Autopan: el lado nice

* Hay vecinos que destacan, aunque no precisamente por alguna habilidad o servicio a la ciudadanía, sino por el tamaño de sus viviendas. Uno de ellos es Fernando Zamora, quien encontró poder político en el sexenio de Arturo Montiel. Es un ex líder del SMSEM, sindicato de maestros del Estado de México, propriista y que afilia a más de 80 mil mentores.

 

Miguel Alvarado

San Pablo Autopan es una de las 25 delegaciones del municipio de Toluca. Ubicado en la parte norte de la capital del Estado de México, está habitado en su mayoría por otomíes a quienes el crecimiento urbano encajonó en esa región y los obligó a integrarse, a fuerza, a una sociedad que al mismo tiempo los rechaza. Autopan conserva, junto con Huichochitlán y otros poblados cercanos, tierras para el cultivo y en menor medida para el pastoraje. En Autopan esas tierras se riegan con agua de estanques construidos ex profeso y que se diseminan por todo el pueblo. Sin embargo, las tierras poco a poco han sido vendidas y el uso del suelo cambia. En el lugar de los sembradíos, algunas colonias comienzan a tomar forma.

La mayoría de las casas en la zona rural, y que han dado pie a una traza urbana irregular, están en obra negra y tienen dimensiones normales. No ocupan más espacio que el que los dueños necesitan y casi todas están rodeadas de áreas de cultivo considerable, como sucede en la colonia Aviación, en los límites del pueblo, a un costado del nuevo mercado Juárez.

Nuevos vecinos han llegado. La mayoría son de Toluca y compraron hace años grandes terrenos, a precios bajos, que con el paso de los años urbanizaron. Así, es común observar enormes construcciones junto a las casas depauperadas, a veces sin suelo ni ventanas, de los originales lugareños. Mientras los últimos construyen con lo que tienen a la mano como cartón y láminas, además de materiales, los primeros tienen acceso a otro tipo de economía.

La transformación de San Pablo es cuestión de tiempo. El campo está condenado a la desaparición pues hasta bodegas y fábricas toman forma en el territorio y existe la intención de construir el nuevo estadio de futbol del equipo de futbol profesional de Toluca. También, el ayuntamiento planea la edificación de una Escuela del Deporte o Deportiva.

Pero hay vecinos que destacan, aunque no precisamente por alguna habilidad o servicio a la ciudadanía, sino por el tamaño de sus viviendas. Uno de ellos es Fernando Zamora, quien encontró poder político en el sexenio de Arturo Montiel. Es un ex líder del SMSEM, sindicato de maestros del Estado de México, propriista y que afilia a más de 80 mil mentores. Además fue diputado federal por su partido. Es primo de Luis Zamora, líder de un nuevo sindicato de maestros, el SUMAEM, formado durante el gobierno de Enrique Peña Nieto aunque obstaculizado para la toma de nota por esa administración.

Fernando Zamora recibió de Trinidad Franco Arpero, protegida de Isidro Pastor, la dirigencia del SMSEM. Fue el heredero de uno de los sindicatos más poderosos del país y que ha garantizado por decenios un voto duro determinante para el priismo. Fue diputado local y competió por una curul  federal, que ganó sin dificultades por el distrito 26.

El ex líder magisterial habla de sí mismo desde su página web, http://www.fernandozamoramorales.mx: “He pasado toda mi vida en este municipio, por lo que conozco las necesidades y problemas de la gente, ya que además, soy profesor desde hace 30 años, lo que me ha permitido estar en contacto directo con la población. Entre carencias y oportunidades, aprendí los pormenores de la actividad comercial, vendí prendas de vestir características de la producción de mi pueblo. La participación con comerciantes organizados me dejó muchas lecciones, entre ellas, la de agrupar a la gente para defender causas comunes. Mi convicción es hacer labor social para lograr beneficios tangibles para la gente. Ahora me doy cuenta que desde muy temprana edad, hacía política sin creerme político”.

Zamora, originario de Autopan, como él lo ha dicho en entrevistas y de humilde cuna, no escatimó gastos para construirse su actual casa. Se trata de una mansión de unos mil 500 metros cuadrados, rodeada por bardas que alcanzan una altura superior a los 10 metros. A lo lejos y de noche, semeja iluminada un palacete imponente que destaca por su tamaño y diseño. Ubicada en una calle sin nombre, puede ser divisada sin embargo desde el mismo mercado Juárez. A unos cuantos metros, un estanque ejidal donde posan los patos silvestres sirve de referencia. Vecinos del lugar identifican la colonia con el nombre de Aviación y la calle como Aviación Mexicana.

