Espías mexiquenses

* “Además de Creel, en aquel momento secretario de Gobernación, los espías mexiquenses recibieron la orden de “vigilar” a otros funcionarios del gabinete del presidente Vicente Fox y crear un sistema de escuchas para intervenir líneas telefónicas de los principales funcionarios de las secretarías de Gobernación y de Hacienda, así como de los dirigentes del Partido Acción Nacional (PAN), del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del propio Partido Revolucionario Institucional (PRI)”. Este texto es parte del libro Los Golden Boys, del periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Originario de Acambay, un municipio fronterizo con Atlacomulco, en julio de 2001 Miguel Sámano Peralta fue involucrado en la creación y operación de una red de espionaje político —con oficinas clandestinas ubicadas a dos cuadras de la Secretaría de Gobernación—, que rendía cuentas directas a Montiel, así como a su de Administración, Enrique Peña Nieto.

La historia comenzó el viernes 6 de de julio de 2001 cuando, desde la PGR,  se conoció un bochornoso espectáculo de control político protagonizado por espías mexiquenses pagados por el gobierno de Arturo Montiel. Agentes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) de la Secretaría de Gobernación descubrieron ese día al menos una docena de “oficinas” dedicadas a intervenir las conversaciones de políticos de todos los partidos: Santiago Creel Miranda, Carlos Hank González, Emilio Chuayffet, Alfredo del Mazo González, entre otros.

Además de Creel, en aquel momento secretario de Gobernación, los espías mexiquenses recibieron la orden de “vigilar” a otros funcionarios del gabinete del presidente Vicente Fox y crear un sistema de escuchas para intervenir líneas telefónicas de los principales funcionarios de las secretarías de Gobernación y de Hacienda, así como de los dirigentes del Partido Acción Nacional (PAN), del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del propio Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Este trabajo tenía por objetivo elaborar perfiles personalizados y archivos de análisis con miras a la sucesión de 2006. Desde septiembre de 2000, luego de que Francisco Labastida Ochoa perdió las elecciones presidenciales, Montiel quería tener en sus manos, y en las de su equipo, el dudoso privilegio de fiscalizar la vida y el desempeño de las principales figuras públicas, como si el país entero fuera un teatro guiñol.

Literalmente, la armada priista tomó por asalto la residencia Los Pinos y Palacio Nacional, pero también en el Senado Peña tiene a sus representantes —por la limitada confianza en Emilio Gamboa Patrón— en las figuras de María Elena Barrera y Ana Lilia Herrera Anzaldo, una mujer que vivió hasta los 26 años de edad en una modesta vivienda de Jardines de Morelos, Ecatepec, y terminó como propietaria de un amplio residencial —los metepequenses le atribuyen tres— en el millonario Metepec.

Aunque se le identifica más con Arturo Montiel —en cuya gubernatura ocupó la Coordinación de Comunicación Social, la titularidad del Consejo Estatal de Población (Coespo), la Secretaría de Desarrollo Social y, por dos quincenas, la dirigencia del PRI estatal—, Ana Lilia Herrera puede responder bien a los intereses de Peña, quien la hizo diputada local, alcaldesa de Metepec y senadora.

Durante su trienio como presidenta municipal, Metepec se convirtió en centro operativo desde donde el Cártel de La Familia Michoacana controlaba y administraba todas sus casas de seguridad en el Valle de Toluca. El municipio era de esa organización y, en los hechos, se consolidó como uno de los intocados refugios de los capos del narcotráfico. Eso le da confianza a los peñistas de primer nivel, quienes nunca la han aceptado del todo como una verdadera Golden Queen.

Pocos olvidan que, cuando empezó la debacle de Arturo Montiel en 2005, ella fue de las primeras protegidas del montielato en saltar de la barca para ponerse a salvo. Desde su fortaleza en Metepec, en algunas épocas ha intentado convertirse en la guía intelectual e ideóloga de los priistas mexiquenses. Se sabe que en algunos momentos de su juventud quiso ser  periodista, pero le fue mucho mejor en el PRI.

También se recuerda su fracaso en la Coordinación de Comunicación Social por el escándalo del cuerpo de espionaje que descubrió la PGR, pues nunca entendió qué estaba pasando.

Peña confía que en el Senado también contará con el apoyo incondicional del líder petrolero Carlos Romero Deschamps, su “amigo y líder de los petroleros”, un “Golden” en cualquier administración. En 1993, el polémico Romero fue impuesto como dirigente sindical por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, después de encarcelar a Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, guía moral del sindicato petrolero, acusado de: homicidio calificado, acopio y almacenamiento de armas para uso exclusivo del Ejército, introducción ilegal de aeronaves con valor superior a los 10 millones de dólares y por atentar contra la seguridad nacional. Sin embargo, Deschamps también resultó ser una  “fichita” para los negocios.

Romero y Rogelio Montemayor Seguy, ex director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), fueron acusados de desviar mil 500 millones de pesos de esa empresa en 2000 para transferirlos a la campaña presidencial de Francisco Labastida. Pero el dirigente sindical acapara los reflectores porque se le vincula con la firma de contratos y concesiones, así como por sus ingresos,  que le permiten vivir con lujos que jamás imaginaría un trabajador. Se le ha documentado la posesión de yates, residencias, relojes de lujo y el Enzo Ferrari de su hijo.

Como si pasara inadvertido por su estilo de vida, este político ha dado por llamarse el “dueño” de Pemex, presume de tener una colección de autos antiguos, ser propietario de un yate valuado en más de 3 millones de dólares, usar relojes —como el Audemars Piguet que tanto se le criticó en 2008—, cuyo valor real supera 40 mil dólares, además de sus ranchos y lujosas propiedades en Miami y Cancún.

Más cerca de Beltrones que de cualquier otro, Gamboa Patrón tendrá marca personal porque está rodeado de operadores de Peña, es el caso de la secretaria general del PRI, Cristina Díaz,  David Penchyna y Omar Fayad— hidalguenses cercanos al secretario de Organización de la dirigencia nacional priista, Miguel Osorio Chong—, Ana Lilia Herrera Anzaldo, ex alcaldesa de Metepec; y Armando Neyra Chávez, dirigente refresquero en territorio mexiquense.

Por si algo le hiciera falta, Peña puede contar también con el apoyo “incondicional” de la senadora Mónica Arriola Gordillo, del Partido Nueva Alianza e hija de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo Morales.

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