(Algunas) mujeres del presidente

* Ni en el mejor de sus sueños, Rosario Robles Berlanga pudo imaginar que, a su vergonzosa y humillante renuncia del Partido de la Revolución Democrática (PRD) la segunda semana de agosto de 2004, cuestionada y señalada por presuntos actos de corrupción y tráfico de influencia, estaba cayéndose para arriba. El texto, escrito por Francisco Cruz, es parte del libro Los Golden Boy’s, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Antes de terminar febrero de 2012, cuando perfilaba como candidata al Senado de la República, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) denunció a María Elena Barrera Tapia ante la Contraloría del Poder Legislativo, por el delito de omisión, al no ejecutar acciones de control de confianza a los policías.

Si bien fue desechada por tratarse de un personaje muy cercano a Peña, la demanda tenía una base sólida: antes de tomar posesión como alcaldesa autorizó la contratación de Germán Reyes Figueroa como titular de Inteligencia de la Policía Municipal de Toluca. En enero de 2012, un mes antes de que Barrera solicitara permiso de abandonar la alcaldía en forma definitiva para buscar la candidatura a un puesto de elección, se dio a conocer que Reyes controlaba el Valle de Toluca para el cártel de La Familia Michoacana.

Conocido por su alias de “M1”, a Reyes se le vinculó con, al menos, 25 homicidios, entre ellos el de un policía municipal de Zinacantepec, además de la desaparición de cinco personas, cuyos restos fueron localizados en una fosa clandestina en el municipio de Almoloya de Juárez. Como responsable de inteligencia en la policía municipal, Reyes operó con libertad por 18 meses en la capital del Estado de México.

Según las autoridades mexiquenses, el “M1” tenía la instrucción de eliminar a los grupos rivales y ordenar a los narcomenudistas en Toluca, así como extenderse a otras regiones del Valle de México, principalmente los millonarios municipios de Naucalpan y Huixquilucan, colindantes con el territorio mexiquense.

Además de operar la venta y distribución de droga, Reyes Munguía estaba relacionado con secuestros, delitos de extorsión,  contra la salud y portación ilegal de armas de fuego. En 2009, cuando Barrera llegó a la alcaldía, ingresó a la policía municipal de Toluca como subdirector de Policía Criminal, cuyas funciones eran recopilar información estadística y diseñar, junto con otros mandos de la corporación, planes operativos contra las células delictivas.

En junio de 2012, Enrique Gómez, del periódico Reforma escribió: “Quien despache los próximos tres años en la alcaldía toluqueña tendrá mil 95 días para revertir la sensación de los vecinos de que la capital mexiquense es una plaza ‘cómoda’ para la operación del narcotráfico, sin olvidar que el crecimiento urbano sin control podría colapsar los servicios públicos.

”De acuerdo con distintos líderes vecinales, en los últimos años han visto como la ciudad se ha convertido en un espacio inseguro, con la infiltración del crimen organizado en los cuerpos policíacos y la poca efectividad de las autoridades para revertir la tendencia delictiva.

”La principal preocupación estriba en dormir con el enemigo, como afirma Ernesto Carbajal, representante de la delegación de Capultitlán, quien lamentó que Toluca tenga una problemática similar a la de ciudades fronterizas, donde el narcotráfico ha sentado sus reales. En la capital del Estado (de México) era impensable que los grupos delictivos asumieran el control, pero con profundo temor nos enteramos del caso de Germán Reyes, alias “M1”, identificado como uno de los líderes de La Familia Michoacana, y quien durante año y medio fue el encargado de acciones especiales en la Policía municipal.

”Josué Tapia, presidente de colonos de la Colonia Isidro Fabela, también recordó que en el último trienio aumentó el delito de robo. Los vecinos hemos sido testigos y víctimas de todas las variantes que han adoptado los delincuentes para robar en vía pública y transporte público, ahora subirse a un taxi es un verdadero riesgo, a veces hasta más que en el Distrito Federal.

”Y no son los únicos problemas de los habitantes de Toluca, quienes ahora ven peligrar su calidad de vida con el asentamiento de nuevos fraccionamientos, lo cual detona una serie de problemas como caos vial, escasez de agua, contaminación ambiental y la pérdida de áreas verdes. […] En los últimos 12 años en Toluca fueron autorizados nuevos fraccionamientos que implican la construcción de 30 mil 167 viviendas, con una población nueva de al menos 130 mil habitantes, la pregunta es si existe la factibilidad de servicios para todos ellos, cuestionó José Mendiola, de la agrupación Hábitat Urbano”.

