El salario del maestro

* El Índice Nacional de Precios al Consumidor reporta en alimentos 61.5 y 115.9 como índices en estos años respectivamente, obteniendo una diferencia de 54.4 más, que no se compara con el porcentaje de aumento salarial obtenido. Esto quiere decir que con el sueldo actual se compra menos del 50% de lo que se compraba hace cuatro años.

 

Luis Zamora Calzada

De acuerdo a los pronósticos de diversos grupos de economistas, el salario mínimo tendrá un incremento de entre 4 y 4.5% para el año 2014. En términos reales se traducirá a dos o tres pesos más. Los expertos señalan que el pronunciamiento se realizará por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos en el mes de diciembre, en detrimento del poder adquisitivo de los trabajadores porque el aumento no alcanzará ni para pagar medio kilo más de tortillas.

Es de conocimiento público, o al menos eso se puede deducir, porque así ocurre cada año, que una vez determinado este incremento regirá para toda la república, así está establecido en la ley.

Resulta una incongruencia que algunos sectores de maestros se encuentren en plena campaña pregonando que van a obtener un incremento del 13% para el año siguiente, lo que constituye una verdadera falacia. Al parecer ya muy pocos les están creyendo. En el magisterio la ingenuidad empieza a desvanecerse con la información.

El poder adquisitivo del salario del maestro está en picada. Año con año se compra menos con lo que se gana, hoy es más complicado adquirir la canasta básica alimentaria, sobre todo la que determina el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Nacional (CONEVAL), que se integra por 84 artículos para cubrir las necesidades nutrimentales mínimas. Ni siquiera es necesario hablar de la canasta básica no alimentaria que contempla servicios, diversión, colegiaturas y otros pagos, cuando en la realidad se observa que muchos maestros, en fin de quincena, hasta piden prestado para pagar sus pasajes.

A manera de ejemplo, el profesor titulado, sin aplicarse ningún descuento, en 2010 ganaba 8 mil 334 pesos; en 2013 gana 10 mil 268 pesos mensuales, que significa un incremento de mil 934 pesos, 23.2% de aumento en cuatro años.

En tanto el Índice Nacional de Precios al Consumidor reporta en alimentos 61.5 y 115.9 como índices en estos años respectivamente, obteniendo una diferencia de 54.4 más, que no se compara con el porcentaje de aumento salarial obtenido. Esto quiere decir que con el sueldo actual se compra menos del 50% de lo que se compraba hace cuatro años.

Para no caer en nostalgias y como dice la canción, “dinero maldito que nada vale, yo conocí la pobreza y allí entre los pobres jamás lloré…”.

Para mayor comprensión, se vale tararear.

 

 

Cama 19

 

“No estoy en horas de consulta, si quieres una, ésas las doy en el Venecia, pero te cuesta seiscientos pesos, bajo cita, si quieres…”, decía el doctor con supuesta experiencia al practicante que le preguntaba cómo atender una lesión en la cara de un paciente.

No fue grata la visita al Hospital General “Adolfo López Mateos”, que irónicamente se encuentra a un lado del edificio de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, porque la intolerancia, la prepotencia y la deducible violación a los derechos humanos al parecer es algo cotidiano. Algunos visitadores del edificio vecino lo pueden verificar, aun cuando nadie interponga queja alguna.

El paciente de la Cama 19 llegó con una lesión en el pie izquierdo. Para su mala fortuna el médico de las consultas de seiscientos pesos fue el encargado de su atención. El diagnóstico fue brutal: “la infección que tienes avanza muy rápido, es un virus que no requiere de oxígeno, es como un gas que sube y sube, te tenemos que cortar la pierna, en las próximas 10 horas hasta la rodilla, en 24 más arriba, en más de 24 horas ya ni te atendemos, no hay salvación, estarás totalmente invadido…”.

El paciente, sin información y lleno de pánico, firmó la aceptación de la intervención quirúrgica y lo prepararon para el quirófano que estaba ocupado. Luego vino el cambio de turno. Al enterarse los familiares, se opusieron a la barbarie que se iba a cometer, se pidió la alta voluntaria para trasladarlo a otro hospital, trámite burocrático de muchas horas, típico de la medicina social, concatenada al Seguro Popular. No era posible lo que estaba aconteciendo.

Después de visitar varios lugares el paciente recibió atención médica profesional. No le amputaron la pierna, le aplicaron antivirales modernos para combatir la infección y la intervención quirúrgica para la parte afectada. ¡Cuánta gente no corre con esta suerte!

Ese médico de los seiscientos pesos debe ser sancionado y si ese hospital está lleno de practicantes, que se tomen las medidas necesarias para no afectar a los usuarios. Son seres humanos con derechos, quizá sin recursos, pero no merecen el maltrato y el mal servicio que se observó con el paciente de la Cama 19, quien se salvó de milagro del mal diagnóstico médico determinado sin sustento alguno.

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