Los patrones

* Algunas actividades de los Hank no son un misterio. Analistas especializados precisan: “Su nicho es el financiamiento a gobiernos estatales, municipales, empresas estatales y el propio gobierno federal, a través de organismos como Pemex, mediante la emisión de deuda bursátil. Antes de la unión de Banorte con Ixe, Interacciones intentó fusionarse con el grupo de su abuelo materno, el empresario Roberto González Barrera, pero la operación no se concretó”. Este es un extracto del libro Los Golden Boy´s, del escritor y periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

No fue, por eso, una casualidad que, en el proceso de la candidatura presidencial y más tarde de la sucesión del panista Felipe Calderón, la primera tarea de Peña —y de quienes están atrás de él— tuviera que ver con la creación de un equipo “propio”— los Golden Boy’s peñanietistas—, para tapar fisuras en su administración.

Quienes mueven los hilos del entramado sucesorio, conocidos simplemente como la “enorme red de complicidades” —aunque los viejos se mantengan en su macho y, por costumbre, llamen a eso “el poder tras el trono”— entendieron que el Grupo Atlacomulco es una sociedad de células activas o subgrupos que siguen los lineamientos y las escuelas de Fabela, Del Mazo Vélez, Hank González y Montiel Rojas.

Llegada la hora de la repartición de cuotas, se identificaron cuatro células vivas: una, la primera, encabezada por Montiel, en la que destacan Peña, Luis Videgaray y el ex gobernador César Camacho Quiroz, quien hace poco más de una década le jugó malas pasadas a su mentor Emilio Chuayffet, así como las senadoras María Elena Barrera Tapia y Ana Lilia Herrera Anzaldo, el diputado federal Fernando Zamora Morales, el actual alcalde de Huixquilucan, Carlos Iriarte Mercado, Martha Hilda González Calderón, alcaldesa de Toluca, entre otros.

Los lazos de parentesco con el presidente Peña dieron una bocanada de aire puro para mantener, revitalizar e impulsar al subgrupo atlacomulquense de los Del Mazo, en el que se pudo identificar al ex gobernador Alfredo del Mazo González, tío consentido del primer mandatario, así como a los hijos de éste, Alfredo y Alejandro del Mazo Maza, Gerardo Ruiz Esparza, David López Gutiérrez y Enrique Nieto Enríquez.

Las líneas de investigación sobre el origen real del grupo y sus primeros grandes patriarcas llevan a los últimos años del siglo XIX y a los primeros del XX a través de la alcaldía de Atlacomulco, pero los vínculos familiares y compadrazgos se afianzaron y  multiplicaron a partir de 1940, cuando empezó a circular un rumor que se convirtió en la profecía de la futuróloga del pueblo, doña Francisca Castro Montiel, quien vaticinó que seis gobernadores saldrían de ese lugar y que uno de ellos sería presidente de la República.

La consolidación del grupo tuvo la finalidad de mantener y ampliar el poder político y económico, aunque luego se extendió a la rama empresarial. Frente a la verdad institucional, las genealogías pueden cambiar, desintegrarse y rearticularse, pero la raíz es la misma del siglo XIX: Montiel, Fabela, Velasco, Del Mazo, Vélez, Peña, Sánchez, Colín, Vélez, Flores, Huitrón, Barrios y, más adelante, el adoptado apellido de los Hank, epítome de los abusos del poder durante los años de la República priista.

Isidro Fabela, fundador del “inexistente” Grupo Atlacomulco, aportó al joven Hank y a sus sucesores, algunos de los atributos que servirían para caracterizar a la clase política del Estado de México: el refinamiento, la aparente pulcritud y el reclutamiento de jóvenes prospectos, a los que Hank complementó con dos más: el uso del poder político para procurarse grandes fortunas y la violencia como un medio cuando las primeras virtudes no sean suficientes.

En el subgrupo de los Hank se encuentran los magnates Carlos y Jorge Hank Rhon, cuya fortuna supera 3 mil millones de dólares; así como el tres veces ex procurador —general de la República, del Estado de México y del Distrito Federal— Humberto Benítez Treviño.

Aunque, entre agosto y diciembre de 2005, se internó con paso firme en los  pantanosos terrenos de la política activa para despojar a Peña de la candidatura al gobierno del estado, Carlos Hank Rhon, hijo mayor de Carlos Hank González, mantiene un perfil bajo. A los 28 años de edad le cedieron el control del Grupo Hermes, que incluía las empresas Aralmex (autopartes), Babcock de México (proyectos de manufactura, construcción y energía), Cerrey (calderas y partes), Tabasmi (estructuras de acero) y FAMSA (camiones).

La revista especializada Forbes lo incluyó, en 2012, en la lista de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna estimada en mil 400 millones de dólares, derivada de negocios en servicios financieros y el desarrollo de infraestructura.