El 1 de septiembre de 2012, mientras Los Caballeros Templarios—una célula del crimen organizado perteneciente al Estado de México—, se disputaban a sangre y fuego la plaza de Toluca que controlada por el cártel de La Familia Michoacana, María Elena Barrera Tapia dejó atrás todo su pasado, se olvidó de su fracasada administración y, con toda la confianza que le dispensa ser la decana de las Golden Queens, tomó posesión de su escaño en el Senado.

 

“Víctima” del desamor

 

Ni en el mejor de sus sueños, Rosario Robles Berlanga pudo imaginar que, a su vergonzosa y humillante renuncia del Partido de la Revolución Democrática (PRD) la segunda semana de agosto de 2004, cuestionada y señalada por presuntos actos de corrupción y tráfico de influencia, estaba cayéndose para arriba.

Poco después de abandonar las filas perredistas —cuya dirigencia había puesto en marcha un proceso para expulsarla del PRD, después de 15 años de militancia —la rescató el gobierno del Estado de México. Primero se la vio en el programa “Mujeres en el Risco”, que se transmite a través de Televisión Mexiquense, un canal propiedad del Estado.

Luego se hizo familiar, hasta que el 3 de septiembre de 2012, Peña oficializó su nombramiento en el equipo de transición presidencial. Robles fue la comidilla del día, y de muchos días, la mayor “pecadora” de México después de que Peña Nieto la confirmó como vicecoordinadora de Política Social — uno de los tres pilares en que se basó la mudanza de gobierno—, aunque, en esencia, tuvo otro significado: su cambio de camiseta o su paso al PRI.

Rosario es un caso paradigmático. Su vida dio un giro de 180 grados cuando se ganó la confianza de Cuauhtémoc Cárdenas; eso es incuestionable, pese a que cayó políticamente en desgracia en 2003, después de hacerse público el desaseo con el que administró el PRD.

Luego, en 2004, pasó por la vergüenza de ver salir a la luz sus relaciones amorosas extramaritales con el empresario argentino-mexicano Carlos Ahumada Kurtz, el mismo que produjo e hizo llegar a Carlos Salinas de Gortari, Diego Fernández de Cevallos y Televisa, los videos en los que algunos connotados perredistas —allegados todos a Rosario— recibían o entregaban cuantiosas sumas de dinero.

La exitosa carrera de Rosario alcanzó la cúspide en 1997, cuando la nombraron secretaria de Gobierno del Distrito Federal. Tres años más tarde, en 2000, justo el día en que su jefe Cuauhtémoc Cárdenas solicitó licencia para convertirse, por tercera ocasión, en candidato presidencial, ella lo sustituyó como jefa de Gobierno de la capital mexicana. Luego, en 2002, de la mano del mismo personaje, ganó unas cuestionadas y sucias elecciones internas para convertirse en la dirigente nacional del partido.

Su labor controversial dejó atrás su historia, que inició en la década de los años de 1970 con su vinculación a las corrientes maoístas, su acercamiento a las organizaciones sociales y la posterior militancia en la Organización de Izquierda Revolucionaria Línea de Masas, que tenía presencia en colonias populares y sindicatos como la magisterial Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el STUNAM, donde, en 1988, Rosario alcanzó uno de los puestos otorgados a las corrientes minoritarias.

El 17 de mayo de 2001 se conoció que Ahumada fungió como anfitrión en un encuentro entre Rosario Robles, ya ex jefa de Gobierno del Distrito Federal, y los tres contadores mayores de Hacienda de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. El objetivo de esa reunión parecía claro: frenar un informe de auditorías.

Una investigación del periódico Reforma encontró que “el Grupo Quart financió al PRD durante las elecciones extraordinarias para gobernador de Tabasco del 5 de agosto del 2001. Y durante la jornada electoral Quart puso a disposición del partido vehículos, personal, apoyo logístico, teléfonos celulares y equipo de radiocomunicación, por medio del Plan de Apoyo a Tabasco. El grupo encabezado por Ahumada, había obtenido hasta octubre del 2001 al menos 70 contratos en obra pública para el Gobierno del DF, por 480 millones de pesos”.

Ahumada también había financiado campañas en las delegaciones Álvaro Obregón, Cuajimalpa, Azcapotzalco, Tláhuac, Xochimilco y Coyoacán. Ramón Sosamontes, el operador personal de Rosario Robles y uno de los protagonistas de los videos, declaró: el empresario argentino-mexicano se convirtió en el Frankenstein de la izquierda mexicana.

