Minas de oro

* Isidro Fabela reclutó a sus Golden Boy’s, encabezados por Alfredo del Mazo Vélez y el mismo Hank; este último formó su propio grupo de jóvenes; Chuayffet hizo lo mismo con César Camacho Quiroz a la cabeza, seguido por Ernesto Némer Álvarez —primo político de Peña y secretario de Gobierno en la administración de Eruviel Ávila Villegas—, y Montiel recurrió a la misma estrategia con Peña, apuntalado por Luis Enrique Miranda Nava, Luis Videgaray Caso, Miguel Sámano Peralta, Carlos Iriarte Mercado, Carlos Rello Lara y Carlos Díaz de León. Este texto es parte del libro “Los Golden Boy’s”, escrito por Cruz y publicado por Planeta.

 

Francisco Cruz Jiménez

En el pintoresco Pastejé, del municipio de Jocotitlán, fronterizo con Atlacomulco, se levanta la Ciudad Industrial Alejo Peralta, sede del emporio del Grupo IUSA, conglomerado de empresas que abarca los sectores de manufactura, sistemas de medición, educación, inmobiliario, editorial, telecomunicaciones, servicios y agropecuario.

Fundado hace casi siete décadas por el ingeniero Alejo Peralta, IUSA es uno de los grupos empresariales más importantes de Latinoamérica. Su carpeta publicitaria dice: “Cuenta con uno de los portafolios de negocios más completos del mercado internacional, ya que maneja más de seis mil productos diversificados en el sector de la construcción. […] IUSA exporta a 33 países en América, Europa y Asia, sin mencionar que contamos con 3 mil distribuidores a nivel mundial.

Y en Toluca nadie disputa a la familia Monroy Cárdenas (originaria de la zona de Atlacomulco y Acambay) la conducción de La Moderna, que desde la década de 1960 es una de las mayores empresas del país para la elaboración de productos alimenticios: pastas, galletas, sopas instantáneas, pastas para frituras y harinas de trigo y de arroz. Además de las dos en la capital del Estado de México, tiene plantas industriales en Guadalajara, Gómez Palacio, Saltillo y Guatemala.

Discretamente, políticos del primer círculo peñanietista hicieron correr versiones de que contaban con el apoyo del empresario Valentín Diez Morodo, presidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce), ex presidente del poderoso y selectivo Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN), y propietario del Deportivo Toluca, equipo de Primera División del futbol mexicano.

Para evitar conjeturas, sólo precisaron que los “Diablos Rojos” juegan en un estadio ubicado en el centro —“Nemesio Diez”, mejor conocido como “La Bombonera”—de la capital mexiquense y que, en las ocasiones importantes, Peña aparecía como invitado de honor. Así pasó, por ejemplo, el 23 de mayo de 2010.

Asiduo a las cámaras y espacios públicos de cualquier tipo, a Peña, invitado especial de Nemesio Diez, se le hizo fácil aventurarse a recorrer la famosa “Bombonera”. Y hasta aquella fecha había tenido suerte. Nadie se fijaba en él, excepto quienes trasmitían. Le otorgaban 20 ó 30 segundos de atención y volvían al juego. “Pambolero” al fin y al cabo, el ex gobernador no se aguantó las ganas de festejar un triunfo que sintió suyo y decidió arriesgarse. Así que bajó a la cancha y se acercó a felicitar a los ganadores. Allí los abrazó mientras la tribuna se daba cuenta de su presencia.

Apenas lo reconocieron, los fanáticos de los “Diablos Rojos” lo recibieron con una sonora mentada de madre. En ese momento le pasaron la factura del caso Paulette. En las rechiflas siguientes le recordaron la violenta represión en San Salvador Atenco y en San Antonio la Isla, la criminalización de protestas sociales, el burdo encarcelamiento de líderes comunitarios, la invención de delitos, la matanza de La Marquesa, los más de 600 asesinatos de mujeres, la presencia intermitente de capos del narcotráfico y el escaso avance en la investigación sobre el asesinato de Enrique Salinas de Gortari.

La rechifla y las mentadas alcanzaron a su novia La Gaviota, actriz de Televisa quien, para entonces y como mejor podía, reforzaba la aspiración presidencial. Pero de aquello no hubo “contracrónica”, “color” ni nada en las coberturas televisivas. Eso sí, fueron muy destacados las sonrisas y los acercamientos de Peña al señor empresario don Nemesio Diez.

Ni siquiera los ex presidentes Gustavo Díaz Ordaz en 1968 o Luis Echeverría Álvarez en el estadio de los Pumas resintieron tanto la ira de los fanáticos. Miguel de la Madrid en el mundial de la FIFA de 1986, Carlos Salinas en un acto público del propio Peña, Fox en Los Ángeles y Felipe Calderón en el nuevo escenario de los Santos de Torreón se aguantaron como pudieron; pero no eran Peña Nieto, quien pactó con Televisa que ninguna cámara lo enfocara, aunque ganara el equipo local.