Según los especialistas del sector, “se dedicó a multiplicar la fortuna familiar, con la ayuda de su padre. Cerró la asociación de FAMSA con Mercedes-Benz, en 1988 puso a volar a la aerolínea Taesa —que años más tarde llevarían al fracaso los hermanos Abed— y fundó la casa de bolsa Interacciones, cuya evolución terminó en grupo financiero. […] Carlos Hank Rhon consolidó el Grupo Financiero Interacciones.

Su banco se encuentra entre los mejor capitalizados y dentro de los 10 con mayores activos del país; cuenta con una aseguradora, una casa de bolsa y una operadora de sociedades de inversión. […] En 1997, el consorcio formado por la trilogía de AES, Nichimen y Hermes ganó la licitación para construir las dos unidades de la planta termoeléctrica Mérida III, proyecto que se realizó bajo el esquema de productor independiente de energía, con una inversión total de 750 millones de dólares, incluyendo un gasoducto. […] De las tres empresas que se unieron para el proyecto Mérida III, sólo Grupo Hermes no tenía experiencia previa en proyectos de energía eléctrica.

En lo que sí se fue especializando el grupo, así como también el propio Carlos Hank Rohn, fue en ganar licitaciones públicas que habían estado teñidas de acusaciones por presunto ‘favoritismo’. Tal fue el caso de MASA, consorcio que ganó la concesión del autotransporte público en la ciudad de México. […] En 2004 el BBVA pagó 850 millones de dólares por el Laredo National Bank, banco que controlaba Carlos Hank Rhon, con 110 mil clientes, 3 mil 400 millones de dólares en activos y 23 por ciento del mercado fronterizo texano”.

En diciembre de 2005 lo obligaron a dejar el camino libre para que Peña llegara a la  gubernatura mexiquense. Desde entonces tiene la mira puesta en el futuro de su vástago, Carlos Hank González, cabeza de los grupos Hermes e Interacciones, ambas en la lista 2010 de las 500 empresas más importantes que clasifica el Grupo Expansión, con ventas netas conjuntas superiores a 10 mil millones de pesos.

Algunas actividades de los Hank no son un misterio. Analistas especializados precisan: “Su nicho es el financiamiento a gobiernos estatales, municipales, empresas estatales y el propio gobierno federal, a través de organismos como Pemex, mediante la emisión de deuda bursátil. Antes de la unión de Banorte con Ixe, Interacciones intentó fusionarse con el grupo de su abuelo materno, el empresario Roberto González Barrera, pero la operación no se concretó”.

En agosto de 2004, tres años después de la muerte de su padre, Jorge Hank Rhon irrumpió en la política priista. Ganó la alcaldía de Tijuana, Baja California, a pesar de los señalamientos que lo involucraban en delitos de  homicidio, contrabando y narcotráfico.

La maquinaria hankista dio refugio a sus amigos en la nómina municipal a través de la creación de 170 puestos de altísimo nivel. Gracias a sus influencias en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, desde la alcaldía tijuanense logró imponer a sus allegados en el Consejo Estatal Electoral (CEE).

Contrariamente a lo que se creía, en 2004 se apoderó de la candidatura priista a la gubernatura de Baja California. Lo más sobresaliente de su campaña no fue su exitosa batalla en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por brincarse la llamada “Ley Chapulín”, el artículo 42 de la Constitución estatal, que le impedía ser candidato mientras no terminara su mandato en la alcaldía; ni su posterior derrota en las urnas, ni sus fervientes oraciones al pie del altar en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, sino algunas entrevistas en las que mostraba una estrambótica y caprichosa personalidad.

Durante su llamativa campaña, confirmó que es dueño de 500 pares de botas elaboradas con pieles exóticas, de 700 caballos andaluces, 35 osos negros, 70 avestruces y  de otras especies en peligro de extinción. Para quienes lo dudaran, sus allegados se encargaron de ratificar que su jefe bebe un tequila especial preparado con el miembro de un león, el de un tigre y el de un perro, cuerno de venado, hiel de oso, ocho víboras de cascabel, además de alacranes.

Caprichoso o no, Jorge es cabeza del Grupo Caliente, que controla un centenar de locales de apuestas en 20 estados y tiene filiales en Europa, Centro y Sudamérica, dando empleo —directo e indirecto— a unas 7 mil personas en el que, su lanzamiento hace 13 años, se han invertido, al menos 500 millones de dólares.

Sólo Jorge heredó la excentricidad del papá, dicen quienes conocen a la familia. Los genes resumen la raíz en este hijo cuyo animal favorito es la “domesticada mujer”, aunque, paradójicamente, le gustaría reencarnar en una. Al margen de la veracidad de la idea de patentar cinturones fabricados con la rugosa piel de falo de burro, en 2009 apareció en la casilla 49 de la lista de los 100 empresarios más importantes de México  por la revista Expansión.

