El Ché Guevara según Radio Red

* Un anciano toma el sol en el centro de Toluca. Parado junto a una vitrina, mece su bastón y se toca la gorra. El sol le hace daño y parece a punto de caer. Pero se sostiene y así puede platicar que él conoció a Fidel, conoció al Ché. Y eso qué. Ni se bañaban. Así es, no se bañaban pero vinieron a Toluca buscando un patrocinio, ayuda económica. Y la encontraron bien pronto.

 

Miguel Alvarado

El Ché Guevara no se cambiaba de ropa. Era un hombre de costumbres sucias. Y es que le gustaba trabajar en cosas que no le correspondían. Por ejemplo, los fines de semana dedicaba 12 horas del día a cortar caña de azúcar o daba consultas médicas. Bueno, pero estudió medicina sólo porque estaba enfermo de asma y escogió pelear en Cuba porque la oportunidad se le atravesó en el camino, no porque supiera algo de aquel país. Yo entiendo que el Ché Guevara tenía sus propias guerras, internas y terribles y que le gustaba sufrir porque, a ver, ¿qué necesidad tenía de hacer la guerra o de ir y provocarla en el Congo o Bolivia o donde quiera que estuviera? O sea, o sea, o sea, había un trastorno que le impelía a castigarse. Y luego se fue peleando con todos, como quien dice, se fue cerrando las puertas. Cometió asesinatos sanguinarios y crueles este ejemplo para las juventudes de todos los tiempos. Porque, a ver, ¿quién le da todo a nadie sin recibir nada a cambio? ¿A poco no le dieron nada al Ché? Y luego tenía relaciones sexuales con las sirvientas, sólo con ellas, como para poder justificar su ideología, que la tenía, que era marxista pero no, no era congruente. Ya ven que al final –el final que ustedes quieran- le preguntan que por qué no había escapado, allá en la sierra boliviana, del ejército de aquel país y había respondido que porque “no tenía a dónde ir”.

La versión radiofónica del Ché Guevara, desde el programa Biblioteca Pública de Radio Red, conducido por Sergio Berlioz, Verónica Medina y Mario Méndez, presentó el domingo 24 de noviembre un retrato así del revolucionario. Medina expuso aquel punto de vista que desengañaba a guevaristas de rancio abolengo, endomingados y con el cafecito en la mano, sentados oyendo el programa. Y es que sí. ¿Cómo se hace una revolución – y se gana- si uno no se cambia de ropa? ¿Y por qué no se la cambia, aunque sea ministro o consejero del nuevo gobierno? ¿Dónde las buenas costumbres? Corren rumores sórdidos de que Guevara de la Serna, miembro de una adinerada familia argentina, pero que torció el camino, llegaba a sus oficinas con las botas de trabajo, lleno de lodo y así recibía a quienes lo buscaban para resolver algún tema de nacional importancia.

Por otro lado, quien anda metido en la guerra pues seguramente tendrá que matar, incluso de la manera más cruel, a sabiendas de que cualquier muerte violenta resulta ya de por sí insoportable. Eso lo sabe bien el gobierno de Felipe Calderón, con sus 80 mil calacas y ninguna guerra oficial o la administración de Peña Nieto, con sus 17 mil fallecidos y, también, ninguna guerra oficial. Tampoco es normal que haya estudiado medicina, lo aceptamos. Porque ni siquiera se curó el asma. ¿O no era asma lo que debía curarse? Tal vez eran sus ansias de notoriedad, su don de mando o su manía por retratarse y que pareciera que no le gustara. En Radio Red nadie lo sabe, nadie lo supo, pero lo cierto es que se entiende eso de libertad o liberación, pero en el sentido de Deepak Chopra o del cantante Francisco Javier, porque no hay uno que explica las puertas cerradas, la impunidad, el beneficio común, el PIB, las jornadas comunitarias. Esclavos los hay en todos lados. No puede ser diferente Cuba o México en la organización actual propuesta. ¿Cómo es que nada cuadra, que las decisiones de los gobiernos parecen encaminarse justamente al lado más inapropiado del problema a resolver?

Un anciano toma el sol en el centro de Toluca. Parado junto a una vitrina, mece su bastón y se toca la gorra. El sol le hace daño y parece a punto de caer. Pero se sostiene y así puede platicar que él conoció a Fidel, conoció al Ché. Y eso qué. Ni se bañaban. Así es, no se bañaban pero vinieron a Toluca buscando un patrocinio, ayuda económica. Y la encontraron bien pronto. Fue el profesor Carlos Hank quien les proporcionó una casa donde vivir, una casa que está por allá atrás, por donde está la Rectoría, en la calle de Instituto Literario. Bueno, también les enseñó el volcán, para que fueran a tirar y aprendieran y se entrenaran y entrenaran a los otros. Y les dio de todo lo que pudo.

¿Y qué quería Hank con el Ché Guevara? Un relato, del columnista José Martínez Mendoza, escarba un poco. “El profesor Carlos Hank mantenía una estrecha relación con Fidel y con Camilo Cienfuegos. De vez en cuando comían o cenaban en casa de Hank. Según una anécdota (ratificada en Cuba, por el propio Jorge Hank Rhon), la noche del 27 de enero de 1956, durante una cena en la casa del profesor, en Toluca, su esposa la señora Guadalupe Rhon comenzó a sentir los primeros dolores de parto. En casa de los Hank estaban como invitados Fidel Castro y Camilo Cienfuegos. Jorge Hank Rhon lo contó así: “el 27 de enero de 1956 estaban cenando en la casa mi papá, Fidel Castro, creo que el Che Guevara, mi tío y dos o tres personas más. En ese momento mi mamá se fue al hospital para tenerme; ¡nací el 28 a la una de la tarde!”.

Fidel, Cienfuegos y Guevara estuvieron viviendo en realidad en la hacienda de Santa Rosa, conseguida por Hank para los cubanos, ubicada en Chalco. Pero y qué quería Hank, entonces. O qué querían los cubanos con Hank, que hasta cenaban en su casa. Una explicación es que Hank, de joven y viviendo en Atlacomulco, había formado un grupo que se llamaba La República Ideal, que coincidía en algunos puntos con otro joven, Castro, y que por eso se hicieron amigos. Luego la vida los llevó por otros rumbos pero nunca dejaron de serlo. ¿Y entonces? ¿Por qué Fidel andaba en la campaña para gobernador que el PRI le armó al doctor Gustavo Baz?

Todo indica, pues, que Guevara, Castro y Camilo Cienfuegos eran burgueses pero que no se aseaban por días, y que aún así tenían nexos con políticos de los años 50, no lo más importantes ni poderosos, pero que llegarían a serlo de alguna manera. Las formas del Ché no gustaban a muchos. Tampoco las de Castro o las de Cienfuegos.

No es posible, desde Peñalandia, comprender por qué alguien o algunos darían la vida por el resto, así nomás o por qué querrían mejoras comunitarias que no implicaran ganancias personales. Todo esto en México fue resumido en una tablita muy coqueta, a disposición pública en Transparencia y redes sociales, donde se anuncia que el aguinaldo de un ministro de la Suprema Corte será de 494 mil 36 pesos para el 2013; el de uno del Tribunal Electoral, 487 mil 878 pesos; el de un consejero del IFE, 448 mil 960 pesos; el del presidente de la república, 396 mil 476 pesos; el de un auditor superior de la Federación, 375 mil 695 pesos; el del comisionado nacional de Derechos Humanos, 366 mil 505 pesos; el de un consejero de la Judicatura, 347 mil 361 pesos; el de un senador, 234 mil 330 pesos y el de un diputado federal, 198 mil 187 pesos. Ahora entendemos.

El Barco Ebrio

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Maestros federales en Toluca denuncian que Emilio Chuayffet, secretario de Educación en México, hace falsas declaraciones respecto a la funcionalidad de las escuelas de tiempo completo. Y es que básicamente se implementan como guarderías, cuando el programa marcaba que los alumnos se quedarían para tener una educación integral, es decir que además de contenidos se desarrollen competencias que abarquen no solo lo académico.

 

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Esto generaba ganancias para todos, según lo estipulado. Un presupuesto extra a las escuelas, que serían equipadas con cocina y hasta comedor. Un pago extra para los maestros y la enseñanza a los niños, razón primordial del programa. Pero los problemas comenzaron cuando el tempo extra de los profesores no llegó. Y hasta la fecha no ha llegado.

