Balance de fuerzas

* La confianza en Beltrones —quien nunca ha ocultado su simpatía por Carlos Salinas, ni su amistad con Raúl Salinas— tiene sus límites muy marcados. Por las dudas, Peña le envió allí, a la Cámara de Diputados, a su ex subsecretario general de Gobierno José Manzur Quiroga, así como a Fernando Maldonado Hernández, ex secretario del Trabajo y ex director general del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM), al ex líder magisterial Fernando Zamora, a Miguel Sámano Peralta, ex secretario particular y brazo operativo de Arturo Montiel, así como a su ex secretario de Educación, Alberto Curi Naime. Sin duda, una importante comitiva de fieles seguidores de Peña que tendrá como principal tarea informarle de cuanto ocurra en la Cámara de Diputados. Este es un texto extraído del libro Los Golden Boy’s, del periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Durante 1994, un año después de que ocupara el cargo como gobernador,  Mario Villanueva llegó a un acuerdo para que el Cártel de Juárez usara, libremente, el estado de Quintana Roo para recibir envíos de cocaína colombiana. La droga era almacenada y, posteriormente, con el conocimiento del gobernador, enviada a Estados Unidos. Bueno o malo, el arreglo permitió a Villanueva hacerse hasta de 500 mil dólares por cada cargamento. El dinero se transfería a sus cuentas bancarias y firmas de corretaje en México, Estados Unidos, Suiza, Bahamas y Panamá.

En mayo de 2002, se confirmó que los bienes acumulados de Felipe Enríquez Hernández, el “nuevo” Golden Boy, y su familia, superaban 223 millones de pesos. Él justificó todo, negó cualquier tipo de desvío de dinero público o acto de corrupción.

Hizo lo que estaba a su alcance. Pero el 1 de julio siguiente se demostró que los señalamientos habían conmocionado a la opinión pública porque el electorado le cobró a Enríquez sus escándalos, las aventuras de caudales de dinero, la acumulación de propiedades y sus negocios inmobiliarios: lo hizo perder los comicios por la alcaldía de Monterrey. Fue aplastado por la joven panista Margarita Arrellanes Cervantes, quien participaba por primera vez en una contienda electoral.

De plano, y entrando al futurismo, hay quienes piensan que aquel 1 de julio le cortaron las alas o sus ambiciones políticas, porque el diputado federal Felipe Enríquez Hernández, el compadre de personajes poderosos como Peña e Ivonne Ortega, ya soñaba con desplazar a Videgaray Caso y a Emilio Lozoya Austin en el equipo presidencial.

Por decirlo de otra manera, muy temprano en la contienda interna, aun antes de entrar en ella, le mataron sus sueños sucesorios. A menos que pase un milagro priista, amparándose en la generosa “ley de olvido”, fue condenado a operar en lo oscurito.

En lo abierto, o en la superficie, el primer grupo quedó bajo el control de Emilio Chuayffet —quien en 1993 llegó a la gubernatura mexiquense de la mano del presidente Salinas—; el segundo quedó a cargo del influyente Luis Videgaray — que representa a la escuela tecnócrata salinista, a cuyo lado aparece Emilio Lozoya Austin, hijo de un secretario de Estado en el salinato—; y el tercero, al mando de los ex gobernadores hidalguenses Miguel Ángel Osorio y Jesús Murillo, responsables de la agenda legislativa desde donde se busca neutralizar al sonorense salinista Manlio Fabio Beltrones, coordinador de los diputados federales priistas de septiembre de 2012 a agosto de 2015.

Sacrificado en la contienda interna para la candidatura presidencial, Manlio apuesta por un gobierno compartido con las alianzas. Eso implica el reparto de los puestos de la alta burocracia, circunstancia con la que no están muy de acuerdo los peñistas, aunque, de momento, lo han aceptado.

Todavía hay quienes atribuyen a Beltrones la filtración de documentos confidenciales que culminó con la revelación del pacto secreto que firmaron, como testigos de honor en 2010, Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación en el sexenio de Felipe Calderón y Luis Enrique Miranda Nava, secretario general de Gobierno del Estado de México, para prohibir una eventual alianza del PAN con el PRD en las elecciones de julio de 2011 con la finalidad de elegir al sucesor de Peña.

El debate entre PRI y PAN para discutir la alianza PRI-PRD en el Estado de México fue tan agrio, que por varios días entró al salón de plenos de la Cámara de Diputados, pero el punto más candente se alcanzó en la sesión del 10 de marzo cuando, en su intervención, la legisladora panista María Elena Pérez de Tejada hizo una pausa para responder a la provocación del priista Rodrigo Reinoso Liceaga sobre si sabía que Gonzalo Alarcón, ex alcalde panista, había golpeado y casi matado a su esposa. La respuesta fue tajante: “Yo no estaba enterada, pero si así fuese, cualquier mexiquense, incluso el gobernador que, no lo digo yo, lo dicen muchos medios, está acusado de haber matado a su mujer; que denuncien y que investiguen”. A pesar de que los diputados priistas exigieron que ese señalamiento se borrara del Diario de Debates, el daño ya estaba hecho y, con ello, se ponía al entonces senador Beltrones en boca de todos.

