Percepción

* Toluca, tan apática como le permite la apariencia, se escandaliza por las vallas anti-tamales, rejas móviles colocadas en el primer cuadro de la ciudad, que impiden a los ambulantes vender en esa zona. Sin embargo, las historias que comprometen la capacidad y revelan la verdadera naturaleza de quienes deberían controlar la seguridad, están presentes en cada uno de los ciudadanos. Apenas la semana pasada, un secuestro, silenciado por los mismos afectados, dibujó de cuerpo entero la incapacidad oficial y la desesperanza ciudadana.

 

Miguel Alvarado

Vivir Toluca es recorrer las calles centrales y sus avenidas periféricas para llegar al destino deseado. Desde lejos, la ciudad parece tranquila y hasta bonachona. Ningún extranjero sabría que aquí se concentra parte del poder político mexicano y una buena fracción del narcotráfico de guante blanco, el que de verdad controla aquel comercio. Fuera de eso todo es burocracia y hasta se puede cumplir el anhelo del ayuntamiento local, que observa al municipio como una ciudad estudiantil e intenta redirigir sus objetivos sociales, así como adecuar servicios para esa población. Tantos estudiantes pero tan poco estudio es una de las frases que circula entre los alumnos, que no se toman tan en serio aquello de ciudad de aulas y más bien se preocupan por el transporte, llegar a tiempo y a momentos, por la seguridad de cada uno. Y es que la seguridad, un tema que el municipio considera “de percepción”, es el que más incide en las actividades regulares. No es Toluca nada más, pero los crímenes y robos que suceden en la capital del Estado de México no encuentran solución. No todo es narcotráfico, que de hecho representa el 20 por ciento de los delitos, sino la enorme descomposición social en torno a la impunidad, el delito por el cual todo es permitido.

Y Toluca, tan apática como le permite la apariencia, se escandaliza por las vallas anti-tamales, como califica el diario local Tres PM a rejas móviles colocadas en el primer cuadro de la ciudad, que impiden a los ambulantes vender en esa zona. Sin embargo, las historias que comprometen la capacidad y revelan la verdadera naturaleza de quienes deberían controlar la seguridad, están presentes en cada uno de los ciudadanos. Apenas la semana pasada, un secuestro, silenciado por los mismos afectados, dibujó de cuerpo entero la incapacidad oficial y la desesperanza ciudadana.

Un hombre dedicado a las artes gráficas trasladó hace años su negocio a las afueras de la ciudad, sobre la Calzada del Pacífico, en la carretera que conduce al volcán Xinantécatl. Allí construyó su hogar pero también su comercio floreció. En poco tiempo pudo encontrar capital y tranquilidad económica. Hace una semana una de sus hijas, de al menos 15 años, fue secuestrada. Trabajaba con su padre, en la administración del negocio. Sustraída, los plagiarios se comunicaron con la familia para exigir por la menor un millón y medio de pesos, que fue recabado y pagado de manera puntual por los afectados. Días después la adolescente fue encontrada, muerta, en un paraje cerca de las faldas del volcán. El rescate había sido entregado de acuerdo a las indicaciones recibidas, pero nada fue suficiente para salvar a la niña. La policía no sabe quiénes fueron ni tiene pistas para iniciar algún tipo de investigación, aunque los parientes saben que nada podrán hacer, aunque tuvieran manera. No confían en la policía y han optado por cerrar su negocio e irse de la ciudad.

Los retratos de una muerte que no debió suceder arman, en conjunto, un mural que revela las verdaderas condiciones del Estado de México. El diario Tres PM daba cuenta de más sangre, esta vez en el cercano municipio de Lerma, donde la mitad de un hombre fue hallado en el campo. Segú ese diario, es el tercer sujeto hallado en las mismas condiciones, además de otro cadáver.

Este caso es un ejemplo de lo que significa la inseguridad para Toluca. Apenas reportado, las autoridades culparon a la familia por la tardanza del aviso. De cualquier forma, no es un hecho aislado, pues una ex regidora también fue abatida en la misma semana.

Irene Romero Castillo había sido reportada como desaparecida. Ella trabajó el trienio anterior como octava regidora en la administración de la priista María Elena Barrera, pero hace un mes que no se sabía nada de ella, hasta que su cuerpo fue hallado, en un barranco, en el barrio de La Soledad, de Almoloya de Juárez. Golpeada en la cabeza, a este crimen se le han añadido características pasionales aunque su camioneta, modelo Captiva, no ha sido encontrada. Esto es más o menos la versión conocida en instancias públicas. Como funcionaria, en realidad mantuvo bajo perfil, aunque algunos la relacionan con desavenencias con grupos como Antorcha Campesina, que confirma las diferencias en su página web, donde refiere que en San Mateo Otzacatipan los antorchistas gestionaron servicios de luz, ganándole a Romero, “quien defendía allí intereses personales”. Lo más destacado de su gestión fue un viaje a España y Francia, junto al panista Gerardo Lamas Pombo, cuyo padre fue incriminado con el narcotráfico en tiempos electorales. Lamas Pombo se dijo extorsionado por Germán Reyes Figueroa, ex director de Inteligencia municipal y miembro del cártel de La Familia, a quien la administración de María Elena Barrera contrató sin investigarlo.

La priista Barrera Tapia es hoy senadora pero también una de las aspirantes a suceder en la gubernatura mexiquense al doctor Eruviel Ávila, debido a la cercanía con Enrique Peña, de quien ya fue secretaria particular, secretaria de Salud y hasta hace un año presidenta municipal de Toluca. La llegada de Barrera resolvería la búsqueda de una figura que garantiza el control y obediencia del estado más importante del país, pues siempre se ha mantenido fiel al Grupo Atlacomulco y a los equipos de Arturo Montiel y Enrique Peña.

Sin embargo, esta fidelidad y acaso las buenas intenciones del resto de los funcionarios no resolverán los crímenes ni disminuirán la inseguridad en el municipio, aunque tampoco en el Estado de México, que hasta mayo de este año reportaba 42 ejecutados para ese mes, y 269 para todo el año.

