Acerca de un estudiante de artes

* Yo no sé cuántos entre ustedes vayan a museos, o cuántos tengan cierto interés por la pintura, pero cuando este individuo de dieciocho años cumplidos ve una pintura en algún museo, es como si hubiera nacido para ese instante. El color, la pincelada, la aparición de formas, de rostros, de árboles y casas y lo que sea, todo es placer en la pintura. Uno puede ver un basurero o un plato sucio de enchiladas o una sombra cualquiera, y en la vida real no pensar que se trata de algo importante o estético, pero al verlo pintado (exquisitamente pintado, con soltura, definición, fuerza) uno piensa que nunca antes había mirado nada.

 

Rodrigo López

-¿Para qué estudiar?- No lo piensa con pereza el futuro estudiante, sino con una verdadera inquietud. ¿Es necesario? ¿No puede la gente vivir sin sentarse en un aula de clases por horas y horas que sumadas equivalen a años enteros de su vida? A él le parece que ya fue suficiente, el kínder, la primaria, la secundaria, la preparatoria, con su interminable conjunto de trámites. Y es que el estudiante se imagina que existe un mundo fuera de la escuela, un ambiente para el cual lo preparan como si estuviera en un submarino o en una base lunar y no fuera posible salir sin un entrenamiento exhaustivo.

Claro que el futuro estudiante universitario piensa en esto solo un momento. Debe estudiar, de algún modo lo sabe. Quizá solo porque puede, y esa posibilidad es en sí ya un deber. O quizá porque tiene eso que conocemos como sueños, que es por lo que en las películas los personajes se someten a cualquier aventura, humillación y peligro; o quizá porque sí y ya. ¿Pero qué estudiar? Una carrera es más que un conjunto de materias y conocimientos, una carrera aparece ante el futuro estudiante como su futuro modo de vida. Todos lo piensan, aún los intelectuales, una profesión tiene cierta aura en la cultura. Un arqueólogo, un piloto, un chef, un abogado, un médico, un artista, son determinados modos de ser.

De algún modo las materias de la prepa no le interesaron nunca demasiado. Siempre sintió que todo iba muy de prisa, que no enseñaban más que datos, cuando lo que él necesitaba eran formas de razonar. Esto le pareció evidente en física, química y matemáticas, donde nunca llegó a comprender la esencia de su pensamiento.

A él le interesa el arte, aunque siente el temor de que no sea más que un hobby, algo en qué pasar el tiempo libre. Siente eso porque así lo ve su escuela, sus maestros. A veces en la cultura se tiene la impresión de que los artistas salen de la nada, como los impuestos o las estrellas.

Yo no sé cuántos entre ustedes vayan a museos, o cuántos tengan cierto interés por la pintura, pero cuando este individuo de dieciocho años cumplidos ve una pintura en algún museo, es como si hubiera nacido para ese instante. El color, la pincelada, la aparición de formas, de rostros, de árboles y casas y lo que sea, todo es placer en la pintura. Uno puede ver un basurero o un plato sucio de enchiladas o una sombra cualquiera, y en la vida real no pensar que se trata de algo importante o estético, pero al verlo pintado (exquisitamente pintado, con soltura, definición, fuerza) uno piensa que nunca antes había mirado nada. Es como inaugurar la vista. Bueno, algo así es lo que siente nuestro personaje, y es así como años antes empezó a interesarse en el arte. Y al elegir carrera se pregunta: ¿es que no se puede estudiar arte?

Aparentemente el arte no es tomado como una carrera seria por la mayoría de las universidades. Las privadas no lo toman en cuenta, por suerte la mayor universidad pública de donde vive nuestro estudiante, sí. También hay otras dos en una ciudad cercana.

Entonces, lleno de ingenuidad y confianza, comienza su travesía por el papeleo y las entrevistas y los exámenes de admisión. Solo lo hace en dos universidades, para ser exacto. La primera, donde más quería entrar, lo rechaza en su segunda prueba. La otra lo acepta. Cabe notar que en la universidad que lo rechazó había tres o cuatro pasos (exámenes), además de que debió entregar un currículum y portafolio de trabajos. A nuestro estudiante le parece idiota que a alguien que quiera entrar a estudiar a sus dieciocho años le pidan currículum, ¿dónde puede haber expuesto? ¿O qué es lo que esperan exactamente? Si es una escuela, ¿por qué no se limitan a esperar gente deseosa de aprender?

Pero superará ese rechazo, y otros peores quizás. Lo bueno es que encontró universidad, ahora falta esperar.

Sabemos que el arte en su historia está compuesto de objetos magníficos. No por nada hay guardias con cara de pocos amigos en los museos ni en las películas se roban pinturas, ni los millonarios compran Van Gogh’s. El arte nos puede parecer algo hecho por manos maestras, que toman años en perfeccionar un proceso, sea este escribir una novela, pintar un retrato o tocar el violín.

El estudiante de artes no ignoraba esto, pero tampoco ignoraba el arte contemporáneo, que la mayoría de las veces rechaza los conceptos o técnicas tradicionales, es decir, se vuelve algo raro. ¿Quién no ha escuchado la frase, refiriéndose a algún pintor abstracto o de vanguardia (dígase Picasso por ejemplo), “ese mono está bien feo, hasta yo lo hago”?

Pero si hay museos y libros, universidades y conferencias sobre arte contemporáneo, debe ser algo serio, o al menos algo digno de ser entendido. Nuestro estudiante piensa eso, y cree que si muchas veces no entiende o le parece una completa estupidez es porque aún no está lo bastante iniciado. Por el momento se contenta con hojear libros como “El abc del arte” o “1000 pinturas de los grandes maestros”, donde con sencillos párrafos y grandes ilustraciones solo disfruta los dibujos, las formas y los colores.

Antes de terminar esta breve introducción a una nueva etapa en la vida del personaje, será enriquecedor recordar que aunque su familia lo apoyó (después de algunas horas o días de convencimiento), sus amigos, familiares y gente en general no comprenden del todo qué es la licenciatura en Artes (cosa que el estudiante tampoco comprende ahora, pero ahí está lo divertido) y expresan su confusión con frases (conocidas para los estudiantes de artes) de distintos matices, como las rudas: eso es para maricas, esas son pendejadas, las de carácter laboral: ¿de qué vas a trabajar?, te vas a morir de hambre; o las un poco inocentes: ¿y qué vas a estudiar? ¿Vas a pintar todo el día? ¿Es como manualidades?

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