Soldados al servicio del “rey”

* Según diversos análisis del sector financiero, Azcárraga Jean —el verdadero Golden de los nuevos Golden Boy’s— acumula ya una fortuna de 2 mil 400 millones de dólares, para colarse en la lista de los tres multimillonarios más destacados de México. Los otros dos son el magnate de la telefonía, fija y celular, Carlos Slim Helú, cuyo capital supera 70 mil millones de dólares para ubicarlo como el empresario más rico del planeta; y Ricardo Salinas, quien en sus arcas tiene, según algunos especialistas, entre 7 mil y 9 mil millones de dólares, propietario de TV Azteca, de las tiendas Elektra, Banco Azteca, y operador de la telefonía celular Iusacell.

 

Francisco Cruz Jiménez

Hay un clima de sospecha generalizada, aunque nadie pone en duda que Televisa sea el imperio mediático más grande del mundo de habla española: controla cerca de dos tercios de la programación de los canales gratuitos de televisión en México. Por eso los irritó aquel reportaje de Víctor Hugo Sánchez que culminó con una entrevista el 19 de octubre de 2007 a Víctor Hugo O’Farrill, ex socio en Televisa, sobre Azcárraga y su empresa.

De nueva cuenta, los encabezados —“Verdades de Televisa y los Azcárraga”; “El ‘Tigre’ me traicionó y, al final, se traicionó a sí mismo”— y, el desarrollo posterior de la entrevista —bajo resguardo en los archivos del desaparecido periódico Centro, que circuló dos años en la Ciudad de México, dieron cuenta de algunos secretos, que no lo eran tanto, sobre los comportamientos y las doctrinas de un emporio televisivo cuyos productos consumían más de 90 países.

La situaciones anómalas que enmarcaron el proceso electoral de julio de 2012 y las pruebas que presentó la Coalición Progresista conformada por los partidos de la Revolución Democrática(PRD), del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano para documentar un escandaloso fraude electoral son hoy anecdóticas, como el burdo fraude de 1988 para imponer en la Presidencia a Carlos de Salinas de Gortari, o el descarado de 1999 para hacer que Arturo Montiel Rojas despachara en la gubernatura del Estado de México; pero poca atención, apenas de la revista Proceso, han recibido temas como el de la voracidad de la Televisa de Azcárraga Jean, tercero de la dinastía en manejar los destinos del “monopolio” televisivo.

Los números “hablan” del poder: controla 70 por ciento del mercado televisivo, produce cada año 55 mil horas de contenido, exporta programas a 90 países; en 2007 proveía contenidos a más de 600 cableros, era propietaria del sistema Sky —con más de un millón de suscriptores—, tenía 23 señales de televisión en tres continentes y cuatro canales de televisión abierta en la ciudad de México; además, operaba más de 306 estaciones de radio, así como sellos disqueros, de video, cine, editorial e internet, una escuela de educación artística que controlaba hasta90 por ciento del “talento” en México, tres equipos de futbol —dos en la Primera División, América y San Luis Potosí, y uno en la de ascenso, Necaxa—, el estadio de futbol más grande del mundo en capacidad de asientos, el Azteca, y hace tiempo se hizo de una importante participación accionaria en Univisión.

Según diversos análisis del sector financiero, Azcárraga Jean —el verdadero Golden de los nuevos Golden Boy’s— acumula ya una fortuna de 2 mil 400 millones de dólares, para colarse en la lista de los tres multimillonarios más destacados de México. Los otros dos son el magnate de la telefonía, fija y celular, Carlos Slim Helú, cuyo capital supera 70 mil millones de dólares para ubicarlo como el empresario más rico del planeta; y Ricardo Salinas, quien en sus arcas tiene, según algunos especialistas, entre 7 mil y 9 mil millones de dólares, propietario de TV Azteca, de las tiendas Elektra, Banco Azteca, y operador de la telefonía celular Iusacell.

Víctor Hugo Sánchez escribió: “O’Farril habló con franqueza y la seguridad que le dio haber sido, durante 27 años, socio de Televisa, además de la cabeza que dirigió, como vicepresidente de la empresa, lo que los especialistas llaman la época de oro de las telenovelas mexicanas, cuando la producción era inmensa, acelerada y el producto final llegaba a más de 90 países, lo que convirtió a la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo —padre de Azcárraga Jean— en la número uno a nivel mundial.