Las instancias oficiales reconocen, sin embargo, la actuación de las autoridades, aunque no alcance ni para proteger a sus amigos. La Conago, por ejemplo, aplaudía en abril al gobernador por combatir al crimen, pero es una costumbre que al gobernador se le aísle en giras públicas cuando se detectan grupos o personas que le reclaman sobre el tema, como sucedió en Chiconcuac. Este selectivo comportamiento de la autoridad máxima sirve de ejemplo. En el Estado de México, en Toluca, la inseguridad es cuestión de percepción.

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El Barco Ebrio

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El Fideicomiso para el Desarrollo de Parques y Zonas Industriales en el Estado de México, Fidepar, arrastra una deuda por 250 millones de pesos. Nadie sabe cómo se llegó a esa cifra, pero el hecho es que está ahí y ya impide que esa instancia trabaje de manera adecuada. Aunque la gran mayoría de los empresarios mexiquenses reconocen la ayuda del Fidepar, también saben que funciona como una especie de club de amigos, donde los allegados al gobierno en turno reciben más fácilmente recursos. También están enterados de que se pretende vender algunas de sus áreas, que se conocen como de donación, donde se gestan los proyectos y servicios para los parques industriales estatales y municipales sin autorización de la Cámara de Diputados. Que esto representa una violación a reglamentos y artículos es verdad, pero que se pueda implementar y usar a la Cámara como mero requisito, también. Mientras, algunos ponen el grito en el cielo. Si no los escucha dios, al menos que los oiga Eruviel, lo cual parece de lo más difícil.

 

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El todavía gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, tiene todavía algunos asuntos pendientes con la Cámara de Diputados, instancia que se ha colocado en una especie de ejecutora de los deseos del Ejecutivo. Casi siempre ha sido así, pero esta vez es más notorio. Así, en el nuevo periodo extraordinario, los diputados tenían apuntados algunos encargos del doctor, y que los ínclitos curulistas presume de ser “de gran interés para los mexiquenses”.

 

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Quienes conocen a Ávila, apuntan que le quedan tres meses de vida como gobernador de la entidad, y que anda más feliz que acongojado, aunque entiende que públicamente será cuestionado y hasta crucificado en caso de que pida permiso para ausentarse del cargo.

 

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Ahora que el Luis Miranda es el nombre que más suena para sucederlo, desde la misma oficina de la Presidencia se mención con renovada insistencia a la senadora María Elena Barrera como otra aspirante. De ser así, Peña tendría sentada en el timón mexiquense a su mano derecha por años, pues Barrera fue secretaria particular del sobrino de Arturo Montiel, además de secretaria de Salud y alcaldesa de Toluca. Una parte del poder político del Edomex ve con agrado que Barrera suceda al doctor Ávila y no Luis Miranda, de quien casi todos se expresan con algún encono, ya personal o laboral.

 

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En Xonacatlán suceden cosas muy extrañas. Primero, el grupo de Constructores ICA, Ingenieros Civiles Asociados, compró a ese municipio un enorme terreno para fincar casi 10 mil casas de interés social, en uno más de los megaproyectos que se entregan a amigos del Grupo Atlacomulco. La compra se realizó el trienio pasado y se llevó a efecto en tiempo y forma, con algunas nimiedades de por medio. Por ejemplo, que parte de los terrenos de por medio eran de propiedad comunal y que en ellos brotan manantiales que riegan las tierras ejidales involucradas en esa venta.

 

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El proyecto, realizada la compra-venta, se retrasó por un tiempo debido a que ICA debía hacer algunos estudios y análisis, así como sus propias gestiones para conseguir permisos. Lo anterior lo realizó en tiempo récord, pues tienen facilidad de palabra y algunos aliados muy poderosos que conocen las entrañas del poder y la burocracia. Así, un buen día, no hace mucho, algunos de sus ingenieros se presentaron al lugar de los manantiales para decidir qué se iba a hacer con ellos.

 

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Xonacatlán, ubicado junto al municipio de Toluca y por años relegado a la cuarta o quinta categorías, busca recursos de donde sea. No es turístico y produce poco. Junto a Toluca no puede competir y ha padecido la corrupción y mal gobierno de sus presidentes municipales. Así, la anterior administración vio en ICA un inmejorable negocio con el cual todos iban a ganar. Todos, por supuesto, son los de siempre porque no consideraron a los campesinos.

 

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Así, los afectados se organizaron tan pronto supieron que los ingenieros de ICA habían llegado. No los dejaron hacer pruebas y los ahuyentaron al saber de las intenciones. Pronto los ejidatarios establecieron un sistema de vigilancia permanente sobre tierras y agua, que derivaron en algunos connatos con enviados de aquella empresa. En términos generales, si ICA quiere construir su megacomplejo habitacional, deberá secar los ojos de agua.

 

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Los ejidatarios se han reunido con sus autoridades pero éstas dicen no saber nada, excepto que hay un contrato firmado y que lo van a cumplir.

 

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Por lo pronto, los afectados dicen estar dispuestos a defender sus tierras y propiedades justo como lo hizo el Frente de Pueblos de San Salvador Atenco cuando se pretendía instalar en su municipio el aeropuerto internacional de la ciudad de México.

 

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Uno de los grandes amigos del consorcio ICA es un ex gobernador, casado tres veces, una de ellas con una guapa francesa. Su mayor logro político es haber llevado a su sobrino a la presidencia de México y de paso evitar que investigaciones y demandas en su contra por enriquecimiento ilícito prosperaran. Hace unos dos meses apenas, Arturo Montiel visitaba a sus amigos –unos les dicen socios- en sus oficinas de la ciudad de México.

 

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Desde Facebook nos dicen que “en Toluca, Estado de México, se necesita trabajar una hora para poder pagar un pase de autobús; en Brasil solo 13 minutos si consideramos que el salario mínimo es de 61.38 pesos. Aunque suene descabellado hay trabajadores que ganamos 61.38 el día”. En Toluca el costo del transporte es, mínimo, 8 pesos por viaje.

