La expectativa

* Todos cabemos, vivos o muertos, ya sea en las páginas de la revista Hola, besando ajenos o propios pero rubios o bien comido y también en las reseñas misteriosas de aquel Blog del Narco, ventana abierta para que nadie se olvide.

 

Miguel Alvarado

Estados Unidos prepara su siguiente guerra con la meticulosidad de un artista del Renacimiento. El negocio más grande del mundo está en manos norteamericanas y cada año activa economías y concede nuevos territorios al hambriento imperio. El centro del mundo se rasca las viruelas.

En México, la eterna guerra por las drogas continúa ignorando los números del presidente Enrique Peña pero sigue estricta el plan que convierte al país en proveedor mundial de narcolépticos y nada más. La oficialidad miente con la verdad cuando su vocero, Peña, suelta las frases hechas. Él, que vive en su propio país, apenas entiende al mexicano de a pie, aunque haya andado kilómetros en campañas y mítines. Orgulloso, viaja por el mundo con tarjetas prepagadas y exhibe, como es su obligación, lo que el país puede vender, aunque el dinero que recaude nunca llegue completo a los fondos públicos. De lo otro ni hablar. Su estado, el de México, se debate en la inoperancia burocrática, ocupada en asentarse todavía, con un gobernador, Eruviel Ávila, que apenas se atreve a seguir al pie de la letra los entredichos oficiales.

Ser mexiquense no ha sido fácil estos últimos años. Toluca, convertida en capital criminal de primer orden, ha irrumpido en el narcomapa del México oscuro con fuerza inusitada, referida desde el sur, la frontera michoacana y el trasiego en aeropuertos y carreteras de los valles de Toluca y México. La ciudad experimenta el cambio mientras la azota una ola de calor y cambios climáticos iracundos. El eje carretero de la urbanización está controlado. Las avenidas Juárez, Morelos, Carranza e Independencia son visitadas por ecuánimes matones provistos con el don del convencimiento. Los pequeños y algunos medianos comercios deben pagar para seguir trabajando y el fenómeno del encarecimiento puede culpar directamente al crimen organizado. Todos los aumentos a productos llevan incluidos el costo de la amenaza. Tortillas a 23 pesos el kilo; huevo a  30 pesos; cigarros a 43 pesos. Nadie compra. Ahora Metepec, el vecino rico de la capital, no es una opción solamente para empresarios y grandes emporios. La migración a un municipio que encontró la manera de crecer a pesar del narcotráfico es indetenible, como parece serlo el comercio ilegal de discos, controlado por el cártel de La Familia y la policía federal en el valle de Toluca. Metepec enseña que narcos, políticos y empresarios pueden convivir de manera pacífica y a veces confundirse unos con otros sin tantos riesgos. Toluca seguirá su ejemplo, pero le falta aún.

Así quedas y nada más. Tirado en el suelo, sobre un pequeño caminito de sangre. Ni siquiera parece que estuvieras dormido porque tienes la boca abierta y bajo la cabeza el descomunal charco. Eres moreno y hasta en eso cumples el estereotipo del vencido. Llevas tu sudadera verde pistache con el frente en negro, con una “R” al estilo de La Barbie. Está sucia porque andabas huyendo o eres indigente y apenas te agarraron te arrastraron por el suelo. Es como en la escuela. Los grandes o los gandallas se aprovechan en el recreo. Es una obligación molestar. Sólo que acá, en Neza, el miércoles 27 de marzo el recreo abarcaba todas las calles cercanas al palacio municipal y el juego sólo podría jugarse una vez. Tú perdiste o te perdieron. De nada sirvió que llevaras tus pants negros de naylon con los que solías trabajar y dar el rol cuando algo traías entre manos. Nadie puede creer que seas un narcotraficante peligroso. Bueno, tal vez peligroso pero se te nota que hay otros más poderosos que tú. O más rápidos. Tan es así que estás muerto, tirado en una calle de Neza sin zapatos y a la vista tus calcetas negras de tela que a lo lejos parece de fina hechura. De las rodillas para abajo alguien te envolvió una colcha verde con grecas blancas, de esas que todos tenemos o tuvimos alguna vez. Pero alguien te la quitó para mirarte a los ojos y la dejó mal puesta, amarrada casi a la altura de tus rodillas. De tu rostro mejor ni hablar, pero si dijéramos algo, te pondríamos la boca abierta, como si quisieras exhalar aire en el momento y lo único que encontraras era una bala o la negrura o lo que haya. Y los ojos. Abiertos para que te des cuenta de que nunca miraste para arriba, donde estaban las estrellas. Cerca, a dos metros algunos piadosos te pusieron tus veladoras y tu cuerpo relumbró, ya sin quejas ni maldiciones, sino en paz como la paz que imaginabas y que ninguno podría describir. Ya. Suelta las manos, ya no importan demasiado. El terrorífico pero, en fin, valiente Blog del Narco, http://www.blogdelnarco.com, resumió tu muerte de la manera más correcta. “Paramédicos de la ambulancia RM 110 de Rescate Municipal de Nezahualcóyotl atendieron la emergencia para auxiliar al hombre baleado, pero sólo confirmaron su muerte debido a los impactos de bala que recibió en la cabeza y en la espalda”.

Esta escena es la que obvian las estadísticas y no entienden los números hasta compararlos, referencia inútil, con la escena del crimen. Ningún sistema de contabilidad es tan certero como la foto, que refleja la matanza de mexicanos, narcos o no, mientras el presidente se toma la foto en Huixquilucan, él mismo como fotógrafo, él mismo como target jetsetero.

La Nación Peña Nieto es para todos. Es para Bárbara, la niña asesinada que la Procuraduría olvidó en algún registro en Cuautitlán Izalli; el hombre tirado en Neza cuyo nombre nadie supo; los colgados en un puente de Atizapán que alguien debió lanzar a cierta hora; el paraíso culinario de la hija de Ernesto Nemer y Carolina Monroy en Metepec, que reseña el diario Alfa, también culinariamente: “todo está dispuesto para que el próximo comedero político de moda, sea el exclusivo restaurante bar Casa Senzo, propiedad de Verónica Nemer y su esposo Gerardo Gámez, que abrirá las puertas en unos cuantos días en Metepec. La obra es espectacular. Impresiona por sus dimensiones, belleza arquitectónica y magnífica ubicación. Está en el 417 de Comonfort, muy cerca de Providencia, en Metepec. Ocupa el terreno y algo más, de lo que antes fue el uruguayo Cantegrill. Se calcula que la inversión fácilmente puede rondar en el millón de dólares o más”.

México cumple la expectativa. Todos cabemos, vivos o muertos, ya sea en las páginas de la revista Hola, besando niños ajenos o propios pero rubios y bien comido y también en las reseñas misteriosas de aquel Blog del Narco, ventana abierta para que nadie se olvide.

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