El ejemplo

* El panorama para México es el que Chiconautla ha elegido, pues así están reaccionando algunas comunidades ante el llamado crimen organizado y la política de seguridad pública de Peña Nieto. Al final, su estado, el de México, les pone el ejemplo a los demás.

 

Miguel Alvarado

La solución final de Enrique Peña para las violaciones y torturas de miembros del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra fue la que enseña la Procuraduría, y que practican el policía de esquina o el funcionario de mostrador. El “ustedes disculpen” del presidente no le ayudó a mejorar la imagen que ya se cuaja y quedará de él para los próximos seis años. El papel de Peña, un hombre que puede que decida los menús pero no los proyectos empresariales ni los sociales, es apenas el de un lector de discursos, uno más fácil que el otro si se puede, y tras bambalinas el de un hombre agotado, enojado pero consciente de que está parado en el negocio de su vida. Vive fuera de este mundo, al menos fuera de México. Constantes viajes por los motivos más disímbolos atraen su atención. La muerte y funerales del venezolano Hugo Chávez o la investidura de Francisco como papa son lo mismo para él, que acude presuroso y luce lo mejor que puede.

Peña es presidente pero está alejado del ciudadano. No sabe, porque no le importa, qué se tiene que hacer para mejorar la seguridad por ejemplo o bajar los índices criminales. La agenda presidencial es clara y no permite desvíos porque además, para qué querría irse por otro lado. Ubicado en lo que es y lo que será, las respuestas a los cerca de 2 mil 500 ejecutados en dos meses pueden ser más claras y aquel “perdónenme” lanzado a los de Atenco adquiere otro cariz. En mayo del 2006, un día después de que la policía tomó las calles de San Salvador, la cabecera municipal estaba desierta. La sangre todavía estaba en calles y paredes y el centro cultural, junto a la cerrada presidencia, mostraba la violenta acometida de los enfrentados. La gente se encerraba en sus casas y los pocos que salían no podían disimular el mido.

El terror duró semanas pero años en el caso de los afectados. Atenco se convirtió en símbolo de la ignominia gubernamental en el Estado de México y los detalles recorrieron el mundo. Hoy, con Peña en la presidencia del país, otro pueblo del Edomex encuentra ese mismo miedo, aunque por razones distintas.

Santa María Chiconautla es un pueblito ubicado en Ecatepec, el municipio más poblado de la entidad, que administró Eruviel Ávila como presidente municipal en dos oportunidades. Ahí, los colonos capturaron a un presunto secuestrador de mujeres adolescentes y lo golpearon hasta que reveló el paradero de al menos una de ellas. Los habitantes sostienen que entre seis y diez mujeres han sido plagiadas en los últimos meses y apuntan que las autoridades no pueden resolver los casos. Estas últimas se defienden como pueden y afirman que apenas hay tres reportes de desapariciones en el lugar. El alcalde de Ecatepec, Pablo Bedolla, un priista, considera que su municipio está en paz y que Chiconautla es un pueblo muy bello. Y nada más.

Los vecinos, con el miedo y el enojo cruzados, aseguran que formarán grupos de autodefensa para protegerse de la delincuencia. El intento de linchamiento sucedió el 15 de marzo, cuando un joven de 20 años fue acusado de robarse a dos niñas de la primaria Sor Juana. Golpeado, lo llevaron al zócalo del pueblo, donde sólo atinó a decir la ubicación de algunos bares donde podrían estar las desaparecidas. “Estaba generando varo”, dijo el muchacho cuando la televisión le acercó los micrófonos. Pero eso no resolvió nada. Los vecinos decidieron suspender las clases y para el domingo 17, algunos carros del ejército patrullaban ya el lugar, para garantizar la seguridad. La presencia militar, al menos en el Edomex, nunca ha sido efectiva, como lo demuestra el sur mexiquense, dominado por cárteles de la droga como el de La Familia.

El 18 de marzo, un bar en Los Reyes La Paz, cerca de Ecatepec, era incendiado por presuntos militantes de La Familia. El saldo fue de un muerto.