 

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San Pablo Autopan padece las inundaciones de estos días. Así ha sido siempre, una zona lacustre que taponeó sus ríos y afluentes, incluyendo el Verdiguel. Y también lo de siempre ha sido que las autoridades de Toluca los dejen a su suerte. Sólo acuden cuando las desgracias son irremediables. Una grave inconformidad germina en aquella zona norte del municipio, donde están los más pobres de los más pobres, pero también los más abandonados.

Una de monitos

* ¿Qué pasa en un mundo donde lo fútil, lo banal se vuelve modo ineludible de vida? ¿Por qué un cómic cuesta más que un salario anual para un maestro? ¿Por qué Neymar, el futbolista brasileño, genera más dinero pateando una pelota que millones de profesores en las aulas públicas o privadas? ¿Por qué se tasan así las actividades humanas? Nadie tiene la respuesta, ni siquiera el Hombre de Acero, quien por otro lado encontró su destino como mono-franquicia cuando los editores de la DC, en 1938, rechazaron su nombre original.

 

Miguel Alvarado

Digámoslo así. Supermán es un pobre muchacho con el superpoder único de no despeinarse, ni siquiera cuando cae a 10 mil kilómetros por hora y choca contra una montaña del tamaño de Toluca. Claro, es una película y todo se vale, pero la última costó 225 millones de dólares, nada mal si se compara con el precio pagado por el primer cómic del azuloso, un millón de dólares por un montón de monitos, y mal dibujados además.

Pero ese cómic, fechado en junio de 1938, fue el canal para expresar una paranoia que actualmente refleja con fidelidad la pasmosa cultura popular de los gringos y de gran parte del mundo. El cómic es un espejo de sociedades y momentos, pero también expresa ciertas taras, enfermedades mentales que a veces se confunden con actos heroicos o verdades universales inamovibles. Para los curiosos, la compra de derechos que el gigante Detective Comics ejerció para quedarse con las regalías supermanescas costó 412 dólares, que fueron entregados en tiempo y forma, en abril de 1938 a los pobrecitos Jerry Siegel y Joe Schuster. Luego, ese cheque fue cancelado y arrumbado en algún escritorio, pero el año pasado fue descubierto y subastado por 160 mil dólares.

¿Qué pasa en un mundo donde lo fútil, lo banal se vuelve modo ineludible de vida? ¿Por qué un cómic cuesta más que un salario anual para un maestro? ¿Por qué Neymar, el futbolista brasileño, genera más dinero pateando una pelota que millones de profesores en las aulas públicas o privadas? ¿Por qué se tasan así las actividades humanas? Nadie tiene la respuesta, ni siquiera el Hombre de Acero, quien por otro lado encontró su destino como mono-franquicia cuando los editores de la DC, en 1938, rechazaron su nombre original. José Luis Durán, uno de los dibujantes más emblemáticos de México, pero que curiosamente vive en Toluca, recuerda que el superzoquete había sido llamado Sansón, por el origen judío de sus creadores, quienes pensaban que en ese momento aquella comunidad necesitaba de ayudas hasta interplanetarias. Pero se consideró que no habría ventas y el nombre fue desechado. Sin embargo, se conservó la emblemática ese, que hasta la película del 2013 significó solamente “Super”. La última cinta del kriptoniano revela ahora que se traduce como “esperanza”.

Ah, qué jaladas, pero con ellas crecerán algunas despistadas generaciones que buscan significado en lo inmediato, las comidas rápidas, los videojuegos y quizás hasta dios y el internet. Mientras, lo que pretende ser una película sana, divertida y para toda la familia es, nomás para empezar, un escenario donde al menos mueren unos 30 millones de habitantes que se ven atrapados en la épica batalla del símbolo del bien y el general Zod, una especie de Supermán negativo a quien Kal-El le arrebata la posibilidad de regenerar la raza perdida del planeta Kryptón. Claro, los de Hollywood saben hacer esas cosas como ninguno. Son hasta mejores que el ejército norteamericano o los granaderos aztecas en 1968 y años subsecuentes, en aquellos de amontonar cadáveres y reducir a escombros la moderna Metrópolis, una babel de acero ideal para el goce de la destrucción. Algunas escenas recuerdan los aviones atravesados en el WTC, en el lejano 2001. Y así, colocado el contexto de la revancha y los ideales, los gringos y su mundo feliz están más que listos para observar la película.

La infancia de Supermán es la de cualquier chico buleado (del verbo bulin, estar chingando al prójimo, pero estudiante), aunque los sabios consejos de su padre lo orientan para que escoja el camino de la decencia. Para el chico Kent deveras que debió resultar difícil convivir con esa extraña versión que el director Christoper Nolan hizo de Jonas Kent, pues lo dota de una característica harto común: la estupidez rampante.

Y es que el señor Kent le regala al confundido superchico perlas de sabiduría dignas de cualquier empresario mexicano, como aquella donde lo regaña por rescatar un camión escolar, por supuesto lleno de niños.

– ¿Y qué se supone que debía hacer, dejar que murieran todos? – le grita Clark.

– Bueno… pues… tal vez sí – contesta demasiado budista el actor Kevin Michael Costner, quien de paso encuentra la peor interpretación de su larga y cuestionable vida cinematográfica. Clark abre los ojos como platos, pues ni siquiera ese niño-actor estaba preparado para un guión hitleriano, que cuadros más adelante encuentra el pretexto perfecto para sacrificar una vida, afortunadamente la del buen Kevin, cuando un tornado categoría F-5 se aparece así, de pronto, como auditor de Hacienda, en la carretera más transitada de Villachica, a las 5 de la tarde de un domingo de fiestas populares. Todos encuentran resguardo, afortunadamente, excepto el perro de la familia Kent, que torpemente se atora entre los asientos de la camioneta donde viajaban. El padre, Jonas-Kevin, se ofrece a rescatarle a sabiendas de que el regreso al improvisado refugio será poco menos que imposible. Superchico se encuentra muy ocupado cargando heridos sin que se note que para él es lo mismo llevar dos cuerpos que ropa interior de algodón, pero literalmente se hace del baño –se caga, pues- cuando voltea a ver a su padre, parado junto a la camioneta y el perro, con la pierna rota, a dos metros de una megatormenta salida del SyFy Channel. Para un chico como Clark, aquella distancia podría recorrerse en dos segundos, suficiente para tomar una malteada, hacer el amor con su novia o aprender chino-mandarían, según la chafísima mitología del Hombre del Mañana. Pero no. El heroico padre, que ha cambiado su propia vida por la de un perro cochino, malagradecido y además mal actor, le dice que no revele sus poderes a pesar de que puede salvarlo. El superhombre se pasma cual Feisbuk en una noche de lluvia o una mañana de sol o una tarde de viento. No se le ocurre que puede usar su supersoplido o arrojarle un pedazo de superuña para alejarlo del peligro. No. Nada. Cero. El tornado F-5 envuelve al padre con la gracia de Baryshnikov y lo desintegra a golpe de ventosidades.

