Días de gloria

* Antes de ser arrestada, la figura de Elba Esther Gordillo fue analizada por el periodista mexiquense Francisco Cruz, en un texto que se publicó en el libro “Los Golden Boy’s”, editado por Planeta en el 2012. En la investigación, Cruz dice que “la maestra invierte, según el informe  de la Asociación Ciudadana Magisterial (ACM), 51 millones de pesos mensuales para tener a su disposición una estructura de 357 incondicionales, que reciben un sueldo estimado entre los 65 mil y 95 mil pesos”.

 

Francisco Cruz Jiménez

La especialidad de Elba Esther no es el transporte de almas, sino más bien de mentes corrompidas por el deseo de poder. Así de chiquita como se ve, la maestra ya ha logrado acomodar a muchos en diferentes puestos importantes, incluida su familia. Pero lo que más sobresale es el periodo presidencial que ayudó a conseguir a Vicente Fox Quezada— un encantador de víboras prietas y tepocatas— o el de Felipe Calderón Hinojosa— autor de la doctrina filosófica “haiga sido como haiga sido”—, sin mencionar el caso reciente del Golden Boy que ocupa la silla presidencial de 2012 a 2018, a quien no sólo por su linda cara, la maestra le consiguió, en coordinación con su sindicato, 5 millones de votos.

Según se ha escrito, es propietaria de al menos 61 inmuebles, entre los que se encuentran departamentos en Polanco, Lomas de Chapultepec y casas de descanso en San Diego, California, donde se documentó un inmueble con un costo de más de un millón 692 mil dólares; usa ropa de diseñadores y se consiente con detalles a los que ni el profesor más capacitado del país puede acceder.

Pero, como se ha explicado más de una vez, “en el ánimo de no generar suspicacias sobre el origen de su riqueza, la propia maestra se ha encargado de ventilar que es rica, pero asegura que ‘nunca he robado ni matado’ y que su fortuna tiene como sustento una herencia dejada por su abuelo, Rubén Morales Trujillo; explica que nunca ha tocado un solo centavo de los 80 mil millones de pesos que ha recibido de fondos federales y 13 mil millones de pesos que, según cifras extraoficiales, había recaudado hasta 2009 por concepto de cuotas sindicales y que ha manejado discrecionalmente desde que tomó posesión de su cargo en abril de 1989”.

Devota de embrujos y santería, la maestra supo labrar una trayectoria exitosa hasta llegar a ser considerada la mujer más poderosa de la política nacional; los más de un millón 700 mil agremiados que representa en todo el país le han dado un lugar preponderante en el sistema político mexicano y la han convertido en pieza fundamental en términos electorales, señaló en julio de 2010 el politólogo y catedrático de la facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), Eduardo Rodríguez Manzanares.

Aunque muchos la han dado por muerta más de una vez, la maestra sigue tan vigente como nunca. Ni siquiera la acusación de Carlos Jongitud Barrios en 2002, quien la señalaba como la autora intelectual del asesinato del maestro Misael Núñez Acosta, ni la demanda presentada por la CNTE donde se pedía que se abriera el caso del asesinato del maestro, mucho menos el frente anti- elbista han logrado desviarla de su largo camino.

En 2004, tras los descalabros que venía acumulando tanto en el SNTE —protestas e inconformidades por la manera en que se manejaba en el poder—como en su partido —, traicionada por Roberto Madrazo y Emilio Chuayffet para quitarle la coordinación de los legisladores del PRI en la Cámara de Diputados—, José Gil Olmos, en la revista Proceso del 25 de enero de 2004, hablaba del desgaste de la figura de la maestra, pronosticando que el principio del fin de su cacicazgo  había comenzado.

Al igual que José Gil, los dirigentes de la disidencia creyeron fervientemente en la posibilidad y esperaban con buen humor el acontecimiento.

La realidad era otra, nadie esperó que la suerte le sonriera, de nuevo, a Elba Esther. De todo cuanto se le acusó salió ilesa y libre de culpas. La demanda de sus enemigos le ayudó a deshacerse de dos de sus peores sombras: Misael Núñez y Carlos Jongitud.

También el 25 de enero Jesusa Cervantes comentó en la revista Proceso: “la Procuraduría General de la República exoneró a Elba Esther Gordillo en el asesinato del maestro Misael Núñez Acosta y archivó el asunto a pesar de existir elementos para mantenerlo abierto, según se desprende del documento ‘de autorización de la consulta de no ejercicio de acción penal’, de 24 cuartillas, firmado por el subprocurador de Procedimientos Penales ‘A’, Gilberto Higuera Bernal”.

