El cultivo del chayo

* Ocioso es preguntar si, además de proveedor de contenidos para exaltar por más de seis años la imagen de Peña, Televisa ejerce un control directo sobre políticos insertos en las cúpulas de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI). Todo mundo sabe que así. Cuentan incluso con su bancada estelar en el Congreso de la Unión.

 

Francisco Cruz Jiménez

La historia de Enrique Peña Nieto está llena de misterios, lo mismo que la del Estado de México; sólo hay una realidad: con el poder político, la influencia que ejerce y con esa capacidad que tiene para inventar y legitimar otra realidad, Televisa se dio tiempo para armar lo que, sin duda, ha sido su mayor éxito en años, el romance con Angélica Rivera Hurtado, “La Gaviota”.

Especialistas en marketing, asesores de imagen, así como revistas del corazón, la farándula y del jet set se encargarían de convertir el idilio de Enrique y Angélica en un cuento de hadas con su final feliz el 27 de noviembre de 2010: una boda por la iglesia, con novia de blanco y él en un riguroso y negro frac, en la fría e impersonal catedral de Toluca, con la bendición anticipada de su santidad el papa Benedicto XVI. Y, como corolario, la portada de las revistas ¡Hola! y Quién, en edición especial.

Después de un matrimonio con Mónica Pretelini Sáenz —su fallecida mujer—que le dejó dos hijas y un hijo; un sinfín de aventuras y relaciones extramaritales, infidelidades e hijos fuera del matrimonio que ponían en duda su moral familiar, el romance ganó en popularidad. Ella, por fin, había encontrado a su príncipe azul.

Todo mundo, y eso es casi literal, se enteró cómo surgió el flechazo “entre Angélica y el político, al que califica como un hombre ‘maravilloso’. Sin cohibirse, dijo que luego de terminar de grabar la telenovela Destilando Amor, le llamaron de Televisa para que fuera la imagen de los 300 compromisos cumplidos del gobierno del Estado de México. Él era el gobernador. Hice los comerciales y la comunicación. Y nos fue muy bien; él me habló por teléfono para darme las gracias y para invitarme a cenar y así nos enamoramos”.

Marco Castillo y Lorena Corpus lo reseñaron para Reforma: “fue ‘La Dueña’ de varios estelares. Se atrevió a ‘Alcanzar una Estrella’, vivió un ‘Sueño de Amor’, sobrevivió a un ‘Huracán’, enfrentó un ‘Dulce Desafío’, peleó como ‘Mariana de la Noche’ y terminó ‘Destilando Amor’… […] Después de tanto drama, Angélica Rivera, de 41 años, se dispone a ocupar, en diciembre, su papel de Primera Dama. […] Las lágrimas, al menos las de ficción, quedaron atrás. Así, la famosa ‘Gaviota’ se convierte en la primera actriz mexicana en llegar a Los Pinos. El nuevo episodio de esta ‘telenovela’ mediática se dio cuando el candidato del PRI fue declarado virtual ganador de las elecciones”.

Ese matrimonio sirvió para reforzar la alianza “matrimonial” de Televisa con el Estado de México, que se puso en marcha en 2005, y sirvió para mostrar que si bien Peña y Azcárraga no son las figuras más pulcras ante el electorado, su relación ha sido provechosa.

A estas alturas resulta ocioso conocer quién escogió a quién, si Televisa al gobernador para hacerlo su presidente o este último a Televisa. Lo mismo pasa con las preguntas sobre cómo se conocieron y quién los presentó. El punto central de la discusión tiene resultados concretos: Azcárraga y Peña Nieto se sabían necesarios uno del otro. Sus ambiciones hicieron química.

Los beneficios para el mexiquense sorprenden a muy pocos porque saltan a la vista. Lo hicieron un celebrity, un showman y un rock star. Fue esta la plataforma para catapultarlo a la Presidencia de la República. Y “La Gaviota” es, para muchos, un recordatorio permanente del poder real de la televisora de las estrellas.

Del otro lado, es imposible conocer con precisión la cantidad de recursos públicos que se le entregaron a Televisa como pago por publicidad gubernamental para exaltar la imagen de Peña. Y también son inútiles los cuestionamientos sobre si Azcárraga Jean y sus hombres de confianza —Bernardo Gómez Martínez, Alfonso de Angoitia Noriega, Pedro Aspe Armella, Alejandro Quintero Íñiguez y José Antonio Bastón Patiño, conocidos como los Golden de la iniciativa privada— están enfermos de poder.

Ocioso es preguntar si, además de proveedor de contenidos para exaltar por más de seis años la imagen de Peña, Televisa ejerce un control directo sobre políticos insertos en las cúpulas de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI). Todo mundo sabe que así. Cuentan incluso con su bancada estelar en el Congreso de la Unión.