Fuera de estos pequeños dramas cotidianos, a Supermán no le va nada mal. Tiene un traje que es la envidia de las personalidades de la revista Caras. Por lo visto, no necesita dormir ni comer, así como tampoco trabajar. Si lo hace, elige cualquier bar de carretera, para que nadie lo identifique aunque no puede evitar que de vez en cuando le llenen la cara con cerveza.

La película, en general, es patética hasta que llega la hora de los madrazos. Entonces sí, todo cambia. Edificios cayendo hasta para arriba; los malosos atravesando enormes complejos industriales; drones disparando bombas casi nucleares; frases bellísimas en boca de los miserables seres humanos y Luisa Lane cayendo una y otra vez desde alturas megalíticas sólo para que su héroe la rescate, evidentemente peinado con el famoso gel Moco de Gorila, pues ninguno de sus rulos aparece fuera de lugar.

Si Supermán representa al Imperio y a Walt Disney es algo que de momento no interesa. O que si el general Zod es la reencarnación del Ché Guevara mezclado con el doc Karl Mengele, tampoco, porque la película junta 21 millones de dólares cada 48 horas, de los cuales a México no le tocará un solo centavo. Tampoco los actores son recordables, excepto Amy Adams, quien encarna a la reportera de El Planeta, pero nada más por bonita.

De todas maneras Supermán, el Hombre de Acero, es una historia ampliamente recomendable para quienes todavía creen que Enrique Peña no venderá Pemex o para los que suponen que el Piojo Herrera no será el relevo del Chepo de la Torre en la selección nacional de pambol, luego de aquella gira por Brasil que terminó en uno o varios tubos de un congal de Ipanema. Envidia, claro que sí.

El cultivo del chayo

* Ocioso es preguntar si, además de proveedor de contenidos para exaltar por más de seis años la imagen de Peña, Televisa ejerce un control directo sobre políticos insertos en las cúpulas de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI). Todo mundo sabe que así. Cuentan incluso con su bancada estelar en el Congreso de la Unión.

 

Francisco Cruz Jiménez

La historia de Enrique Peña Nieto está llena de misterios, lo mismo que la del Estado de México; sólo hay una realidad: con el poder político, la influencia que ejerce y con esa capacidad que tiene para inventar y legitimar otra realidad, Televisa se dio tiempo para armar lo que, sin duda, ha sido su mayor éxito en años, el romance con Angélica Rivera Hurtado, “La Gaviota”.

Especialistas en marketing, asesores de imagen, así como revistas del corazón, la farándula y del jet set se encargarían de convertir el idilio de Enrique y Angélica en un cuento de hadas con su final feliz el 27 de noviembre de 2010: una boda por la iglesia, con novia de blanco y él en un riguroso y negro frac, en la fría e impersonal catedral de Toluca, con la bendición anticipada de su santidad el papa Benedicto XVI. Y, como corolario, la portada de las revistas ¡Hola! y Quién, en edición especial.

Después de un matrimonio con Mónica Pretelini Sáenz —su fallecida mujer—que le dejó dos hijas y un hijo; un sinfín de aventuras y relaciones extramaritales, infidelidades e hijos fuera del matrimonio que ponían en duda su moral familiar, el romance ganó en popularidad. Ella, por fin, había encontrado a su príncipe azul.

Todo mundo, y eso es casi literal, se enteró cómo surgió el flechazo “entre Angélica y el político, al que califica como un hombre ‘maravilloso’. Sin cohibirse, dijo que luego de terminar de grabar la telenovela Destilando Amor, le llamaron de Televisa para que fuera la imagen de los 300 compromisos cumplidos del gobierno del Estado de México. Él era el gobernador. Hice los comerciales y la comunicación. Y nos fue muy bien; él me habló por teléfono para darme las gracias y para invitarme a cenar y así nos enamoramos”.

Marco Castillo y Lorena Corpus lo reseñaron para Reforma: “fue ‘La Dueña’ de varios estelares. Se atrevió a ‘Alcanzar una Estrella’, vivió un ‘Sueño de Amor’, sobrevivió a un ‘Huracán’, enfrentó un ‘Dulce Desafío’, peleó como ‘Mariana de la Noche’ y terminó ‘Destilando Amor’… […] Después de tanto drama, Angélica Rivera, de 41 años, se dispone a ocupar, en diciembre, su papel de Primera Dama. […] Las lágrimas, al menos las de ficción, quedaron atrás. Así, la famosa ‘Gaviota’ se convierte en la primera actriz mexicana en llegar a Los Pinos. El nuevo episodio de esta ‘telenovela’ mediática se dio cuando el candidato del PRI fue declarado virtual ganador de las elecciones”.

Ese matrimonio sirvió para reforzar la alianza “matrimonial” de Televisa con el Estado de México, que se puso en marcha en 2005, y sirvió para mostrar que si bien Peña y Azcárraga no son las figuras más pulcras ante el electorado, su relación ha sido provechosa.

A estas alturas resulta ocioso conocer quién escogió a quién, si Televisa al gobernador para hacerlo su presidente o este último a Televisa. Lo mismo pasa con las preguntas sobre cómo se conocieron y quién los presentó. El punto central de la discusión tiene resultados concretos: Azcárraga y Peña Nieto se sabían necesarios uno del otro. Sus ambiciones hicieron química.