Entre los breves comentarios biográficos que circulan en internet se recuerda que, “en cuanto al Deportivo Toluca Futbol Club, se le otorga el récord Guiness como el único equipo de futbol profesional que por más de 50 años está en control de la misma familia. Y quedó asentado bajo la categoría de dueño de un club de futbol con más años en servicio”. Diez Morodo figuraba como consejero propietario del Grupo Modelo, el séptimo corporativo del mercado bursátil mexicano.

La historia se encargó de desglosar otros puntos finos del “redescubrimiento” del Estado de México, de su Golden Boy, así como del interés de mantener esta plaza para el Grupo Atlacomulco y, por lo tanto, para el PRI. Los menos ingenuos sacaron cuaderno, lápiz, recurrieron a la aritmética y se dispusieron a sumar: en el último año de la administración del profesor Carlos Hank González —quien gobernó del 16 de septiembre de 1969 al 15 del mismo mes, pero de 1975—, el Estado de México recibió un presupuesto federal de 19 mil 812 millones de pesos, presupuesto jamás pensado para esa época donde la cifra común era 3 mil millones.

Considerado el prototipo de la corrupción priista —al lado de personajes como el ex presidente José López Portillo, Arturo “El Negro” Durazo Moreno, el jefe de policía más corrupto que ha tenido la ciudad de México y el cacique potosino Gonzalo Natividad Santos Rivera, conocido por el mote de “Alazán Tostado”—, Carlos Hank González sentó bases para los grandes presupuestos estatales y, de paso, mostró a la clase en el poder cómo usar, para beneficio propio, el capital de las arcas públicas. Él mismo amasó una gran fortuna a través de negocios poco claros.

A propósito de Hank y el presupuesto estatal, Jorge Díaz Navarro escribió en feudalismo político en el Estado México que “al estructurar una reforma administrativa y fiscal elevó el presupuesto estatal de 3 mil 679 millones, que se habían ejercido, a 19 mil 812 millones tan sólo en su sexenio. De ahí que se ganara el mote del Rey Midas. Fundó la Protectora e Industrializadora de Bosques (Protinbos), el Instituto de Acción Urbana e Integración Social del Estado (AURIS), la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento (CEAS), la Casa de las Artesanías e Industrial Rurales del Estado de México, el Consejo Para el Desarrollo Agrícola y Ganadero, la Constructora del Estado de México y otros organismos más, (pero) muchos sólo sirvieron para dar salida a las generosas partidas presupuestarias que favorecían a sus amigos o que servían para el pago de favores. En el terreno de los hechos no tuvieron acciones de impacto social consignable”.

Díaz Navarro rescató otras políticas hankistas que siguieron lineamientos de su maestro Isidro Fabela Alfaro para “prolongar” su mandato: “Hank entendió que era necesario formar a nuevas generaciones de políticos y, para ello, cooptó a los jóvenes más prometedores, teniendo en la universidad estatal un singular semillero. Se incorporaron al quehacer político Abraham Talavera López, Juan Maccise, Enrique Collado López, Juan Manuel Martínez Nava, Roberto Gómez Collado y Emilio Chuayffet Chemor, aunque este último dice que su afición a la política se lo debe al doctor Gustavo Baz Prada, a quien conoció cuando apenas si tenía 10 años de edad, pero admite que con Hank inició prácticamente su carrera política que lo llevó a la gubernatura.

”Muchos de esa generación llegaron a ser diputados, alcaldes y funcionarios. Uno de los casos muy mencionado fue el de Maccise, quien poseía una inteligencia portentosa y a quien se le auguraba mejor futuro que a Chuayffet. Infortunadamente a Maccise lo sorprendió la muerte poco después de haber sido diputado local”.

En otras palabras, Fabela reclutó a sus Golden Boy’s, encabezados por Alfredo del Mazo Vélez y el mismo Hank; este último formó su propio grupo de jóvenes; Chuayffet hizo lo mismo con César Camacho Quiroz a la cabeza, seguido por Ernesto Némer Álvarez —primo político de Peña y secretario de Gobierno en la administración de Eruviel Ávila Villegas—, y Montiel recurrió a la misma estrategia con Peña, apuntalado por Luis Enrique Miranda Nava, Luis Videgaray Caso, Miguel Sámano Peralta, Carlos Iriarte Mercado, Carlos Rello Lara y Carlos Díaz de León.

Medio en broma, medio en serio, sarcástico, Díaz Navarro escribió de Hank González cuando terminaba su sexenio: “el hombre de Santiago Tianguistenco tenía ya fama internacional y se codeaba con las personas más ricas del mundo. Destacaban los Rockefeller, los Hughes, los Ford y otros, mientras que en México el mote del Rey Midas lo acreditaba con la bonanza de la economía estatal, a la par que crecían sus empresas. Eran de curso común las versiones de que mezclaba, sin pudor alguno, su quehacer político con el empresarial”.

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