Madrazo que no mata…

* Para nadie es un secreto que esa televisión en México tiene todo el poder de inventar y legitimar la realidad —que “santo que no es visto en la tele no es alabado”—. Personajes de todo tipo existen gracias a la influencia de las dos principales empresas que controlan el espectro nacional abierto, Televisa y TV Azteca, las cuales han fomentado en sus espectadores una lógica simplista de blanco o negro, bueno o malo.

 

Francisco Cruz Jiménez

Sin la necesidad de aparecer en ninguna fotografía de plástico, donde se exhibieron las divas y las no tan divas del nuevo PRI, la maestra Elba Esther ya tiene su lugar en la primera fila del periodo presidencial 2012-2018. Sus méritos no estuvieron en convencer al electorado a través de una cara bonita y una sonrisa que solicitaba un voto de confianza, sino más bien en movilizar al millón 200 mil afiliados del SNTE.

Y es que en el selecto grupo dorado no podía quedar fuera la inteligencia sindical que representa la maestra. El voto que la acredita como integrante es el otorgado por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari en abril de 1989. Característica que la convierte en la Golden Queen número uno del equipo de Peña.

Aunque  fue expulsada de las filas del PRI el 14 de julio de 2006 luego de que se hizo público su apoyo a Felipe Calderón, se volvió a creer que el poder de la maestra llegaba a su fin. No obstante, como reza el dicho: “Madrazo que no hace caer, fortalece”. Tras la expulsión, Elba Esther consiguió una presea mejor que ser integrante del PRI: su libertad para negociar abiertamente con el mejor postor.

El sistema la creó y se ha encargado de consentirla durante los23 años que lleva en el SNTE. Tiempo en el que se ha convertido en la líder sindical más poderosa de este país, capaz de influir no sólo en el rumbo educativo, sino también en todo  lo que se refiera a cuestiones políticas y burocráticas.

No es sólo un rumor el que ella se encuentre detrás del triunfo del priista Enrique Peña Nieto en los comicios del 1 de julio de 2012. Aunque en enero del mismo año se anunció públicamente la disolución del matrimonio por conveniencia PRI-Nueva Alianza, esto no fue más que una cortina de humo para que la maestra trabajara por la libre, fuera de sospechas a favor de la coalición Compromiso por México conformada por los partidos PRI y PVEM.

El periódico La Jornada hizo público el 22 de enero de 2012 que dos días antes, los negociadores del PRI, Miguel Osorio Chong y Luis Videgaray Caso hicieron una llamada telefónica a la maestra para convencerla de quitar de la lista para el senado a su hija Mónica Arriola y a su yerno Fernando González, con el fin de evitar pleitos internos en el PRI. Sugerían poner en su lugar a cualquiera del magisterio, pero la respuesta fue: “Pues entonces, que se vaya todo a la chingada”. En vano fueron también los esfuerzos preocupados de Peña, quien trató de convencerla. Ya era un hecho que la maestra prefería romper con el PRI, aunque esta decisión implicaba perder 24 diputaciones y cuatro lugares en el Senado.

Las sospechas de varios incrédulos no se hicieron esperar, hubo quienes opinaron que todo era una farsa, un numerito planeado para distraer la atención. Elba Esther había hecho sentir su amistad a Peña desde siempre, incluso, en algunas reuniones con sus allegados la maestra  ha presumido que Peña no ganó la gubernatura por su partido, sino con su apoyo.

Polémica como es, Elba Esther regresa a negociar con el partido que la vio nacer, ya no como la maestra que estaba aprendiendo cómo funcionaban las cosas en la política, sino ya con la especialidad en corrupción que le han otorgado los años. Tenerla cerca se aplaude entre gestos de amargura, pues aunque ella se debe a su maestro Carlos Salinas, nada garantiza su lealtad. Su amistad equivale, para el presidente Enrique Peña Nieto, a la posibilidad de que su gobierno no tenga problemas con el SNTE, que el PRI alcance la mayoría de votos en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, pero no por ese deja de ser una sombra pesada como las tantas que han acompañado a Enrique Peña en su andar político.

Considerada como la “querida amiga” de los presidentes, a Elba Esther no se le ha negado nada. Ni siquiera las grandes cantidades de dinero que el gobierno destina para mantener a los 50 mil maestros comisionados del SNTE.

