La tarde en que el América calificó a una Copa del Mundo

* El partido no es nada, una guerra entre Siria y los Estados Unidos podría ser más pareja, justa y entretenida. Los dos millones 547 mil desempleados en el país encontraron la forma, desde luego, de buscar trabajo después de las seis, con el resultado sabido.

 

Miguel Alvarado

El día más frío del año encontraba un lugar en esta paz sicaria, donde cada cosa era el microcosmos del polvo y las estrellas no miraban para abajo. Era el haz perpetuo de la bandera en el Calvario, un asta que rasga por momentos los caprichos de una paleta helada y platos soperos con arroz y lentejas. Pronto, a pesar de alarmas sísmicas y panes endurecidos, la luna saldría puntual como siempre por la misma ventana.

En tantos países sucede lo mismo. Que el destino dependa de un partido no es cosa rara ni motivo de risa. El futbol es práctica miserable al momento de la comida, en horarios laborales, a mitad de un jueves. Aquí están todos reunidos y nadie falta a la sobremesa. El México narco asiste al estadio donde la dosis más potente pondrá a soñar por dos horas a maestros de la CNTE y a funcionarios descobijados en el fuero. Nadie se salva porque este es el pan y la sal de los que están de paso, los que apenas encuentran zapatos que ajusten y banderas revolucionarias con los colores del América.

Televisa anunciaba, en la voz del experto Eduardo Trelles, aconsejaba a los que trabajan pedir perdón que mejor permiso porque en el estadio Azteca estaban todos los que eran y que valía la pena desertar con tal de gritar un gol. Y es que una delegación deportiva visitaba México. Había viajado 25 horas para jugar una eliminatoria que, dictado estaba, no tenía por qué ganar. Enfrente, un equipo disfrazado de bandera con todo y águila era aplaudido con la entereza que dicta el miedo. Era el América, dirigido por un hombre apodado Piojo y que ahora, según los mantras sagrados de lo vano, sacraliza el universo de los insectos nada más porque hay una pelota de por medio.

Miguel Herrera era mal futbolista. Rijoso aunque entregado, quiso pero no pudo cuando le tocó el campo. Retirado luego, complementó su oficio entregándose al estudio. Algunos todavía se preguntan cómo se puede aprender futbol, elaborar estrategias e incluso aplicarlas. Desaforado en el estadio, porque se sabe visto, Herrera llegó para calificar a la más miserable experiencia humana. Vistió a las Águilas de verde y se puso su máscara guerrera, la misma que lo acompañará al Mundial de Brasil.

Convocó a Rafael Márquez, una entelequia refrigerada en León, proveniente de Mónaco, Barcelona y Nueva York y poco le faltó para llamar a Cuauhtémoc Blanco para transmitir la experiencia del desuso. Nueva Zelanda, rival polémico porque es campeón mundial de rugby, estaba del otro lado de la cancha. El partido no es nada, una guerra entre Siria y los Estados Unidos podría ser más pareja, justa y entretenida. Los dos millones 547 mil desempleados en el país encontraron la forma, desde luego, de buscar trabajo después de las seis, con el resultado sabido. Y por ellos, por los que nada tienen y si tienen los despojamos, el partido era de vital importancia. La guerra civil michoacana es un tema lejano, desconocido, pero cualquier guerra encuentra su matiz cuando el orgullo deportivo se defiende. Los atletas lo dicen. Siempre lo dicen. Saldremos a la cancha a morirnos, repetía el Chícharo Hernández con cara de dandy cuando jugaba contra Honduras. No murió pero fue desconvocado, que esos terrenos equivale a lo mismo pero peor.

Nadie explica a satisfacción el poder del escudo, la bandera, los himnos. Nos dan pertenencia, nos otorga un grupo, algo para creer y a veces para pelear. Ni Bocanegra, lírico poeta, lo creyó cuando le ordenaron ponerle versos al “mexicanos al grito de guerra”. No supo jamás que aquella primera frase se aplicaría para ganar un lugar en las tortillas, despachar al rival de amores, abrir una narcotienda en Zopilocalco y sí, jugarse el honor y los dineros de otros en un partido de futbol.

Bocanegra y los demás fueron disciplinados. Por eso no llegaron lejos. Y lo mismo se repitió en el Azteca, donde jovencitos engañados plagian a Pasolini su propia pasión y juegan y se sienten útiles en la sociedad. Oficiantes de albricias, entretenedores profesionales intuyen sin embargo la realidad, la que dicen los budistas, no se puede eludir ni con los ojos cerrados.

Pasolini determinó una sociedad a partir de un equipo de futbol pero se quedó cortó. Él, italiano y campeón del mundo, no entendía de derrotas, de las tristes derrotas aunque a su patria siempre se le señaló de ir a la guerra como si jugara al futbol y viceversa. El caso de Pasolini que no perdía la cordura pero sí enfermaba de la presión, no es el único. Inteligente, se pasaba de listo cuando jugaba el Bolonia y hacía experimentos con las palabras de Sarté, un descreído que a pesar de todo aceptaba la metáfora del regate.

Sin ellos, sin Heidegger, el gol se entiende en su expresión definitiva y atolondrada. Nada mata tan  certero como un gol en contra o la eliminación mundialista. La tristeza es real y se sobrepone sólo el que sabe que habrá revancha. La guerrilla michoacana no es una opción si el futbol puede salvarnos, cobijarnos, tapar las autodefensas con un gol, con el guante del portero Moisés Alberto Muñoz Rodríguez, michoacano además.

La espera mundialista se resolverá en el partido de ida, en una ciudad de Nueva Zelanda a 25 horas de vuelo. Oribe Peralta, Jiménez, que en su playera escribe “Raúl” y Aguilar fulminaron malamente a los débiles conquistadores ingleses. Ciudadanos de otro rango hasta en el deporte, los herederos de las ansiedades coloniales de la Gran Bretaña debieron entender de la peor de las formas que un país paralizado por un partido de futbol no asimilaría una derrota. Corteses, bajaron los brazos por supervivencia y garantizaron al mundo un tránsito más amable en la privatización del petróleo mexicano.

Nadie quiere más muertos, pero tampoco quedar fuera del mundial de Brasil.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s