Batallas por el poder

* ¿Quién gobierna México? ¿Quién dirige el Estado de México? El presupuesto público de Egresos mexiquense es de 174 mil millones de pesos, cuyo destino determina la Cámara de Diputados local, formada por políticos que responden a un interés mayor. Fuera de la legalidad, ese poder lo representa el gobernador estatal, un intermediario entre la Cámara y el empresariado, que finalmente ejecutará las obras públicas y proveerá sobre las necesidades expresadas por cada instancia. La adjudicación de los presupuestos se hace desde la gubernatura o las presidencias municipales, que aunque no tienen esa facultad, la ejercen porque ese es precisamente el negocio que significa ganar una elección. Que las obras elegidas beneficien a nadie o a uno cuantos es tema menor. En años recientes ese equilibrio ha sido complementado por el narcotráfico o el crimen organizado, ente poderoso con el dinero suficiente para comprar espacios políticos.

 

Miguel Alvarado

Enrique Peña no preside México. No representa a ningún partido político y su deber es actuar como la imagen de un grupo que controla los medios de producción, el comercio y las comunicaciones. Eruviel Ávila no gobierna el Estado de México. Es también un subproducto de consorcios empresariales y políticos.

Según un estudio de la Universidad de Zurich, apenas 147 grandes corporaciones trasnacionales controlan la economía mundial mediante las relaciones entre ellas y otras más pequeñas. Esta red incluye o protege a un pequeño segmento de la población que, dice la Universidad, apenas alcanza el uno por ciento. La investigación analiza ejemplos mundiales, pero asegura que son reflejos de las economías locales y replican sus estructuras. Sin embargo, no pueden representar un poder político porque aglutinan muchos intereses, pero su intención tampoco es formar un partido político. No es necesario. La UZ identifica cuatro categorías dentro de la clase dominante: “dueños y reguladores y sus afiliados locales; burócratas y políticos de la globalización; profesionales de la globalización y elites del consumismo (comerciantes y medios), que se parece a las condiciones propuestas por el investigador Jorge Toribio, quien para justificar la existencia del Grupo Atlacomulco señala las relaciones de sangre, el compadrazgo y los nexos comerciales o empresariales entre los sujetos en el poder.

Pero, ¿quién gobierna México? ¿Quién dirige el Estado de México? El presupuesto público de Egresos mexiquense es de 174 mil millones de pesos, cuyo destino determina la Cámara de Diputados local, formada por políticos que responden a un interés mayor. Fuera de la legalidad, ese poder lo representa el gobernador estatal, un intermediario entre la Cámara y el empresariado, que finalmente ejecutará las obras públicas y proveerá sobre las necesidades expresadas por cada instancia. La adjudicación de los presupuestos se hace desde la gubernatura o las presidencias municipales, que aunque no tienen esa facultad, la ejercen porque ese es precisamente el negocio que significa ganar una elección. Que las obras elegidas beneficien a nadie o a uno cuantos es tema menor. En años recientes ese equilibrio ha sido complementado por el narcotráfico o el crimen organizado, ente poderoso con el dinero suficiente para comprar espacios políticos.

Los proveedores del gobierno estatal suman miles, pero sólo algunos se llevan los beneficios mayores, como la familia Hank, el empresario Juan Armando Hinojosa o la familia Alcántara. De hecho, es la misma familia sanguínea a la que pertenece Enrique Peña, la detentadora del poder empresarial, cuyo principal cliente es, justamente, el gobierno del Estado de México y los municipios. Según el diario local Alfa, la entidad es una de las seis que tienen el 59.3 por ciento de las deudas públicas estatales. En el país hay 16 personas que tienen una fortuna superior a los mil millones de dólares, “252 individuos con más de 100 millones de dólares y 2 mil 272 con más de dos millones de dólares. Lo anterior se traduce en que el 1.2% de la población, posee 43% de la riqueza total del país”, dice la analista Ana Paula de la Torre. En contraparte, hay 52 millones viviendo en algún tipo de miseria o pobreza. El Edomex producía el 9.2 del PIB del país hasta el 2009 y con 16 millones de habitantes, es el estado más preciado cuando se trata de tiempos electorales, pues el padrón alcanza 10.9 millones de habitantes hasta el 2012. Tiene un presupuesto anual de Egresos de 174 mil 408 millones 421 mil 939 pesos. Con estos números, la entidad puede competir con cualquier nación centroamericana pero también lo hace en los rubros de pobreza y desempleo. Quien controla la entidad políticamente, tiene acceso a la llave de recursos que genera. El priismo siempre ha ganado las elecciones en el estado, pero hasta ahora, luego de casi 80 años en el poder, el Grupo Atlacomulco tiene que acudir a alguien que no pertenece a su círculo, aunque esté ligado de todas las formas.