De acuerdo con Sergio Espinal —secretario del Comité Nacional Ejecutivo Democrático del sindicato de maestros—, en entrevista con Karina Avilés del periódico La Jornada, “Elba Esther Gordillo ha sostenido no sólo un excesivo número de profesores con comisión, sino “todo un ejército de aviadores” dedicados a actividades electorales, como la compra del voto, renta de casas donde se realizan elecciones, pagos a funcionarios de casilla […].

”Algunas cifras que da la Secretaría de Educación Pública (SEP) señalan que tan sólo en el tiempo transcurrido entre enero y marzo de 2011, el gobierno destinó 525 millones para pagar la importante labor que estos docentes realizan en cada periodo electoral.”

La estrategia del gobierno es clara, concede presupuestos a Elba Esther porque le conviene tenerla incondicional a sus políticas de impunidad y corrupción. Tal es el caso de los presidentes anteriores a Enrique Peña Nieto: Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, que durante su gobierno se dedicaron a engrandecer el patrimonio de Elba Esther con el dinero de sus gobernados. De entre ellos, sobresale el sexenio de Fox que le depositó 41 mil 333 millones de pesos mediante el Programa Nacional de Educación. Sin lugar a dudas, su periodo presidencial fue un buen negocio para la maestra, pues en éste recibió 333 mil pesos más que con Calderón.

Por otra parte, a la Golden Queen se le pueden criticar muchas cosas: metidas de pata en la pronunciación de cifras y deportes olímpicos—, el yerro ocurrió en la lectura de su discurso en la ceremonia de apertura del ciclo escolar 2012- 2013 cuando dijo que 2 mil 35 mil 200 docentes recibirán el Estimulo a la Calidad Docente, y al felicitar a la selección mexicana que había ganado medalla de oro en la cancha de beisbol—, pero nunca que sea mala dirigiendo. Se ha comprobado que es una excelente estratega para coordinar a su ejército de mapaches electorales que integran su sindicato. Las cuentas no le fallan cuando se trata de cooptar votos. El ex presidente Felipe Calderón, y ahora el nuevo presidente de México, Enrique Peña Nieto pueden dar fe y legalidad de esto.

Mientras que, para Felipe Calderón Hinojosa, la maestra consiguió la mínima cantidad de votos con que ganó la contienda presidencial a Andrés Manuel López Obrador, con Peña fue más esplendida, pues elaboró todo un plan para regalarle sólo 5 millones de votos. Dicho operativo inició en el SNTE y se llamaba Ágora, puesto al descubierto por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que entregó el documento al diario La Jornada, para su publicación que tuvo lugar el 25 de junio de 2012.

“Ágora es un sofisticado operativo, que incluye estrategias de ‘inteligencia’, de comunicaciones y menciona seis estados ‘prioritarios’ para la jornada del 1 de julio: Aguascalientes, Chiapas, Nayarit, Nuevo León, Sinaloa y Tamaulipas.

”Se destacaba que con Ágora se contactarían más de 6 millones 768 mil 250 personas, de las que 3 millones 434 mil 125 serían ‘acarreados’ a las urnas con un ejército de 27 mil 473 activistas.

”Dicho dispositivo contaba con un mapa y cronograma de las casillas seleccionadas para el acarreo, un contact center para llamar a cada uno de los 3.4 millones de acarreados, un teléfono celular para cada uno de los 27 mil 473 aviadores para que enviaran por mensaje SMS en ‘tiempo real’ y a escala de estado, distrito y sección sindical; una encuesta previa con fecha del 30 de junio de 2012, con 2 mil 500 casos y otra de salida para el día de la elección, un conteo rápido de los resultados, ‘según actas’, en 250 puntos monitoreados del país y un cuarto de mando desde donde se tomarían todas las decisiones. Todo por la módica cantidad de 151 millones 277 mil 750 pesos.”

Ni a los servicios de espionaje del gobierno federal les hubiera quedado mejor. Hoy se sabe que si todo salió a pedir de boca para Peña, es porque supo rodearse de la gente correcta para hacer del fraude, no sólo una cultura democrática, sino un camino para llegar a la silla presidencial.

Otro de los favores que la maestra prestaría a Peña es el servicio de los 10 pupilos que Elba Esther logró colocar en la Cámara de Diputados en San Lázaro, sin ser elegidos por ningún ciudadano— porque son parte del grupo de representación proporcional a que tiene derecho el partido por un determinado de votos— con los que el PRI suma un total de 250 diputados

Ciertamente, Elba Esther es una mujer sin escrúpulos que seguirá mercando con la educación y con la falta de dignidad de maestros educados en la cultura de la sinrazón y obediencia, fieles a un sistema corrupto que los denigra, mientras les hace  creer que los protege; pero cómo se califica a los millones de mexicanos que prefieren olvidar y prestarse a los juegos sucios del poder.

