El Barco Ebrio

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El autor de “Las Mujeres de Peña Nieto”, el periodista Alberto Tavira, espera ansioso la salida de su nueva investigación, titulada “Los Salinas”, una revisión desde otro punto de vista a la familia que, dicen unos, ha gobernado el país desde 1994. Editado por Planeta, Tavira promete información novedosa y reveladora de este clan político, envuelto hace años en escándalos judiciales, en medio de una lucha sórdida por el poder en México.

 

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Ahora que la secretaria federal de Turismo, Claudia Ruiz Massieu promociona las bondades mexicanas en el extranjero y de paso se pone guapa en los medios de comunicación, se sabe que la sobrina de Carlos Salinas está preparándose para pelear por la gubernatura de Guerrero. Ella es una de las cartas fuertes del salinismo. Lleva la sangre de don Carlos y quiere lo mismo que él, al menos en lo público.

 

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El libro de “Las Mujeres…” reveló el lado frívolo del presidente Peña Nieto, quien se ha caracterizado por ser un donjuán empedernido. Algunas de sus relaciones trascienden el ámbito de lo privado, como la que sostuvo con Maritza Díaz y con quien procreó un niño, Diego. Hoy la mujer pelea con Peña para que éste se haga cargo responsablemente del niño, en los términos en que la mamá considera necesarios, justos. El dilema se ventila en redes sociales y comunicados que Díaz hace públicos, y donde cuenta, entre otras cosas, cómo es el secretario de Hacienda de México, Luis Videgaray, fue comisionado por su jefe, Enrique, para hacerla de intermediario en problemas personales del presidente. ¿También cobraría por esos servicios?

 

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En lo más sórdido del jet set toluqueño -por decirlo de alguna manera- surgió la versión de un nuevo affaire del presidente mexiquense. La especie cuenta que una mujer, esposa de uno de los empresarios más reconocidos de Toluca, recibió un enorme arreglo floral con motivo del día de su cumpleaños. Deslumbrante aquel regalo, cuentan testigos, despertó los celos y sospechas del marido, quien palideció de rabia cuando pudo leer la tarjeta del dadivoso: Enrique Peña Nieto, presidente de México. Aun y cuando no había motivos para algún tipo de enojos, el esposo se sintió ofendido por alguna razón y decidió reclamar personalmente lo que consideró un atrevimiento imperdonable. Así, esperó a una reunión privada, en el exclusivo fraccionamiento Los Encinos, donde asistirían el presidente y el propio agraviado. Allí esperó, paciente, el momento oportuno y cuando pensó que lo era, acudió fúrico ante el mandatario, ante quien expuso sus molestias. Peña, sorprendido, no supo qué decir y pronto intervinieron otros para evitar desaguisados mayores.

 

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Cierto o no, eso sólo lo saben los sórdidos jetseteros mexiquenses –por decirles de alguna manera-, la anécdota sirve sin embargo para sondear cómo esa parte de la sociedad describe el carácter del Ejecutivo federal y qué parte de sus actividades siguen con lujo de detalle. La vida privada de Peña, ventilada casi siempre por él mismo en revistas del corazón, es más importante, porque así lo ha querido, que su trabajo al frente de un país. Es algo que ya se sabía y que el tiempo sólo se encarga de corroborar y si son falsas, al vulgo ya no le importa, pues este es un sexenio de simulaciones donde asuntos de la menor relevancia se transforman en el cotidiano quehacer de un equipo que administra para unos cuantos.

 

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En el sur mexiquense el narco se ríe de las declaraciones del gobierno federal y estatal. La violencia en tierra michoacana encuentra apoyo en tierras del Edomex, que pronto se convertirá en uno de los búnkeres más fuertes del país. La violencia desatada, que incluía un reporte de un helicóptero del ejército derribado en Michoacán y 50 militares muertos según organizaciones no gubernamentales, ofrece al país y al mundo una guerra civil entre cárteles, que le disputan el poder a la Federación. Quienes viven en Michoacán saben que sólo hay cárteles involucrados en las batallas. Por eso tantas bajas castrenses.

 

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Una de las asesoras de imagen del gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, toma una maestría en Harvard que cuesta 42 mil dólares. Se trata de Alejandra Sota, una versátil mujer que se desempeñó como vocera de Comunicación Social en la administración de Felipe Calderón y hasta hace meses le daba consejos al doctor Ávila, para mejorar su galana presencia. Ahora se sabe que la dinámica señora Sota no ha terminado su licenciatura de Ciencias Políticas del ITAM pero aún así la Fundación Harvard la aceptó. Y no sólo a ella, sino también a su marido. Sota, hay que reconocerlo, apuesta siempre por la mejor preparación, pues está comprometida con un país que le ha dado todo y ella quiere comenzarle a regresar algo. Para empezar, podría devolver los 80 mil dólares que costará su “id-career en Administración Pública, dentro del programa Edward Mason de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de  Harvard”, apunta el sitio web de Carmen Aristegui.

 

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Las intrigas palaciegas que ubican fuera del palacio de Lerdo a Eruviel Ávila no tienen ninguna importancia comparadas con la inseguridad que desde hace mucho ha rebasado a las autoridades. A la mayoría ciudadana le da lo mismo tratar –que es un decir- con el doctor Ávila que con quien llegue a sustituirlo, porque sabe que poco o nada cambiará en su vida inmediata. El ejercicio del poder y la democracia tienen un precio. No son para todos ni tampoco cualquiera puede hacer dinero solamente trabajando. Un gobernante está donde está porque es coleccionista de bienes, los necesita. Y ha podido llegar allí porque otros le han apoyado y deben cobrar de la mejor de las maneras. Si este flujo del “te ayudo para que me ayudes” se rompe, el desequilibrio cuesta caro, todavía más caro, que tener un gobernador, aunque parezca solícito, activo y entregue discursos persuasivos. La realidad es que el político sirve a intereses casi siempre opuestos al elector y que, dicho sea de paso, contribuye a la legitimación de una falsa democracia. Ávila, si se va, será uno de los más grises gobernadores mexiquenses, recordado más por ser el sucesor de Peña Nieto que por alguna obra importante realizada. Si alguien le quiere colgar la iniciativa de las candidaturas ciudadanas, con el tiempo se dará de topes. Eruviel, chiquito o encogido, da lo mismo, no quiere, no sabe o no puede resolver los principales reclamos sociales. Y a pesar de ser vidriero de oficio, como él mismo pregona, se ha olvidado de la inseguridad y la pobreza de sus gobernados.

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