Los amigos

* El siguiente texto es parte del libro Los Golden Boy’s, escrito por el periodista Francisco Cruz en el 2012 y editado por Planeta.

 

Francisco Cruz Jiménez

El par de temas que dejó en el tintero —Montiel y Salinas— será una sombra inseparable en la trayectoria del ex diputado federal Alfonso Navarrete (actual secretario federal del Trabajo), como quedó de manifiesto en septiembre de 2009 durante la comparecencia del secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, en San Lázaro, cuando panistas y perredistas no desaprovecharon la oportunidad para recordárselo en su cara. Muy sagaz, Navarrete Prida repartió las culpas.

Sobre el asesinato de Enrique Salinas  afirmó que se actuó hasta donde se pudo y que sus indagaciones apuntaban a elementos de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), que en ese tiempo encabezaba García Luna.

Señaló que, cuando se pretendió llamar a declarar a dichos elementos, se les envío a  un curso fuera del país, y que al pedir información a la PGR sobre las llamadas realizadas a la casa de Enrique Salinas, la respuesta que obtuvo fue que el “conmutador estaba descompuesto”.

El 23 de octubre de 2006, en su columna “Plaza Pública” que aparecía en el periódico Reforma, el extinto periodista Miguel Ángel Granados Chapa escribió: “Subsisten las preguntas a cuya respuesta Navarrete creyó, o nos hizo creer que estaba aproximándose. Seguimos sin saber quién y por qué mató al menor de los Salinas de Gortari, que no pereció víctima de un asalto callejero o tras un incidente de tránsito, de manera casual. ¿Está su muerte vinculada a los caudales que poseía y que se pretendiera arrebatarle?”

Y en cuanto a la exoneración de Montiel, argumentó: “Las pruebas que hay en ese expediente tienen que ver con la Cuenta Pública aprobada por el Congreso del Estado [que], por cierto, se aprobó por unanimidad con el concurso de los diputados de Acción Nacional y no había falla alguna.”

Pero Navarrete, con su cualidad para inventar respuestas, argumentó que pidió a la PGR su propia investigación o algún caso contra el ex gobernador Montiel, y encontró “un no ejercicio de acción penal. Remató diciendo que, por más que hubiera gritos, sombrerazos o escritos, si no había pruebas, porque ése era un asunto de pruebas, no podía haber consignación.

Antes de dejar su oficina en la Torre de Morelos (el edificio central de la Procuraduría mexiquense), recomendó al jefe del Poder Ejecutivo que su sucesor fuera un hombre “decidido, inteligente y con temple”, y que garantizara la impartición de justicia. Sólo Enrique Peña sabe si se tomó en cuenta ese consejo, pero nombró como procurador al jurista Abel Villicaña Estrada, decisión avalada por 77 de los 75 diputados locales.

En la hoja de vida de Navarrete también destacan sus cargos como secretario particular del procurador general de la República en 1993, subsecretario de Gobernación en 1994 y asesor jurídico en Morelos en 1996, así como sus reclamos o aclaraciones, en varias ocasiones, al periódico Reforma.

Por ejemplo, el 25 de julio de 2006, atendiendo a su derecho de réplica, Navarrete negó que Montiel y Peña le hubieran asignado una notaría pública por favoritismo o compadrazgo. “La nota parte de un presupuesto falso al señalar que yo no pude realizar la práctica notarial a la que alude el Artículo 14 de la ley de la materia, pues me desempeñaba como procurador. […] Es una pena que para un artículo que le mereció a su medio la primera plana no se hubiese tomado la molestia de preguntarle al interesado, con lo cual quizá abonaríamos en la objetividad de la información que se publica”.

La reclamación hizo que muchos lectores —quienes ni siquiera se habían percatado de la información— volvieran los ojos a los encabezados de la primera plana del día anterior, firmada por Germán Zepeda y Arturo Espinosa: “Adquieren notarías gracias a Montiel”.

Y ya en el cuerpo de la nota aparecía el quejoso: “En su último año como gobernador del Estado de México, Arturo Montiel creó 25 notarías públicas, de las cuales al menos siete repartió a amigos y colaboradores de su gabinete. Entre los beneficiados se encuentran Alfonso Navarrete; Emanuel Villicaña, hoy contralor de la Secretaría de Gobierno y hermano del actual procurador. […] Las notarías se entregaron de manera provisional entre noviembre del 2004 y marzo de 2005; algunas las ratificó el propio Montiel antes de dejar el cargo y otras le tocaron al actual mandatario, Enrique Peña. […] Navarrete se convirtió en notario provisional el 21 de marzo del 2005, siendo Procurador, pero ese mismo día pidió licencia para no quedar al frente de la notaría 143 con sede en Huixquilucan. Un año después, Peña le dio la titularidad del despacho”.

 

Oscuras relaciones

 

La primera semana de diciembre de 2005, todo Luvianos —por lo menos los ricos y algunos de los principales dirigentes del pueblo—se aprestaba a recibir al maestro Fernando Zamora Morales, secretario general del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM), organización que dirige a unas 85 mil personas en plazas de base, y a otras 20 mil plazas administrativas.

