Hablar en grande

* A Eruviel le tocó sustituir al mandatario más visto de todo México, el más publicitado, el más mediático y quien tuvo la oportunidad de ejercer el presupuesto público a su entero antojo. A fuerza de inserciones pagadas en medios electrónicos y prensa escrita, Peña fue considerado por su grupo para la presidencia nacional. La consiguió, finalmente, pero Eruviel no ha podido sacudirse el peso moral y político del sobrino de Arturo Montiel Rojas.

 

Miguel Alvarado

El 16 de mayo del 2011, Eruviel Ávila aseguraba que firmaría 6 mil compromisos para una campaña que eventualmente lo llevaría a la gubernatura del Estado de México. Contagiado por la táctica de Enrique Peña y el “te lo firmo y te lo cumplo” que tan bien le sirvió en el 2005, el político de Ecatepec no midió lo que decía. “En esta campaña habremos de firmar los compromisos, tal y como lo hiciera nuestro hoy gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, siguiendo su ejemplo e innovando en esa forma también vamos a firmar ante notario público los compromisos. De hecho en estos primeros minutos estaríamos firmando el compromiso número uno”, afirmaba sonriente al pie de las Torres Bicentenario. Dos años después y en medio de rumores que lo colocan fuera del cargo, Ávila rinde su Segundo Informe de actividades, en una entidad donde ha ocurrido de todo, excepto el plan de trabajo del gobernador.

A Eruviel le tocó sustituir al mandatario más visto de todo México, el más publicitado, el más mediático y quien tuvo la oportunidad de ejercer el presupuesto público a su entero antojo. A fuerza de inserciones pagadas en medios electrónicos y prensa escrita, Peña fue considerado por su grupo para la presidencia nacional. La consiguió, finalmente, pero Eruviel no ha podido sacudirse el peso moral y político del sobrino de Arturo Montiel Rojas.

El primer año de Ávila administrando al Edomex se entendió como una etapa de ajuste, en la que además le tocaba sostener una campaña política presidencial que costó, oficialmente, 336 millones pero que otros análisis la ubican en 4 mil 599 millones de pesos. Eso, y que literalmente les debiera la gubernatura a Montiel y Peña, justificaron un año de nulo crecimiento, inversiones y derramas por debajo de los estándares anuales y un perfil público suscrito a empujar la campaña tricolor y condenar lo que desde allí se condenaba.

Pero que el Ejecutivo mexiquense estuviera entrampado en una parálisis explicable sólo así, no significaba que la vida en la entidad se detuviera. Continuaba sometida a una inercia que permitía lo suficiente y que contrastaba violentamente con las principales promesas de campaña que todavía algunos se permitían concederles el beneficio de la duda.

Así, aquella frase pronunciada con toda puntualidad en las giras de campaña, “cero tolerancia a la delincuencia”, se convirtió, a partir del 16 de septiembre del 2011 en el espejo negro del gobernador, donde se han reflejado hasta hoy los niveles de eficacia que guarda su administración.

Pero esa “cero tolerancia” destila cifras y anécdotas. Tres de ellas, las más crueles ubican a jóvenes mexiquenses desaparecidos por más de un año y que finalmente fueron hallados en morgues estatales, luego de secuestrados y buscados por todos los medios. Los familiares, incluso, debieron resolver esos casos. Paralelo a esto, 256 secuestros han sido denunciados en los últimos 21 meses, según un recuento del diario local Alfa.

El combate a la inseguridad no se puede entender si o se conoce a las cabezas que dirigen estos programas. Una de las primeras acciones de Ávila Villegas fue depurar lo policiaco. Así, tan fácil como un plumazo, decidió que la Agencia de Seguridad Estatal desaparecía. Aquello fu consumado el 2 de noviembre del 2011 y en su lugar nacía la Secretaría de Seguridad Ciudadana. En su momento, Peña Nieto había creado aquella ASE exponiendo las mismas razones que Ávila y Salvador Neme Sastré se convertiría en su nuevo titular. Neme duró poco, casi nada y a finales de agosto del 2013 anunciaba su renuncia e inmediata incorporación al gabinete federal, donde terminó perdiéndose de vista en algún lugar de la llamada Gendarmería Nacional. Estuvo 713 días al frente de la SSC, durante los cuales perdieron la vida 65 elementos y la tolerancia se transformó, más bien, en impunidad. Entre julio del 2012 y junio del 2013, cifras de la Asociación mexicana de Instituciones de Seguros, hubo 22 mil 130 robos de automotores en la entidad, la número uno a nivel nacional. En los primeros seis meses del 2013 hubo 287 asesinatos y 101 homicidios dolosos. La sucesora de Neme, Rocío Alonso Ríos, es considerada una sustituta provisional, en espera de que Ávila se fortalezca o definitivamente se enrole al gabinete de Peña Nieto.