Los beneficios para el mexiquense sorprenden a muy pocos porque saltan a la vista. Lo hicieron un celebrity, un showman y un rock star. Fue esta la plataforma para catapultarlo a la Presidencia de la República. Y “La Gaviota” es, para muchos, un recordatorio permanente del poder real de la televisora de las estrellas.

Del otro lado, es imposible conocer con precisión la cantidad de recursos públicos que se le entregaron a Televisa como pago por publicidad gubernamental para exaltar la imagen de Peña. Y también son inútiles los cuestionamientos sobre si Azcárraga Jean y sus hombres de confianza —Bernardo Gómez Martínez, Alfonso de Angoitia Noriega, Pedro Aspe Armella, Alejandro Quintero Íñiguez y José Antonio Bastón Patiño, conocidos como los Golden de la iniciativa privada— están enfermos de poder.

Ocioso es preguntar si, además de proveedor de contenidos para exaltar por más de seis años la imagen de Peña, Televisa ejerce un control directo sobre políticos insertos en las cúpulas de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI). Todo mundo sabe que así. Cuentan incluso con su bancada estelar en el Congreso de la Unión.

La presión sobre algunos senadores en 2007 para frenar la reforma electoral que reducía el tiempo oficial de las campañas políticas, así como el veto posterior a los legisladores que no protegieron a la televisora y promovían los cambios, sirven como ejemplos ominosos de su poder.

El panista Santiago Creel Miranda es la muestra de los niveles de manipulación a los que llega Televisa. Literalmente, el miércoles 2 de julio de 2008, a través de la tecnología digital, sus técnicos manipularon y alteraron algunas escenas para borrar de los videos al entonces presidente del Senado, mientras en sus noticiarios —el primero fue el matutino de Carlos Loret de Mola— se informaba de los foros en los que se discutía la reforma energética.

Unos días antes de ese “incidente”, calificado por los especialistas como uno de los hechos más vergonzosos en el “periodismo” mexicano, una “soberana” estupidez o una mutilación grotesca, Creel había declarado que el miedo al duopolio Televisa-Azteca fue una de las razones por las que el 9 de junio de aquel año fue destituido como coordinador del grupo parlamentario del PAN en el Senado de la República.

“Uno de los argumentos que dio el presidente de mi partido —Germán Martínez Cázares, quien rendía cuentas a Felipe Calderón— fue precisamente del conflicto que yo tenía con las televisoras; me parece un argumento igualmente reprobable por agraviante”.

Especialista en medios, Raúl Trejo Delarbre tituló una de sus columnas “Televisa stalinista”, en la que advirtió: “Televisa y Televisión Azteca decidieron vetar al senador Creel en represalia por el impulso que contribuyó a dar a las reformas constitucionales que restringen privilegios y negocios de la radiodifusión durante los procesos electorales. […] Televisa pretendía quitarle poder político pero además despojar de su imagen pública al senador Creel: sacarlo de las pantallas, impedir a los ciudadanos que se enteren de su desempeño legislativo, tacharlo de la historia. Pero lo hizo de manera tan torpe que el resultado se ha convertido en uno de los mayores tropiezos políticos (y ya son varios) de esa televisora”.

Pero hay otros antecedentes que muestran, de “cuerpo entero”, sus debilidades y, por lo mismo, su necesidad de allegarse capital, dinero a manos llenas de donde sea posible, como la publicidad política: el viernes 6 de julio de 2007, Víctor Hugo Sánchez publicó en el desaparecido periódico El Centro un amplio reportaje que desató la ira de los principales ejecutivos de la empresa porque, entre otros, mostraba un lado poco conocido de Televisa.

Los encabezados “justificaban” la irritación: “Telenovelas en crisis”, “cuatro millones dejan de verlas”, “ejecutivos y productores hablan de sus esfuerzos por recuperar el rating perdido”, “crisis en el Hollywood de las telenovelas”, “Televisa ha dejado de ganar” y “rating, el número de la bestia en la industria de la televisión”.

Ya en el desarrollo del tema, Víctor Hugo —quien conoce las entrañas del monstruo porque trabajó en él como jefe de prensa— precisó: “De febrero a junio de este año, Televisa ha perdido hasta 4 millones de televidentes —cuatro puntos de rating en el horario de telenovelas juveniles y la barra de comedia—, caída que parece inexplicable en una era en la que los medios electrónicos cuentan con herramientas de mercadotecnia para garantizar sus niveles de audiencia.

”Los televidentes han cambiado sus preferencias en cuanto a la pantalla chica se refiere, la TV abierta dejó de ser todo lo atractiva que fue y prueba de ello son los 5 millones 633 mil hogares que ya cuentan con el sistema de cable y los 2 millones 735 mil suscriptores a internet, gente que pagó por no ver lo mismo”.

Aunque el pudor no es algo que los inhiba, Televisa y TV Azteca se enfrascaban en una lucha sórdida por dos cuestiones que, al final, representan ingresos por miles de millones de pesos: primero, el rating o la suma numérica de los televidentes que están viendo un programa determinado a una hora determinada. Haciendo uso de las reglas del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE) —empresa líder en métrica y generación de conocimiento sobre audiencias de medios de comunicación electrónica—, que marcan que un punto de rating equivale a un millón de espectadores, aproximadamente, se puede afirmar que si una telenovela alcanza 12 puntos a las 12 de la noche, significa que a esa hora la están viendo 12 millones de personas.

Segundo, el share o porcentaje que corresponde a un programa con relación a sus competidores a la misma hora que se transmite. Esto quiere decir que si a las ocho de la noche hay 20 millones de personas viendo la televisión, el porcentaje que de los 12 millones que sintonizan la telenovela a esa hora corresponde a 60 por ciento del total. El 40 por ciento sintoniza otros programas de la competencia y entre ellos están divididos los 8 millones de telespectadores restantes.