Como dato curioso, la revista electrónica Reporte Índigo señaló en una nota publicada el 27 de julio de 2012, que los legisladores del Panal recibieron un presupuesto millonario para cubrir los gastos que demanda su función. Sólo del 1 de enero al 30 de abril de ese año, se les otorgaron 12 millones 247 mil pesos, es decir, un millón 530 mil pesos para cada diputado en un lapso de cuatro meses, cifra que corresponde sólo a los incentivos, al margen de la dieta o salario legislativo.

Además, a través de un acuerdo secreto, los coordinadores parlamentarios se autorizaron 230 millones de pesos. De ese monto, al partido de “La Maestra”, como le dicen los propios legisladores, le tocaron 7 millones 350 mil pesos.

A partir del 1 de septiembre de 2012, la fracción del Panal tiene 10 diputados: el ex priista Rubén Benjamín Félix Hay, María Guadalupe Talamantes —activista del SNTE en la sección 28—, Fernando Bribiesca Sahagún —hijo de Marta Sahagún—, Yolanda Martínez Mendoza —ex diputada local del PRI por Nuevo León y quien abandonó ese partido cuando Elba rompió con Roberto Madrazo en 2005—, Lucila Garfias Gutiérrez —dirigente de Nueva Alianza en el estado de México—, Luis A. González Roldán —representante del Panal ante el IFE—, Cristina Olvera Barrios —dirigente del SNTE y lideresa de la Federación Democrática de Servidores Públicos—, René Fujiwara —nieto de Elba Esther—, José Angelino Caamal Mena —incondicional de Gordillo, ex secretario general de la Sección 4 del magisterio de Campeche—, y finalmente, Sonia Rincón Chanona— quien estuvo al frente de la dirigencia estatal del PRI en Chiapas, fue diputada federal por el PRI, y recientemente se pasó a las filas del Panal—.

Todos están listos para practicar las enseñanzas de su “maestra”, es decir, negociar posiciones y prebendas a cambio de su voto y constante presencia en la Legislatura. Pero hay territorios “gobernados” por otros líderes que, necesariamente, marcarán las acciones de la presidencia peñanietista, tal es el caso de la industria forjadora de sueños más importante del país: la televisión.

Para nadie es un secreto que esa televisión en México tiene todo el poder de inventar y legitimar la realidad —que “santo que no es visto en la tele no es alabado”—. Personajes de todo tipo existen gracias a la influencia de las dos principales empresas que controlan el espectro nacional abierto, Televisa y TV Azteca, las cuales han fomentado en sus espectadores una lógica simplista de blanco o negro, bueno o malo.

El bien y el mal, según el criterio de un medio de trasmisión, son entonces los argumentos que se esgrimen como válidos o incorrectos. Casi nunca hay términos medios ni matices. Las opiniones que después se integran al colectivo tienen, además, la característica de mutar sin explicaciones convincentes y, así como se adopta una postura, se abanderan otras, dependiendo de los intereses y criterios televisivos.

La influencia de los medios es tal que en apariencia no obliga a nada. Basta que la imagen aparezca y que alguien comente algo al respecto para que su efecto empiece a influir, no sólo el criterio individual sino en el colectivo.

Confiada en estas cualidades que han logrado posicionar a la televisión por encima de los libros, el 11 de marzo del 2010 Televisa —la empresa que había impulsado a Enrique Peña Nieto desde 2005— se apresuró a exponerlo como el priista que más cerca estaba de la candidatura presidencial.

Los medios en general y los periodistas en particular no se perdían ninguna de las apariciones públicas de Peña e incluían en sus ediciones y comentarios hasta el más insulso de sus dichos y la más simple de sus anécdotas. Su imagen alcanzó tal fuerza que hubo quienes, mucho antes de las elecciones de julio de 2012, lo consideraban ya no candidato, sino presidente electo.

Negociaciones por debajo del agua, manipulación de la información—encuestas de dudosa veracidad, exceso de los tiempos de televisión suscritos por el IFE, spots rosas que vendían la imagen de un candidato cuyos valores enmarcaban la más conservadora tradición en cuanto a la familia mexicana— y omisión sobre los descalabros de la administración de Enrique Peña en el Estado de México fueron los elementos que completaron la campaña presidencial perfecta.

Visto así, a Emilio Azcárraga Jean no hay quien le pueda disputar su título de Golden Boy.

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