 

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El enojo se transformó en molestia con el paso de los meses. Chuayffet, por su lado, se encargaba en entrevistas públicas de asegurar que los pagos llegaban puntuales, que era todo un éxito. Finalmente, a los maestros les llegó una tarjeta bancaria, con la cual podrían usar los depósitos del tiempo extra, a mediados de noviembre. Pero la famosa tarjeta no tenía fondos. Así, las cosas siguieron igual desde que arrancaron, el 19 de agosto. Los maestros señalan que se les deben 2 mil 800 pesos por cada mes, que a la fecha suman tres meses.

 

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El horario normal de un maestro es de 9 de la mañana 2 de la tarde. El tiempo competo los obliga a laborar de 8 de la mañana a 4 de la tarde. “Estamos trabajando gratis, con una hora más en la mañana”, apuntan los afectados. “Si no cumplimos, te acusan de abandono de trabajo y luego es peor”.

 

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Los profesores dicen que ese dinero extra, además, no cuenta para cotizar en el ISSSTE o para la jubilación. Nada.

 

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El presupuesto que recibe una escuela está etiquetado. O eso dicen. Los profesores saben mejor que nadie cómo se usa. En el caso de las escuelas rurales, la mitad del dinero se destina para resolver “trámites de gobierno y así se va quedando, que para oficinas, etc., y a la escuela llegan mil pesitos… y ahora, maestro arréglatelas como puedas para pintar, reparar, construir, mantener, sobre todo eso, mantener en pie la escuela y como no alcanza se apoya de los papás con sus inscripciones, o sea, cuotas y qué pasa con eso. Ah, pues Loret se encargó de decir que para qué cobramos cuotas si hay recurso y eso lo regresan los papás a nosotros como pregunta. Por eso se niegan a cooperar… entonces, ¿qué hacemos?”.

 

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Los padres se dan cuenta de que no hay recursos, pero a ellos ya les dijeron las autoridades escolares que recibirían un apoyo diario por 15 pesos para desayunos. Los maestros desmienten una vez más. Los 15 pesos tampoco llegan, pero esos, de plano, no llegarán porque un aviso posterior ya se los hizo saber. No saben cómo informar a los padres, ni cómo reaccionarán. No habrá 15 pesos, pero tampoco cocina ni comedor.

 

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Las redes sociales sirven como medio, peor es difícil que haga  caso con situaciones aisladas. Un ejemplo es que se reproduce a continuación, y que alcanza a una kínder en Toluca. “Vengo del preescolar de mi hijito de 4 años, hace dos semanas que pregunto sobre sus desayunos, “una ayuda” del gobierno estatal de Eruviel Ávila Eruviel Ávila Villegas, que baja a municipales y entregan a escuelas como en la que está mi pequeño. SÓLO SON DIEZ CADA MES. Es un niño alto y lo ha declarado arbitrariamente, el DIF municipal, en sobrepeso, siendo que es delgadito y vegetariano. Jamás había pedido ayuda a ningún programa, jamás he estado formada en ninguna fila para molestar a nadie. Mi hijo tiene poco tiempo en el colegio y esta vez, que perdí mi trabajo y que solicito ayuda gubernamental, me la niegan. Ayer me negaron ayuda en el DIF. Soy una mujer de bien, jefa de familia a la que le dijeron: “el programa sólo es para madres menores de 35 años”. ¿Y qué, mis hijos tienen la culpa de que me haya tardado en casarme? Hay días muy buenos, hay días muy difíciles, la enfermedad no me permite moverme en ocasiones, soy una mujer compartida y amorosa. ¿Qué hay que hacer? ¿Me quedo mirando? Sus tablas de peso y sobrepeso están completamente desproporcionadas, la maestra simplemente dice: “no puedo hacer nada y mi enano se pregunta: ¿por qué a mí no me dan cacahuates y leche?” Siendo vegetarianos, es de suma importancia para nosotros las semillas. ¿Quién va a responder por la inhabilidad, prepotencia e injusticia?”.

 

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Una nueva obra se anuncia para La Marquesa, el límite entre el Estado de México y el DF. La carretera México-Toluca, tendrá un doble piso en un tramo de 17 kilómetros, que construirá David Peñaloza, dueño de Tribasa y con un pasado bastante movido, luego de que se imputó un fraude por 29 millones de dólares contra Nacional Financiera. Apresado en España, es uno de los consentidos del salinato y actualmente está considerado como uno de los 100 dueños de México, según una lista de CNN. En fin. El negocio lo hace el gobierno del Estado de México. La cosa es que ya se inició la primera parte, que involucra la compra de terrenos a personas que en su vida han pensado en vender su patrimonio nada más porque un trazo carretero indica que por su patio o recámara pasará una autopista.

 

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El gobierno de Metepec, que comanda como dirían los del radio, la prima de Enrique Peña, Carolina Monroy, le entra durísimo a la promoción cultural. Ha logrado que cada año su festival Quimera les reditúe, al menos en imagen, y se mantenga como un espacio entre pop y vano, entre culto y callejero. Pero también le interesa el apoyo a los concursos donde la creatividad es puesta a toda prueba, como el proyecto La Caja Como Punto de Partida, que junto al gobierno del DF, la SEP de Puebla, Conaculta, Fonca y el Centro Cultural Estación Indianilla, patrocina y ofrece un premio de 100 mil pesos a quien presente la mejor caja –sí, una caja en los materiales que usted guste y estime pertinente construir una caja. Sí, una caja-. La caja en cuestión, que valdrá 100 mil pesos mide hasta 90 centímetros y pondrá a prueba la creatividad del concursante, que por otro lado deberá reunir requisitos puntuales para acceder al premio, que se puede checar http://www.circuloa.com/convocatoria-prisma-rectangular-la-caja-como-punto-de-partida/. Demos gracias a que existen proyectos tan necesarios como una caja, donde “la documentación y la obra que no cumplan con los requisitos establecidos en la presente convocatoria no serán puestas a consideración del jurado”.

Las razones del miedo

* El último reporte del Secretariado Ejecutivo Nacional del Sistema Nacional de Seguridad Pública señala que desde el primero de diciembre del 2012 y hasta el último día de octubre del 2013, la administración de Enrique Peña acepta 17 mil 68 asesinatos. Si la estadística se mantiene, el próximo sexenio terminaría con 102 mil 408 homicidios. Otros datos contabilizan 500 ejecutados al mes desde ese diciembre, por nexos con el crimen organizado, unas 20 personas diariamente.

 

Miguel Alvarado

– Órale, pinche puto, ¿pues qué te traes?

La camioneta de la cual se baja el hombre es una Lincoln, cubierta de polvo, maltratada pero que todavía deja ver un color que pudo ser dorado en mejores tiempos. Le ha cerrado el paso a un camión de pasajeros, que cubre la ruta de Ciudad Universitaria a La Pila, en Metepec. El incidente, en la avenida Baja Velocidad, frente al edificio de cristal del Instituto Electoral es presenciado por patrulleros estatales, que vigilan en Paseo Tollocan el tráfico.

– Órale, pinche puto, ¿pues qué te traes?

El hombre que baja de la Lincoln va armado. Saca de sus ropas una pistola y con ella se dirige al chofer del autobús, que ha frenado violentamente al tener enfrente la camioneta. El hombre con el arma luce más alto de lo que es en realidad. La pistola le otorga el aura de poder e impunidad necesarios para lograr los objetivos vitales.

– No, pues es que yo me hice a un lado para que pasaras –atina a decir el atribulado conductor, que no puede despegarse de la ventanilla, pues ya se le apunta diligente, profesionalmente con el arma. Un golpe en el vidrio lo silencia por completo. Mientras, los patrulleros se hacen de la vista gorda. No se van pero no bajan de las unidades. Son dos, una estacionada a metros de la otra, en el acotamiento del carril de alta velocidad. Todos las ven, también el empistolado, quien permanece junto al camión en espera de respuesta, como si hubiera alguna para esos casos.

– Ya te dije que… -trata de explicar el operador, pero un nuevo golpe lo disuade. Alto, con camisa de cuadros, anaranjada, de manga corta, pantalón de mezclilla, cumple casi a la perfección con el estereotipo del militar, del policía vestidos de paisanos, encubiertos o de plano de un sicario.