La historia es simple, y a la distancia, O’Farril pone el dedo en la llaga cuando habla de la crisis que sufre Televisa, cuyos niveles de audiencia siguen a la baja y sus mercados han disminuido notablemente, y ni los festejos del cincuentenario de la telenovela han ayudado a elevarlos.

Emilio Azcárraga me traicionó, y se traicionó a sí mismo, y así, discurre sobre un tema que conoce al dedillo: la producción de melodramas, pero igual abunda en temas como las relaciones de Televisa con el viejo sistema presidencial de México, y desde la lejanía —allí en su rancho del Estado de México—, comenta sus puntos de vista sobre la nueva Televisa que dirige Emilio Azcárraga Jean.

Sobre la relación de Televisa con el gobierno federal, grabado en la memoria de O’Farril quedó el día aquel cuando la Asociación Nacional de Actores (ANDA) se puso en huelga o bajó las banderas rojinegras —por cuestiones económicas—. “Fui con Guillermo Cañedo a ver a Pedro Ojeda Paullada —secretario del Trabajo y Previsión Social del 1 diciembre de 1976 al 14 de octubre de 1981—. Memo no quería que hubiera huelga, y Emilio estaba de vacaciones; le dije: si tú firmas, yo renuncio, ¿tú te echas la bronca? Qué banderas… a los tres días (los actores) doblaron las manitas.

Era esa de 1979 la época de ‘Los ricos también lloran’, considerada uno de los mayores éxitos de audiencia de la historia de la televisión mexicana, exportada a más de 150 países y doblada a 25 idiomas. La telenovela lanzó a la fama a Verónica Castro. La hizo, dicen, una celebridad mundial. En plena grabación estalló el conflicto laboral. La ANDA prohibió a 14 actores del elenco seguir en la telenovela.

En cuanto a la censura oficial, O’Farril recordó que, por ejemplo, cuando en 1978 Televisa transmitió ‘Santa’, protagonizada por Tina Romero, en el papel de reina de un burdel del México de principios de siglo XX; y ‘La Colorina,’ que en 1980 estelarizaron Lucía Méndez y Enrique Álvarez Félix, y que recibió una clasificación ‘C’ o no apta para todo público porque ella hacía el papel de una prostituta; ‘El Tigre’ Azcárraga y Miguel Sabido buscaron la salida a través de Javier García Paniagua, también secretario del Trabajo.

El problema que tuvimos fue que mandábamos los capítulos a Gobernación, y dependíamos de los censores, cada uno era distinto, así que me llevé capítulos con Javier García Paniagua —titular de esa dependencia— y le mostré el mismo capítulo calificado de manera distinta por los censores gubernamentales; me dijo: ‘no te preocupes, yo lo arreglo’.

– Y es que teníamos claro algo: si bien la telenovela entretiene, debe tener un mensaje, algo más que ayude a la audiencia, y por eso se hacía necesario meter, como en ‘Quinceañera’, temas como secuestro, violación, drogadicción, y García Paniagua me dijo ‘cómo los vas a tratar’… le expliqué que teníamos asesores, expertos, y me dijo: ‘haz lo que quieras; si te multan, te las condono todas’.

– Les dieron manga ancha, como quien dice.

– Sí, pero esa libertad nos dio una responsabilidad, y cobramos conciencia de qué hacer, qué decir y cómo sustentarlo, y cuando lo de la violación dimos consejos de cómo ayudar, de cómo apoyar… Esto nunca lo dijimos abiertamente, justamente para que los políticos no quisieran usar las telenovelas como arma subliminal.

– En su tiempo, ¿los anunciantes mandaban sobre el contenido? Hoy se sabe que empresas como Bimbo, Coca-Cola y otras ejercen presión para que los mandos en Televisa hagan o dejen de hacer tal o cual cosa…

