Títeres y titiriteros

* Aunque los periodistas tienen memoria muy frágil o, de plano son muy olvidadizos, el 11 de mayo de 2012, en plena campaña presidencial, se descubrió que durante el sexenio de Peña Nieto la gubernatura mexiquense gastó más de 32 millones de pesos en “apoyos informativos” especiales. Con nombre y apellidos se mencionó a Óscar Mario Beteta y Joaquín López Dóriga. Este es un extracto tomado del libro “Los Golden Boy’s”, del periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

El repentino y meteórico ascenso de Enrique Peña Nieto, un católico conservador de mano dura, defensor del neoliberalismo económico, no puede explicarse sin Televisa, cuyas coberturas informativas están lejos de la imparcialidad y objetividad; pero el gobierno del Estado de México se aseguró también, en forma simultánea a los multimillonarios contratos de publicidad, de buscar el apoyo de algunos periodistas a través de generosas derramas de dinero que salieron de los impuestos de los habitantes del estado.

El modelo de campaña que se eligió para que Peña obtuviera la presidencia es el mismo que desde hace 70 años utiliza el PRI. La época electoral es, en realidad, un enorme negocio que mueve miles de millones de pesos, algunos de procedencia ilegal, y que tiene como cereza la obtención del poder y un presupuesto inimaginable que implica la compra de conciencias y, valga decirlo, de las políticas editoriales.

Sus antepasados Isidro Fabela, Alfredo del Mazo Vélez, Salvador Sánchez Colín y Arturo Montiel Rojas compraron, crearon o destruyeron periódicos para evitar críticas y se rodearon de periodistas, articulistas y analistas afines. Carlos Hank González, hijo adoptivo de Atlacomulco, fue más ambicioso y aprobó un arreglo con reporteros para usarlos como “plumas” a su servicio, o, de plano, espías, y el gobierno de Enrique Peña Nieto documentó sus propios deslices.

La extraña forma en la que el Grupo Atlacomulco ve a la prensa se puso en marcha a partir de marzo de 1942: el poder de Fabela se extendió a la prensa y se apropió del semanario El Demócrata. Puso como encargado a su sobrino Gabriel Alfaro. Y con él llegaron los fabelistas, políticos, periodistas y columnistas, Rafael Suárez Ocaña, Santiago Velasco y Manuel López Pérez, junto con José Ángel Aguilar, Rodolfo García y Alejandro Fajardo. Incluso Horacio Zúñiga trabajó para ellos. Las páginas de ese semanario estaban abiertas para los integrantes del grupo, que así oficializaban la cultura de aquella época.

Si bien desde hace dos décadas se registra un cambio, la transformación de la prensa no se ha dado de igual forma. Algunos empresarios usan a los medios como una herramienta de negociación con el poder.

Aunque los periodistas tienen memoria muy frágil o, de plano son muy olvidadizos, el 11 de mayo de 2012, en plena campaña presidencial, se descubrió que durante el sexenio de Peña Nieto la gubernatura mexiquense gastó más de 32 millones de pesos en “apoyos informativos” especiales. Con nombre y apellidos se mencionó a Óscar Mario Beteta y Joaquín López Dóriga.

Enrique Gómez y Arturo Espinosa, del periódico Reforma, fueron generosos en una nota que publicaron aquel día: “además del gasto de 990.6 millones de pesos del programa de Comunicación Pública y Fortalecimiento Informativo que hizo el gobierno del Edomex entre 2005 y 2011, periodo en el que Enrique Peña encabezó la administración estatal, el priista pagó 32.3 millones de pesos para apoyar entrevistas y comentarios que se hicieron sobre él y su gestión.

”La mayoría de los gastos se concentraron en 13 razones sociales y personas físicas, según las facturas que el propio gobierno estatal entregó, tras una solicitud de transparencia hecha en octubre del año pasado. […] Por ejemplo, al conductor Joaquín López Dóriga se le pagaron 9.2 millones de pesos, según facturas a nombre de Astron Publicidad, agencia que contrató el servicio, por comentarios en sus noticiarios de radio.

El pago se dividió en dos ejercicios fiscales, pues la factura con número 1104 corresponde a julio de 2006, y fue por 4.6 millones de pesos. […] La factura 1216 fue de enero de 2007 y representó un gasto de un millón 150 mil pesos, mientras que en diciembre del mismo año se pagó la1481, por 3.4 millones.

Además entre 2005 y 2006 fueron facturados 112 mil 499 pesos para E.L. Producciones por concepto de ‘apoyo información programa Perfiles entrevistas’ (sic). Otra de las razones sociales que más facturaron al gobierno estatal por el concepto de apoyos informativos fue GRC Publicidad-Comunicaciones, a quien la entidad pagó 5 millones 780 mil pesos.

