El hombre huido

* En la ciudad. Vivo en Toluca y viajo cuando me llaman. Busco piedras y llevo paquetes, algunos son grandes y otros son como papeles envueltos en lonas, muy sucias y descuidadas. Dicen que así se ven menos y nadie la hace de pedo. En Toluca no hago nada. Salgo al cine y voy a los mercados cuando es domingo a comprar cosas.

 

Miguel Alvarado

I

Lo primero es empezar, como dicen los que luego vienen por nosotros para trabajar en el campo o llevando paquetes. Ya luego viene lo que sigue, que es agarrarle el gusto a lo que hacemos. Pero luego un día que llegamos todos a descansar sucedió que la bola de tierra se los llevó. A casi todos, porque unos andábamos en otros jales y nos cortamos de donde estaban dormidos. Llovió toda la noche y cuando me desperté ya no estaba nadie. Pero no estaban ni las casas ni las gentes ni las camionetas. Nomás quedó mi cabaña, quién sabe cómo. Luego salí para ver si estaban por allí aventados, pero mejor no quise seguirle porque olía. Olía como a ollas con carnes, de esas que luego se ponen en el mercado y a las 6 de la tarde ya nadie quiere. Luego fui por los que estuvieron conmigo en la noche y los desperté. Me dijeron que  no habían escuchado nada, y que mejor nos fuéramos pronto, no fuera que llegaran los patrones y encontraran que nadie quiere ir esta vez.

 

II

Nos contratan para buscar rocas. Un tipo especial de piedras que pueden aparecer en cualquier lado. Incluso en terrenos habitados o en pueblos enteros o ciudades. No podemos entrar a las propiedades privadas así como así. Tampoco los patrones pueden comprar todo así como así. Bueno, sí pueden, pero llamarían la atención y aquí somos como muy clavados en esas cosas. Las piedras en cuestión indican la presencia de un gas que puede estar hasta metido en las mismas rocas, quién sabe cómo, pero indica que allí hay una reserva. Luego le aplican una máquina y lo sacan. No siempre es mucho y casi siempre fracasamos en las búsquedas. Pero con uno que encontremos, todo se paga. Pero siempre que localizamos un lugar habitado, los dueños hablan con el gobierno y ellos hablan con los narcos. Luego inician una guerra en ese lugar y la gente se va o se pone blandita. Así le hacemos siempre. Todos ganan, hasta la gente que vive allí porque se va a lugares mejores o les llega la lana. Y esos es todo el país. Luego ya se agarran de pretexto para iniciar guerras por cualquier cosa y todos quieren hacer sus propios grupos. Eso es otra cosa. Con nosotros no se meten porque nosotros les pagamos. Así vivimos y vivimos bien, gracias a dios.

 

III

En las casas donde nos quedamos no hay camas a veces o estufas o muebles. Ni siquiera sillas, a veces. Luego algunos de ellos dicen que son maestros rurales, que trabajan en las escuelas de los pueblos y que les pagan los propios habitantes. Les completan, pues, porque en algunos pueblos no hay qué comprar y se comercia con trueques. Dicen que luego llegan los militares y los narcos, que andan juntos acá en Guerrero y en la parte caliente del Estado de México. Que allí andan, dicen, y que se llevan a las muchachas y las regresan luego, embarazadas, con los hijos de quien sabe quién, porque ni ellas saben. Y así ha sido por años. Que nunca ven a ninguna autoridad, de las civiles, aunque a veces van a llevarles despensas. Entonces hasta hacen comida. Ellos la llevan pero ya se sabe que van a pedir algo a cambio. Y llegan con hombres armados que echan cuetes cerca de sus rifles mientras las autoridades se sientan junto a los verdaderos jefes, que sí parecen porque siempre traen la cara de preocupados, como de idos. Luego ponen a los grupos a cantar y les invitan a la gente. Todos toman y comen lo que quieren y hasta se llevan a sus casas. Ya al final les advierten  los gorrones que se acuerden de ellos cuando les pidan algo. Pueden ser votos o que les escondan cajas en los jacales. O que le entren con ellos en un trabajo o por un tiempo. Nadie dice que no. Yo siempre dije que sí.

 

IV

En la ciudad. Vivo en Toluca y viajo cuando me llaman. Busco piedras y llevo paquetes, algunos son grandes y otros son como papeles envueltos en lonas, muy sucias y descuidadas. Dicen que así se ven menos y nadie la hace de pedo. En Toluca no hago nada. Salgo al cine y voy a los mercados cuando es domingo a comprar cosas. A veces nomás me quedo mirando los puestos y las calles enlodadas que siempre se inundan por poca que caiga la lluvia. Miro los perros callejeros, todos hambreados y los puestos de tacos y la gente que vende las cosas que son como basura, que no le sirven a nadie pero que sirve para hacer de cuenta que se tiene una ocupación o un negocio que puede crecer, ocupar lonas y trapos más grandes. Y entonces compro algo, unas veces son agujetas o ropa que ni siquiera me queda, que en la casa termina en los patios o se la lleva alguien más. Nomás eso hago, porque me cansan mucho los viajes aquellos, aunque ya dije que gano bien y por eso le sigo. No tengo armas ni cargo, porque dicen que puede ser un problema después. Que pase lo que pase, de todas maneras yo no trabajo con los narcos. Hasta tengo papeles y una credencial que dice que soy empleado de una empresa canadiense. No, nadie me preguntó si trabajaba con los narcos.

 

V

Ya este es el último reporte que debo entregar. Lo paso por el internet, es más fácil, y luego recibo instrucciones también por el internet. Yo digo que las inundaciones en México fueron porque la gente que vivía antes en un lugar vive ahora en otro, donde no se puede bien a bien tener los servicios y las cosas más básicas. Luego les regalan los terrenos y ellos tiene que aceptar vivir donde sea, porque no tienen de otra además. Hablo de los pobres. Los ricos pues padecen lo suyo y a veces por las mismas razones. Pero a los pobres se les nota más la desgracia, aunque parece que ya nacieron así desde siempre.

 

VI

Guillermo Fernández cumple dos años de muerto. Asesinado, su casa en la colonia Independencia de Toluca fue cerrada por la Procuraduría estatal porque era la escena del crimen. Allí permanecen sus libros, sus pinturas, sus trabajos inconclusos, los ya terminados. Traductor del italiano y poeta, a Fernández le sobraban amigos y nadie tenía nada contra él. Ese asesinato es todavía un misterio porque no hay investigación, o está detenida, archivada en alguna parte del aparato burócrata. Hace dos semanas, los vecinos de Fernández avisaron que alguien se había metido a su casa. Dijeron que eran vecinos y que se llevan las cosas. Un refrigerador, tal vez un mueble de aquella sala ya vacía o los enseres que allí se guardan, abandonados. La casa sola es una casa saqueada. El asesino es un hombre solo, escapado, sin rastro que le persiga.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s