Ahumada colocó al partido, como lo advirtieron los mismos perredistas, “en una debilidad extrema. Ninguno de los líderes de las Corrientes Nueva Izquierda, Izquierda Democrática Nacional, Foro Nuevo Sol, Cívicos y Red de Izquierda Democrática son ajenos a la relación con Ahumada. Cada uno de ellos y de los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) en su momento acudieron a las fiestas que organizaba Ahumada y también a las que Robles los invitaba y asistía acompañada de Ahumada”.

En un perfil que escribió en marzo de 2004 el investigador y especialista en medios Raúl Trejo Delarbre recordó: “Adherida a causas tan radicales que en más de una ocasión la condujeron a ella y sus compañeros a comportamientos destemplados e incluso violentos, formó parte de la corriente que permanentemente disputaba la dirección del STUNAM a los líderes que fundaron ese sindicato. […] A grupos como la OIR-LM los definía, de manera obsesiva, su antagonismo con el Partido Comunista Mexicano. Los procedimientos no siempre democráticos de ese partido, su proclividad a los acuerdos con el poder y la hegemonía que conservaba en organismos como el STUNAM, irritaban constantemente a los militantes de origen trotskista o maoísta.

Robles simpatizaba con grupos que desconfiaban de la política electoral. Sin embargo en 1989, después de los controvertidos resultados electorales [presidenciales] del año anterior, se incorporó a la fundación del PRD, en donde más tarde sería secretaria de Movimientos Sociales y de Organización. Pronto, se ganó la confianza de Cuauhtémoc Cárdenas, quien en 1997 la nombró secretaria general del Gobierno de la ciudad de México. En 1994 había sido diputada federal. […] Si no hubiera renunciado [al PRD], a Rosario la habrían expulsado debido a su participación en los negocios del corruptor empresario Carlos Ahumada”.

Deslegitimada, con una errática conducción del partido, una guerra sucia para desprestigiar su administración y ataques constantes a su liderazgo, Rosario Robles fue obligada a renunciar en agosto de 2003. Un año después, cuando aún no se recuperaba, le estallaron en pleno los escándalos por la divulgación de los videos que filmó Carlos Ahumada, ya conocido como el empresario corruptor.

En 2009, en su libro Derecho de Réplica, Ahumada exhibiría aún más esa cara oculta y deshonrosa de los dirigentes perredistas y de su ex pareja sentimental Rosario Robles. En el segundo párrafo de la página 158 ratifica que de sus cuentas bancarias salieron recursos para cubrir parte de la abultada deuda del partido, calculada en unos 600 millones. Y afirma que él, personalmente, rescató un pagaré por 200 millones de pesos que Andrés Manuel firmó con Televisa.

Esos 200 millones nunca aparecieron en la contabilidad del partido ni en la auditoría que luego practicó un equipo encabezado por Ricardo García Sáinz. Pero en declaraciones posteriores a la prensa, éste admitió que, en ocasiones, los partidos políticos manejan dineros “por fuera” de la contabilidad, que no tienen soporte documental y, por eso, no se registran. “La diferencia se debe haber dado en términos de que eran recursos que estaban fuera de los ingresos y de los egresos presupuestales del partido”. En la filosofía práctica de la Chimoltrufia nada puede darse por cierto, ni negase, como se dice una cosa, se dice otra.

Limitar la presencia de Carlos Ahumada a esos pequeños fragmentos sería un error. Las incógnitas de la relación con Rosario Robles se levantaron con los videoescándalos, aunque el acercamiento entre ambos puede documentarse al 3 de mayo de 2000, durante la presentación del plan para remodelar el monumento Cabeza de Juárez, en Iztapalapa, el cual sería conocido como Alameda Cabeza de Juárez, a cargo del Grupo Quart.

La ocasión era especial por varias razones, pero destacaba una: Iztapalapa se vestía de gala porque nunca antes una mujer había ocupado la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Además, era una mujer de izquierda, vieja luchadora comunista. Y el proyecto fue impulsado por el jefe delegacional Ramón Sosamontes Herreramoro, el perredista en camino de convertirse en el operador político de Rosario Robles.

Tenía otras peculiaridades, como describió el periodista Héctor Zamarrón: “Después de todo se trataba de la presentación de un proyecto impulsado por Sosamontes, hijo de un viejo comunista, a cargo de otro izquierdista, el crítico de arte Alberto Híjar, y el objetivo era restaurar la gigantesca cabeza erigida por un comunista más, el escultor Luis Arenal”.