Acerca de un estudiante de artes

* Yo no sé cuántos entre ustedes vayan a museos, o cuántos tengan cierto interés por la pintura, pero cuando este individuo de dieciocho años cumplidos ve una pintura en algún museo, es como si hubiera nacido para ese instante. El color, la pincelada, la aparición de formas, de rostros, de árboles y casas y lo que sea, todo es placer en la pintura. Uno puede ver un basurero o un plato sucio de enchiladas o una sombra cualquiera, y en la vida real no pensar que se trata de algo importante o estético, pero al verlo pintado (exquisitamente pintado, con soltura, definición, fuerza) uno piensa que nunca antes había mirado nada.

 

Rodrigo López

-¿Para qué estudiar?- No lo piensa con pereza el futuro estudiante, sino con una verdadera inquietud. ¿Es necesario? ¿No puede la gente vivir sin sentarse en un aula de clases por horas y horas que sumadas equivalen a años enteros de su vida? A él le parece que ya fue suficiente, el kínder, la primaria, la secundaria, la preparatoria, con su interminable conjunto de trámites. Y es que el estudiante se imagina que existe un mundo fuera de la escuela, un ambiente para el cual lo preparan como si estuviera en un submarino o en una base lunar y no fuera posible salir sin un entrenamiento exhaustivo.

Claro que el futuro estudiante universitario piensa en esto solo un momento. Debe estudiar, de algún modo lo sabe. Quizá solo porque puede, y esa posibilidad es en sí ya un deber. O quizá porque tiene eso que conocemos como sueños, que es por lo que en las películas los personajes se someten a cualquier aventura, humillación y peligro; o quizá porque sí y ya. ¿Pero qué estudiar? Una carrera es más que un conjunto de materias y conocimientos, una carrera aparece ante el futuro estudiante como su futuro modo de vida. Todos lo piensan, aún los intelectuales, una profesión tiene cierta aura en la cultura. Un arqueólogo, un piloto, un chef, un abogado, un médico, un artista, son determinados modos de ser.

De algún modo las materias de la prepa no le interesaron nunca demasiado. Siempre sintió que todo iba muy de prisa, que no enseñaban más que datos, cuando lo que él necesitaba eran formas de razonar. Esto le pareció evidente en física, química y matemáticas, donde nunca llegó a comprender la esencia de su pensamiento.

A él le interesa el arte, aunque siente el temor de que no sea más que un hobby, algo en qué pasar el tiempo libre. Siente eso porque así lo ve su escuela, sus maestros. A veces en la cultura se tiene la impresión de que los artistas salen de la nada, como los impuestos o las estrellas.

Yo no sé cuántos entre ustedes vayan a museos, o cuántos tengan cierto interés por la pintura, pero cuando este individuo de dieciocho años cumplidos ve una pintura en algún museo, es como si hubiera nacido para ese instante. El color, la pincelada, la aparición de formas, de rostros, de árboles y casas y lo que sea, todo es placer en la pintura. Uno puede ver un basurero o un plato sucio de enchiladas o una sombra cualquiera, y en la vida real no pensar que se trata de algo importante o estético, pero al verlo pintado (exquisitamente pintado, con soltura, definición, fuerza) uno piensa que nunca antes había mirado nada. Es como inaugurar la vista. Bueno, algo así es lo que siente nuestro personaje, y es así como años antes empezó a interesarse en el arte. Y al elegir carrera se pregunta: ¿es que no se puede estudiar arte?

Aparentemente el arte no es tomado como una carrera seria por la mayoría de las universidades. Las privadas no lo toman en cuenta, por suerte la mayor universidad pública de donde vive nuestro estudiante, sí. También hay otras dos en una ciudad cercana.

Entonces, lleno de ingenuidad y confianza, comienza su travesía por el papeleo y las entrevistas y los exámenes de admisión. Solo lo hace en dos universidades, para ser exacto. La primera, donde más quería entrar, lo rechaza en su segunda prueba. La otra lo acepta. Cabe notar que en la universidad que lo rechazó había tres o cuatro pasos (exámenes), además de que debió entregar un currículum y portafolio de trabajos. A nuestro estudiante le parece idiota que a alguien que quiera entrar a estudiar a sus dieciocho años le pidan currículum, ¿dónde puede haber expuesto? ¿O qué es lo que esperan exactamente? Si es una escuela, ¿por qué no se limitan a esperar gente deseosa de aprender?

Pero superará ese rechazo, y otros peores quizás. Lo bueno es que encontró universidad, ahora falta esperar.

Sabemos que el arte en su historia está compuesto de objetos magníficos. No por nada hay guardias con cara de pocos amigos en los museos ni en las películas se roban pinturas, ni los millonarios compran Van Gogh’s. El arte nos puede parecer algo hecho por manos maestras, que toman años en perfeccionar un proceso, sea este escribir una novela, pintar un retrato o tocar el violín.

El estudiante de artes no ignoraba esto, pero tampoco ignoraba el arte contemporáneo, que la mayoría de las veces rechaza los conceptos o técnicas tradicionales, es decir, se vuelve algo raro. ¿Quién no ha escuchado la frase, refiriéndose a algún pintor abstracto o de vanguardia (dígase Picasso por ejemplo), “ese mono está bien feo, hasta yo lo hago”?

Pero si hay museos y libros, universidades y conferencias sobre arte contemporáneo, debe ser algo serio, o al menos algo digno de ser entendido. Nuestro estudiante piensa eso, y cree que si muchas veces no entiende o le parece una completa estupidez es porque aún no está lo bastante iniciado. Por el momento se contenta con hojear libros como “El abc del arte” o “1000 pinturas de los grandes maestros”, donde con sencillos párrafos y grandes ilustraciones solo disfruta los dibujos, las formas y los colores.

