Televisión para jodidos

* La historia rosa de la televisión mexicana, pues, está llena de intereses oscuros, manipulación y componendas políticas. Si la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo estaba al servicio del PRI, la actual da más la impresión de ser una televisión mercenaria, al servicio del mejor postor. Hoy, más que nunca cobran “vida” aquellas palabras que le atribuyen a Emilio Azcárraga Milmo: “Si el pueblo quiere mierda, pues mierda les voy a dar” y “yo hago televisión para jodidos, México es una país de jodidos, y nunca cambiará”. Este extracto es parte del libro Los Golden Boy’s, escrito por Francisco Cruz Jiménez en el 2012 y editado por Planeta.

 

Francisco Cruz Jiménez

El reportero Víctor Hugo Sánchez escribió: “O’Farril habló con franqueza y la seguridad que le dio haber sido, durante 27 años, socio de Televisa, además de la cabeza que dirigió, como vicepresidente de la empresa, lo que los especialistas llaman la época de oro de las telenovelas mexicanas, cuando la producción era inmensa, acelerada y el producto final llegaba a más de 90 países, lo que convirtió a la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo —padre de Azcárraga Jean— en la número uno a nivel mundial. Por eso los irritó aquel reportaje de Víctor Hugo Sánchez que culminó con una entrevista el 19 de octubre de 2007 a Víctor Hugo O’Farrill, ex socio en Televisa, sobre Azcárraga y su empresa.

– ¿Fue una traición?

– Absoluta. Por qué lo hizo (Emilio Azcárraga Milmo), no sé ni me importa, porque todo el equipo que se había hecho era en beneficio de la empresa. Milmo se equivocó con sus generales. Además, faltó a su palabra.

– ¿Qué hizo ese día?

– Me fui con mis amigos a tomar champaña al Maxim’s… luego, ni me volvieron a tomar el teléfono: Luis de Llano, Cenobio Moriel, a quien llevé a Chapultepec… y ahora todo mundo se adjudica el invento: había que producir tanto porque había que calificar todo el material en máquinas profesionales. Hicimos algunas cosas con una computadora a la que le pusimos un programa de decodificación de tiempos y le adaptamos una videocasetera de una pulgada y logramos ahorrar un 60 por ciento en tiempo de edición… Sony no lo hacía, y luego nos lo copiaron.

– ¿Cree que la telenovela de Televisa se está desmoronando? ¿Que la TV argentina y otras la están desplazando?

– Quizá la colombiana sea más arrojada, pero nunca con la calidad que teníamos nosotros. Estábamos en el tope de la montaña, y estábamos empezando a hacer una mejor televisión. Definitivamente la TV de mayor capacidad de producción en el mundo era Televisa.

– ¿Se podrá remontar el rating? Dicen que el internet, que el dvd son distractores, que la oferta es muy grande y muy fuerte; el cine, el cable…

– Mira, cuando hay una buena película todo mundo la ve; cuando Spielberg hace una buena película todo mundo la ve; lo mismo pasa con las telenovelas.

– ¿Qué pasó, por qué se fueron a la baja?

– ¿Qué perdieron? Para empezar, nunca me preguntaron cómo lo hacíamos. Lo vieron tan fácil, que pensaron que no éramos necesarios. Ya teníamos 27 años de trabajar sobre lo mismo. Dijeron: ‘si estos (…) lo hacen, nosotros somos mejores, podemos hacerlo mejor’.

– ¿Cuánto dinero le dio a ganar a Televisa?

– No sé, no tengo ni idea; pero Emilio me pidió levantar el auditorio en Estados Unidos, y en cuatro meses lo duplicamos. Éramos un equipo de trabajo. Todos profesionales.

– ¿Le pasa lo mismo a TV Azteca?

– Pobrecito de Ricardo Salinas, que igual quiere manejar su televisora como si fuera un Elektra; no es gente del negocio. Creen que saben y es una vergüenza la televisión: Televisa le copia a Azteca, y Azteca le copia a Televisa. Salinas, igual, lo ve como un negocio. Es una falta de respeto al público, al medio. Si no puedes producir algo que puedas ver sentado con tus hijos, con tu hermana, tu esposa, tu mamá, que no puedas verla porque te da pena, ¿dónde está el respeto? No es que la competencia produzca bajas en el rating. No hay buen producto, porque el buen producto se defiende siempre…

– ¿’Destilando amor’ es un buen producto?