La presencia del narcotráfico en la entidad se confirmó de la peor de las formas. Al sur mexiquense, nuevos municipios se sumaron a los ya controlados por La Familia Michoacana y disputados por Zetas, Templarios y Guerreros Unidos. Valle de Bravo, el destino turístico más importante en el Edomex, es uno de ellos. El narcotráfico en los valles de México y Toluca, más de 70 municipios en conjunto, también reportó actividad. Al menos mil 500 elementos mantiene el ejército en la entidad, que suman 2 mil 500 junto a federales y marinos.

De los trenes que circularían entre Toluca el DF y una línea del Metro en Neza, Chimalhuacán, los Reyes y Valle de Chalco, nada se sabe. Anunciados en el 2011, en la campaña, dieron pie a la utilización del “piensa en grande”, lema que también se convirtió en el de su gobierno.

En aquella entrega de cheques de fe, en el 2011, propuso eliminar la tenencia vehicular y el IETU. Sobre el primero, Peña Nieto había formalizado desde el 2012 la acción, en base a una resolución del Congreso federal. Eruviel Ávila la hizo suya y la incluyó en lo que él dio en llamar “decálogo”. Sobre el IETU, la nueva reforma hacendaria del peñismo propone su eliminación a partir del 2014. Eruviel, una vez más, tendría la mesa lista.

La radiografía política del actual gobernador mexiquense no podría interpretarse sin las rendiciones de cuentas. A pesar de que el sistema de Transparencia está activado desde hace años, la opacidad de los datos resulta incomprensible. Un lenguaje ni siquiera técnico y que impide al usuario común acceder a los datos que necesita es el primer escollo para quien lo necesita. La transparencia sobre bienes públicos, salarios y uso de presupuestos es una de las grandes fantasías del gobierno mexiquense. El sistema se alimenta con datos elegidos a discreción y los temas públicos se protegen impúdicamente, pues dicen los administradores, “implican o se trata de una parte de la vida privada del funcionario público”.

Eruviel mismo llegó a la candidatura priista envuelto en un halo que por misterioso se volvió vulgar. Las versiones señalan que el PRD tuvo un acercamiento con el entonces alcalde de Ecatepec y que le propuso la candidatura. Aquella “ventanita” la mantuvo abierta Eruvuiel hasta el final, cuando en los minutos finales de un cónclave-cena del priismo se decidió hacer a un lado a Alfredo del Mazo Maza y ofrecer un trato al del valle de México. Eruviel, que no pertenece al grupo de peña, aceptó y pactó con el poder. Uno de los tratos no escritos era su separación de la silla de Lerdo, luego de dos años, para que se impusiera a alguien más afín. Pero el actual gobernador ha cumplido. Ha mantenido la promesa de “no estorbar”. Las consecuencias inciden directamente en la población. La derrama económica no llega. Los pequeños comercios han cerrado. La llegada de Peña a la presidencia ha beneficiado sólo a sus amigos más cercanos. El gobernador no tiene respuestas adecuadas para explicar los niveles de inseguridad ni tampoco las inversiones estatales, salvo cifras que perfilan entregas de despensas, lap tops, libretas y becas escolares, y por qué su gobierno no es austero, como también había prometido. Un ejemplo es la compra de tapetes de yoga por 12 millones de pesos desde la Secretaría de Educación, el mes pasado.  Si Ávila anticipara, habría escogido mejores palabras que las de aquella campaña: “durante mi sexenio habremos de apretarnos el cinturón para poder gastar menos en el aparato burocrático y destinar más recursos en beneficio de la gente. Hay que pensar en grande, hay que actuar en grande”.

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