– Nunca. Por eso funcionaba el famoso plan francés —cobro por adelantado en la compra de tiempos para publicidad—, porque teníamos en el año un promedio de 40 puntos por novela, y era tal el éxito que, al contrario, Emilio me dijo un día: ‘hay que bajarle el rating a las novelas’… eso no lo sé hacer… por qué… ‘porque nos están dejando de comprar, porque llegan a los puntos de rating antes; si le prometimos al cliente 5 mil puntos de rating, pues llegan a ellos en cinco meses, en lugar de ocho, y están dejando de gastar con nosotros’, y dije: ah, pues sube el precio o pon competencia más fuerte en los otros canales, pero yo no le puedo bajar; ¿cómo le voy a bajar el rating a las novelas? que, además, es tu base de venta, y estamos vendiendo no sé cuántos millones de dólares en Estados Unidos, en Europa, en Sudamérica, ¿cómo les vamos a bajar de rating? Entonces inventamos otra programación en el (canal) 5, metimos novelas, subieron el precio de las tarifas. El anunciante compraba por adelantado un año y en efectivo porque tenía la garantía del rating. No había sorpresas… Ni tenían injerencia.

Hoy es una vergüenza lo que producen; yo no me anunciaría con Televisa. Es una vergüenza.

– ¿Cuál es lo último que ha visto y qué le parece?

– No; nada. De repente me encuentro por ahí y lo último que veo son minifaldas, bustos, las niñas, no sé cuál es el personaje, todas son igualitas. Antes de salirme yo ya había corrido a Eugenio Cobo de ser el director de la escuela y vino una amiga que trabajaba con los actores y llevaba el primer año de los actores (sic) fuera de Televisa, Elsy Domínguez; pero fue en ese momento en que fui invitado a dejar Televisa y ya no la quité; es lo más funesto que ha pasado para la actuación en televisión, porque ahora todos son iguales, no saben actuar, todas gritan, todas hablan el mismo tono. Todas son igualitas Yo no sé cuál es la buena y cuál es la mala. De lo muy poco que he visto no tengo una claridad.

– ¿Cuándo se le empieza a caer el rating a San Ángel y por qué?

– Pues porque no hay una cabeza que les diga por dónde. Hay una anarquía de los productores, y como nadie sabe decirles por dónde, entonces el productor se ha convertido en un señor feudal que tiene su reinadito y nadie le puede decir nada, ¡y cómo les van a discutir si nadie sabe lo que están haciendo!

– ¿Cómo ve lo que ha hecho en 10 años Emilio Azcárraga Jean?

– Dicen unos que sanearon las finanzas, otros dicen que le dio en la madre a la empresa porque, sí, muy sana, ¡pero no tienen qué producir, porque no saben! Eso es todo. Regresemos al teatro. ¿Por qué no llevamos a un administrador de empresas a producir teatro? Y, ¿por qué no llevamos a un productor de teatro a que administre una empresa? ¿Por qué no llevamos a un contador a una sala de operaciones? Y esto de hacer telenovelas es una especialidad distinta, como de sensibilidad y hay que desarrollarla. A nosotros, la primera etapa de desarrollo de cambio de la televisión, nos tomó cinco años, que fueron progresistas. Cada vez era mejor.

Estuve 27 años, y apenas iba en el 50 por ciento de la primera etapa; con Lucy Orozco hicimos un cambio radical en la producción. Sin tener que comprar nada más, sin necesidad de dinero, pude producir 40 por ciento más. Esa era la tendencia y era maravilloso y era un paso para llevar todo el sistema de producción de novelas a ese lugar. Pero ¿quién tomó la decisión de quitar eso?

– ¿Hubo grandes fugas de dinero?

– Claro y, además, nadie quería meterse porque amenazaban: ‘si no me dejan en paz, dejo la producción’… entonces, ¿quién tiene la autoridad: los productores o la empresa?

– ¿Cuando se fue de Televisa, quiénes le dieron la espalda?

– Todos. El mismo Emilio giró la orden que quien hablara conmigo, lo iba a correr. A Martha Oliver la corrieron por ir a comer conmigo y con Salma, y a Salma le compraron un departamento en Los Ángeles. Era yo el enemigo número uno de Televisa.

– ¿Qué sintió en ese momento?

– Fue algo inesperado, porque se había hablado todo lo contrario. La promesa de Milmo era que me iban a dar acciones, como a los demás hijos de dueños. Empecé a tener problemas con todos porque dejé de ser accionista para ser empleado. La gente cambió radicalmente. ¿Por qué no me voy, esto no funciona? Le dije a Milmo: me voy, porque esto ya no me gusta. ‘No, primero se van mis hijos, antes que tú’, me respondió. Sin embargo, a la semana me habló y me dijo: ‘Hasta hoy trabajamos juntos’; tú eres el jefe, le dije y me salí.

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