Eruviel Ávila se definió a sí mismo como “un vidriero de oficio, con mucho orgullo y todo corazón”. Sus espots publicitarios incluían grabaciones donde cortaba cristales en mangas de camisa y señalaba, con voz conocedora, que uno puede llegar hasta donde se lo proponga y para eso “basta pensar en grande”. El gobernador mexiquense representa a la clase política del valle de México, que por años ha luchado por el control del poder Ejecutivo en la entidad alegando que sus municipios son más fuertes económicamente y aportan, desde la Zona Metropolitana del Valle de México, la mayoría de sufragios en periodos de elección. Pero una cosa es eso y otra ejercer el poder en realidad. Ávila ganó las elecciones al perredista Alejandro Encinas y al panista Luis Felipe Bravo Mena, a quienes aplastó literalmente, con una ventaja de 62.09 por ciento de los votos. Más allá de las formas en el triunfo, legalmente fue incuestionable, aunque la legalidad la legitimaran sus propios aliados. Gastó más de 500 millones de pesos en menos de mes y medio. Todos obtuvieron algo. Una playera, un sándwich, un contrato publicitario, una promesa, algo.

El apoyo popular no significa gran cosa en un país acostumbrado a las imposiciones y Ávila debía sustituir a Enrique Peña, hijo pródigo de los de Atlacomulco, con todo el poder alrededor suyo. Y luego de sostener charlas con el PRD y quedar fuera en primera instancia de la lista priista, Ávila se encontraba como ganador, aunque habría pactado con el GP su estadía y operaciones. Luego de casi dos años en el gobierno, el de Ecatepec escucha los vientos del cambio y aunque ha desmentido que no dejará su encomienda, ya hay incluso algunos nombres que se apresuran a sucederlo. Pero, ¿qué es lo que no funciona en la entidad? ¿Es el gobernador y su grupo o es que, sencillamente, no lo han dejado trabajar? ¿Cambiará el panorama económico y laboral? Empresarios y ciudadanía en general mantienen la misma percepción, que ya deriva en reclamo. No hay derrama económica, apenas hay dinero para sostener los intercambios comerciales y, lo peor, no hay esperanza porque no hay explicaciones. El gobierno se endurece o, mejor, se cierra.

Al menos en Toluca la partida de Ávila es el secreto peor guardado del gobierno estatal, pero también el más confuso, el más desinformado e incluye a Efrén Rojas, actual secretario de Gobierno, como un relevo que media entre las partes. En palacio de Lerdo se sabe que el pacto por la gubernatura debía salir como se está desarrollando. Algunos, desde la Federación, ya ubicaron a Ávila al lado de Peña, como una especie de consejero particular encargado de los más delicados asuntos. Así, informa subterránea la oficina del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, al todavía gobernador le quitarían de facto el poder público y su capital político sería reducido al tamaño de Ecatepec.

Pero el Estado de México es el resultado inmediato de las últimas administraciones. Arturo Montiel, de 199 al 2005; Enrique Peña, del 2005 al 2011 y Eruviel, desde el 2011, le han dado forma. Un ejemplo del abandono lo da el narcotráfico. Hace 12 años era todavía un fenómeno restringido a ciertas zonas, casi siempre en el sur mexiquense, pero en el 2013 no se puede hablar del tema sin referirse a toda la entidad. Un recuento somero indica la presencia de al menos seis cárteles, aunque el gobierno indique que son dos. Otra cosa son los narcomenudistas, contados por cientos de miles y que realizan el verdadero trabajo del trasiego y la venta. Nadie sabe por qué Luvianos no había sido descubierto como un centro estratégico en el comercio de las drogas antes de Montiel Rojas ni por qué con Peña Nieto la guerra por este pequeño municipio era tan cruenta como toda la violencia en Tamaulipas o Ciudad Juárez. Peña, al mismo tiempo promocionado igual que un galán de cine, era también uno de los principales generadores de pobreza. El discurso de trabajar para el bien común ha sido siempre de dientes para afuera. No hay tal, aunque no es un secreto. Los números hablan de incapacidad, desobligación. Para el caso es lo mismo. Al término del 2011, siete y medio millones de mexiquenses en situación de pobreza; casi un millón de ellos surgidos en la administración peñista.

El futuro político de Peña es nebuloso para la mayoría. No es un hombre capaz de generar un poder político mayúsculo por sí mismo. Siempre estará al servicio del Grupo Atlacomulco y de los intereses del grupo más próximo, el de Arturo Montiel y sus aliados. No tiene capacidad de oratoria ni es un entendido en finanzas o economía. De la enseñanza y la academia, ni hablar. Tampoco la iniciativa privada lo necesitará, luego de seis años. Los espacios televisivos exigen un mínimo de histrionismo y todo el tiempo disponible, pero no va por ahí. Si la presidencia marca el fin de la historia pública de Peña, es algo que debería saberse desde la tasa de desempleo mexiquense, que indica 6 por ciento y que según índices privados supera el medio millón de desempleados. Así como el presidente de México da la impresión de vivir en otro mundo, Eruviel refleja el encono, la lucha del poder sin sentido social y la ambición única de gobernar debido a los faraónicos presupuestos, que pasan por las manos de unos cuantos. El Edomex encara una nueva administración, y aunque logren suavizarse las relaciones con el peñismo, la ciudadanía deberá entender que no habrá nada, o casi nada, para ella.

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