Antes de terminar esta breve introducción a una nueva etapa en la vida del personaje, será enriquecedor recordar que aunque su familia lo apoyó (después de algunas horas o días de convencimiento), sus amigos, familiares y gente en general no comprenden del todo qué es la licenciatura en Artes (cosa que el estudiante tampoco comprende ahora, pero ahí está lo divertido) y expresan su confusión con frases (conocidas para los estudiantes de artes) de distintos matices, como las rudas: eso es para maricas, esas son pendejadas, las de carácter laboral: ¿de qué vas a trabajar?, te vas a morir de hambre; o las un poco inocentes: ¿y qué vas a estudiar? ¿Vas a pintar todo el día? ¿Es como manualidades?

Pone agenda Eruviel Ávila a sesiones de diputados

 

 

* Aprobada por la Diputación Permanente que preside el perredista Octavio Martínez, la agenda para éste que será el Quinto Extraordinario en menos de un año de gestión, presume de ser “de gran interés para los mexiquenses” y estar conformada por una pluralidad de propuestas de “todos los actores políticos”. Lo cierto es que como con los cuatro anteriores, la gran mayoría de los temas a calificar serán del gobernador.

 

Jorge Hernández

Con sólo cuatro iniciativas de reforma de los grupos parlamentarios del PAN, PRD y PT, la LVIII Legislatura estatal celebrará un nuevo periodo extraordinario de sesiones a partir del martes 25 de junio, para desahogar otras 20 en su mayoría del Ejecutivo estatal.

Aprobada por la Diputación Permanente que preside el perredista Octavio Martínez, la agenda para éste que será el Quinto Extraordinario en menos de un año de gestión, presume de ser “de gran interés para los mexiquenses” y estar conformada por una pluralidad de propuestas de “todos los actores políticos”. Lo cierto es que como con los cuatro anteriores, la gran mayoría de los temas a calificar serán del gobernador.

Del temario destacan las iniciativas de Ávila Villegas y el diputado del PAN, Adrián Juárez, para crear una ley contra la violencia y la delincuencia, así como diversas modificaciones a la Ley de Seguridad. Llama la atención la insistencia de querer atacar con legislación un problema que no se limita al territorio estatal ni a una mera cuestión coyuntural, sino que corroe a toda la nación y sus estructuras sociales, políticas y económicas.

Asimismo, también del panismo, la iniciativa para reformar la Constitución Política local y la Ley Orgánica del Legislativo para abrir como plazo el mes de septiembre, a fin de que el mandatario rinda su informe anual de labores, suscribiéndolo al 15 de dicho mes cuando se trate del último año de la gestión.

Del PRD discutirán la propuesta de aplazar la designación de los consejeros que conforman el Consejo General del IEEM hasta el último día de noviembre de este año. La legislación actual establece que sea durante el tercer periodo ordinario de la Legislatura presente se haga, pero el sol azteca aduce que es muy poco tiempo.

También de este grupo se considera la propuesta de Martínez Vargas para reglamentar el derecho de los habitantes de los municipios al servicio de panteones, mientras que del PT el derecho de los cronistas municipales a recibir un sueldo por sus servicios.

Fuera de estos temas, el resto son del interés del gobernador más que de la población, por lo que cabe esperar sean aprobados todos.

Cabe recordar que el PAN y el PRD han insistido en que las iniciativas que a la fecha han ingresado sean debatidas ya, pero hasta el momento siguen en la congeladora. Son iniciativas en materia electoral, fiscalizadora y social especialmente, pero por lo mismo no se ve cómo puedan ser consideradas.

Las garotas mais gustosas

* Y ese Diez negado para el equipo que tiene como líder a un vegetal debió pararse como pudo contra un ejecutante de conservatorio, torvo Fellini de lo imposible y que con dos escupitajos silenció la torpeza mexicana. Andrea Pirlo tocó el balón por encima de una barrera de gelatina y Corona, héroe chafa del Sensacional de Traileros aunque portero en otra vida, descubrió que Juan Salvador Gaviota es sólo un libro –muy malo pero muy tierno- y que no enseña a atajar tiros.

Miguel Alvarado

Maracaná significa pájaro. Ave del barrio de Río, que todo lo sobrevuela y que se entera de favelas y revueltas allá en lo lejano. Para el mundo es un estadio, aunque en realidad se llame Jornalista Mário Filho, en honor a un reportero deportivo del Brasil. En México, al saberse tal, se propuso cambiarle el nombre al Azteca y pronto la lista enternecía al más pintado, que ya miraba en letras doradas y todas mayúsculas al Enrique Bermúdez Arena, adornado con una estatua del locutor. Mientras eso se dirime, un equipo formado por puros mexicanos pisaba el pasto carioca que ya no se acuerda de Obdulio o de Arthur Antunes y risueño enfrentaba sus propias iras, el miedo disfrazado de lateral izquierdo y un contrato que lo reducía a monigote, aunque eso sí, bien pagado.

El antiguo juego del hombre no necesita de chícharos o ridículas mazas para supervivir. Habrá recompensa para quien logre que José Manuel de la Torre se siente a estudiar un rato a sus rivales, luego de que, acongojado, observara a la diestra mano izquierda del Brasil rechiflar a la presidenta Rousseff, una simpática gordita que ha llevado a su país las salinas enseñanzas de don Carlos. El Chepo -al margen de todo, entrenador mexicano- preparaba su estrategia contra el blanco azulado de la Italia menos fascista de las últimas décadas. Atrás quedaban los dictados poco menos que papistas de Franco Baresi o la ingenua trencita del Buda viviente apellidado Baggio, hábil y malo como Nereo Rocco con los espacios abiertos.

De la Torre lamentará toda la vida su chapucera incompetencia para encontrar un Diez, aunque no sea mexicano o de perdida dos asesinos al estilo de Carlos Muñoz o Miguel España. Aquel equipo de 1986 germinaba calladito en torno al capo máximo, Tomás Boy y marginaba al estelar y deshocicado Penta, campeón en Madrid pero acá en su patria rotundo enano mental. Y ese Diez negado para el equipo que tiene como líder a un vegetal debió pararse como pudo contra un ejecutante de conservatorio, torvo Fellini de lo imposible y que con dos escupitajos silenció la torpeza mexicana. Andrea Pirlo tocó el balón por encima de una barrera de gelatina y Corona, héroe chafa del Sensacional de Traileros aunque portero en otra vida, descubrió que Juan Salvador Gaviota es sólo un libro –muy malo pero muy tierno- y que no enseña a atajar tiros. Menos cuando se bajan las alas. Todo el silencio del Maracaná explicó en segundos que un arquero detuviera con la vista. Un vuelo sin manos ni decencia dibujó la exacta estatura de un goalkeeper mojigato.