Desde su fundación en 1952, el sindicato ha representado para el PRI una gran reserva de votos. No es casualidad que 13 de los 18 secretarios generales que ha tenido hayan pasado de modestos profesores a políticos de altos vuelos arropados siempre por los colores y la insignia priista, desde Sixto Noguez Estrada, quien alcanzó la presidencia de la Gran Comisión del Congreso local en 1987, hasta Héctor Hernández Silva, quien en 2009 fuera electo diputado federal por el distrito XXVI con sede en Toluca.

Convertido en un apéndice electoral del partido en el poder y que, por décadas, ha monopolizado la representatividad de los maestros mexiquenses, cada seis años el SMSEM alista un “ejército” de maestros —el de 2012 para los comicios presidenciales incluyó a casi 10 mil— responsable de labores políticas: de representantes de casilla a coordinadores de promoción del voto a favor de la “democracia” priista, con la promesa de mejoras laborales y salariales a corto plazo.

Con esas credenciales, en muy poco tiempo Zamora —cuyo periodo como líder magisterial empezó en 2003 y terminó en 2006— se convirtió en uno de los mayores operadores del PRI en la entidad mexiquense. De la mano de Montiel, fracasaría su intento de llegar a la Legislatura local, pero el equipo de Peña lo rescataría e impulsaría como diputado local en 2009, y tres años después, ganaría una curul en el Congreso de la Unión. Pero eso es adelantarse a la historia.

Aquella ocasión de diciembre de 2005 pintaba para fiesta grande. “El Profe”, como lo llamaban de cariño, no sólo era uno de los brazos políticos del gobierno del estado a través del control de los maestros, sino candidato a diputado por un distrito electoral local con cabecera en Toluca. Dada su cercanía con el otrora gobernador Arturo Montiel y la amistad que le profesaba el sobrino de éste, Enrique Peña Nieto, pocos dudaban de que, en 2006 —después de los comicios del domingo 12 de marzo— “El Profe” estaría despachando en la Legislatura del Estado de México. Todavía el miércoles 7 de diciembre de ese 2005, nadie anticipaba su fracaso.

Sin embargo, el jueves 8 de diciembre fue un día que anunció una catástrofe. Muy temprano en la Ciudad de México el periódico El Economista publicó una reveladora foto suya: uno de los tres jefes del narcotráfico en Luvianos en particular, y del sur mexiquense en general, le organizaba encuentros políticos con la gente de poder precisamente en el sur. La fotografía de primera plana del rotativo mostró a Zamora Morales montado a caballo, exhibiendo su popular cuerno de chivo y sujetando la rienda del animal, un misterioso personaje que sólo en ese momento pasaría inadvertido para las policías antinarcóticos de la Ciudad de México. Las del estado lo identificarían tres años más tarde.

La historia en El Economista, firmada por el reportero Rubén Torres, tuvo otros matices, igualmente reveladores: “Líder magisterial acusado de amenazas. Se llama Fernando Zamora Morales y es el líder de uno de los gremios más grandes en el país, el SMSEM, integrado por unos ochenta y un mil profesores estatales. […] En la foto oficial del Comité Ejecutivo del gremio, el profesor Zamora aparece sonriente, perfectamente trajeado, junto a los otros treinta y cuatro miembros de la dirección sindical. […] En otra imagen, tomada hace unos meses, viste de rojo y está parado junto al entonces candidato a la gubernatura, Enrique Peña Nieto. Exultantes, sudorosos, ambos encabezan un mitin de campaña con maestros mexiquenses, que son utilizados de ese modo por el PRI, prácticamente desde la fundación del sindicato. […] Pero hay un lado más privado de este líder sindical: el que capta la foto que publicamos en la portada de nuestra edición de hoy. Igualmente sonriente, Zamora monta a caballo, en un rancho del municipio de Luvianos. Lleva puesta ropa informal y, en la cabeza, un sombrero calentano. Una veintena de personas tiene la vista fija en él, incluido un caballerango que lleva el animal por la rienda. Nada tendría de raro la imagen, de no ser por el arma larga, un cuerno de chivo que empuña el personaje. En el contexto social de Tierra Caliente no es extraño ver ese tipo de armas en convivios, e incluso que las disparen al aire en señal de algarabía. Pero Zamora es el líder del sindicato de maestros. […] Y ahora aspira a una diputación por Toluca”.

Tres años después de publicada la misteriosa fotografía, en mayo de 2008, funcionarios de la ASE informaron a la prensa en Toluca que aquel misterioso personaje que sostenía las riendas no era un caballerango, sino Albert González Peña, “El Coronel” o “El Tigre”, cabecilla del grupo criminal conocido como La Sagrada Familia. Informes de Gerardo García Benavente, director de Inteligencia de la ASE, citados por la prensa local, también advirtieron que “la guerra de grupos delictivos de alto impacto en una amplia zona del sur mexiquenses es una realidad insoslayable”.

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