Desventuras de un Golden… no tan boy

* “Si hay dudas sobre la cercana relación Chuayffet-Salinas, es necesario recordar que el 27 de julio de 2005, el ex presidente asistió al funeral del ingeniero Gilberto Enrique Peña del Mazo, padre del entonces gobernador electo del Estado de México, acompañado por Emilio Chuayfett”, escribe el periodista Francisco Cruz, en el siguiente texto parte del libro Los Golden Boy’s y que editó Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Nadie se atreve a vaticinar cómo y cuándo se presentarán los primeros choques abiertos entre la casta divina del equipo presidencial. Así como no hay quien se atreva  a desafiar la palabra de Luis Enrique Miranda, hacerle un feo a Marcela Velasco González ni a Gerardo Ruiz Esparza y, menos, a la senadora María Elena Barrera. El primero es el mejor amigo del Presidente, mientras que los segundos pertenecen al grupo del ex gobernador mexiquense Alfredo del Mazo González, tío de Peña, y la última es, al igual que la maestra Gordillo Morales, una Golden Queen.

Con todo lo que implica haber sido considerado, en algún tiempo, el político más lúcido e inteligente del Grupo Atlacomulco y el primero con la preparación y astucia para adueñarse de la candidatura presidencial priista, el ex gobernador Emilio Chuayffet Chemor forma parte de ese grupo selecto al que es necesario guardarle  distancia y tenerle respeto, aunque hace mucho él mismo perdió toda la esperanza de ser considerado, de nueva cuenta, un serio aspirante a la candidatura presidencial.

Hoy sus luchas son otras. Parecen simples y descabelladas; sin embargo, muy pocos se atreverían a negar que es un verdadero golden, aunque no tan boy. En los pueblos aledaños a Toluca dirían que ya no se cuece al primer hervor, pero pertenece, por derecho, a la burocracia dorada del país. Por más que esté en lista de espera, desde su ingreso a la Delegación Benito Juárez como subdelegado y tras su ascenso a la presidencia municipal de Toluca, muy pocas veces se ha alejado de la nómina gubernamental.

Para 2018, cuando tendrá 67 años de edad, Emilio verá el proceso de sucesión de Peña desde la barrera, muy lejitos. Por eso, desde hace tiempo personajes de su primer círculo se dieron a la tarea de auscultar cómo lo verían como ministro en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). En los hechos, ya se han tirado algunos buscapiés para, llegado el momento, hacer que, en la primera oportunidad —retiro o jubilación de alguno de los ministros—, Peña proponga el nombre de Emilio Chuayffet.

A mediados de agosto de 2012, cuando cumplía 38 años de carrera,  siempre militando en el PRI, esbozó en Atlacomulco su próximo retiro y “jubilación” con una cita de Jesús Reyes Heroles: “Pues bien lo decía ese ideólogo tuxpeño: el político que no sabe retirarse a tiempo termina por ser abandonado por la política. […] Después de 38 años me voy muy agradecido. Serviré siempre a mis paisanos. En mí tienen un amigo. A sus órdenes. […] Esta es mi última vez. Ya estoy muy choteado. Ya me hice muy viejito”. Nadie le creyó.

Ese mismo día el gobernador Eruviel Ávila le dijo: “No le será nada fácil deshacerse de mí, maestro Emilio Chuayffet. Lo llamo maestro por su rango académico. Y maestro por su sabiduría. A ella recurriré con frecuencia”. Era el viernes 17 de agosto. Por la tarde-noche, algunos de sus allegados lo empezaron a candidatear para la SCJN. Los más pesimistas, lo ven como embajador “en un país que muestre su estatura política”.

Los chuayfetistas no andan perdidos, al margen de las jugosas prestaciones, los bonos millonarios, seguros médicos de gastos mayores, los aguinaldos y de que son inamovibles, cada ministro recibe un salario mensual cercano a 350 mil pesos. Haciendo sumas y restas, los 11 ministros del pleno de la Suprema Corte le cuestan a los mexicanos al menos 35 millones de pesos, en salarios netos. La cantidad aumenta cada año, un “poquito” arriba de la inflación o según se negocie el presupuesto.

Gracias al poder acumulado, en 2008 los ministros destinaron 40 millones de pesos para viáticos y pasajes, contra los 42 millones de pesos que, por el mismo concepto, destinaron en 2010. Por su puesto, sin la obligación de comprobar ni un centavo. Poder independiente al fin y al cabo, la Corte tiene sus guardaditos en diversos fondos especiales —uno de ellos supera mil 200 millones de pesos—, que se usan, por ejemplo, para complementar sus pensiones de jubilación. Y ninguno está sujeto a comprobación.