Por la parte del frente, dos enormes portones de hierro, color óxido, anuncian el lujo con el que ha sido construida. Uno de los zaguanes es tan alto como las bardas y casi 10 metros de hierro contrastan con las puertas, más humanas, de los vecinos de Fernando Zamora. Una puerta, de dimensiones humanas, recibe a dueños y visitantes. La parte delantera no está pintada, salvo por una franja blanca que sostiene cientos de tejas, adornos generales de la mansión. La calles está perfectamente pavimentada, algo que llama la atención en un lugar como Autopan, donde absolutamente todas las calles tienen baches o son de terracería. Los portones permiten ver enormes ventanas, ya en el interior de la casa. Los contrates son evidentes. Los pocos vecinos de Fernando Zamora son propietarios de casas pobrísimas sostenidas con material reciclado, alguno obtenido de la basura y que apenas comienzan la obra negra. Pero quien vive detrás de su mansión es el que más destaca porque su propiedad es de aproximadamente 23 metros cuadrados, tiene techado de láminas y en lugar de ventanas tiene madera cubriendo los huecos, incluyendo el de la puerta, para evitar el frío. La miseria se observa a simple vista. Dos trapos cuelgan, raídos, y un perro en espera de mejores temperaturas aguarda echado en la entrada. Apenas la mitad de este cuarto está construido pero así lo habitan. Tres cruces de madera antigua permanecen clavadas en los ladrillos. Metros atrás, otra casa humilde pero al menos con techo de asbesto y puertas y ventanas colocadas, complementa el contraste, el abismo social de San Pablo Autopan.

La construcción, pintada de amarillo y blanco, sobrepasa fácilmente las enormes bardas en 15 metros más, aproximadamente. La mole consta de varios módulos, cuyos techos están coquetamente decorados con teja roja. En uno de los lados un enorme ventanal cuadriculado observa hacia el estanque mientras balcones y ventanas complementan esa vista. Una torre d cuatro paredes y terminación en punta, como una flecha, destaca todavía un poco más por la altura. Allí, ventanas y ventanales en forma de arcos o bien establecidos en cuadriculados de diseño, adornan los cuatro costados. Frente a la casa no hay otras construcciones, pero sí terrenos de cultivo, que se preparan en estas fechas para la temporada que viene. En el rumbo todos reconocen a Fernando Zamora. Aceptan que ha apoyado a los ciudadanos con programas del gobierno y ha intervenido para que al menos esa calle esté pavimentada y reciba atención. Pero nadie opina sobre la casa o la fortuna del maestro.

Otro vecino destacado por el tamaño de su casa es el diputado federal priista José Manzur Quiroga, quien ha recorrido la milla en lo que a cargos públicos se refiere. Ex secretario general de Gobierno, ex subsecretario, operador político de Peña Nieto en las campañas presidenciales y dueño, aunque él dice que no, de las Grúas Manzur de Toluca, ha tejido innecesariamente, alrededor  de ´le, una leyenda negra que involucra, sin embargo, casos reales y dolorosos, como el asesinato de su medio hermano, Eduardo Manzur Ocaña, cuando trabajaba como asesor del ayuntamiento de Coacalco o la investigación que se le sigue, al menos en lo público, a otro hermano, el ex delegado de la PGR en el Estado de México, llamado como él, José Manzur Ocaña, por narcotráfico, hace años.

José Manzur, el diputador federal, encontró también en Autopan y a menos de un kilómetro y medio de la casa de Fernando Zamora, el lugar ideal para su casa o una de ellas. Ubicada en la avenida Aviación, en la colonia con el mismo nombre, destaca porque tiene una enorme iglesia privada, que esa familia ha construido. Colinda, por el lado oriente, con un estacionamiento del mercado Juárez y con un depósito de autos requisados por el SAT. El terreno que ocupa la casa o el complejo de los Manzur es 10 veces más grande que el de Zamora. Incluso le alcanza para una bodega, de unos 2 mil metros cuadrados, donde guarda una de las colecciones de autos Mustang más completa del país, pues el funcionario es amante de este tipo de vehículos. Quienes los han visto aseguran que “los mantiene impecables”. La entrada, como la de todos los hombres ricos y poderosos, es de proporciones ciclópeas. Un portón de unos 7 metros de altura recibe o rechaza al visitante. Allí comienza una barda, de unos 10 metros de altura, que rodea la propiedad entera. La banqueta de la mansión, de tipo hacienda o ranchera, es de tres metros y está empastadas, un lujo si se considera que la mayoría de las calles no están ni pavimentadas ni bien trazadas. Una serie de árboles de mediano tamaño protege la barda.

La iglesia tiene dos torres huecas, fabricadas con ladrillos, aunque sus cúpulas fueron coronadas con peculiares mosaicos amarillos y azules, lo mismo que la bóveda principal. Los techos fueron decorados con tejas. Los vecinos identifican la propiedad como de los Manzur, sin lugar a dudas, aunque apuntan que los ven poco, salvo cuando son llamados para hacer algún trabajo en los jardines de la casa.

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