La insoportable perversión del arte

* Profesor de tiempo completo en la Facultad de Arte de la UAEM, Janitzio Alatriste es además uno de los maestros emblemáticos de esa escuela. Postulado para el próximo periodo a la dirección, considera que el artista debe ser autogestor y aceptar ya que, respeto al arte, las cosas han cambiado. “Toluca tiene virtudes un poco extrañas. No es una ciudad atractiva culturalmente, como podría ser Guanajuato, pero en ciudades como esta última ocurre que… ¿realmente son tan ricas culturalmente? Yo creo que no. Lo que hay allí es folclor y me parece que el folclor es lo contrario de la cultura, porque es la cristalización estratégica que hace un grupo de poder para lucrar con la cultura. Lo que no tiene Toluca es folclor, por lo tanto no es atractiva turísticamente. Paradójicamente los lugares que tienen menos folclor son los que tienen más cultura. Creo que aquí hay mucha cultura”, apunta en entrevista para este semanario.

 

Miguel Alvarado/ Luis Enrique Sepúlveda

– ¿Por qué competir por la dirección de la Facultad de Arte?

– No lo  vería como un proceso de elección. Aunque la legislación universitaria da ese tipo de interpretación, se trata de generar acuerdos, una cuestión democrática y que todos los grupos de cualquier comunidad tengan voz y participación… y no votar, por ahí tengo un texto donde el autor lo dice muy bien: las votaciones son el fracaso de los acuerdos. En este caso en realidad se llama auscultación y se trata de que la comunidad manifieste su opinión. Al haber un candidato único se presume cierto acuerdo y se apoya o no.

– ¿Qué ofrece Janitzio Alatriste a la comunidad de esta facultad?

– No me gusta mucho eso de ofrecer, es un matiz como muy político. Nuestra falta de cultura política tiene que ver con la idea de que, justamente, un político ofrece cosas. Por eso siempre quedan mal y el puesto de gobierno es tan comprometido porque la gente espera promesas, y se hacen pero ninguna se cumple. Se trata de tomar responsabilidades. No me veo como político sino como un director que coordina los esfuerzos de una comunidad. En un cargo así uno tiene que abandonar de alguna manera su postura personal porque se vuelve un representante de la comunidad. Uno es un organizador y así lo veo. Ofrecer… pues… una capacidad de organizar esfuerzos múltiples y en ocasiones contradictorios.

– Se proponen dos nuevas carreras para la facultad de Artes…

– Tiene que ver con el Plan de Desarrollo del rector, de tendencia humanista y que compartimos. Hay la tentación en la Universidad de tomar el aspecto de la música y el cine. Pero hay que impulsar desde otro lugar esas disciplinas. La versión tradicional de estudiar cine, de plantearse la formación de un director, tiene dificultades. Una oferta así es escasa en el país. La producción cinematográfica nacional está ligada a instituciones como Estudios Churubusco o la UNAM, que tiene un aparato monstruoso. Incluso en esas opciones no se ofrece la licenciatura. Con toda intención lo hacen porque… en realidad esto se trata de una premisa más teórica y viendo la producción no tan profundamente, puesto que no se tiene la estructura. Y en la música es algo parecido. No es la formación como ejecutante sino la idea de una cuestión creativa en lo teórico.

– ¿Hay algo que se deba cambiar en la facultad de Arte?

– No creo que los cambios se hagan porque deban hacerse. Creo que todo absolutamente cambia. Y que todos los problemas tienen que ver, de repente, con la inconsciencia de que los cambios van a ocurrir. Esta facultad está cambiando. El problema sería no darse cuenta de los cambios que está teniendo e insistir en la organización que se tenía cuando esto era diferente. Lo que hay que hacer es adecuarse. Los cambios, sobre todo en las comunidades, a nivel social por ejemplo, no se hacen a capricho de nadie, de ningún sector. Es una dinámica social de la que participamos todos pero nadie es el eje o el factor relevante para el cambio. Si hay un eje que define los cambios, son frágiles y no sirven para nada.

– ¿Y qué vamos a cambiar?