Después de esta acusación, Pérez Tejeda continuó con su discurso, pero apenas se escuchó cuando sentenció: “los mexiquenses queremos verdades, ya basta de luces, de telenovelas, de engaños, de mentiras. Los jóvenes, las mujeres, las niñas, los niños, los mexiquenses, ¿queremos un gobernador que salga en la tele? Sí, para rendir cuentas, para decir la verdad, no para presentarnos a su novia”.

Y eso jamás se lo perdonarán a Beltrones. Los priistas mexiquenses del Grupo Atlacomulco lo sabrán cobrar cuando llegue el momento, pues para tramar venganzas su mejor virtud es ser pacientes. Setenta años se tardaron en alcanzar la Presidencia de la República, pero llegaron. Ahora tienen el poder, recursos y tiempo de sobra.

Por su parte, Beltrones es un acertijo. El 29 de octubre de 2011, Jesusa Cervantes escribió en la revista Proceso: “… le reconocen habilidad para negociar y capacidad para operar; han llegado a decir que es ‘un hombre de Estado’. Lo cierto es que se trata de un político que a lo largo de los años ha logrado establecer puentes políticos con Estados Unidos, el empresariado mexicano, las fuerzas armadas, la Iglesia y hasta con la oposición. […] Pero también se le ha señalado como un hombre siniestro que ha podido establecer ligas con seres oscuros y míticos, como el narcotraficante Amado Carrillo, “El señor de los cielos”. […] Este aspecto, su presunto nexo con un ala del crimen organizado, ya forma parte de las historias que se han formado en torno a su figura, así como aquello de que se trata de uno de los políticos más informados del país. Su historia negra corre de la mano de su exjefe y mentor Fernando Gutiérrez Barrios, pero también de su mano corren las habilidades y estrategias aprendidas”.

Su historia negra se ha tejido de muchas maneras. Por ejemplo, en 1994 se le vinculó al crimen del candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio debido a un encuentro con el “asesino” Mario Aburto en Playas de Tijuana. Las versiones todavía se encuentran en internet: “Cuando asesinaron a Colosio, Beltrones se encontraba en Sonora (era gobernador) y el presidente Salinas le pidió que se trasladara a Tijuana para estar al tanto de los acontecimientos; Rubén Aburto, padre de Mario Aburto, quien cumple condena señalado como el asesino de Colosio, acusó a Beltrones de estar presente durante las torturas a su hijo para que se declarara culpable”. Lo real es que la carrera política del sonorense siempre fue hacia arriba.

De entre sus leyendas, sobresale la que cuenta que, en mayo de 2009, Beltrones, un político de línea dura y trato suave, coordinó una colecta de fondos entre varios gobernadores del PRI y el presidente Vicente Fox para pagarle al empresario argentino-mexicano Carlos Ahumada por los videos que entregó de algunos líderes perredistas —como René Bejarano, de la confianza de Andrés Manuel López Obrador—, involucrados en actos de corrupción.

La confianza en Beltrones —quien nunca ha ocultado su simpatía por Carlos Salinas, ni su amistad con Raúl Salinas— tiene sus límites muy marcados. Por las dudas, Peña le envió allí, a la Cámara de Diputados, a su ex subsecretario general de Gobierno José Manzur Quiroga, así como a Fernando Maldonado Hernández, ex secretario del Trabajo y ex director general del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM), al ex líder magisterial Fernando Zamora, a Miguel Sámano Peralta, ex secretario particular y brazo operativo de Arturo Montiel, así como a su ex secretario de Educación, Alberto Curi Naime. Sin duda, una importante comitiva de fieles seguidores de Peña que tendrá como principal tarea informarle de cuanto ocurra en la Cámara de Diputados.

Así, el 14 de agosto de 2012  Síntesis Informativa Digital del CEN PRD hizo público el mensaje de José Manzur Quiroga en San Lázaro cuando perfilaba como coordinador de los diputados mexiquenses y donde advirtió que buscará apoyar las propuestas de Peña, principalmente en rubros como educación y trabajo: “Tenemos que estar muy cerca de Peña […] Hay que darle orden a este país, somos la bancada mayor en la Cámara y la del Estado de México es la mayor de todas las bancadas de los estados, vamos a tener una fuerza muy importante para apoyar a nuestro Presidente de la República”.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s