuando fue sustituido por Monseñor Enrique Glennie Graue.

Bajo el ala protectora del cardenal Rivera, Monroy Ponce fue acusado de hacer jugosos negocios con el culto guadalupano o, lo que es lo mismo, enriquecerse al amparo de la Villa de Guadalupe, el principal santuario católico de México, que recibe 20 millones de peregrinos cada año, así como de poner en marcha la construcción de la Plaza Mariana —en la explanada de la Basílica—, conocido como el más ambicioso complejo religioso-comercial de México y en el que se invirtieron 44 mil 650 millones de pesos, producto de donaciones atribuidas, en su mayoría, a las empresas del magnate Carlos Slim.

La libertad de cultos ha permitido que muy pocos —el grupo de la iglesia Católica que encabeza el cardenal Rivera— conozca cómo se invirtió el dinero y qué destino se le dará, entre otros ingresos, a los 5 mil millones de pesos que se obtendrán por la venta de 115 mil nichos. Aparte se cuentan las limosnas, así como el cobro por bodas, bautizos, comuniones o misas de aniversario luctuoso o los acuerdos ocultos en las donaciones por 44 mil millones de pesos para edificar la Plaza Mariana en terrenos donados por el Gobierno del Distrito Federal en 2003.

En julio de 2011, Linaloe R. Flores escribió en la revista electrónica sinembargo: “el dinero de La Villa cae por un cepo, conectado a una tubería en el subsuelo del templo. Fue construido en 1974 cuando el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez erigió la nueva Basílica. La razón de esta máquina, cuya apariencia emula los artefactos de tortura de la Edad Media o las gigantescas alcancías del Renacimiento, es que la mayor parte del dinero llega en monedas. Cientos, miles, quizá millones de monedas, con todas sus denominaciones, caen a diario en un caudaloso río. ‘Contarlas de otro modo sería imposible’, suelta el padre Pedro Herrasti. Las monedas se quedan ahí hasta conformar una suma. Un intento reciente para conocer el ingreso en La Villa ha fracasado”.

Priistas mexiquenses que formaron parte del primer círculo del gobernador Peña miran con incredulidad al cardenal Rivera y recuerdan que hay sendas demandas, contra él en una corte radicada en Los Ángeles, California. Más aún, no han olvidado el desdén del papa Benedicto XVI a Rivera durante la visita que su santidad hizo a México en marzo de 2012.

Aunque es cabeza del mayor arzobispado de México, el cardenal fue relegado a ocupar un segundo plano, lo que evidenció no sólo tensión, sino un conflicto serio entre el Vaticano y algunas prominentes figuras de la iglesia mexicana, pero en concreto con el cardenal Rivera por acusaciones como las de monseñor Guízar, sobrino del santo mexicano Rafael Guízar y Valencia, y pariente, por el lado materno, de Marcial Maciel.

La percepción aumenta a niveles insospechados desde que el 30 de abril de 2010 el papa Benedicto XVI nombró como obispo de la Diócesis de Atlacomulco a Monseñor Juan Odilón Martínez García, un humilde párroco originario del municipio mexiquense de Tenancingo que conoció a Enrique Peña Nieto desde que éste tenía 10 años de edad.

Durante los últimos días de julio de aquel año, Martínez congregó en su ordenación a Peña, al arzobispo Christophe Pierre, nuncio apostólico en México; al cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Monterrey; al arzobispo Carlos Aguiar Retes, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; a Monseñor Ricardo Guízar Díaz, arzobispo emérito de Tlalnepantla y primer obispo de Atlacomulco; al arzobispo Alberto Suárez Guindas; Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas; Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Acapulco; Javier Chavolla Ramos, obispo de Toluca y Maximino Martínez Miranda, obispo de Ciudad Altamirano.

Fue una demostración de poder en la que, como relataron algunas crónicas periodísticas, Peña “recordó que ya existía una amistad entre él y el nuevo obispo de Atlacomulco, ya que se conocieron cuando el gobernador era un niño y el religioso iniciaba su misión pastoral como vicario parroquial de la cabecera municipal atlacomulquense”.

Convencido de que en el juicio final, Dios será su abogado de oficio, sólo restaba esperar que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación validara el excelente trabajo realizado por un supermercado y una cadena televisiva en los comicios del 1 de julio de 2012, donde él obtuvo 38 por ciento de los votos; y descalificara las pruebas recabadas por el obradorismo, que forman parte de las denuncias de un fraude electoral cínico y demagógico.

Recibir la constancia de presidente electo vino a confirmar la certeza que hizo suya desde 2005 —cuando inició su campaña— de que 2012 era el año en que ocuparía la silla presidencial. Para lograrlo, no escatimó recursos, tampoco tiempo para reclutar a quien mejor respondiera a sus intereses.

Reforzado en alianzas, nada podía estropear su camino, ni siquiera los gritos y reclamos recibidos aquel viernes negro en la Universidad Iberoamericana, que lo acusaban de enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias, reparto de secretarías a familiares, represión social y gastos innecesarios. Evento que no pasó de ser más que un pequeño sustito para el político más telenovelero de México.

El escenario estaba puesto, su intento por reconquistar la presidencia para el PRI lo protagonizó en un país habitado por un gran número de mexicanos apáticos a quienes no les importa quién los gobierne y, aunque hay otros tantos preocupados, no sólo por el quién sino por el cómo, estos no arruinan la felicidad que refleja frente a las cámaras.

Como representante del Grupo Atlacomulco, que reúne los apellidos Hank, Montiel, Del Mazo, González, Barrera, por mencionar algunos, así como las alianzas que tiene con los Azcárraga y Salinas Pliego, parece que su telenovela presidencial va por buen camino.

Ellos, los políticos de Atlacomulco, han gobernado por más de 80 años al Estado de México, pequeño espejo en que puede irse reflejando el país. La entidad, de 15 millones de habitantes, muestra profundos contrastes sociales y, en la última década se ha afianzado como territorio-base para el narcotráfico.

Desde Toluca, una fría ciudad que ni siquiera destaca por su equipo de futbol profesional, se mueve la mayor parte de los hilos políticos del país. Aquí es donde se decidió el tamaño de la trampa. Las elecciones para gobernador del Estado de México, julio de 2011 fueron la prueba piloto, una pequeña muestra de cómo se cancelaría el respeto al voto de millones de mexicanos pero, sobre todo, la inutilidad de las instancias electorales.

La entrega del poder a los de Atlacomulco confirma que México es una empresa privada que se maneja con capital público, poseedora de una democracia simulada que encubre a una realeza “región cuatro” donde nadie más cabe, salvo por sus orígenes de linaje.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s