– La idea de que nada ha cambiado. Y vamos a introducir la conciencia de dónde se han generado estos cambios… pero ya en concreto… antes ofrecíamos una licenciatura, Artes Plásticas, y dentro de esa carrera se quiso ofertar un espectro de creación visual. Ahora viene una reestructuración del Plan de Estudios y debemos ver que ahora tenemos cuatro sectores que serán opciones para más gente. Y si volvemos a hacer un Plan de Estudios cargado de contenidos, no nos hemos dado cuenta de que ya cambió.

– ¿Hay datos acerca de cuántos alumnos ingresa a la Facultad de Artes?

– Tenemos una demanda de unos 100 aspirantes, de los cuales se quedaban 50 cada año. Creación Digital tiene una demanda de 250 aspirantes y se quedan 50. Y la Maestría, que son números más pequeños, unos 120.

–  A nivel licenciatura, ¿cuántos egresan?

– Tenemos un problema muy grave de deserción, aunque todas las escuelas de arte tienen un grave problema de deserción. Por corte, sale la mitad, hay una deserción del 50 por ciento.

– ¿Son suficientes cuatro años en la dirección?

– Digo, pues son cuatro… en un sentido nunca será suficiente pero hay casos en otras instituciones en el que un director tiene 20 años. Entonces… pues son cuatro.

– ¿Cómo se relaciona la Facultad de Arte con el entorno social de Toluca, que puede ser apático?

– No tengo esa visión exactamente de Toluca. Lo que no hay en la ciudad es un aparato de mercado cultural. Sí, eso es muy incipiente. Toluca tiene virtudes un poco extrañas. No es una ciudad atractiva culturalmente, como podría ser Guanajuato, pero allí ocurre que… ¿realmente son tan ricas culturalmente? Yo creo que no. Lo que pasa es que son ricas folclóricamente. Lo que hay allí es folclor y me parece que el folclor es lo contrario de la cultura, la cristalización estratégica que hace un grupo de poder para lucrar con la cultura. Lo que no tiene Toluca es folclor. Paradójicamente los lugares que tienen menos folclor son los que tienen más cultura. Creo que aquí hay mucha, entendida por formas de vida y organización social que van generando identidad. La materia prima del arte contemporáneo es la cultura, no el folclor y claro, una posición crítica. La gente formada en la escuela tiene poco a poco ese tipo de participación dentro de la comunidad. La Facultad ha tenido ya una incidencia en el contexto local. No me refiero a formas convencionales de socialización del arte como crear galerías… porque no es como el arte… incluso ni siquiera así es como se vende, ¿no?.

– La industria cultural está regida por el Estado, mayormente…

– Tenemos modelos inconscientes. Hay de las dos, también la privada, inconscientes de su papel. Lo que hace falta son las políticas culturales…

– Una campaña gráfica con pósters pegados en las calles de Toluca denunciaba la inseguridad en la ciudad. El ayuntamiento los quitó luego, luego. ¿Cómo se puede generar algo a partir de la censura?

– El arte, por tradición, tiene  una postura crítica. Puede entenderse como una serie de propuestas frente al agotamiento de estéticas tradicionales. Eso le da un carácter crítico al artista. Es el papel del artista. ¿Cómo conciliar eso frente a un Estado resistente? El artista debe tener claro que esa postura crítica va a generar marginación, censuras. Todos los artistas están en esa conciencia de cómo se manejan ese tipo de censuras. Más que quejarse tiene que saber utilizar esos medios. El artista es muy táctico. Esas estrategias del poder que generan prohibición pueden convertirse en la misma fortaleza del artista.

– ¿Y cómo se logra eso?

– Un arte de ese tipo es el urbano o intervención urbana, que en esa función crítica es anónimo y está fuera de los sistemas de comercialización. Sin embargo está totalmente actualizado dentro de las propuestas estéticas. La prohibición confirma la potencia de la crítica. Y se hace la difusión de la prohibición, que en ese momento deja de operar. Los grupos de poder han ido aprendiendo y ahora tienen una actitud distinta frente a la crítica. Hubo un momento de represión brutal pero se ha venido matizando precisamente frente a estas tácticas críticas.

– ¿El arte es política?

– Toda acción humana es política.

– ¿Qué tipo de política se hace en la Facultad?

– Se trata de buscar la manifestación de los grupos y la sensatez de su propuesta con los que entran en conflicto.

– ¿Es difícil ser artista?

