Los 30 minutos de Elba Esther

* Sobre esta línea de olvidos, pocos son quienes caen en la cuenta de que  Gordillo es una invención del propio sistema. Que si ahora se le colocan varios calificativos como corrupta, implacable y maquiavélica, se debe recordar que esas fueron las primeras virtudes que en ella vieron sus mentores para empezarla a forjar. Tal es el caso de Carlos Jongitud Barrios, quien fue su guía  más importante, recuerda el periodista Francisco Cruz sobre la maestra, en el libro Los Golden Boy’s, editado por Planeta en el 2012 y al cual pertenece este extracto.

 

Francisco Cruz Jiménez

Con una estatura más bien baja, la maestra Elba Esther Gordillo Morales ha demostrado que es chiquita, pero de muy buena altura. Suficiente para obtener las concesiones políticas que mejor se acomoden a sus propios intereses. Las cualidades que la distinguen en definitiva no son físicas, pues tanto su rostro como su complexión han dado lugar a varios apodos que apuntan hacia la monstruosidad. Sus mejores atributos están en su buen ojo para saber negociar, como ya lo ha demostrado.

Nacida en Comitán de Domínguez, Chiapas, el 6 de febrero de 1945, Elba Esther ha sabido mover muy bien los hilos del poder, circunstancia que la ha consolidado en la cúpula del gremio sindical.

Al escuchar su nombre, la asociación de la memoria es inmediata: la líder del sindicato más importante de América Latina, una mujer de poder, a quien muchos temen y evitan, el monstruo que ha secuestrado a la educación, la mapacha electoral. Sin embargo, pocos recuerdan a la Elba Esther flaquita que llegó a Ciudad Nezahualcóyotl a ocupar una plaza de maestra, después de que Víctor Gallo Martínez —director del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio (IFCM)— pidiera a Adrián Ortega Monroy —director de Educación Pública del Estado de México— una plaza para apoyar a Elba Esther, quien en esos tiempos enfrentaba la desgracia de ser la viuda ilegítima de Arturo Montelongo, cuya verdadera esposa apareció tras su muerte para reclamar  sus derechos.

Agotada por el largo tiempo que estuvo al cuidado del finado Arturo Montelongo, quien fue internado en el área de urgencias del hospital “20 de noviembre” por una insuficiencia renal terminal; débil por el fallido trasplante, pues su riñón no resultó compatible con el de su esposo; y corrida del sepelio por la cónyuge legal de Montelongo, a Elba Esther no le quedó más que buscar los medios para sobreponerse. Fue así como llegó a Nezahualcóyotl en 1964, cuando todavía era una ranchería llena de porquerizas y lomas, a dar clases en una primaria nueva, ubicada en la colonia El Porvenir, constituida por casas en obra negra y caminos polvosos.

Arturo Cano y Alberto Aguirre, autores del libro Doña Perpetua. El poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo, recogen varios testimonios de algunas madres de Neza que evocan a una maestra ‘muy movida’ para “buscar padrinos entre los políticos locales para sus alumnos que salían de sexto grado.” También recuerdan que, por las tardes, la maestra era una mesera menudita en un hotel de Sullivan e Insurgentes  en la ciudad de México.

Sobre esta línea de olvidos, pocos son quienes caen en la cuenta de que  Gordillo es una invención del propio sistema. Que si ahora se le colocan varios calificativos como corrupta, implacable y maquiavélica, se debe recordar que esas fueron las primeras virtudes que en ella vieron sus mentores para empezarla a forjar. Tal es el caso de Carlos Jongitud Barrios, quien fue su guía  más importante.

Cuando Elba Esther conoce a Jongitud en 1973, éste llevaba apenas un año de haber sido impuesto por el presidente Luis Echeverría como líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). De la mano de éste, el ascenso de  Gordillo se aceleró, pues de ser una maestra de una primaria polvosa y una meserita de hotel, pasó a ocupar el cargo mayor de la secretaría general de la sección 36 del Valle de México (1977), de donde escaló al Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, al mismo tiempo que empezaba a hacer sus primeras demostraciones en el PRI para quedarse en sus filas y ser postulada como candidata a diputada federal por uno de los seis distritos electorales de Ciudad Nezahualcóyotl, elección que ganó con el ciento por ciento de votos —en los tiempos del PRI, la dictadura perfecta, esto era lo común—.