Fue ese el primer encuentro. “Cuatros de los asistentes a ese acto —escribió Zamarrón— confirmaron que ahí también fue donde se conocieron Ahumada y Robles. Y ahí también comenzó una relación de casi cuatro años que, tras la revelación de los videos en [los] que Ahumada entrega bolsas con dinero a Carlos Ímaz y René Bejarano, terminó por hundirlos.

”Ese día se presentaban los trabajos hechos por Quart en una laguna de regulación aledaña a la Cabeza de Juárez —bordos de contención para evitar inundaciones—, del mismo monumento y, además, un proyecto para transformar la imagen urbana de la zona. […] Con sus 25 metros de altura y seis toneladas de peso, la escultura se encontraba para entonces oxidada y en el abandono. ‘Las obras incluían un museo que nunca funcionó’, relata Híjar, quien también participó en un libro conmemorativo que se editó para la ocasión. [E] incluyó un texto de Ahumada que ahora podría leerse con una intención completamente distinta a la que quiso su autor: ‘El afortunado encuentro entre el Gobierno del Distrito Federal y el Grupo Quart ha fructificado en importantes obras de beneficio social. Con estos trabajos, Grupo Quart colabora en beneficio de la transición a la democracia como derecho ejercido en la transformación de los espacios habituales para los usuarios del oriente de la ciudad’.

”La fotografía incluida en el libro conmemorativo muestra a Robles y Ahumada separados sólo por [Adolfo] Llubere —coordinador de logística de Rosario—. Unos minutos después del acto oficial, ambos volaban juntos en el helicóptero que trasladó al constructor a la zona y en el cual, galantemente, ofreció llevar a la gobernante hacia el siguiente punto de su agenda. […] Otra mañana de mayo, un año después, aparecieron juntos una vez más. Al despuntar el mes, el día 3, ambos acudieron a la presentación que la jefa delegacional de Coyoacán, María Rojo, hizo del periódico La Rosita [(…]) la imagen que de ellos captó el fotógrafo Francisco Olvera es contundente: ella se inclina hacia el empresario por encima de las piernas de Rojo. […] Rosario vestía ese día una falda corta, varios centímetros por encima de la rodilla, como empezó a hacerlo particularmente ese año”.

Héctor hace un recuento preciso: “Ese mes tuvieron al menos cuatro encuentros y en el último de ellos nació el romance. Apenas diez días más tarde coincidieron en el cierre de campaña por la gubernatura de Tabasco del perredista César Ojeda Zubieta, en Villahermosa, al que también asistieron la mayoría de los dirigentes del PRD: Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Carlos Ímaz.

El 17 comieron juntos en la casa de Ahumada en el barrio residencial de San Ángel, al sur de la Ciudad de México, en el que éste fungió como anfitrión de una insólita ‘reunión’ de amigos —como la calificó uno de los asistentes, Ramón Sosamontes— a la que también acudieron Armando Quintero, el procurador fiscal capitalino Eugenio Robles y los contadores mayores de la Asamblea Legislativa, María de la Luz Mijangos, Carlos Nava y Luis Humberto Sanguino, quienes para entonces revisaban las finanzas del gobierno de la ciudad desde 1999 y estaban a punto de entregar resultados de la gestión Robles.

Fue entonces cuando salió a la luz pública el nombre de Carlos Ahumada Kurtz. Tres días después de realizada la comida, la contadora María de la Luz Mijangos se atrevió a denunciar que el objetivo de aquella ‘comida de amigos’ había sido para pedirles que retrasaran la entrega de resultados de las auditorías para no afectar a Rosario Robles. Ese fue el primero de los escándalos que después caerían en cascada sobre Rosario y Carlos. […] para fin de ese mes ambos desayunaban juntos en Berlín, Alemania, a donde Rosario viajó del 28 al 31 invitada por la Fundación Friedrich Ebert”.

El 27 de abril de 2012 hizo público lo que no hacía falta: encabezó en Acapulco, Guerrero, reuniones con la Red de Mujeres de la Sociedad Civil, en donde anunció el apoyo incondicional al entonces candidato presidencial priista Enrique Peña Nieto, de quien dijo ganaría las elecciones.

Después de los comicios presidenciales, cuando arreciaban y se endurecían los cuestionamientos lopezobradoristas, salió en defensa de Peña y advirtió: “Que AMLO no se venga a dar golpes de pecho, el PRD también compra los votos en el DF, sino pregunten en Iztapalapa”.

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