– Pinche mugroso de porquería –le vuelve a decir el de la pistola. “Es un pinche guarura”, suelta uno de los pasajeros, más espantado que curioso porque el monólogo con la pistola ya rasguña la histeria. Pero ellos son así, algunos, pues. Bajan de sus autos y amenazan con lo que tienen a la mano. No importa lo que suceda después. No temen morir, que alguien más espantado que ellos se decida a disparar por pura inercia. El hombre sube a su camioneta y arranca luego de simular, antes de cerrar la puerta, un disparo contra el camión. El chofer deja que la camioneta se aleje y después sigue la ruta. Todos bajan de la unidad en cuanto pueden. Nadie sabe con certeza por qué sucedió aquello pero cualquier pretexto es suficiente para desatar cualquier cosa.

A nivel nacional, la violencia no ha disminuido. El último reporte del Secretariado Ejecutivo Nacional del Sistema Nacional de Seguridad Pública señala que desde el primero de diciembre del 2012 y hasta el último día de octubre del 2013, la administración de Enrique Peña acepta 17 mil 68 asesinatos. Si la estadística se mantiene, el próximo sexenio terminaría con 102 mil 408 homicidios. Otros datos contabilizan 500 ejecutados al mes desde ese diciembre, por nexos con el crimen organizado, unas 20 personas diariamente.

En el Edomex los policías asesinados forman un grupo muy especial, una estadística cuidada con el mayor esmero por las autoridades. A pesar de las discreciones, los conteos existen y dependencias como la Procuraduría mexiquense aceptaban, en el 2008, un promedio anual de 37 policías caídos nada más en enfrentamientos contra el narcotráfico y bandas organizadas. La PGR, por su lado, decía en el 2008 que “hubo 23 agentes caídos, cinco de ellos en el Estado de México”, en una nota del portal electrónico 24 Horas.

La estadística, desde entonces, no ha variado mucho, pero no dejaba de preocupar a la misma PGJEM que en el 2012, al menos 360 policías habían sido cesados, separados o encarcelados por presuntas relaciones con cárteles. La seguridad pública ha estado comprometida por años por el narcotráfico, la corrupción y la impunidad. En enero del 2012, la Federación aceptaba que “2 mil 997 militares, miembros de órganos de inteligencia y policías federales, estatales y municipales han muerto en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico”, reproducía el diario Excélsior. Para el Edomex, el índice delictivo es de 40.36 por ciento, que ubica a la entidad en el tercer lugar nacional entre las entidades con el índice más bajo. Según datos de la PGR los delitos contra la salud en el Estado de México representan el 54.92 por ciento del total cometidos y los relacionados con posesión de armas y explosivos alcanzan el 20.57 por ciento del total.

Las corporaciones policiacas en la entidad son más bien botines políticos desde donde se negocian resultados políticos pero también el reparto de plazas con el crimen organizado. Enrique Peña y luego Eruviel Ávila sostenían que la prioridad de sus gobiernos era precisamente la seguridad pública y nada más ganar las elecciones, el primero en el 2005 y el segundo en el 2011, borraron de un plumazo las instituciones existentes. Señaladas las dos administraciones por efectuar cambios sólo de nombre, la situación nunca mejoró pero sí se hizo evidente la impunidad en la que se desenvuelven los mandos policiales. Primero llegó la Agencia de Seguridad Estatal, que tardó más de un año en ser oficializada pero que sólo duró hasta la entrada de Ávila Villegas a la gubernatura. El nuevo Ejecutivo repitió el ejemplo de su antecesor y creó la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Pero un nombre distinto no ayudó a nadie, ni siquiera a sus gestores, que no involucraron planes de trabajo en el interior de las instancias. Siempre fueron los mismos, con distintos uniformes y nada mejoró.

Pero si la ciudadanía se pregunta por el grado de corrupción policiaca, encuentra en los salarios parte de las razones. Nueve mil quinientos pesos mensuales en el rango de policía R-2 por jugarse la vida pueden no ser razones suficientes para agentes estatales y municipales. El tabulador para los jefes es otra cosa. Un comandante de Región R-1 ganaba, hasta el 2012 según el tabulador de Transparencia, 22 mil 488.20 pesos brutos al mes, por ejemplo, pero el secretario obtiene 196 mil 852 pesos brutos cada mes mientras que los mandos superiores y medios, catalogados entre los niveles 30 y 31 superan los 100 mil pesos brutos mensuales.

El juego de Emilio

 

 

* Antes de sentarse a despachar en la ciudad de México para controlar la política interna de un país convulso, ganaron las prematuras ansias sucesorias y, desde la nueva posición, Chuayffet le arrebató a Hank González el liderazgo del Grupo Atlacomulco, aunque, como pasó desde la época de Isidro Fabela y Alfredo del Mazo Vélez, de 1942 a 1951, lo único que logró fue el sometimiento de los políticos del Valle de México. El país era otra cosa”, escribe el periodista Francisco Cruz Jiménez en el libro Los Golden Boy’s, editado por Planeta en el 2012, al cual pertenece este extracto.

 

Francisco Cruz

Emilio Chuayffet hace su juego. Sus allegados se niegan a recordar el pasado negro. Parece mejor idea ocultarlo. En ese pasado, sus enfrentamientos con la profesora Elba Esther Gordillo Morales, a quien humilló y arrebató, durante la primera semana de diciembre de 2003, la coordinación de los diputados federales priistas son lo menos grave, aunque antes de la Navidad de aquel año usó este recurso para correr a sus protegidos Tomás Ruiz González, Roberto Campa Cifrián, Baltazar Manuel Hinojosa Ochoa y Abel Echeverría Pineda.

En el camino, y luego de las maniobras de Chuayffet —en complicidad con el tabasqueño Roberto Madrazo Pintado—, el PRI expulsó a la maestra, a quien acusó de  realizar actos de desprestigio a candidaturas priistas, solidarizarse con acciones de partidos antagónicos, promover actos de proselitismo de otros partidos, proferir injurias y expresiones calumniosas y difamatorias contra distinguidos militantes del PRI, así como por crear, a escondidas, el Partido Nueva Alianza.

Aquella alianza Chuayffet-Madrazo no fue sorpresa para nadie; ambos se habían formado bajo las “enseñanzas” del  profesor Carlos Hank González. El segundo era su protegido desde la muerte de su padre, Carlos Madrazo Becerra, en un extraño accidente de aviación —que tuvo visos de haber sido ordenada desde la Presidencia de la República—, mientras al primero lo hizo subdelegado de la Delegación Benito Juárez, en el Distrito Federal, en 1976, cuando Emilio apenas tenía 25 años de edad. En 1982, ya era titular de la delegación, cargo que dejó por recomendación de Hank para aceptar la candidatura del PRI a la alcaldía de Toluca.

Por más que lo niegue, gracias a los tentáculos de Hank —el gran corruptor del Grupo Atlacomulco y de la política mexicana— fue impuesto como candidato a la alcaldía de Toluca, en 1982, de donde dio el salto a la Secretaría de Educación, Cultura y Bienestar Social en la administración de Alfredo del Mazo González, y de allí a la Secretaría de Gobierno en el fallido sexenio— porque gobernó menos de dos años— de Mario Ramón Beteta.

Posteriormente, lo rescató Carlos Salinas de Gortari, quien lo nombró titular del instituto Federal Electoral (IFE), de donde lo envió como candidato del PRI a la gubernatura mexiquense. La historia se escribió como sigue.

Elegido gobernador para el periodo del 16 de septiembre de 1993 al 15 del mismo mes, pero de 1999, Chuayffet no completó dos años porque, a finales de junio de 1995, el presidente Ernesto Zedillo corrió a su secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán—luego de una matanza de campesinos en Guerrero, perpetrada por la policía de aquella entidad— y le pidió al mexiquense renunciar a la gubernatura —lo que Chuayffet hizo el 2 de julio—, para que ocupara la secretaría de Gobernación.

A pesar de los argumentos sólidos de la oposición en la Legislatura del estado de México, Chuayffet recurrió a su poder, así como a la docilidad y sumisión de los diputados priistas, para violar la ley e imponer, en el cargo que dejaba vacante, a su amigo y pupilo César Camacho Quiroz.

Maquinaciones e intrigas aparte, la decisión de Chuayffet y sus aliados los legisladores locales priistas tenía un objetivo común: impulsar, con cinco años de adelanto, la candidatura presidencial chuayffetista. La secretaría de Gobernación, el segundo puesto más importante del gabinete —el primero es el jefe de la oficina de la Presidencia, cargo equivalente al de una vicepresidencia ejecutiva— les daría tiempo, espacio y poder.