– Qué vergüenza; se alegran por 32 puntos de rating, cuando nosotros tuvimos picos de 70 puntos reales. Un día me habló Emilio a las siete de la mañana: ‘Necesito que me respondas algo muy importante: ¿quién se quedó con Gabriela?’, me preguntaba del final de ‘Gabriel y Gabriela’, y le dije: puede ser el que tú quieras; no se quedó nadie en específico. ‘Es que la mamá de Carlos Salinas me habló para saber, porque tiene una comida con sus amigas y quiere saber quién fue’. Fue la que tú quieras. Dile que fue fulano, pero que nadie sabe, y ese era el rating: todos hablaban de las novelas, de los finales. Y es que tomábamos riesgos. Hicimos una de futbol con Érika Buenfil, y cuando todo se soluciona, el galán la invita a cenar y la contraparte, la parte malévola de la novela le pone veneno al novio, y los protagonistas sin saberlo cambian copas ¡y la que se muere es Érika, la protagonista, la matamos!

Aunque tiene ya un sueldo en Rusia como asesor de televisión, y la producción de radio novelas y telenovelas en el Congo va caminando firme, O’Farril piensa en lo que está sucediendo con la televisión mexicana.

– Una cosa que sería fantástica es que a Televisa le quitaran dos canales y abrieran una tercera cadena de televisión, porque no están haciendo nada con los dos canales que le sobran, tienen programación pero verdaderamente nada que incite a la competencia; que le quiten dos canales a Televisa, que le dejen sus dos canales que tiene TV Azteca, y que los otros se los den a otro grupo de televisión. A un tercero que  quiera hacer tv en beneficio del público.

– Ya existe Cadena 3, de Olegario Vázquez Raña…

– Con todo respeto, pero Olegario es comerciante, sabe vender muebles, pero hacer televisión… el mismo caso de Ricardo Salinas. Igual. La misma historia. Cuando Ricardo Salinas compra ese canal, crece Elektra, pero no está haciendo buena televisión. Además, está clarísimo: hay una ley de radio y televisión que, entre otras cosas, te dice que no debes, por ningún motivo, usar el lenguaje de una manera incongruente, que no se deben usar malas palabras, que no se debe promover ninguna situación que sea adversa a la educación, es cosa de leerla. ¿Por qué nadie pone la ley de radio y televisión en acción? Todos los cuates son políticos y le tienen miedo a la televisión y la televisión hace lo que quiere con la ley de radio y televisión. No hay ninguna autoridad que la haga valer, empezando por el Presidente. Dieron un gran paso cuando dijeron se acabó ‘La Parodia’, eso nunca debió haber salido. Para mí, Carla Estrada es una antipatriota por producirla.

– Se hizo en aras de la libertad de expresión…

– ¿Cuál libertad? Hay que empezar primero por el respeto. Una cosa es libertad y otra el libertinaje; la libertad te exige una obligación. Se tiene una obligación con el público y no vamos a hacer lo que nos pegue la gana, eso no puede ser. No puedes pasarte los altos y mandar a (…) a todas las autoridades, porque está la ley… nadie le hace caso, pero a ti sí te multan si le mientas la madre a un policía. Los señores de radio y televisión hacen lo que quieren con la ley y nadie les dice nada. No lo entiendo.

– ¿Cómo era la relación con el gobierno en sus tiempos en Televisa? Se dijo que Jacobo Zabludovsky —conductor estrella de noticias hasta que llegó Azcárraga Jean— había hecho mucho daño a la imagen de la empresa por el presidencialismo declarado.