Grupo Acir, a quien el entonces gobernador Peña pagó 5 millones 766 mil pesos, describe que sus servicios consistieron en la transmisión de información relacionada con los programas de las dependencias estatales. A su vez, la radiodifusora Ultra 101.3 facturó 2.4 millones de pesos ‘por difusión y reforzamiento de actividades’ de la administración estatal. […] Según las facturas del gobierno mexiquense, queda claro que estos ‘apoyos informativos’ son comentarios o entrevistas con conductores radiofónicos y no de spots formalmente contratados”.

En tiempos no tan lejanos, los gobiernos priistas y el partido llamaban a esos “apoyos” especiales: “embute”, “entre”, “sobre”, “dádiva” o “chayo”. En cualquiera de sus acepciones el significado real era el de corrupción porque representaba la entrega de dinero a manos llenas, en efectivo, a determinados periodistas afines al régimen, al PRI o al gobierno que para el caso eran lo mismo.

Días antes de la elección, la revista Proceso difundió algunos contratos que ofreció y pagó el gobierno mexiquense a locutores de Televisa, como el de Adela Micha, por 350 mil pesos, para impartir una conferencia de una hora en 2012, escribía el periodista Jenaro Villamil. O los 5 millones 750 mil pesos que cobraron Joaquín López y Óscar Mario Beteta en 2006.

Si bien una parte de la prensa mexicana contribuyó en 2000 a la derrota del candidato presidencial priista Francisco Labastida Ochoa y al ascenso del neopanista guanajuatense Vicente Fox Quesada; el gobierno peñanietista aprovechó la histórica subordinada relación de la prensa con el gobierno, una situación bien aceptada por las élites de poder que a partir de los últimos años de la década de 1930 impusieron los gobiernos priistas.

Los pagos demuestran una relación perversa para comprar líneas editoriales y evitar cuestionamientos al ahora candidato a la Presidencia, alertó el chihuahuense Javier Corral Jurado, especialista en medios. “Ahora está más claro que el agua. Se ha invertido en publicidad, en comprar la postura editorial. Se ha comprado el silencio y la complicidad”.

Las facturas que suman 32.3 millones de pesos se extendieron por los conceptos “transmisión y apoyo a la información”, “apoyo informativo”, “paquete de servicios informativos” y “difusión de actividades”.

Otra factura consigna un pago a Silvia Carolina Faure Vilchis, quien en 2006 cobró 201 mil 250 pesos por ‘apoyo a la información y entrevistas’ en el programa ‘Reflejos de Mujer’, que estuvo al aire en la XEQY-AM, con sede en Toluca. Estos gastos tienen un carácter oficial y omiten lo que ellos llaman la cifra negra; es decir, el gasto oculto o no reportado.

Destinar recursos públicos para pagar ‘comentarios’ sobre gobernantes o sus administraciones representa un engaño a la población y una forma de corromper el ejercicio periodístico, consideró Aleida Calleja, presidenta de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI).

Calleja fue clara cuando habló con Reforma: “es un proceso de corrupción tremendo en términos éticos del derecho de información de la gente (…) se debería decir a la gente que la información es pagada. Eso viola el más mínimo ejercicio ético del derecho a la información porque las personas creen que se recibe una información como parte de un ejercicio periodístico cuando es propaganda gubernamental. El problema, dijo, es que en México se sigue viendo como un asunto normal el que los medios reciban dinero por publicidad gubernamental, cuando esto sí afecta la línea editorial”.

Resalta, pues, que prevalecen las prácticas impuestas por el viejo PRI y que muchos medios —impresos, electrónicos y digitales— no han alcanzado una calidad mínima ni se han preocupado por profesionalizar el ejercicio periodístico. Y Emilio Azcárraga Jean tiene una visión particular de su empresa: “en Televisa a nosotros no nos regalaron nada, nosotros hemos pasado por varias crisis, varios presidentes y varios políticos que sí se han robado muchísimo dinero. Si tenemos el canal 9 es porque el 8 no pudo, y si Sky está solo, es porque DirecTV no pudo. ¿Y ahora me van a castigar porque se ha competido y porque gano?”.

Dicho sea de paso, los peñanietistas aprovecharon la extraña alianza prensa-poder que ha beneficiado a ambos bandos: a unos, los políticos, porque pueden hacer los que les viene en gana, de robar hasta coordinar escandalosos fraudes electorales. Y a los otros, los medios, a procurarse recursos del erario. Por eso, no debe sorprender que “cada semana” estalle un escándalo, y poco a poco, se haga pública esa “extraña” forma de subordinación al poder.

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