El Barco Ebrio

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Ahí van algunos números que hacen ver a las reformas fiscales como meras ecuaciones de ociosos, incapaces de resolver un problema de fondo y forma y que delimitan, una vez más, una esclavitud disfrazada de libertad de expresión, de derecho a manifestarse, a la queja, a la represión, a la fiesta y a una moderadas y casi imposible escala económica, pero que nunca conduce a una verdadera toma de decisiones, de aquellas que pueden cambiar la vida colectiva y privada de uno.  Así, a los negocios de Slim les han perdonado, de alguna manera, 26 mil millones de pesos en impuestos; a los de Elecktra le condonan el pago de 8 mil 572 millones; en WalMart dejan de pagar impuestos por 6 mil 588 millones; Grupo Modelo deja de pagar 5 mil 305 millones de impuestos; Bachoco, 2 mil 597 millones;  Bimbo, mil 382 millones; Tiendas Gigante, mil 733 millones; Coca Cola, 700 millones; Productos Herdez, 391 millones y Liverpool, 4 mil 202 millones de pesos en pago de impuestos. Servidos

 

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Revuelta y abstrusa como es, la reforma fiscal está explicada en términos para no entender. Ni siquiera la entienden los diputados, aunque para ellos es innecesario. Pero la mayoría debería entenderla. Redactada “para eruditos”, la reforma esconde algunas trampas mortales, que puede que no sean anda comparadas con el IVA a chicles, refrescos, alimentos para mascotas con todo animales y una que otra compra-venta de casas. Ah, y quienes entienden aquella propuesta generalmente no pueden explicarla de la mejor forma.

 

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Una de esas trampas tiene que ver con un seguro de desempleo que se pretende implementar. A primera vista, luce a todo dar, pero luego, ya no tanto. Este seguro de desempleo saldría de un impuesto directo al salario del empleado del 3 por ciento. Este tres por ciento forma parte del 5 por ciento que algunos pagan para el Infonavit. La nueva ley dictaría entonces, en un apartado, que personas de 50 años o más no puedan disponer de sus aportaciones a este Infonavit porque ya no son sujetos de crédito.

 

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También un Consejo de Administración decidiría cómo y con quién invertir los fondos de las Afore, sin posibilidad de impugnación y ni siquiera de conocimiento público.

 

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La decisión de gravar casi todo en México parte en realidad de algunas actividades arraigadas en quienes gobiernan. Una de ellas es buscar en el endeudamiento la solución a los problemas económicos. No es sólo el gobierno, la ciudadanía ha vivido, por siempre jamás, de prestado. A veces paga, pero la mayoría no. Los mal pensados creen que el gobierno peñista tiene, además, muchas deudas. No importa que el dinero que se recabe con esa reforma no alcance para nada, que no represente un cambio en la cultura de la contribución. El chiste es que hay algunos servicios que hay que pagar, porque los acreedores, ésos, no esperan. Si las campañas priistas costaron más de 4 mil millones de pesos –un poco más que el desfalco de Granier en Tabasco-, el monto a ganar debe ser enorme. Entre los acreedores están los amigos, los dueños del poder empresarial peor también otros, a quienes se dicen combatir frontalmente en una batalla antidrogas que se resolverá con un decreto de legalización, tarde o temprano.

 

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Y ya que Peña temía que lo abuchearan, que compra todo el Zócalo para él solo. Primero lo desalojó, como era esperado, y luego lo llenó con unos cuantos de miles de acarreados, a quienes les darían 500 pesos, la comida y la cena. Los camiones, repletos de priistas enjundiosos, partieron de diversas zonas del Edomex, sobre todo del valle de México, a eso del mediodía. Esperaron pacientes bajo el agua a que el mandatario y su familia se asomaran y Peña dijera las palabras, aquellas de Viva México, que poco significa ahora. Así, si hubo rechifla, nadie la notó. Todo fue aplausos y uno que otro rayo láser en la cara de los príncipes. Hasta un Grito se compró el presidente.

 

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Más allá de enriques y eruvieles, México es ya un país en guerra civil. La ciudad de México es uno de los escenarios de esa guerra sin frentes absolutos ni ejércitos totalmente definidos. No se entiende bien el meollo de la lucha, pues no son los más jodidos los que la encabezan, promueven. Son los que quieren el poder y el presupuesto que manejan unos. Y eso es todo. La guerra civil, la verdadera, tendrá que esperar un poco más.

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