– Era muy sencillo. La época que a mí me tocó vivir, el PRI era el partido en el poder, verdaderamente en el poder. El Presidente de la República era un rey por seis años y había absoluto respeto a esa autoridad. En alguna ocasión empezaron los problemas del ’68 y nos mandó llamar Emilio y la puso bien clara: ‘nosotros somos soldados del Presidente de la República. El que quiera opinar algo de forma personal se sale de la empresa. […] Lo puede hacer, pero sale de Televisa. Claro. Había un principio de respeto al público que, insisto, no podemos tener la concesión de entrar a los hogares si no hay un principio de respeto. Eso es algo que hay que respetar y de educación al medio. Emilio Azcárraga Milmo tenía claro que la televisión entraba al cuarto de la familia, en la sala. Clarísimo. Todos lo teníamos y más nosotros los productores. No había malas palabras, no había situaciones vergonzosas. Hace unos cuantos meses, usted sintonizaba el Canal 2 durante la madrugada, y había anuncios de prostitución, de chicas ardientes al 31111, y al parecer el dueño de Bimbo los amenazó con irse a Azteca si seguían promoviendo esos valores. Lo hacen porque no saben, porque no les importa y porque no hay conciencia y eso es todavía peor. Estamos entrando a una cantidad de hogares donde los hijos están solos viendo la televisión, con información totalmente adversa que nadie les puede ayudar ni corregir. ¿Cuándo has visto a Steven Spielberg que use la pornografía para levantar una película, ¿cuándo?

– ¿Los noticieros de Televisa actuales, mejores o también sirven al poder?

– Otra vez es una falta de conocimiento del lenguaje para decir algo al público. Las palabras de cotorreo son una falta de respeto. Cuando Carlos Loret de Mola está jugueteando, manoteando y sabroseando a las conductoras, digo yo… ‘pérame’… Tú puedes poner en un canal de paga lo que se te pegue la regalada gana: pornografía, si quieres, y la gente lo paga y lo recibe como si fuera una revista; estás pagando por eso, pero no en la televisión abierta. Es un concepto totalmente distinto. Pareciera que la fórmula es buscar audiencia a costa de lo que sea, incluso de la misma audiencia. ¿Dónde está la autoridad que les diga que por ahí no? La televisión está por encima del Presidente y de la gente que tiene autoridad para ejercer la ley.

– ¿Qué le pasó a Bernardo Gómez, y a Emilio Azcárraga Jean?

– Les pasó lo que el cuento del rey que se compra un traje invisible que nada más lo veía la gente inteligente y de repente sale un chamaquito y ve al rey desfilando y lo ve encuerado y el chamaquito sin maldad dice: el rey va en pelotas, el rey va encuerado… Es tanto el poder que tienen que son los últimos en enterarse de lo que está pasando a su alrededor. Es tanta la gente y los trasmanos que para que algo les llegue, si les llega, que la verdadera autoridad está en los de abajo, los productores, los del dinero, ellos tienen el poder de la televisión.

– ¿Y esos mandos obedecen a intereses de la empresa, o personales?

– Si te fijas, por ahí se ve la cajetilla de Marlboro, de Coca-Cola. Dicen que es la Plataforma 360 grados, que es la nueva estrategia de publicidad: hacer trajes a la medida del cliente. ¡Que se vayan al diablo; eso no es verdad! ¿Qué es hacerle al cliente un traje a la medida? ¿Ver a Verónica Castro tomando Coca-Cola? Es una tomada de pelo para la gente. En la época que yo era responsable de esa área, no veías a nadie fumando.

– Lo prohibía la ley…

– No, lo prohibía yo. ¿Cuándo veías a un cuate que llegaba a su casa muy excitado y tomaba una copa? Para nada. Eso es promover el alcoholismo; a ti te sacan un comercial de algo y se te antoja.

– Ante este panorama, ¿A dónde va la televisión?

– No sé, pero lo que era se perdió. El primer canal de televisión, digan lo que digan los Azcárraga, lo trajo mi abuelo Rómulo. Puso el primer canal de televisión de habla hispana en el mundo y seis meses después apareció el Canal 2 con los Azcárraga. El 4 lo puso mi abuelo. Y ahora los Azcárraga dicen que son quienes trajeron la televisión a México; no es cierto”.

Víctor Hugo O’Farril tenía razón. La primera concesión del gobierno federal para un canal de televisión se la otorgó en 1949 a Rómulo O’Farril, quien fundó el canal 4. Más tarde se le entregó la segunda concesión a Emilio Azcárraga Vidaurreta, padre de Azcárraga Milmo y abuelo de Azcárraga Jean.

