Más allá de las esporas

* La Isla de los Hongos, escrito por Philip M. Fisher, es uno de los cuentos que ofrece el título Mares Tenebrosos y que junta a ciertos clásicos, no todos tan precisos pero sí entrañables, en 624 páginas. El mejor momento para leer se encuentra en alguna parte del día de mañana, pero estos cuentos, y más cuando se trata de tantas hojas, son adictivos aunque inocentes.

 

Miguel Alvarado

La Isla de los Hongos no se encuentra en los mapas pero delimita la frontera física de las exploraciones del hombre. Más allá, las montañas treman y despiden fulgores casi sangrientos que alimentan minerales inteligentes, plantas danzarinas y árboles genuflexos que agradecen la carne recibida a su enorme dios de piedra.

Pero estos hongos badulaques no son lo que parecen. Quienes llegan a esa isla, por tontos que sean, comprenden de inmediato la suerte que les espera si no consiguen escapar. Náufragos todos, batallan con esporas que les cubren todo el cuerpo hasta lograr meterse al torrente sanguíneo. Lo fungoso –dicen las abuelas- no se quita.

Tampoco se le quita a la editorial Valdemar las ganas de editar libros de terror. Hace años, en Toluca cualquier tomo flacucho costaba no menos de 300 pesos y una señora compilación hasta 700 pesos, siempre y cuando pudiera encontrarse. Los tiempos han cambiado y los procesos de impresión también. Ya no son tan caros, aunque están ilustrados al estilo Disneylandia que, por otra parte es el Imperio, apuntan hasta los hijos del Rey León.

Valdemar es española y por lo tanto hay que saber perdonar si se quiere leer cuentos de terror donde el mar es personaje durísimo. Tiene 15 colecciones con nombres tales como Planeta Maldito o Grangaznate. Pero a pesar de ello son respetables compilaciones que compiten con cualquiera, salvo por las traducciones, limpias, eso sí, pero llenas del regionalismo tan curioso que hasta en los partidos del Barcelona aparecen como astros balompédicos.

La Isla de los Hongos, escrito por Philip M. Fisher, es uno de los cuentos que ofrece el título Mares Tenebrosos y que junta a ciertos clásicos, no todos tan precisos pero sí entrañables, en 624 páginas. El mejor momento para leer se encuentra en alguna parte del día de mañana, pero estos cuentos, y más cuando se trata de tantas hojas, son adictivos aunque inocentes. Todavía no hay alguno que se acerque a la mortal belleza de las Crónicas Marcianas o a la tenebrosa carcajada de Ibargüengoitia, verdaderos maestros en el arte de estremecer. Pero sí aparece Lovecraft, compilado con su Noche del Océano, quizás el más profundo y literario de sus barrancos, escrito a cuatro manos con R. H. Barlow, muerto prematuramente por los disgustos de su envidia; la extraña joya pre-gore, Al otro lado de la Montaña, de Michel Benabros, funciona aquí como El Relato. Como si fueran mexicanos, a los personajes todo les sale mal y al final, claro, al final se mueren, aunque no del todo, pero para llegar a la última puerta de la desintegración han tenido que ver cómo una tripulación enloquecida de hambre hace platillos gourmet con el cuerpo de su capitán o campos de flores caminantes, esquivas, elusivas y hasta pedantes, que se niegan a responder acerca de sus arrebolados pétalos. Nadie querría ir más allá de esas tierras, estigmatizadas como Atenco o el Acapulco de los Zetas, aunque libre de la presencia humana.

Valdemar tiene un público juvenil pero su propuesta, a veces, radica en el rescate de cuentos, relatos o novelas cortas inencontrables en español, lo que representa de por sí cierta ganancia porque una cosa es leer en inglés y otra traducirlo correctamente.

En las oscuras páginas de Mares Tenebrosos el cuento formal y clásico ha hallado su lugar. Los diálogos simples y las descripciones acuciosas se mezclan con el cotidiano idioma marino y la simpleza del idioma. Así, los bergantes lo mismo aparecen como pícaros o personas que realizan una faena y el nostromo es fácilmente identificable como un contramaestre. De paso, la literatura hechiza es combatida por Valdemar, aunque ésa no sea su intención. Las distancias entre el Harry Potter de la moderna pero igualmente pérfida Albión y la siniestra mar son de abismo insondable.

Las técnicas narrativas no han cambiado pero sí las intenciones. Mientras la escritora más rica de Inglaterra superpone imaginación al talento y su editorial inunda el mundo con libritos chafas, descuadernados y el terror al estilo Hollywood insiste con criaturas retorcidas y que habitan las regiones más profundas del mal, el horror apenas deslizado de un navío sin tripulación aborda sin sentir al lector-pasajero y lo hace suyo en el sentido más exacto.

La ficha técnica indica 19 historias y poco más de 300 pesos por el volumen, cuya pasta gruesa le ayuda a aparecer un poco mejor presentado.

No hay nada como un buen susto o un crimen sin resolver, y más si las olas están pobladas por fantasmas. No importa que, al final, sea mera espuma el cadáver carcomido de aquel que robó el tesoro de un barco pirata.

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