Por su sagacidad, Jongitud vio en Gordillo a la aliada perfecta —se sabe, por la propia Elba Esther, que el maestro fue un amante a quien ella quiso mucho—. Ella era su incondicional cuando iniciaron las presiones fuertes por parte de la disidencia, pero el momento más crítico llegó con el asesinato de Misael Núñez Acosta, uno de los opositores más importantes que preocupaba al sindicato. La historia del maestro Misael terminó la tarde del 30 de enero de 1981, después de que le dispararon desde un auto en movimiento. El o los pistoleros le dieron cuatro balazos por la espalda. Misael, el líder magisterial opositor cayó muerto fuera de la escuela Héroes de Churubusco, ubicada en la colonia La Loma, del municipio de Tulpetlac, Estado de México.

Curiosamente este asesinato ocurre cuando están a punto de iniciar un conjunto de movilizaciones y paros magisteriales, razón por la que se especuló que la orden venía de Jongitud en complicidad con Gordillo.

Tiempo después, esta amistad se terminó, pues Jongitud frenó la intensión de su amiga de ocupar la Secretaría General del SNTE. El criterio que se usó para borrarla de la lista fue un dicho muy socorrido: “A las mujeres, ni todo el amor ni todo el poder”. Pero al maestro se le olvidó una regla de oro: “El alumno debe superar al maestro”. Y en efecto, con el apoyo del presidente Carlos Salinas de Gortari, Elba Esther no sólo aventajó a Jongitud en inteligencia, sino también en mañas.

En esta etapa, cuando era ya militante activa de Vanguardia Revolucionaria—organización sindical creada por Carlos Jongitud—, se instruyó en el arte del engaño y el negocio. Le gustaba “poner una vela a dios y otra al demonio”, jugaba a protagonizar el papel de amiga de la disidencia, y entonces les pasaba información de su propio bando. Fue ella, quien, en una reunión con los dirigentes de la disidencia de la sección 36, les advirtió: “Cuídense, la línea viene dura”. Semanas después, el asesinato de Núñez Acosta daría la razón a Gordillo.

Así pues, mientras el líder vitalicio del SNTE, Carlos Jongitud Barrios ponía en práctica su campaña de miedo y represión, Elba Esther recibía las últimas clases de política en el PRI. Nunca imaginó el maestro que su pupila chiapaneca estaba lista para ocupar su lugar. El 23 de abril de 1989, cuando Carlos Salinas de Gortari llevaba apenas cuatro meses de haber llegado a Los Pinos, decidió terminar con el cacicazgo del SNTE, para colocar a la “alumna” Elba Esther Gordillo Morales como su dirigente.

Después de 17 años en el poder del SNTE, varios enfrentamientos con los disidentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), y malas relaciones con algunos secretarios de Educación Pública, Carlos Jongitud estaba seguro de su poder y presumía que los únicos que podrían destituirlo eran los órganos del sindicato —confiado en que no lo harían nunca—.

Sin embargo, de nada sirvieron todos estos argumentos. Una llamada del secretario particular del presidente Carlos Salinas de Gortari, Andrés Massieu, para avisarle que era requerido en Los Pinos y una “plática” de media hora en la oficina presidencial fueron suficientes para destituirlo.

La orden era precisa, Jongitud debía presentar su renuncia e informar a sus seguidores que se iba por voluntad propia. Pero, esto no ocurrió. Homero Campa de la revista Proceso publicó el 1 de mayo de 1989: “Fue la Dirección de Comunicación de la Presidencia la que, a las 13:30 horas, emitió el comunicado 225, en el que informó:

El presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, concedió esta mañana audiencia al profesor y licenciado Carlos Jongitud Barrios en la residencia oficial de Los Pinos.

Al final de dicha audiencia, y después de comentar una resolución del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, el senador Carlos Jongitud Barrios informó su decisión de renunciar hoy a los cargos sindicales que ocupa como presidente nacional de Vanguardia Revolucionaria y como asesor permanente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)”.