Analistas del sector precisan: “El 1 de septiembre de 1951 iniciaría transmisiones el canal de O’Farril con el cuarto informe de gobierno de Miguel Alemán Valdés y, al año siguiente, Canal 2 obtendría su concesión, siendo esta última dirigida por Azcárraga Vidaurreta. Por su parte, (Guillermo González) Camarena iniciaría transmisiones hasta 1953 con el canal 5”. Y si vale la aclaración, en 1946 este último fundó en México la primera estación experimental de televisión.

Víctor Hugo Sánchez cerró su entrevista: “Señor O’Farril, le voy a decir tres nombres y le pido que me diga lo primero que se le venga a la mente:

– Emilio Azcárraga Vidaurreta.

– Una gente con gran capacidad creativa. Un gran creativo. Con respeto absoluto al auditorio y un personaje verdaderamente encantador.

– Emilio Azcárraga Milmo.

– Una gente que en su momento hizo un gran equipo que después fue abandonando; las razones no las conozco y además no las puedo entender. Después de haber consolidado un súper equipo de gente (desgraciadamente, algunos fallecieron, como Guillermo Cañedo, como Othón Vélez) y todos estaban bien soportados, no pasaba nada, había una solidez, una estructura de Televisa. No supe qué le pasó, traicionó lo que siempre había comulgado, y al final me traicionó. No sé si ya estaba en un momento de la enfermedad, empezó a desvariar su mente y se traicionaba; cambió su mundo de norte a sur. No se trata de perdonar porque yo les debo mucho a ellos, desde luego; me dejó hacer y tomar mis decisiones, siempre me apoyó y con mi trabajo me ayudó a crecer a mi familia y educar a mis hijos. Yo le tengo una devoción enorme pero, la gente cambia y al último momento falló, eso es independiente, la vida tiene muchos episodios y hay buenos y otros no tanto. El último fue dramático. Fuera de lo que yo conocía.

– Emilio Azcárraga Jean.

– Lo conocí; fue muy amigo de mi hijo Víctor Hugo, digo, creo que ahora ya no se ven nunca. No sé nada. ¿Qué pasó con él? Muchas veces le dije a Milmo: me siento con un compromiso tremendo porque nadie sabe lo que estoy haciendo aquí, nomás lo sé yo, a ti te lo platico, pero nadie sabe el movimiento verdadero de lo que se está cocinando en San Ángel, entonces, me encantaría que me mandaras a tu hijo, deja que venga a trabajar acá conmigo, que se entere de las cosas… Nunca quiso poner a nadie en mi lugar, a nadie que aprendiera de lo que yo hacía”.

En Televisa todo cambia para seguir igual: el 26 de octubre de 2005, Carlos Loret de Mola, conductor de noticias en los espacios matutinos que se transmiten por Canal 2, confió a Laura Barranco, su jefa de información: “Todo, absolutamente todo —lo que publicó la revista Proceso sobre el contubernio entre Televisa y Enrique Peña Nieto— es verdad”.

A menos de un mes de los comicios presidenciales de julio de 2012, cuando ya laboraba para MVS Noticias, Barranco hizo pública una serie de pláticas con Loret, a través del chat, y en las que éste insiste que era precisa la información que publicó el semanario. También confirmó que Alejandro Quintero (Íñiguez), vicepresidente Corporativo de Comercialización de la televisora, es el enlace con Peña para incluir en la programación noticias favorables para el ahora candidato del PRI a la presidencia de la República: “[…] Lo que no tiene madre es que el güey (Quintero) ande comprometiendo entrevistas (…) bueno, lo peor es que el güey (Quintero) trabaje aquí, carajo y que lo dejen hacer todo lo que hace”.

La historia rosa de la televisión mexicana, pues, está llena de intereses oscuros, manipulación y componendas políticas. Si la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo estaba al servicio del PRI, la actual da más la impresión de ser una televisión mercenaria, al servicio del mejor postor. Hoy, más que nunca cobran “vida” aquellas palabras que le atribuyen a Emilio Azcárraga Milmo: “Si el pueblo quiere mierda, pues mierda les voy a dar” y “yo hago televisión para jodidos, México es una país de jodidos, y nunca cambiará”.

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2 comentarios

  1. […] El periodista Víctor Hugo Sánchez escribió sobre el empresario: […]

  2. Que buen post


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