La Procuraduría encontró la manera de declarar culpable a Clemente Villegas, asesor de Ramón Martínez Martín, entonces secretario general del SNTE, que de acuerdo con los sicarios, les había pagado 300 mil pesos por el asesinato; con la salvedad de que Villegas nunca fue capturado y tampoco se presentó a desmentir la acusación.

Terminado el numerito jurídico, la misma Procuraduría hizo el favor a la maestra de mandar a Jongitud al sótano valiéndose de un estudio neuropsicológico practicado por la neuropsicóloga Cecilia Frías Gómez en el que diagnosticaba a Jongitud como un paciente con demencia factorial, lo que impedía que éste distinguiera entre un juicio propio y el del exterior.

Al quedar todo en rumores, las cosas se volvieron a enturbiar para todos, excepto para Elba Esther Gordillo, quien ya preparaba a su grupo de maestros para incidir en las elecciones de 2006, no sólo como testigos, sino también como participantes. La estrategia: vender sus servicios al mejor postor, pero sobre todo, el registro de su propio partido. Así fue como, a través de la Asociación Ciudadana del Magisterio, que tiene su origen en 2003 en Tijuana, Baja California, se organizó un desplegado de reuniones por todo el país, en el que participaron alrededor de 152 mil maestros con el objetivo de obtener el registro del partido político Nueva Alianza. El 30 de julio de 2004, el Instituto Federal Electoral colocó en la nómina de partidos al de Elba Esther Gordillo.

Aunque a simple vista este registro se logró de común acuerdo, los hechos están muy lejos de acreditarlo. En realidad, la incursión de Nueva Alianza en los terrenos electorales fue un insulto a la poca inteligencia de muchos maestros que cayeron en la treta de la rifa de varias camionetas, donde el primer requisito ni siquiera fue comprar un boleto, sino entregar una copia de la credencial de elector. Del dinero se encargó la Asociación Ciudadana del Magisterio, que desembolsó varios millones de pesos para su proyecto.

Con o sin engaño, la única ganadora de la rifa fue Elba Esther, a quien poco le importó hacerse de nuevos enemigos que la empezaron a detestar. Ciertamente, la maestra no se ha caracterizado nunca por procurar una gran cantidad de adeptos, sino más bien de súbditos y uno que otro Presidente de la República. Y en este gusto, la maestra invierte, según el informe  de la Asociación Ciudadana Magisterial (ACM), 51 millones de pesos mensuales para tener a su disposición una estructura de 357 incondicionales, que reciben un sueldo estimado entre los 65 mil y 95 mil pesos.

Acostumbrada a los apapachos presidenciales, la maestra buscó en 2006, no sólo que su partido estuviera en la boleta electoral, sino también asegurar su cacicazgo en el periodo presidencial 2006-2012. Para ello estaba dispuesta a negociar con el apoyo de su sindicato y el de su nuevo partido a cambio de conseguir “manga ancha” para el SNTE.

De acuerdo con la versión de Arturo Cano y Alberto Aguirre en “Doña Perpetua. El poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo”, la maestra buscó a través de varias celestinas —Ignacio Marván Laborde, José María Pérez Gay, Marcelo Ebrard Casaubón y Manuel Camacho Solís— concertar una cita con el entonces candidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador: “No le pido otra cosa, más que cinco minutos con Andrés Manuel… a solas”, encargó a Manuel Camacho.

Convencida de que Obrador ganaría la presidencia, la maestra buscaba la posibilidad de reacomodar sus intereses en la Coalición por el bien de todos, con la intensión de erigir al SNTE por encima de la Coordinadora  Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y colocar a líderes sindicales como candidatos a diputados federales —planteamiento que hizo el presidente del Panal, Miguel Ángel Jiménez, a Leonel Cota Montaño, dirigente nacional del PRD, en una reunión informal—.

La oferta: financiar las campañas a través del SNTE, así como el incondicional apoyo operativo para la jornada electoral. Sin embargo, esto no pudo concretarse, pues Andrés Manuel decidió rechazar tal ofrecimiento, sin imaginar que con esto no sólo obligaba a la maestra a cambiar su mirada hacia otros senderos, sino el mismo rumbo de las elecciones.

Como bien lo dijo ella en una reunión con sus dirigentes: “Poder es poder, señores. Poder es poder”. Y con eso fue suficiente para enderezar el camino de fracaso por el que andaba Felipe Calderón.