– Es muy difícil… vivir, ¿no? Pero mira, las escuelas de arte han soslayado el aspecto de socialización de las producciones artísticas. Hay aparatos muy potentes de generación de mucha fuerza económica, susceptibles de intervenir desde el arte, esa industria cultural entra poco en las escuelas de arte. Eso dificulta la inserción de los artistas. La gente entra con la idea de que esta es una escuela de arte y vas a hacer cuadros para vender. Eso ya no es así…

– ¿Cómo es ahora?

– El artista se inserta en el ámbito cultural en la medida en que produce eventos artísticos.

– ¿Cómo gestor?

– Como gestor y productor de eventos artísticos para los cuales requiere financiamientos que debe solicitarlos en la IP… es más un gestor que solamente un productor…

– ¿En esta facultad se enseña a gestionar?

– Poco, todavía. Esas son las cosas que habrá que hacer en los planes de estudio.

– La obligación de una facultad no es generar empleo, y se entiende desde el punto de vista administrativo, opinan algunos directores de escuelas… pero sí genera desempleo… y si hay 100 personas que entran al año, ¿hay trabajo para los egresados?

– En un sentido muy formal, estoy de acuerdo. Las escuelas no son agencias de colocación. ¿Qué relación tienen las universidades con un mercado profesional? La formación debe dar pistas a los alumnos sobre posibilidades de desarrollo, no de empleo. Un artista no puede pensarse como empleado, sí como profesional porque es un autogestor de su desarrollo. Hay disciplinas que están orientadas hacia el plano de la demanda pero hay otras que se ubican en el deseo. ¿Cuáles son? Lo que culturalmente se hace y que no sirve para nada. No sirve para nada que México vaya al Mundial pero, ¿por qué hay tanta importancia en eso? Lo que vemos es que eso que no sirve para nada genera millones de ganancias. Quiere decir que lo que no sirve puede convertirse en un potente sistema económico como el cine, que tampoco sirve para nada o los videojuegos, y generan millones. En ese sentido está el arte, en un sistema mucho menos potente que el cine. Puedo aventurar que en la mayoría de los profesores todavía no hay conciencia de eso. ¿Qué se puede generar localmente para producir una dinámica cultural donde sea importante la participación de los artistas, y que se produzcan financiamientos de diferentes sectores?

– Es como una vuelta…

– Sí, volvemos al arte como función crítica. ¿Qué financiamiento puede haber si vas a criticar? Un ejemplo. La industria de Jumex. Se ha constituido, como fundación cultural, como el mayor coleccionista en México de arte contemporáneo al grado de generar una suerte de museo. El arte tiene también la cuestión del prestigio. Invitan a un artista a hacer una pieza con ellos, Teresa Margolles, quien les hace una grieta en su edificio, la llena de sangre, de toda la sangre de la violencia en Ecatepec. Entonces les echa a perder el edificio, les dice que son unos hipócritas porque su fábrica y su museo…

– Pero les cobra…

– Y le pagan…

– Y así funciona…

– El arte tiene esa perversión, culturalmente. El espacio legitimado para la crítica desde el poder, lo que es superperverso, porque entonces…

– Pareciera un engaño, que haya respuestas que se generan desde adentro pero no son soluciones de nada.

– Por eso es interesante el trabajo del arte urbano, desde la marginalidad.

– ¿Cómo separar posturas personales con el cargo de director?

– Seré prudente. La actual administración ha trabajado bien, y sé que no hay nada perfecto. Tenemos mucha calidad en los programas. Me atrevo a decir que somos de las mejores escuelas de arte del país. Ahora se presenta la coyuntura y hay que aprovecharla con todo lo doloroso que sea el crecimiento. Los cambios no deben ser caprichos, aunque podemos repasar los míos: hay una comunidad estudiantil muy apática, no organizada, sin incorporar propuestas en el Plan de Desarrollo. La administración ha hecho pocos esfuerzos por eso. Otro capricho sería generar una actualización de la visión que tienen los profesores acerca del arte, que tiene que ver con todas estas nuevas formas de inserción del arte y prácticas de producción. Y otra cosa, digo, suena como discurso del Tec. como de escuelas patito…

– El de Monterrey…

– Sí, claro… de “aquí no formamos empleados, sino ganadores”. Como condición profesional el artista debe entenderse como autogestor, pero todo mundo quiere conseguir trabajo, que otros le den el sustento. Y eso hay que pensarlo de nuevo.

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