Hasta entonces, a Chuayffet se le había dado en forma natural el oficio de hilar fino el entresijo de la política mexicana. Desde el gobierno de Carlos Hank González (1969-1975), ningún gobernador mexiquense —ni Alfredo del Mazo González— había tenido el camino tan claro hacia la candidatura presidencial priista. Al menos eso parecía, por el exceso de confianza del equipo de Chuayffet.

Antes de sentarse a despachar en la ciudad de México para controlar la política interna de un país convulso, ganaron las prematuras ansias sucesorias y, desde la nueva posición, Chuayffet le arrebató a Hank González el liderazgo del Grupo Atlacomulco, aunque, como pasó desde la época de Isidro Fabela y Alfredo del Mazo Vélez, de 1942 a 1951, lo único que logró fue el sometimiento de los políticos del Valle de México. El país era otra cosa.

En forma incuestionable, mordió el anzuelo de la ambición cuando, a través de amenazas, veladas y abiertas, los chuayffetistas doblegaron a todos los priistas —y a quien se atravesara a su paso— que intentaron salirse del huacal e irse por la libre. Del 28 de junio de 1995 al 30 de agosto de 1997 Chuayffet se convirtió en un dios para los priistas mexiquenses.

Frente a la rancia tecnocracia que representaba el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León —fiel seguidor del modelo de economía interna al servicio del libre mercado y del modelo neoliberal, impuesto por Miguel de la Madrid en su sexenio, que empezó el 1 de diciembre de 1982—, la innegable influencia política de Chuayffet, así como la imposición de su “santa” voluntad duró hasta el martes 9 de septiembre de 1997, cuando quedó atrapado entre los enconos del salón de plenos del Palacio Legislativo de San Lázaro.

Aquel día, en una moción promovida por el camachista Marcelo Ebrard Casaubón, los diputados federales lo censuraron, recriminaron y desconocieron como interlocutor del gobierno federal zedillista. Ni los panegiristas de Chuayffet pudieron meter las manos para evitar la debacle, la vergüenza y el deshonor. Su liderazgo indiscutible apenas alcanzaba para controlar a la clase política mexiquense. Zedillo nada sabía de política, pero tonto no era.

Frente a esos legisladores federales a los que había intentado someter “apenas le alcanzó el aliento para bajar la mirada, callar y perder su autoridad. Su refinado liderazgo quedó hecho trizas, aunque más tarde el mismo sistema que lo depuró se encargaría de mostrarle sus bondades o su miopía. Lo disuadió para mantenerse en la generosidad de la nómina gubernamental”—tal y como se documenta en Negocios de Familia. Biografía no autorizada de Enrique Peña Nieto.

Contrario a Zedillo, quien no estaba preparado políticamente para gobernar, considerado como un burócrata de las finanzas al que le cayó del cielo la candidatura presidencial, a Chuayffet le sobraba experiencia para moverse en los terrenos de la política.

Después de su paso por la Delegación Benito Juárez, la presidencia municipal de Toluca, las secretarías estatales de Educación, Cultura y Bienestar, y General de Gobierno, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la Dirección General del Instituto Federal Electoral (IFE) y la siempre poderosa gubernatura mexiquense, tenía tablas para enfrentar cualquier problema político que le pudiera surgir.

Además,  a diferencia de su jefe el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, él sí fue educado para “despachar” desde la Presidencia de la República. Tenía ganas, ambiciones abiertas y los ánimos para gobernar. Si se mira la historia con cuidado, Emilio siempre ambicionó llegar a Gobernación, desde donde se catapultaría a la candidatura presidencial, en su anhelo de servir.

Hablando de mitos

* El poco a poco desilusionante replanteamiento de los Consejos Técnicos Escolares y sus superfluos rasgos de normalidad mínima, que ocupa un viernes de cada mes para sesionar, dejando a los alumnos sin clases, ha provocado ya el “aburrimiento” de los maestros asistentes, que no se identifican con el “plan de mejora” impuesto, estresando únicamente a los ponentes en la búsqueda de modalidades que mantengan cierto interés en la sesión.

 

Luis Zamora Calzada

El jueves 21 de noviembre, en la cabecera municipal de Zinacantepec, el actual presidente de la república pidió a los maestros federales traídos de diferentes partes del país, 2 mil en promedio, hacer suya la transformación de la enseñanza que impulsa su administración y difundirla para romper los mitos y desinformación generados en torno a la reforma, como si los asistentes fueran expertos en la materia.

En una revisión a fondo de la literatura publicada de la reforma, entre las ausencias, es notorio que no se encuentra ningún planteamiento de transformación de la enseñanza, si bien es cierto que el tercer párrafo agregado al artículo 3ro. Constitucional establece que el “Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos”, también lo es que queda a nivel de enunciado, sin tener hasta el momento iniciativas de reforma a la docencia, mucho menos en los materiales y métodos que siguen intactos, las computadoras regaladas no son suficientes, ni se garantiza su uso con fines curriculares y la construcción de una cultura pedagógica no se observa por ningún lado.

El poco a poco desilusionante replanteamiento de los Consejos Técnicos Escolares y sus superfluos rasgos de normalidad mínima, que ocupa un viernes de cada mes para sesionar, dejando a los alumnos sin clases, ha provocado ya el “aburrimiento” de los maestros asistentes, que no se identifican con el “plan de mejora” impuesto, estresando únicamente a los ponentes en la búsqueda de modalidades que mantengan cierto interés en la sesión. Lo decepcionante es la falta de transformación de la docencia que se practica en el aula, porque no se hace nada al respecto en estos espacios.

Los rasgos 7 y 8 de la normalidad mínima, de la participación del alumno en clase y dominio de lectura, escritura y matemáticas, no son la panacea educativa. La historia y la experiencia docente acumulada ha mostrado que no se puede obligar a nadie a hacer lo que no desea hacer, al final sólo serán reportes y más reportes, sin avances en el perfil del alumnado y con un incremento mayor a la carga administrativa, pero sin planteamiento alguno para transformar la enseñanza, tema que inicia su recorrido para convertirse en mito educativo.

 

Ya no ha respeto al maestro

 

“¡Usted no es nadie! No está ni para llamar la atención de mi hijo, a mi muchacho yo lo regaño cuando quiero, pero no porque no traiga una pinche tarea que ni revisan. Los voy a acusar en Derechos Humanos. Que quede claro de una vez por todas, mi hijo no se porta mal, ustedes tienen la culpa, maestra, dejan que los otros chamacos lo molesten, ahí es en donde debieran poner atención….”, casi gritaba el padre de familia de Primero “C” a la orientadora del grupo, que estaba sorprendida o más bien espantada y molesta de la actitud que estaba recibiendo del ciudadano trajeado que tenía enfrente.

Se hizo un breve silencio al notar nuestra presencia. Aprovechamos para saludar y de alguna manera interrumpir la airada agresión que estaba ocurriendo en un área de orientación de una escuela secundaria ubicada en Toluca. Ante esto y como testigos presenciales de la desagradable escena, el hombre se retiró, sin despedirse por cierto. Al parecer no se había desahogado.

– Qué pena, maestros, qué pena- dijo nerviosa la orientadora.

– ¿Está usted bien, maestra? ¿Gusta un café o agua?- pero no hubo respuesta, simplemente se dejó caer en su silla.

– Dios Mío, Dios Mío. ¿Qué vamos a hacer, maestro? Cada día las cosas se ponen peor, los alumnos no quieren trabajar, los padres se vuelven groseros, hay grupos en donde ya no le hacen caso al maestro o incluso pretenden gritarles, quizá queriendo imitar lo que ustedes vieron, es muy difícil este ambiente…

Sin pretender forzar la asociación de hechos, éste es un claro ejemplo del resultado de la devaluación provocada de la imagen del maestro ante la sociedad. La destrucción de la figura magisterial emprendida de manera permanente en la televisión tiene sus primeros frutos.

El declive de la escuela pública se gestará si lo permitimos quienes laboramos en ella, es urgente un análisis integral de quiénes somos y qué significamos en el contexto de cada institución educativa, considerando a los actores, principalmente a los alumnos y compañeros maestros, el currículo, el perfil cultural individual, la llamada política educativa, el marco normativo, entre otros, para ejercer la actuación del maestro de este siglo en la escuela y el probable impacto en el alumnado que se atiende.