Ahora sí que “la línea venía dura”. Ese 23 de abril fue un día turbulento, el Presidente había dado la orden de controlar cualquier manifestación y para eso ordenó arraigar y trasladar a los secretarios generales de las secciones sindicales del SNTE, así como desplegar un gran dispositivo de seguridad tanto en el edificio sindical del Distrito Federal como en la casa de Jongitud. Sin embargo, la mayoría de ellos ya estaban reunidos en la capital del país decidiendo lo que harían.

Mientras esto sucedía, en el auditorio “Che Guevara” de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, más de 2 mil voces eufóricas de la Coordinadora de Nacional de Trabajadores de la Educación festejaban la destitución.

Pocos sabían cuál era el objetivo de la disposición federal, la noticia había tomado a todos por sorpresa, por lo que no se dieron tiempo para pensar con malicia. Los primeros en descubrir de qué se trataba fueron los integrantes de la Coordinadora, pues Pablo Enríquez, colaborador cercano de Elba Esther le hizo saber a Ramón Couoh, dirigente de la CNTE, que la maestra era la siguiente secretaria general del sindicato.

Los rumores y especulaciones no se hicieron esperar, todos trataban de imaginar lo que había de trasfondo en el nombramiento. Lo que sí se sabía era que con Jongitud se iba su séquito más importante. Resaltaba la figura de Refugio Araujo del Ángel, secretario general del sindicato, de quien la Dirección de Comunicación Social del SNTE, dio a conocer que había pedido una “licencia ilimitada”. La razón: el bien del sindicato. El criterio persuasivo y “acertado” del presidente Salinas lo había hecho entender que era tiempo de tomar vacaciones sin fecha de caducidad.

Por su parte, Elba Esther Gordillo Morales —cual Cenicienta—, subió a su Corsar rojo la madrugada del lunes 24 de abril rumbo al SNTE, para dar inicio al XVI Consejo Nacional Extraordinario y convencer a los secretarios de la secciones del CEN del SNTE que iniciaba una nueva etapa para la organización, sin represalias. Pero para esto se requería unidad. Fue en este momento donde los 30 minutos que tardó en caer Carlos Jongitud Barrios se hicieron efectivos para la Gordillo. Si bien, no tenía muchos amigos, contaba con uno, uno solo que ya le estaba haciendo sentir su amistad: el presidente Carlos Salinas de Gortari.

No se sabe a ciencia cuál era la deuda del presidente con Elba Esther, ni cómo se  ganó su confianza. Lo que cierto es que Salinas cobraba al líder vitalicio Carlos Jongitud una deuda, pues en 1987, éste acusó al titular de la Secretaría de Programación y Presupuesto de haber retenido 10 mil millones de cuotas sindicales. Nunca imaginó que, dos años después, ese secretario iba a ser el Presidente de la República.

Arropada por Salinas, Elba Esther empezó a controlar las marchas y plantones magisteriales que habían iniciado en 1980, al mismo tiempo que asentaba las bases para mantener el control de su propio gremio. La estrategia: una cadena de favores y concesiones que comprendían desde el apoyo para una fiesta familiar, el pago de la hospitalización de un familiar, el apoyo para una casa, hasta bonos para viajar. Nadie podía quedar sin deber algo al sindicato, pero sobre todo a la Gordillo, y para ello consiguió que el presidente Salinas de Gortari destinara para el SNTE 25 mil 503 millones de pesos, durante su sexenio.

Atrás quedaron los tiempos de pobreza, que hoy se recuerdan como los episodios que la maestra cuenta para presumir de su origen humilde, del hecho de que, al igual que muchos, empezó desde abajo. Tiempos que no han de volver, pues ha sabido procurarse varios bienes, pero sobre todo, favores pendientes con las élites del poder que todavía no se han cobrado. Y es que a la Gordillo bien se le puede comparar con Caronte, criatura mitológica que se encargaba de transportar  las sombras de los muertos de un lado a otro del río Aqueronte, pero sólo a quienes llevaban una moneda bajo la lengua para pagar.

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