¿Una tomadura de pelo?

* Un estudiante de artes presencia por primera vez en la carrera un sentimiento de angustia y una cierta preocupación porque siente que no está aprendiendo realmente nada, y que si fuera a alguna escuela a dar clases de arte y les saliera con eso, seguramente no le darían ese empleo. Siente que lo preparan para un mundo inexistente donde le pagarán por hacer cosas completamente simples en cuestión de hechura, pero completamente confusas en aspectos de discurso, o sea “choro”.

 

Rodrigo López

Esto no es una biografía del estudiante, sería algo aburrido quizás, porque es un personaje algo plano, no ha cometido ningún crimen ni se enreda en ningún tormento amoroso, ni entabla amistad con algún millonario, es más bien un estudiante cualquiera. Pero supongo que todos los seres del mundo podrían, si quisieran, contar su vida de un modo maravilloso y minucioso, y supongo también que sería interesante. Pero parloteo. Ahora vamos a reflexionar sobre la definición del arte.

Nuestro estudiante piensa que los otros estudiantes pueden definir su disciplina con más facilidad que él. Un estudiante de medicina, piensa, podría explicar qué es la medicina de un modo claro, entendible y válido, lo mismo uno de diseño, uno de derecho o de lenguas. El problema que el estudiante de artes encuentra al definir su disciplina no tiene que ver con que el arte sea algo más misterioso y elevado (como muchos nos hacen creer), sino con que es un área que se ha vuelto tan amplia que da miedo. En serio.

El estudiante de arte piensa: el arte se ha vuelto muy complejo, hasta llegar al absurdo. Y añade: el arte, como la filosofía, antes ligado a la vida y los problemas de la existencia, termina tomándose a sí mismo como tema, y entonces es arte para artistas, como filosofía para filósofos.

Y noto algo extraño ahí. El estudiante de artes no se ve en este caso como artista, sino como espectador. Siente que es una injusticia porque quisiera entender, tener una experiencia, como las ha tenido con la pintura. Supongo que tiene algo de bueno verse a uno como espectador, porque uno se aleja un poco, intenta verlo desde fuera.

Si tuviéramos que definir al arte, ¿qué diríamos? aquí hay algunas opciones:

-un/una talento, destreza

-algo bello o valioso

-un/una pintura, escultura, grabado, dibujo

-un reflejo de la cultura (el contexto)

-una manifestación del alma humana

-una herramienta de comunicación

-un acertijo

-una acción

-algo que nos hace pensar

-algo que critica el sistema

-multiplicar ambigüedades

-un punto de vista/ una cierta mirada

-una declaración

-una idea

-un lugar

-una situación

-un engaño para millonarios

-un tema para presumidos

-lo que sea que esté dentro de un museo

-algo que nos hace llorar

-algo que ciertamente no puedo pagar

-algo frente a lo cual siento que me están tomando el pelo

Nuestro estudiante, ahora que se ha empapado un poco más en su disciplina, contempla en su mente todas estas definiciones. Y todas le parecen válidas y equivocadas a la vez. Él ama el arte del renacimiento, o del barroco, pero es consciente que no puede repetirse. Él admira las formas de la pintura de las vanguardias, de Monet, de Van Gogh, de Picasso, pero entiende que pudieron darse solo en cierto momento histórico. Y cuando ve el arte contemporáneo se asombra de su enorme libertad, pero a la vez siente la necesidad de poner límites.

Sí, si ahora una obra de arte puede ser arreglar piedritas en la playa o gritar por una avenida, si todo y todos pueden ser artistas, ¿entonces cuál es la división, por qué no entonces todos se llaman artistas? Sin embargo le parece que el arte ha perdido la capacidad de tranquilizar y consolar al individuo, pero eso es algo de nuestro tiempo, el desconsuelo.

Entonces nuestro estudiante navega entre todas las definiciones posibles de su disciplina, llegando incluso a odiar la palabra “arte” y aún más la de “artista”. En la facultad, mientras tanto, tiene talleres de introducción a pintura, escultura, grabado y arte concepto (se debería de llamar “nuevos medios”) pero sus maestros están (de algún modo paradójico) en contra de esas mismas disciplinas (tradicionales) que da la escuela, y a veces, ellos mismos.

Pero nuestro estudiante no es ingenuo, no se avergüenza tampoco de sus conocimientos sobre arte pasado. Desde el punto de vista del historiador, el arte (o la actividad parecida a lo que ahora consideramos artístico) lleva miles de años. Nuestro estudiante vio un documental sobre unas cuevas  en Francia, Lascaux se llamaban, donde hay pinturas de treinta y cinco mil años. ¿Cómo entonces, medio siglo ha destruido o se ha rebelado contra milenios de fijeza ideológica en el arte? En el arte no se puede decir “bueno” o “malo”, pero sí analizar las posibilidades que se cierran y los nexos que se rompen, o lo que se pierde.

Ahora nuestro arte está exiliado del mundo de belleza y emotividad que quizá antes tenía, pero sigue siendo un producto esencialmente humano, en eso no cambia, y es por eso que el arte del pasado sigue vigente, como Shakespeare. Pero no sólo es nuestro estudiante aislado, sino los demás estudiantes de arte, en su mayoría, los que sienten una inmensa confusión en estos primeros años, porque sí, quizá la idea novelesca del artista estaba de algún modo inmersa en ellos, pero también porque estaban interesados en el hacer.

– Sería mejor -piensa uno de sus amigos- que enseñaran lo básico de los talleres, y que luego dijeran que hay más posibilidades, pero no que desde el principio digan que los mismos talleres que dan no sirven para nada.

Un estudiante de artes presencia por primera vez en la carrera un sentimiento de angustia y una cierta preocupación porque siente que no está aprendiendo realmente nada, y que si fuera a alguna escuela a dar clases de arte y les saliera con eso, seguramente no le darían ese empleo. Siente que lo preparan para un mundo inexistente donde le pagarán por hacer cosas completamente simples en cuestión de hechura, pero completamente confusas en aspectos de discurso, o sea “choro”.

Nuestro estudiante de artes también se da cuenta que no puede emitir ningún juicio exacto sobre el arte, porque es algo que no puede apresar ni inmovilizar para poder ver más detenidamente. Como cuando está leyendo y una mosca lo interrumpe con su frenético vuelo, y choca contra el vidrio y se aleja, dibujando círculos en el aire y sube al techo y vuelve a chocar con el vidrio y se aleja, siempre haciendo su zumbido y a la cual, pese a todas sus fatigas y esfuerzos, él no puede atrapar.

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