La presión sobre algunos senadores en 2007 para frenar la reforma electoral que reducía el tiempo oficial de las campañas políticas, así como el veto posterior a los legisladores que no protegieron a la televisora y promovían los cambios, sirven como ejemplos ominosos de su poder.

El panista Santiago Creel Miranda es la muestra de los niveles de manipulación a los que llega Televisa. Literalmente, el miércoles 2 de julio de 2008, a través de la tecnología digital, sus técnicos manipularon y alteraron algunas escenas para borrar de los videos al entonces presidente del Senado, mientras en sus noticiarios —el primero fue el matutino de Carlos Loret de Mola— se informaba de los foros en los que se discutía la reforma energética.

Unos días antes de ese “incidente”, calificado por los especialistas como uno de los hechos más vergonzosos en el “periodismo” mexicano, una “soberana” estupidez o una mutilación grotesca, Creel había declarado que el miedo al duopolio Televisa-Azteca fue una de las razones por las que el 9 de junio de aquel año fue destituido como coordinador del grupo parlamentario del PAN en el Senado de la República.

“Uno de los argumentos que dio el presidente de mi partido —Germán Martínez Cázares, quien rendía cuentas a Felipe Calderón— fue precisamente del conflicto que yo tenía con las televisoras; me parece un argumento igualmente reprobable por agraviante”.

Especialista en medios, Raúl Trejo Delarbre tituló una de sus columnas “Televisa stalinista”, en la que advirtió: “Televisa y Televisión Azteca decidieron vetar al senador Creel en represalia por el impulso que contribuyó a dar a las reformas constitucionales que restringen privilegios y negocios de la radiodifusión durante los procesos electorales. […] Televisa pretendía quitarle poder político pero además despojar de su imagen pública al senador Creel: sacarlo de las pantallas, impedir a los ciudadanos que se enteren de su desempeño legislativo, tacharlo de la historia. Pero lo hizo de manera tan torpe que el resultado se ha convertido en uno de los mayores tropiezos políticos (y ya son varios) de esa televisora”.

Pero hay otros antecedentes que muestran, de “cuerpo entero”, sus debilidades y, por lo mismo, su necesidad de allegarse capital, dinero a manos llenas de donde sea posible, como la publicidad política: el viernes 6 de julio de 2007, Víctor Hugo Sánchez publicó en el desaparecido periódico El Centro un amplio reportaje que desató la ira de los principales ejecutivos de la empresa porque, entre otros, mostraba un lado poco conocido de Televisa.

Los encabezados “justificaban” la irritación: “Telenovelas en crisis”, “cuatro millones dejan de verlas”, “ejecutivos y productores hablan de sus esfuerzos por recuperar el rating perdido”, “crisis en el Hollywood de las telenovelas”, “Televisa ha dejado de ganar” y “rating, el número de la bestia en la industria de la televisión”.

Ya en el desarrollo del tema, Víctor Hugo —quien conoce las entrañas del monstruo porque trabajó en él como jefe de prensa— precisó: “De febrero a junio de este año, Televisa ha perdido hasta 4 millones de televidentes —cuatro puntos de rating en el horario de telenovelas juveniles y la barra de comedia—, caída que parece inexplicable en una era en la que los medios electrónicos cuentan con herramientas de mercadotecnia para garantizar sus niveles de audiencia.

”Los televidentes han cambiado sus preferencias en cuanto a la pantalla chica se refiere, la TV abierta dejó de ser todo lo atractiva que fue y prueba de ello son los 5 millones 633 mil hogares que ya cuentan con el sistema de cable y los 2 millones 735 mil suscriptores a internet, gente que pagó por no ver lo mismo”.

Aunque el pudor no es algo que los inhiba, Televisa y TV Azteca se enfrascaban en una lucha sórdida por dos cuestiones que, al final, representan ingresos por miles de millones de pesos: primero, el rating o la suma numérica de los televidentes que están viendo un programa determinado a una hora determinada. Haciendo uso de las reglas del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE) —empresa líder en métrica y generación de conocimiento sobre audiencias de medios de comunicación electrónica—, que marcan que un punto de rating equivale a un millón de espectadores, aproximadamente, se puede afirmar que si una telenovela alcanza 12 puntos a las 12 de la noche, significa que a esa hora la están viendo 12 millones de personas.

Segundo, el share o porcentaje que corresponde a un programa con relación a sus competidores a la misma hora que se transmite. Esto quiere decir que si a las ocho de la noche hay 20 millones de personas viendo la televisión, el porcentaje que de los 12 millones que sintonizan la telenovela a esa hora corresponde a 60 por ciento del total. El 40 por ciento sintoniza otros programas de la competencia y entre ellos están divididos los 8 millones de telespectadores restantes.

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