Hernández, el Chícharo, sólo sirve para anotar, golpear la pelota. Y así, tan cosmopolita como lo permite Manchester, salió abrazado al medio tiempo del tal Andrea, a quien lo convenció de intercambiar camisas. Cierto o no, Pirlo fue tan amable como pudo. Y es que el último italiano que juega como los campeones mundiales de 1982 no puede darse el lujo de hablar español, al menos no en Maracaná ni con Balotelli, negro esclavizado por el deporte y que europeo se siente cómodo, lejano en la punta de sus icebergs, goleador divino protegido de Ashanti. Italia y México empataban a un gol y el foro global mediático celebraba la hazaña, a falta de flores o comidas rápidas y con la preventa de Pemex en Inglaterra que Peña Nieto adelantaba por internet. A nadie le importa el crudo cuando rueda la pelota. Tampoco a Carlos Salcido, férreo defensor cultivado en tierras holandesas. Decente como Cuauhtémoc y temeroso cual Moctezuma, eligió el término medio y cumplió, porque los italianos juegan al futbol como si fueran a la guerra y Salcido teme al futbol como si estuviera en la batalla. Así, aquel Fearman de tlacoyo declaraba al final que el representativo nacional había temido, y con la vara que medía a la oscura Concacaf, las sombras de Giuseppe Meazza y Luis Monti decretaron bocas erradas.

La Copa Confederaciones 2013 pintaba desde el inicio como una tragedia –meramente deportiva, socialmente inútil- que, singularmente, terminó en un antro, el Terma Centaurus, al lado de las garotas mais gostosas. Nueve de los seleccionados mexicanos, relata la prensa brasileña, estuvieron allí brindado sus mejores regates, sudando la camiseta, intercambiado números telefónicos. Y es Ipanema el castigo demente para hermafroditas en calzones rojos, que apenas desembarcados ponen el ejemplo a la torcida. Al final México perdía dos a uno contra la Azzurra pero faltaban novedosos capítulos en la novela futbolera del país.

Tres días después, el 19 de junio, el calenturiento equipo se olvidaba del tugurio y asistía más por inercia que por convicción a la ciudad de Fortaleza, para sacudirle el miedo al equipo brasileño en una versión que espantaría a Garrincha. Pero el partido estaba decidido hace meses y hasta el resultado se adivinaba en salones de apuestas. La verdadera guerra estaba en las afueras. Un alza al transporte en Brasil y otras lindezas ponían al futbol en último término. Más de 200 mil manifestantes salían a las calles y le mentaban la madre a sus gobiernos. ¿Qué otra cosa pueden hacer? Luis García, facineroso comentarista de TV Azteca equivocaba la diatraba y llamaba revoltosos a los afectados mientras aplaudía detenciones policiacas cercanas al estadio. Fortaleza recontaba 40 mil “equivocados” que se enfrentaron duramente en el perímetro del Castelao, modernísimo coso que sin embargo no pagará la renta ni alimentos de nadie, fuera de la FIFA. Al grito de “más pan y menos circo”, los 40 mil cargaron contra los defensores del hambre legalizada y en segundos la avenida Alberto Craveiro trasmutó en romano coliseo. Adentro nada importaba. Los mareados mexicanos se hidrataban con gatoreids multicolor en busca de líquidos derramados, a 26 grados centígrados. El Scratch, dorado de mentiras, oro de los tontos, exponía al fodongo Neymar como su mejor carta. ¿Pero cómo? ¿Es que nadie lo ve? Apenas púdico, el joven astro del Barcelona, cuya recisión de contrato cuesta 200 millones de dólares, saltaba a la cancha con el Diez en su playera pero ni siquiera Leónidas da Silva, guerrero de 1938, se dignaba palomear. El estallido afuera coincidía mientras tanto con las alineaciones. Allí estaban los verdes, otra vez, con tantos años a cuestas y lecciones desperdiciadas y su Chepo usurpador, en traje fino de algodón, sudaba la gota gorda. Ni quién le hiciera caso. Ordenaba un par de cambios nada más por no dejar pero Corona y su mala defensa sólo aguantaron ocho minutos. Neymar, mago harapiento, fulminaba de volea un centro que sólo el aire y el Maza Rodríguez podrían acomodarle en el centro de su empeine. En fin. Es un juego, aunque parezca otra cosa y otros hagan bisne mientras Guardado toca la bola a la mitad de su inoperancia. Luego, escurridas las horas, otros dirían que éste ha sido el mejor partido de México. Tal vez, aunque nada justifica las tres pelotas mal tocadas por Hernández o las fintas de dandy que Giovanni dejaba morir nomás por abulia. Nada. El Costelao era resguardado por cientos de granaderos mientras otros miles lanzaban el lacrimógeno gas a los inconformes. Porque si Brasil gana, todo está bien. Y si México pierde, todo es normal.

Al final, un acto churrigueresco de Neymar, petardo pueblerino acostumbrado al halago, dejó dos defensores petrificados y casi con el pensamiento hizo a un lado al Fearman mexicano. Jo, que así se llama un altísimo delantero, solamente debió poner su Nike para meter el gol.

Entonces todo fue alegría. Los brasileños del estadio están felices porque su equipo clasifica y asegura más juegos en el torneo. Los brasileños de afuera somatizan su desgracia en redes sociales y violentas fotografías le rompen la cara a la sede del Mundial 2014. Los mexicanos, al menos esos futbolistas, alistan sus maletas y cobran los cupones que les dieron por visitas distinguidas, allá en Ipanema, al lado de las garotas mais gustosas, mientras la afición se cotorreaba a De la Torre que, falso o verdadero, pronunciaba sabiduría: “miren, lo importante es que tenemos salud”.