Diálogo con Valerio Magrelli

* Valerio Magrelli es uno de los poetas vivos más importantes de Italia. Profundiza en el hacer poético pero también en las razones que lo llevan a escribir. Una entrevista realizada por Andrea Carlo Bartolotti y traducida al español por la periodista toluqueña Selene Hernández León da cuenta de ello.

 

Andrea Carlo Bartolotti/ Traducción de Selene Hernández León/ Fragmento

ACB -¿Cuándo es que sonido, forma, ritmo y estilo abandonan el caos y se convierten en poesía?

VM – Me viene a la mente una serie de referencias, sobre todo de lecturas, ya que nos encontramos justamente en el corazón, en lo vivo del hacer poético. ¿Cuándo es que una célula se hace célula, en qué momento una frase se transforma en verso…? De cierta forma, una pregunta de este tipo nos obliga a reflexionar sobre el proceso formativo de la obra. Porque efectivamente el misterio de los orígenes se remonta hasta el punto en que sonido y sentido… pero durante un encuentro que tuve en Turín, Giancarlo Maiorino tuvo una intuición que me sorprendió sobremanera. Habló de una yema de sonido-sentido- Hela ahí: para mí esta expresión es todavía más conmovedora que la anterior. Pr ello pienso que el verso –quizá el primer verso, el verso inaugura de un poema- es una formación embrionaria dotada de sus leyes, de sus configuraciones. Me vienen a la mente casos de numerosos autores que escriben o escribían apuntes con base en los cuales realizaban un poema, pienso otra vez en Valéry, en algunos poemas de D’Anunnzio. Aquí es donde podemos palpar la diferencia entre la línea y el verso.: un apunte que a partir de cierto momento se anima gracias al aliento del ritmo. Bastaría citar las páginas de Hölderlin sobre el ritmo como soplo creador: en la base de todo está esa muy particular cristalización de la forma que crea un verso a partir de un apunte. Incluso diría que el verso se da como la aparición del ADN en el caldo primigenio. Algo debe suceder gracias a lo cual se verifica el milagro de la organización formal… he querido evitar cualquier acepción demasiado áulica, demasiado espiritual: aquí hablamos del milagro que tiene que ver con la organización formal de una criatura.

– ¿El poeta es entonces el demiurgo, y el poeta fiel representación de su voluntad?

– Quizás pueda responder con un ejemplo; no sé hasta qué punto es pertinente para el tema de la pregunta, pero creo que está relacionado. Recuerdo haber seguido, en uno de mis poemas, toda una serie de consideraciones internas a la lógica del texto; era un poema redactado en Alemania en el momento de la apertura de las fronteras, poco antes de la caída del muro. Lleva por título “Del nombre de una camioneta utilitaria de la DDR, que en alemán significa satélite, y está dedicada a la Trabant. De tras de esta imagen voluntariosamente prosaica –la de las camionetas de la Alemania del Este. Hay, en verdad, una reflexión estratificada, tal vez no visible, peor para mí importante, que partía del flautista de Hamelin y de una serie de fábulas sobre el subsuelo. Había una lógica interna en el poema que me hacía decir, al final, que las colonias en fuga de Alemania oriental no eran otra cosa que los pequeños ratones del flautista dirigiéndose hacia la sartén ardiente. Este poema está ligado al momento y al lugar en que lo escribí –Hamelin-, la misma ciudad de la que hablaba; veía llegar esos cochecitos Topolino (se refiere a los autos Fiat de 500 centímetros cúbicos de cilindrada) nada menos que al país del flautista… el poema debía terminar sosteniendo que el pueblo de la belleza es también el de la condena.

He citado este texto porque entonces estaba completamente de esta suerte de análisis político, y sin embargo, de algún modo, siguiendo las leyes analógicas muy consecuentes, mi poema me llevó hacia lo opuesto. Por ello, una vez terminado, decidí publicar el poema tal como lo había escrito: en total desacuerdo con su planteamiento, si bien luego de varios años me he seguido cuestionando sobre muchos aspectos del mismo.

Este es un caso límite, anecdótico si se quiere, peor interesante, ya que nos hace entender cómo a veces un texto –evidentemente no hablo de una novela-, cómo una concreción poética, cómo al interior de un número cerrado de palabras, se puede efectivamente formar algo con lo cual el autor no concuerda; es decir, cómo el poema puede tener una ley interna a causa de la cual, una vez insertadas ciertas funciones, el éxito resulta del todo extraño a la voluntad de quien ha llevado a cabo la operación. Lo que me lleva a concluir que es verdad que no somos nuestros poemas, y al mismo tiempo a reconocer que a veces nuestros poemas no son nosotros.

– Por diversas razones, en el imaginario del lector –incluso culto- el poeta es aquel que, situándose más allá de la masa, de lo cotidiano, ofrece las respuestas a los demás. ¿También para usted hacer poesía significa no compartir la condición del hombre, del hombre moderno?

– Para mí el día se erosiona, es devorado por un sentido del trabajo obsesivo, invasor. Y eso quiere decir atravesar una ciudad en automóvil, en autobús… aun con el privilegio de un trabajo intelectual, sé lo que es vivir en una situación de ansia, de penuria. Esto es un paréntesis, importante sin embargo, porque explica cómo la poesía crece en los bordes. Entendámonos: siempre ha habido poetas latifundistas y herederos, pero no es mi caso… para mí la poesía es algo que he tenido que arrancarle a las ocupaciones del día; de manera física, concreta, literal; ésta ha acampado en mis horas de tregua, de respiro. La escritura para mí permanece ferozmente ligada a las condiciones materiales, de subsistencia. En múltiples ocasiones he buscado metaforizar todo esto. Pienso en un poema en el que comparé las notas con un baño de ácido en un cuarto oscuro de fotografía. Por lo que a mí respecta, la poesía vive en un aposición marginal, liminar; más sufrida que elegida. Otra imagen que he usado es la de planta derruida; mi poética vive, llevada por ciertos versos, en las ruinas del día; soporta el estado compartido con los hombres que viven esta época. Desgraciadamente, se tiende cada vez más a olvidar el sentido cotidiano de la escritura…

– ¿Pero puede la poesía partir de la crónica?

– Es justamente esta poesía la que me llevó a escribir “Guía para la lectura de un periódico”: la idea de enfrentar las noticias como antimateria. Quería tocar de verdad el día, tocar la vida como la vivimos. Detrás de todos esto obviamente está la conciencia de un cruce de vanguardias… he escrito mucho sobre el dadaísmo, sobre las vanguardias históricas, y justo por eso quería abandonar cualquier tentativa programática y teórica, intentado afrontar directamente el sentimiento de las cosas que nos acompañan. Un estímulo inmenso… pienso en la biogenética. La idea de ver transformado, bajo nuestros ojos, el sentido mismo de la vida, es por un lado monstruoso, pero por el otro nos lleva a la pregunta: ¿cómo podemos fingir demencia ante todo lo que está sucediendo? De algún modo, en una forma más emocional que ideológica, he buscado enfrentar esos temas, hacer un ajuste de cuentas con esos materiales. Es por ello que, hace tiempo, hablé de los autobuses. Vivía cerca de una terminal, y durante las noches escuchaba continuamente el bufido de los frenos que se descargan. A fuerza de escuchar ese sonido terminé por interpretarlo como un gran sollozo, a la manera de Verlaine, y desde entonces, a través de la tradición, he buscado apropiarme de una realidad deshumanizada: creo que la tradición nos puede ayudar; en nuestras manos puede ser un arma para hacer frente al mundo, para leerlo, para domesticarlo.

Nueva Zelanda juega como el Gas de Valle de la liga municipal en Toluca

* Por ahí del comienzo del juego un kármico Vicente Fox, de rostro dulce y bien afeitado, camisa blanca y pantalón oscuro con zapatotes, recibía en su casa o algo parecido al Dalai Lama para entrevistarlo acerca de las preocupancias espirituales del ex presidente, sobre todo, digno representante de la raza humana de Guanajuato.