Al siguiente año, se dio a conocer que Grupo Caliente ocupaba el lugar 205 en la lista de Las 500 empresas más importantes de México. Su hijo, Jorge Alberto Hank Inzunza, controla Xoloitzcuintles de Tijuana, equipo de Primera División del futbol mexicano.

Dentro del poderoso Grupo Atlacomulco que, a partir del 1 de diciembre de 2012, determinará la hora y el rumbo de todos los mexicanos, el ex gobernador mexiquense Emilio Chuayffet Chemor encabeza, al lado de su ex secretario particular Ernesto Némer Álvarez —actual secretario general de Gobierno en la administración de Eruviel Ávila Villegas—, Alberto Curi Naime, Juan José Guerra Abud, Carlos Alberto Acra Alva y Carolina Monroy del Mazo de Némer, quienes integran el llamado subgrupo libanés.

Los menos candorosos creen que, a pesar de sus desgracias desde el ascenso de Montiel a la gubernatura mexiquense en 1999, aún sigue vivo el subgrupo, que ocupa el cuarto lugar en la lista, del ex gobernador Ignacio Pichardo Pagaza, quien se mantiene cerca de sus ex colaboradores Humberto Lira Mora, José Merino Mañón, además de su hijo el ex diputado federal Ignacio Pichardo Lechuga.

El 10 de octubre de 2005, Televisa dejó al descubierto las andanzas del ex gobernador Arturo Montiel, quien, cobijado por el Grupo Atlacomulco y el poderío económico del gobierno mexiquense, logró convertirse en aspirante presidencial. Aquella mañana de lunes, Víctor Trujillo, en su programa El cristal con que se mira, difundió copias de depósitos bancarios por 35 millones 213 mil 396 pesos a nombre de integrantes de la familia Montiel Yáñez.

Los documentos exhibidos formaban parte de una investigación que el gobierno federal realizaba sobre una serie de 53 depósitos efectuados entre 2000 y 2001 a favor de Juan Pablo Montiel Yáñez, hijo del entonces gobernador Arturo Montiel. La información ampliaba que tan sólo uno de los depósitos, efectuado el 15 de mayo de 2000, acreditaba la entrega de 14 millones de pesos en efectivo al menor de los Montiel. Además se difundía un contrato de compra-venta de un predio de 14 mil metros cuadrados en el exclusivo conjunto residencial La Providencia en Metepec, a favor del mayor de los hijos.

Lo expuesto fue mortal para Montiel, quien vio desvanecerse sus aspiraciones de presidir el país. Sin embargo, el desatino no exterminó las ambiciones de aquel Arturo que logró reponerse y, aún hoy, mantiene vivo su anhelo de gobernar, sólo que ahora a través de su “delfín”, Enrique Peña Nieto.

Desde “el retiro” y para aliviar su depresión, el defenestrado Montiel rearticuló alianzas, movió hilos y acomodó a su grupo. Para septiembre de 2009, los montielistas se habían diseminado por todos los rincones del estado mexiquense y luego Peña los multiplicó en el resto del país, especialmente en el Congreso de la Unión. Sus nombres emergieron como la generación de Montiel. Así pasó  con los diputados y senadores Alfonso Navarrete Prida, Carlos Iriarte Mercado, Miguel Sámano Peralta, Enrique Jacob Rocha, Fernando Zamora Morales, Francisco Fountanet Mange, José Manzur Quiroga, Ana Lilia Herrera Anzaldo y Luis Videgaray.

Recuperado, Montiel no perdió el tiempo. Tampoco respetó las formas de su partido. Puso en marcha una maquinaria para crearle a su sobrino Peña una enorme e intrincada red de colaboradores que tendrían tres tareas principales. La primera, identificar a los rivales y enemigos priistas del Grupo Atlacomulco. Sólo así tendrían capacidad para enfrentar al grupo del sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera.

La segunda etapa parecía más complicada, pero igual debía cumplirse: tomar por asalto la dirigencia nacional del partido. Montiel —con un equipo al que se integraron los ex gobernadores mexiquenses Alfredo del Mazo González y Emilio Chuayffet Chemor— estaba convencido de que descuidar el control del partido le  había costado, encostó en 2005, la candidatura presidencial que, al final, le comió el tabasqueño Roberto Madrazo Pintado.

Ese fue el secreto mejor guardado. Cumplidos los dos primeros objetivos, todo fue cuestión de esperar o de amarrar alianzas estratégicas. El punto final fue menos complicado: elaborar un programa para ganar la Presidencia de la República, tomando como base la organización electoral que, a partir de 1969, puso en marcha el profesor Carlos Hank González para desplazar y aplastar a su rival interno Enedino Ramón Macedo, y que luego perfeccionaría Jorge Jiménez Cantú a través de los llamados “Ejércitos del Trabajo”, grupos de individuos a quienes se les habían encomendado ciertas labores organizativas para la producción, pero que terminaron convertidos en “un brazo electoral”.

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