El 19 de marzo, por la tarde, un enfrentamiento entre ese cártel, policías y militares dejaba 7 muertos en Valle de Bravo, en ese sur ingobernable. Las autoridades culpan de la violencia estatal a un enfrentamiento entre Familia y Caballeros Templarios. Lo único comprobable es que en el Edomex el ejemplo de una policía autónoma o ciudadana, al margen de la ley, comienza a tomar, aunque la última experiencia en Amatepec, también en el sur mexiquense, no fue buena, pues luego de anunciar la creación de un cuerpo policiaco, fueron secuestrados los organizadores de aquel movimiento. Hasta la fecha, nada se sabe de ellos.

Allí, en Valle de Bravo, la versión oficial señala que una camioneta Ford con 10 personas a bordo disparó a una patrulla formada por policías y militares en la zona conocida como Pinal del Marquesado, que se ubica muy cerca del residencial Avándaro. Esta zona es ubicada por habitantes de Valle de Bravo como la sede del cártel de La Familia, pues está enclavada en la serranía y es paso para llegar a Otzoloapan y Luvianos. En El Pinal los de La Familia han sentado una base de operaciones luego de chantajear a los habitantes de las comunidades cercanas. Daban protección a dueños de aserraderos, a quienes les garantizaban seguridad en los transporte de madera. Quienes no cooperaban eran secuestrados hasta que el mismo fenómeno de la autodefensa se presentó en el caso de un hombre, retenido por los narcotraficantes. Parientes del afectado se armaron y organizaron para rescatarlo, ubicando su paradero en una casa en los bosques. Allí mataron al vigilante y se llevaron a su familiar. Luego, esperaron el regreso del resto de los sicarios, a quienes enfrentaron y desalojaron de la zona. El involucramiento de autoridades es evidente y ni siquiera se oculta. Sólo así se puede entender el grado de impunidad del narcotráfico en México. Hace un año, el ejército desmanteló una estación de radio de los narcos en aquella región, donde se realizaba monitoreo de policías y militares. El sur mexiquense observa un reacomodo entre cárteles, pero no significa que salgan de la región. El presidente Peña ha dicho que los resultados en materia de seguridad podrán verse hasta dentro de un año.

Rafael de la Garza, del colectivo La Digna Voz, escribe que hay una diferencia entre policías comunitarias y grupos de autodefensa. Los primeros, sostiene, “obedecen a las autoridades de los pueblos y comunidades, que mantienen operando sus propios sistemas normativos, llamados por algunos usos y costumbres. En este sentido no son un fenómeno reciente, ya que en el sistema de cargos de las comunidades indígenas existe la figura del guardián del orden, quien puede detener al supuesto delincuente pero está obligado a remitirlo a las autoridades locales, quienes a su vez los ponen a disposición del ministerio público. No reciben un salario por sus actividades – la comunidad les proporciona alimentos refugio- y las armas que utilizan normalmente son de su propiedad y no son de uso exclusivo del ejército. La cantidad de miembros de las comunidades que se han incorporado a dichos órganos ha crecido acorde con el nivel de violencia. En todo caso su legitimidad descansa, en última instancia, en el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo así como en la constitución mexicana”.

Los segundos “Los grupos de autodefensa, por su parte obtienen su legitimidad de un grupo de la comunidad y por lo tanto no tienen la obligación a rendirle cuentas de sus acciones a los consejos o asambleas. Al identificar una amenaza, miembros de la comunidad deciden armarse para enfrentarla y hacer justicia según les parezca, aunque siempre en nombre de los habitantes de su región o localidad. El armamento utilizado puede incluir armas de alto calibre y, en teoría no reciben un pago por su trabajo. Empero y debido a las características mencionadas pueden ser cooptadas por los poderes fácticos de la región donde operan, convirtiéndose así en grupos paramilitares. Su legitimidad proviene de sí mismos y de su posición frente a la amenaza identificada”.

Todavía identifica a otro grupo, los paramilitares, a quienes describe como guardias blancas y que fuero armados por los grupos de poder de la zona. No tienen legitimidad porque son empleados de alguien. Tienen armas sofisticadas y han podido recibir entrenamiento militar, así como jerarquía está determinada por lo castrense.

El panorama para México es el que Chiconautla ha elegido, pues así están reaccionando algunas comunidades ante el llamado crimen organizado y la política de seguridad pública de Peña Nieto. Al final, su estado, el de México, les pone el ejemplo a los demás.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s