 

Miguel Alvarado

Llega Oribe Peralta y anota tres goles contra Nueva Zelanda. Luego se abraza con sus compañeros y se dedica a cuidar un resultado deportivo que se transmitía a las 2 de la mañana, en vivo y directo por Televisa y TV Azteca. Peralta se llama Oribe porque así se llamaba un antiguo futbolista, tal vez argentino, que militó en algún equipo del país. El del Santos ha sido considerado el mejor delantero mexicano del último año, aunque por más que se le piensa no se le puede explotar mediáticamente –no tanto, pues- porque está feo –no tanto, tampoco-. Pero es una especie de tocado por dios, al menos uno pambolero que hincha, dirían los amigos de Messi, por el equipo tricolor. Oribe pertenece a la clase obrera del futbolista. Construyó como pudo una carrera y aprendió casi solo los rudimentos del sentido común, del cerrar la boca, del meterlas en silencio y aceptar un trajín casi heroico por equipos más o menos chafas. Luego llegaron sus goles en los momentos oportunos, como en Londres o

Como que da güeva. No es domingo y hace calor. Y Nueva Zelanda juega tan bien como el Gas del Valle, multicampeón en Toluca de la Liga Municipal de la ciudad.

Por ahí del comienzo del juego un kármico Vicente Fox, de rostro dulce y bien afeitado, camisa blanca y pantalón oscuro con zapatotes, recibía en su casa o algo parecido al Dalai Lama para entrevistarlo acerca de las preocupancias espirituales del ex presidente, sobre todo, digno representante de la raza humana de Guanajuato. El Dalai habló, como siempre, explicando sus puntos. Y Vicente, de mirada preclara, nuevo iluminado en el rigpa tibetano, asentía como un padre condescendiente. Incluso, en silencioso movimiento de labios, completaba una que otra idea con washingtoniana etiqueta. El Dalai lo sabía, pero Vicente no. Algunos se hacen los que saben, pero simulan, son otras personas, son otras las caras que nos dan, le dijo de repente. Pero el ex mandatario daba en ese momento la vuelta al mundo en 80 marthas. Solo faltaba que la ezpoza zaliera detráz del zofá y zaludara quitadízima de la pena a zuz admiradorez. Pero no. Un último apretón de manos, porque el tiempo nos come, despidió al Dalai y lo mandó detrás de cámaras.

Entonces Fox tiene un programa, que pasa por TV Azteca como a las 11 de la noche y en donde aparece una variedad casi cósmica –cósmica, cósmica- de personajes, entre abyectos y ferrizantacrucianos, que le dan sabor al caldo. En los promos se cuelan las imágenes del savant Deepak Chopra pero también el rostro de Arnold el governeitor y alguno que otro con la pura verdad en cada una de sus arrugas. Fox, muy heggeliano –no, bueno- más bien muy loretdemolesco, les pregunta. El programa se llama La Era de las Definiciones” y tiene ya sus buenos dos meses. Desde allí ha legalizado la mariguana y viajado por las cuatro nobles verdades; ha dicho sobre México barbaridades tales como que la salvación se halla en el Centro Fox y que él, es él y seguirá siendo él.

Y luego cambiaron el canal. Estaba Martinoli, muy apuntado con su micrófono y sus cocacolas, ya calentando la garganta. Es de Toluca y su trayectoria le alcanza para tener biografía en la infame Wikipedia, aunque su mención requiera “información acreditada”. Es comentarista de futbol y ha desarrollado un estilo extravagante, gracias a su florido vocabulario y a sus acompañantes, Luis García y Jorge Campos, que lo ubican como el más destacado. Y si Martinoli es el más destacado, cómo estarán los otros. Porque cronista no es, ni periodista, ni siquiera presentador. A duras penas puede con una sección deportiva paupérrima en algún noticiero de la tarde. Pero nada más le acercan el micrófono se transforma. Hábil como Borges, pero más bien de la estatura de la autora de Harry Potter, este tipo que vivió muchos años en el centro de Toluca, por la calle de Instituto Literario, se ha pitorreado de medio mundo. Ingenioso, a veces no alcanza a comprender el peso de la palabra. Recolector absoluto de frases y palabras vergoñescas, podría escribir su propio diccionario, levantar su propio idioma. A las 12 de la noche, Martinoli y su equipo son apariciones alienígenas en el desierto de la actividad deportiva. Nadie como él, afortunadamente.

Pero Martinoli es coherente. Así es, así nació y así se morirá si no se mete en problemas él solito. Su personaje es superior al periodista Fox pero minúsculo al lado de Peralta. Estos tres son el México desconocido, políticamente correcto, opciones más o menos al alcance de cualquiera, respuestas inconmovibles de la insurgencia en Michoacán o la violencia en cualquier otro estado. A Oribe, el pase mexicano al mundial de Brasil le abre una oportunidad de jugar en Europa, que es algo así como obtener un contrato para construir el tren ligero Toluca-México con fondos del gobierno. Todavía falta que los patrocinadores del Chicharito se dejen seducir y cambien al chico la Coca Zero por este representante absoluto de lo invisible. No triunfa nomás así, pero tampoco le cuesta trabajo, como al esclavo. No es un dechado de virtudes, ni técnicas ni humanas, pero podría vivir en cualquier colonia. Oribe se desmarca de sí mismo y eres tú y es aquél y a veces hasta uno mismo. Luego vendrán otros rivales que lo mostrarán en su verdadero nivel de competencia. Hay que acordarse del Gas del Valle.

Ay, Vizente.

Ay, Martinoli.

Un asunto pendiente

* La michoacanización del Estado de México deberá revisarse. El modelo debe tomarse al revés. La entidad da la impresión de que funciona ya con las órdenes del crimen organizado, que ha logrado matizar y cierta clase de orden y que los estados vecinos ahora copian lo que sucede aquí pagando su propia cuota de sangre y balas.

 

Miguel Alvarado

Michoacán es un territorio levantado en armas. Allí se encuentra reunida toda la realidad mexicana y se expresa lo mejor que puede. Lo que llaman Estado fallido opera por los cauces y rendijas que le permite la inercia, las buenas intenciones. Allá está el narcotráfico dictando leyes  aplicándolas, convirtiéndose en autoridades más competentes y sanguinarias que las oficiales. Junto a ellos, la clase política, corrompida hasta el tuétano y amagada por el miedo, prefiere cooperar y alguna ganancia, aunque sea la conservación de la vida, que obtener soluciones definitivas. Sindicatos y sectores sociales paralizan sus actividades y exigen, de manera confusa, derechos que hasta hace pocos años, “se respetaban”. En la misma escena, las organizaciones de autodefensa, pueblos enteros levantados en armas que se defienden con sus propios medios del crimen organizado y de paso de lo que ellos califican como gobiernos corruptos. En el margen, apareciendo de vez en cuando, las distintas policías, el Ejército y la Marina patrullan, ejecutando órdenes que la mayoría no puede identificar su origen, pero sí las consecuencias de sus cumplimientos o lo contrario. ¿Hay guerra en México? ¿Quiénes participan en ella? ¿Cómo puede ocultarse un levantamiento armado de tales magnitudes? Hasta las redes sociales se involucran, no sólo con reportajes periodísticos sino con páginas dedicadas a difundir información “en caliente”: movimiento de tropas, actividad de grupos criminales, solicitud de apoyo a comuneros o autodefensas. Por su carácter anónimo, no puede saberse de qué lado está, a qué intereses responde. Nadie cuestiona la veracidad vertida, pero sí las intenciones. Casi todas las zonas en estado de sitio usan internet para comunicarse, en todos los bandos, de ida y vuelta. Ls herramientas son eficaces pero igualmente peligrosas.

Michoacán y parte de Guerrero forman una zona con vida propia, ajena a la imaginería que se escribe y promueve desde la Federación. No es distinta de otros lugares del país, pero sí la más violenta y confusa. Un país dentro de otro país, Michoacán exhibe el fracaso continuo de políticas públicas y la instalación de la impunidad y corrupción en leyes, reglamentos y costumbres de los pueblos, divididos irremediablemente en los dictámenes del caos, la contradicción, la polaridad.