Empezaba a anochecer, cuando Juan Camilo Mouriño, coordinador de campaña  de Felipe Calderón, recibió una llamada donde se enteró por el propio Felipe de que la maestra se había decidido por ellos, por lo que urgía que se coordinaran con su equipo   lo más pronto posible. “Ni un cuarto de hora pasa cuando —precisan Cano y Aguirre— el presidente nacional del Panal, Miguel Ángel Jiménez, y el entonces director general de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Fernando González Sánchez se apersonan en el lujoso departamento”.

El despliegue estratégico fue el siguiente: dentro del sindicato se tenían órdenes precisas de votar por el PAN para la presidencia, mientras que la maestra se tomaba el tiempo para convencer a varios gobernadores de su partido para que dieran su voto a favor de Calderón y no por Roberto Madrazo, candidato presidencial del PRI, con quien tenía diferencias.

Para muchos, ya no es un secreto de estado que Calderón llegó a la presidencia endeudado con Elba Esther. Que, si bien el fraude de 2006 se gestó desde diferentes bandos —televisivo, empresarial, político— la maestra fue la partera.

Aunque cuando estaba en campaña, Felipe Calderón no dijo que expulsaría a ninguna víbora tepocata, como el presidente Vicente Fox, sí prometió acabar con las complicidades y la impunidad. Sin embargo, olvidó aclarar que a través de ellas tenía planeado llegar a la presidencia.

Una vez que asumió el poder, los acreedores del mandatario hicieron acto de presencia, de entre ellos sobresale la figura de Elba Esther, a quien Calderón favoreció, sólo en los primeros meses de su gobierno, con 41 mil millones de pesos para la rezonificación salarial, así como puestos importantes para sus allegados —a Francisco Yáñez lo pusieron a cargo de la Lotería Nacional; al yerno de Elba, Fernando González, lo hicieron subsecretario de Educación Básica, a Miguel Ángel Yunes le dieron el ISSSTE y, finalmente, Roberto Campa recibió el nombramiento de secretario técnico del gabinete de Seguridad Pública—.

En el olvido quedaron sus aparentes intensiones de “alcanzar una educación de calidad y superar el marasmo de intereses a fin de que la educación sea la puerta grande para salir de la pobreza.” Al pactar con Elba Esther Gordillo, Felipe Calderón dejó en claro que lo más importante no era terminar con las complicidades, la opulencia y la corrupción, sino convertirlas en el andamio de su gobierno. Así, la educación se convirtió en la puerta grande, pero para los intereses del sindicato.

Si bien la deuda con Gordillo la adquirió la noche anterior a la jornada electoral, no fue hasta el 6 de febrero de 2006 cuando Calderón juró en una reunión concertada en Los Pinos que apoyaría y aceptaría los lineamientos de su “reforma educativa”. Desde ese momento, nada se le negó a la maestra, ni siquiera el aumento del 15 por ciento de compensaciones laborales que Felipe prometió a los maestros en el IV Congreso Nacional del SNTE.

No sorprenden las declaraciones para confesar el negocio que Elba Esther hizo con el inquilino de Los Pinos, Felipe Calderón. Las cifras lo dicen por sí solas. Según datos estadísticos, en los niveles de aprendizaje de educación básica, México ocupa el lugar número 31 de los 32 países que integran la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), sitio ganado gracias a su nivel de deserción de 50 por ciento en educación media superior, y a que sólo tres de cada diez estudiantes que ingresan al sistema escolar logran terminar una carrera.

El legado que deja a la educación el gobierno incompetente y fracasado de Calderón es un conjunto de políticos que la han mercantilizado, que hicieron de ella un medio para encumbrarse en el poder, que han impedido a toda costa las reformas necesarias para la formación de “una ciudadanía moderna y participativa”, tal y como lo propone Axel Didrikson en su artículo “Jóvenes sin proyecto de vida” publicado en la revista Proceso.

Lo que sí han sabido hacer muy bien es atiborrarla de reformas mañosas, es el caso del programa por competencias, cuyo objetivo es crear una educación que promueva la obediencia antes que la competencia. Así, al educando se le ha forjado para que memorice ideas —las que da la historia oficial—, nunca para que sea capaz de crearlas por sí mismo a partir de un razonamiento crítico. Demagogia pura, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se ha convertido en una fuerza que vela por sus intereses políticos, pero no por la educación.

Finalmente, de qué sirvió “que la droga no llegue a los hijos de la familia mexicana”— eslogan de campaña de Felipe Calderón— si dejó a la educación —el único medio para evitarlo y no la violencia— en manos de una política corrupta cuyo primer mandamiento es entender a los acuerdos demagógicos como una práctica democrática.

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