Don Humberto

* Benítez no perdonó a los compulsivos compradores mexicanos pero él encontró la absolución cuando Carlos Salinas le confesó el plan transexenal que haría del hermano de Raúl un presidente por 25 años. Benítez ni siquiera fue cuestionado cuando lo nombraron procurador general de México, en sustitución de Diego Valadés, en el sexenio salinista. Nadie le revisó el pasado.

 

Miguel Alvarado

Las mujeres caminan por los pasillos, bajo el techo de cristal. Murmuran entre dientes los utensilios del trabajo. Abren bocas, sacan muelas, siempre van vestidas de azul, porque es el uniforme de la clínica. Un día el teléfono sonó. Por algo los matan, descubre el periodismo y entonces, como si la vida tuviera corazón, piernas, hasta cerebro, se vuelve, da la vuelta y se enfrenta al que lo dijo. “Por algo los matan”, frase célebre del conductor de radio, David Páramo, que le reventó en el rostro el mismo día que la pronunció, cuando asesinaron al hijo de un periodista, Javier Sicilia. Este último, con la inteligencia que se encuentra en lo más profundo de la muerte, organizó una caminata que reunía a los dolientes mexicanos, víctimas de daños colaterales, y que de pronto se hicieron visibles. Sicilia, el poeta periodista, no consiguió nada, ni siquiera pudo olvidar al fallecido pero siguió adelante. Páramo tenía razón pero no pudo continuar. Por algo nos matan, por algo nos morimos, por algo nos rompen la madre. La era del celular y la comunicación instantánea no nos trae el consuelo prepagado, tiempo-aire sin límite o cómodos planes de ejecución inmediata. Para salir a la calle hay que persignarse cien veces, le dijeron a Humberto Benítez, un hombre que no sabía lo que su hija hacía, y que por ello no fue perdonado. A Humberto se le reconoce una larga trayectoria como funcionario público, aunque lo malo es que no se encuentra ningún rasgo de excelencia. No es un héroe que ayudara a cambiar el entorno social, ni siquiera pudo hablar cuando mataron al priista Colosio y lo elevaron, pillos todos, al rango de héroe. Colosio, el mártir, le habrá dedicado alguna mirada al Benítez que en la última etapa de su vida defendió al consumidor aunque, por otro lado, era vapuleado por la política económica que su jefe público, Enrique Peña, decidió aplicar para el país.

Benítez no perdonó a los compulsivos compradores mexicanos pero él encontró la absolución cuando Carlos Salinas le confesó el plan transexenal que haría del hermano de Raúl un presidente por 25 años. Benítez ni siquiera fue cuestionado cuando lo nombraron procurador general de México, en sustitución de Diego Valadés, en el sexenio salinista. Nadie le revisó el pasado.

También lo perdonaron cuando Mario Ruiz Massieu lo acusó de desalojar por la fuerza a sus colaboradores en las oficinas de la Subprocuraduría y en donde se hallaban “unas carpetas donde José Francisco Ruiz Massieu tendría el detalle de los acontecimientos de 1994 hasta el día de su muerte”, como narran las crónicas

El poder público tampoco le dijo nada cuando fue secretario de Gobierno en el Edomex, junto a Enrique Peña, gobernador y se ordenó la toma violenta de la cabecera municipal de San Salvador, con dos muertos y más de 200 detenidos, 11 de los cuales fueron condenados a más de 200 años de prisión, cada uno. ¿Por qué no cuadra que su hija, dilecta representante de la familia Benítez, y la mesa de un restorán hayan conseguido lo que nadie nunca pudo? El cese de Humberto es más bien un impasse calculado que aprovechó aquella confusión y de paso legitimó las buenas intenciones de Peña Nieto. Sacrificado pero caído para arriba, a Benítez se le verá próximamente en el Estado de México, como parte de un programa de limpieza y recuperación de los espacios políticos y económicos que el valle de México usurpó, según palabras de integrantes del Grupo Atlacomulco, a la llegada de Eruviel Ávila Villegas. La salida de Benítez estaba preparada, no así las ansias gatilleras de la hija que, al menos de paso, exhibió el ejemplo recibido luego de años de mala educación.

El episodio de la Profeco tiene más de circo mediático que de ética en el servicio público. Peña debe entender que “en estricto apego a la legalidad”, debería renunciar al 99 por ciento de su gabinete. Pero eso no sucederá, menos cuando Luis Miranda, la mano negra de la presidencia, se ocupa ahora en cabildear su incorporación como relevo del doctor Ávila en el gobierno estatal. Capitales privados y extranjeros reciben reflectores del gobierno. Nestlé inaugura una planta a la que llama la mayor productora del mundo y Peña, tropezando en escaleras y todo, les otorga el crédito adecuado. No sucede lo mismo con pequeñas empresas ni capitales mexicanos. Al menos en la entidad, el milagro del triunfo peñista no se ha derramado adecuadamente. Nadie se ha vuelto Midas ni gasta Rolex, pero tampoco cubre los impuestos. El ejemplo de Televisa ha desatado furia, animadversión en los pagadores cumplidos pero ha mandado el mensaje equivocado. Par obtener beneficios hay que pagar una campaña política. Páramo, el conductor enmudecido aunque acercado a dios, debe saber acerca de la impunidad, aunque haya aprendido de la manera menos adecuada. La larga lista de comunicadores que han abierto la boca para decir que por algo los matan es también una explicación para la suerte de Benítez Treviño, el hombre más leal al salinismo y por el que es capaz hasta de degradarse públicamente.

“¿Qué habrá pasado en la Nestlé que en la mañana que pasé estaba cerrado, lleno de guarros? Yo dije, mínimo el gobernador, pero que no manchen, todas las vialidades cerradas, nadie podía pasar por Tolloca. Se parecen a los maestros. Unos toman las autopistas y otros los capitales, pero ninguno de ellos deja avanzar. Que se vayan a sus casas, pero que a los demás los dejen trabajar”.

Visto desde el desespero, el México de Peña es una conspiración reptiliana donde lagartijas o iguanodontes, lo mismo da, dominan el idílico jardín de estos Iluminatti de parvulario. ¿Cuánto cuestan los anuncios comerciales, las calles adoquinadas, los 30 mil millones de pesos sobreejercidos por el gobierno estatal el año pasado? ¿Es cierto que se practica una limpieza racial y que poco a poco los indígenas, nada más para empezar, encuentran el futuro en el exterminio? ¿Vive Peña en la zozobra y paga puntualmente sus deudas? ¿Puede alguien que no es de su familia acceder al poder? Porque aquí, los de abajo, tenemos derecho a montar nuestro numerito, hacer y gritar y comprar lo que queramos, si tenemos el dinero. Pero de eso a tomar decisiones que cambien el entorno, nunca.

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