El Estado de México, el más poblado del país con unos 15 millones de habitantes y sede natural del grupo en el poder presidencial, el Atlacomulco, es vecino y testigo casi pétreo de los fenómenos michoacanos y guerrerenses. Tiene su Tierra Caliente, justamente en la frontera con estos dos estados, el sur mexiquense es lo que uno ve, no pretende engaños. Cuarto lugar nacional en pobreza, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), con 7.328 millones, el 50 por ciento de su población, sin embargo ha apuntalado al Grupo Atlacomulco por cerca de ocho décadas y le ha permitido en lo que le corresponde, legitimarlo en el poder público. En la entidad miserable se formaron fortunas como las de la familia Hank y se empoderaron clanes como los de Montiel Rojas y Peña Nieto. Una oligarquía regional aprovechó los beneficios del poder público y a poco se extendió territorialmente. La obtención de la presidencia completó la obra en el 2012. Enrique Peña, rostro y figura pública del Grupo, es hoy la realización concreta de un esfuerzo feroz, pero eso no beneficia sino a unos cuantos. Peña heredó un país en vías de convertirse en una especie de propiedad privada con una constitución de primer mundo pero intérpretes y ejecutantes habilitados en calabozos políticos, mentalmente incapaces de oponer alguna objeción. La clase gobernante –una sola en el país, conveniente dividida para cuando se necesite la ruptura- administra un negocio donde los daños colaterales están calculados, presupuestados y se atienden cuando ya no sea posible ignorarlos. Ha pasado un año desde que el priismo regresó al poder oficialmente, que en realidad nunca abandonó y el crimen organizado –la colusión entre autoridades y, precisamente, criminales- se instaló definitivamente. Las cifras, una abstracción de la violencia que nos toca, no pueden detallar causas y consecuencias. Y si lo hacen, se interpretan de todas las maneras posibles. La información es tan libre que ha credo su propio cerco. Nadie sabe a ciencia cierta qué significa.

Michoacán y su gobierno criminal es también una entidad guerrillera. A simple vista, la sociedad rural ha podido organizarse para plantarle cara a los grupos que la extorsionan. Primeros los Zetas y luego La Familia Michoacana, fueron combatidos de diversas formas, y en ciertos casos con eficacia pero transformaron al territorio en área de combate, que durará hasta que el más débil desista. Nadie entiende cómo el Edomex no se ha michoacanizado o, si ya sucedió, cómo puede guardar discreto perfil. La Tierra Caliente mexiquense ha estado por años bajo el control del narcotráfico, que hace lo mismo que en Michoacán. El modelo de esa michoacanización proviene en realidad del Estado de México, donde al menos 10 municipios son territorio del narco, que impone reglas, aplica leyes y escribe su propia historia. Amatepec, Luvianos, Tlatalaya, Tejupilco, Zacazonapan, Alquisiras, Otzoloapan, Valle de Bravo, Zacualpan, Ixtapan de la Sal, Ixtapan del Oro, Donato Guerra, Sultepec y Tonatico, entre otros, prefiguran el modelo. Allá también se presentan los mismos actores: gobiernos corrompidos por miedo o dinero; comunidades organizadas aunque sin éxito, presencia militar e ineficacia policiaca medran entre la narcosociedad establecida.

Los grupos de autodefensa existen en el Estado de México, pero son discretos porque la tierra del Grupo Atlacomulco permite todo, excepto rebeliones. El 13 de febrero del 2013 el procurador mexiquense Miguel Ángel Contreras Nieto aclaraba que las autodefensas organizadas no constituían ningún delito cuando se había anunciado una agrupación de este tipo, desde Tlatlaya y Amatepec, el Frente Popular Campesino Revolucionario Francisco Villa, que se arrogaba públicamente el ejercicio de la vigilancia y de los poderes populares.

Tres días después se daba a conocer que el líder y organizador de aquel Frente Popular Campesino, Luis Enrique Granillo, había desaparecido tras ser levantado por un grupo armado. Una llamada habría aclarado que Granillo estaba a salvo y que no regresaría a Amatepec, aunque nadie tenía la certeza. Más violenta y eficaz la respuesta que en Michoacán, en el Edomex se cortó de tajo aquella primera intención de la autodefensa. “Tenemos un asunto pendiente con él”, dirían quienes lo levantaron, junto con otras 5 personas.

Granillo tenía además otros fines, políticos y territoriales, luego de ver por años el abandono de las autoridades para aquella zona. Lo que buscaba también lo ha intentado la comunidad otomí de Toluca, por ejemplo, que intenta hace años formar su propio municipios. Pero Granillo iba un poco más lejos. Organizaba a 37 poblaciones para formar una nueva entidad, que según él se llamaría Calentano y que involucraba precisamente al Triángulo de la Brecha, Guerrero y Michoacán incluidos. “Las comunidades alrededor del Frente Popular han decidido el día de hoy conformar, en un proceso lento, violento y a la vez muy peligroso, tomar la seguridad en sus comunidades; sabemos perfectamente el riesgo que esto representa, la vida de los que estamos aquí presentes el día de hoy, lo sabemos perfectamente señores, pero no tenemos miedo de dar la vida por el sur del Estado de México. Si es necesario tomar las armas para que nos hagan caso y resolver este grave atraso, los compañeros del Frente Popular estamos dispuestos a dar ese paso”, diría Granillo en un acto público que involucraba a la prensa local.

“Estamos en la conformación de estos grupos, pero lo que estamos buscando es tener un movimiento de revolución social que ponga fin al atraso criminal en que está sumida esta zona por culpa de los gobiernos estatal y federal. Vamos a desconocer a las autoridades municipales y al diputado que representa al sur del estado”. A pesar de llamar a sus compañeros y asegurar que estaba salvo, la ficha de Granillo sigue apareciendo en portales de las procuradurías estatales, como en Colima, donde se le considera todavía desaparecido.

El caso de Granillo, a quien se denomina activista, confirma que es más peligroso serlo que entrar al narco y que mantener actividades políticas contrarias a la opinión oficial resultan a veces catastróficas.

En Guerrero se han contabilizado unas 100 comunidades que mantienen o mantuvieron grupos de autodefensa.

A finales de julio del 2013 otro municipio en pobreza extrema, San José del Rincón, amenazaba formar sus propios grupos en 20 comunidades cuando las autoridades no pudieron responder por asaltos y secuestros, que costaron tres vidas en ese periodo. En el valle de México, en municipios como Ecatepec y Neza se opta por algo más focalizado. Cada colonia o comunidad organiza sus propios grupos de vigilancia.

La michoacanización del Estado de México deberá revisarse. El modelo debe tomarse al revés. La entidad da la impresión de que funciona ya con las órdenes del crimen organizado, que ha logrado matizar y cierta clase de orden y que los estados vecinos ahora copian lo que sucede aquí pagando su propia cuota de sangre y balas.

La terrible afección por el dibujo

* “Con este dibujo me di el lujo de salirme un poco de lo que venía haciendo y es como un jugueteo con el lenguaje visual. Te pones a buscarle, a experimentar y, por ejemplo, hay un perro, estás en internet viendo cosas y estás dibujando al mismo tiempo y usas el entorno con cosas que de verdad me gustaría ponerlas ahí”, expone el primer ganador del concurso de ilustración organizado por el suplemento gráfico Ébola y el Semanario Nuestro Tiempo de Toluca.

 

Luis Enrique Sepúlveda Aguilar

Egresado de la Facultad de Artes, Omar González es el primer ganador del concurso “La Terrible Afección por el Dibujo”. Organizado por el Semanario Nuestro Tiempo y el suplemento de gráfica Ébola. Ilustrador de tiempo completo, obtuvo el premio con el dibujo llamado “Picnic”, una demencial composición en la que conviven “caritas felices”, perros tristísimos, zorros hambrientos y niñas de ojos miles. La mesa o mejor dicho, el mantel, está servido: dos botellas de vino, medias mujeres coronadas de flores, pirámides de Ruby, venados y algo que, bien o mal, representa los manjares cotidianos.

– ¿Quién es Omar González López?

– Vivo en Toluca, pero soy del DF. Estudié en la Facultad de Artes porque desde mi punto de vista era la única opción para mí. El título del concurso, “La Terrible Afección por el Dibujo”, lo leí después de que mandé la ilustración, pero tiene mucho sentido. Por lo menos para mí, que dibujar es lo que hago, pues la actividad se te mete en las entrañas.

– ¿Cómo escogiste los elementos de tu dibujo? Hay partes muy “formales”, texturas, pero luego metes elementos como las caritas felices. ¿Qué pasaba por tu cabeza cuando estabas escogiendo la composición, las líneas, los materiales?

– Realmente tiene que ver con el humor y esto de… de estar jugando. No me gusta el dibujo rígido, muy académico. Sé hacerlo técnicamente, pero hacer esas cosas no me llama tanto la atención. Con este dibujo (Picnic) me di el lujo de salirme un poco de lo que venía haciendo y es como un jugueteo con el lenguaje visual. Te pones a buscarle, a experimentar y, por ejemplo, hay un perro, estás en internet viendo cosas y estás dibujando al mismo tiempo y usas el entorno con cosas que de verdad me gustaría ponerlas ahí. Lo de las caritas felices lo retomé de unos dibujos que hice en la escuela, de esas clases donde estás dibujando seis horas. Me cansé de dibujar puro cuerpo, así, demasiado formal, proporcional y entonces a cada dibujo le puse una carita por el puro gusto o el aburrimiento, no sé.

– A veces nuestras influencias no sólo son de imagen, sino de los que hacen instalación, de otras ramas…

– Últimamente, es la literatura, es una influencia bastante cabrona… eeh, Cortázar, es de donde más he agarrado ideas, imágenes… mmh, Monterroso, todos estos escritores que son serios, pero (están) en su juego.

– La literatura se inmiscuye mucho en otros aspectos de lo que hacemos. ¿Y referentes visuales?

– Está, por ejemplo, un dibujante, Raymond Pettibon, creo que es gringo.

– ¿Qué opinas de la ilustración y el dibujo en la escena de Toluca?

– Hay mucha gente. Pero movimiento no hay, casi nada, pero hay mucha gente que está metida entre las piedras, que tienen buenas búsquedas.

– ¿Sigues estudiando?

– Terminé la carrera. Ando en la tesis.

– ¿Desarrollas proyectos propios? ¿Tienes alguno en marcha?

– Estaba viendo la posibilidad de un mural en uno de los edificios viejos que están en el centro, estoy viendo los permisos. Tendría un poco de todo. El dibujo, claro, pero también algo social, algo que tenga que ver con lo sensitivo. No es una cosa unilateral. Tendría que ver con una crítica, pero también con lo que estoy haciendo, que es estar jugando y buscarle un aspecto estético, porque será en la calle y quiero que sea algo que llame bastante la atención.

– ¿Cuál es tu cereal favorito?

– Mmmh, cereal, cereal… yo creo que Lucky Charms.

– Estamos sorprendidos con tu trabajo… ¿tienes algún blog donde se pueda observar tu trabajo?

– Es http://metiemblalamano.tumblr.com

La página en Facebook de Carlos Salinas de Gortari

* Porque teatros para una ciudad con tres ejecutados diarios, 15 robos a mano armada, dos desapariciones, 15 intentos de extorsión y un aeropuerto para narcotraficantes parece una declaración del más podrido de los amores. Algo así como Carlos Salinas de Gortari en las redes sociales, y a quien que no le importa, ni siquiera medianamente, el ridículo de que se den cuenta de que no sabe hacer otra cosa si no es dinero.

 

Miguel Alvarado

Los comerciantes ambulantes del Metro en el DF se espantan cuando ven a alguien con una cámara. Solidarios, cierran filas y se pasan el dato. En el vagón fulano hay un zutano que está tomando fotos. Pronto al fotógrafo lo rodean discretamente. Nomás por si acaso. En las puertas, dos vendedores de discos y MP3 con los éxitos del momento. Frente a él, un niño con las pomadas milagrosas de La Campana –estamos casi seguros que eran de La Campana- y a un lado, un hombre ya grande que juega con resortes de plástico, ideal para el niño y la niña o los habitantes más inquietos de la casa. Al fondo, el vendedor de ratas, porque hasta las ratas son atractivas cuando permanecen quietecitas, inmóviles, a los pies del amo, que trata de buscar un comprador, le echa un ojo al gato.

– Lleve su rata, llévela, llévela. Ideal para días de lluvia, para el niño, la niña o la abuelita. Métale un susto a su esposa, por 15 pesos, póngala debajo de la almohada o en el plato de la sopa. Hágala pagar.

El hombre y el fotógrafo salen juntos del vagón. Uno se desvía en la tiendita de los cómics y el otro se dirige a la calle y extiende dos metros de plástico azul, como el azul del cielo lleno de OVNIS que hablan con Jaime Maussán, en la banqueta más suave y arrugada que encuentra. Sentado en la sala de su casa, mira lejanamente. Las ratas corretean aprovechando el impulso, algo macabro, del suelo jodido para siempre. Un hombre vende ratas y sobrevive. Son de a mentiras y cuestan 15 pesos, a veces 10, si uno le dice. En el piso las ratas corren, plástico en fuga. Harán pagar a la esposa descuidada o al hombre desaforado. Al niño o la niña que no estudian o que elegantes practican bulling y los madrazos a la hora del recreo y se masturban tempranamente. Una rata, un hombre tirado, los 15 pesos parecen extenderse por el pavimento recién colocado y ahogan la ciudad, donde los grupos de autodefensa no pueden tomar el control, ocupados en reconocerse ellos mismos, en batallar por las razones más humanas y viles por añadidura, en matar a los muertos también otro poquito, en rezarle a la virgen de Guadalupe, en ignorar Michoacán desde los escritorios, detrás de las computadoras, en internet.

Mientras las ratas corren, Metepec y Toluca son escenario enorme del ridículo. Todo sucede al mismo tiempo, grácil coreografía de lo estúpido, sincronizada esmeradamente en el grito del policía, la mujer atropellada, el narco de corbata que usa salas privadas en compañías aéreas para cambiar un maletín por otro. Avemex, la empresa que cobró 34 millones de pesos a la maestra Gordillo, pero que olvidó declarar, sirve panecillos gourmet en su menú por orden de Miguel Alemán en el aeropuerto de Toluca y se forman para la asignatura de camerinos, cuartitos oscuros, estrechados de media estrella. Pero qué más da si Toluca y Metepec preparan teatros para el pueblo, con recursos etiquetados, que no sirven para nada. La cultura, la confusión de la palabra no permitiría un teatro de 19 millones de pesos cuando la amada Elba prefiere hacerle al faquir y sigue comprando desde su cárcel, para apoyar El Buen Fin.

Porque teatros para una ciudad con tres ejecutados diarios, 15 robos a mano armada, dos desapariciones, 15 intentos de extorsión y un aeropuerto para narcotraficantes parece una declaración del más podrido de los amores. Algo así como Carlos Salinas de Gortari en las redes sociales, y a quien que no le importa, ni siquiera medianamente, el ridículo de que se den cuenta de que no sabe hacer otra cosa si no es dinero. Pasajes literarios perfumados en la poética del más asno son los que Carlos va dejando en su muro de Facebook, https://www.facebook.com/carlossalinasSolidaridad?fref=ts. Es hombre triste, arrepentido para siempre de ser madre y padre de aquellas ratas en el Metro o del fotógrafo en la tienda de los cómics. Se considera origen y consecuencia, falo y Falopio del país, karma y darma, prostituta núbil, fan del América, detractor de Emilio Azcárraga. Pero también escribe, aunque a través de sus empleados, que “entiendo, compatriotas, la animadversión que tienen hacia mi persona. Es fruto de los gobiernos posteriores al mío, los cuales sin duda rompieron la política de igualdad que siempre soñé para la república”.

Carlos sueña todavía con aquella república, colosista y pelona, donde todos los días se asoma por el balcón a ver el sol y las estrellas, tal vez la luna y el pueblo –porque siempre hay un pueblo, jodido por favor- que lo aclama y le besa los pies. La enfermedad del Hitler y el Stalin es la misma que la del Carlos. Nada ha cambiado y eso yo lo entiendo, compatriotas, pero no lo justifico.

El periodismo enseñó a Poniatowska a escuchar. Pero a otros nos enseñó a mentir. Carlos, yo volvería a votar por ti nada más para ver cómo te la mentaban hasta en los mensajes grabados que pasara Televisa. Pero Carlos no tiene la culpa. Sería injusto darle aquella importancia. Lo importante, como él mismo dice, es que comprendamos que “México necesita de nuestra unión, no soy yo el enemigo a vencer, sí lo es la pobreza, el desempleo y la desigualdad”. El desigual discurso, empobrecido todavía más por el empleado pagado que le hace los recados al licenciado, se convierte entonces en una apología de Polo Polo o del bienamado Jo Jo Jorge Falcón. Es lo que parece.

Nadie sabe si la página aquella es una broma pero para el caso es lo mismo. Terapia, pretextos, excusas. El payaso más tenebroso es de origen mexicano y quiere dominar el mundo. La escala Illuminati y el Consejo reptiliano le quedan cortos y por ello ha inventado otros, que comienzan en el sucio piso del Metro Xola, con un hombre vendiendo ratas, algunas a 10 pesos pero otras a 15 y con teatros al aire libre para El Tenorio Cómico o La Danza de los Cisnes en honor de Martha Hilda González, con la hija de Enrique Peña, Sofía Castro, como actriz principal.