Pastor Tapia escribió ese día en Quadratín, agencia mexicana de información y análisis: “El mensaje se debe tomar con las reservas del momento, pues está próximo a definirse el equipo de transición de Peña, y parece que lo que se busca con un retiro anunciado es recurrir a un bajo perfil, evitar el golpeteo del fuego amigo. Y, llegados los tiempos, ser parte del gabinete. Las voces de la futurología lo apuntan como tirador a la Secretaría de Educación Pública, cargo que desempeñó en la entidad durante el sexenio de Alfredo del Mazo”.

Abiertas las especulaciones futuristas en el Grupo Atlacomulco, la eventual llegada de Chuayffet a la SCJN le abriría las puertas a Peña para que el Poder Judicial le apruebe casi cualquier cosa que proponga. Además, un nombramiento de esa naturaleza serviría para “jubilar”, equivalente a quitarse de encima, al ex gobernador mexiquense y ex secretario de Gobernación, cuyos fanáticos esperan, por lo menos, una embajada de buen nivel.

En el equipo están convencidos de que la nueva élite gobernante tienen algunas deudas pendientes, porque Chuayffet fue el artífice para imponer, en 1999, a Arturo Montiel Rojas como candidato priista a la gubernatura. El trabajo se hizo tan bien que muy pocos se atrevieron a denunciar el escandaloso fraude electoral que, valga decirlo, apoltronado en su despacho, coronó el entonces gobernador César Camacho Quiroz.

Tutelado por Montiel, Peña —el presidente, como le gusta que lo llamen desde mucho antes de la elección del 1 de julio— fue tesorero del Comité de Financiamiento priista en la campaña de Chuayffet en 1993, cuando éste ganó los comicios para la gubernatura de aquel sexenio, y consiguió la más alta votación para un aspirante en la historia mexiquense. El adeudo, pues, parece mayor.

Todos en su grupo —cuyo alumno más aventajado es Ernesto Némer Álvarez, secretario de Gobierno en la administración de Eruviel Ávila Villegas que inició el 16 de septiembre de 2011— también están conscientes que Emilio carga con la sombra negra de Acteal, aquella matanza de chiapanecos del 22 de diciembre de 1997 y que ahora un grupo pretende cargársela sólo a Ernesto Zedillo Ponce de León.

Vinculado con Roberto Madrazo Pintado, el clan de los Hank y, sobre todo, con el ex presidente Salinas, Chuayffet también lleva a sus espaldas, como una losa, el fallido intento de disolución del Congreso en agosto 1997. Visto e interpretado como una intentona de Golpe de Estado al Poder Legislativo, el entonces secretario de Gobernación urdió un plan para impedir la instalación de la Cámara de Diputados.

Pastor Tapia tiene parte de la razón, el sábado 12 de julio de 2009 Chuayffet y su esposa Olga Guadalupe Soto Priego dieron una muestra de poder: el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y el gobernador mexiquense Enrique Peña sirvieron como testigos de honor en el enlace matrimonial de su hija Carolina Chuayffet Soto con Jorge Lira Quirarte.

Acompañado por su esposa, Ana Paula Gerard, Salinas llegó custodiado por elementos del Estado Mayor Presidencial a bordo de una camioneta Mercedes Benz placas 776 WJW e ingresó al ex convento de San Hipólito, en el Distrito Federal, sin hacer ningún comentario. Peña llegó con su plana mayor: Ricardo Aguilar, Miranda Nava, Luis Videgaray, Ernesto Némer Álvarez y Carolina Monroy. También asistieron los ex gobernadores mexiquenses Ignacio Pichardo Pagaza, César Camacho Quiroz y Alfredo Baranda García, así como la entonces lideresa nacional del PRI, Beatriz Paredes Rangel.

Si hay dudas sobre la cercana relación Chuayffet-Salinas, es necesario recordar que el 27 de julio de 2005, el ex presidente asistió al funeral del ingeniero Gilberto Enrique Peña del Mazo, padre del entonces gobernador electo del Estado de México, acompañado por Emilio Chuayfett.

Salinas o su equipo o, en su defecto, Peña y sus allegados, han hecho sentir, desde entonces, la cercanía entre uno y otro. En un mes coincidieron de nueva cuenta, ahora en el Palacio de Bellas Artes, y se sentaron uno al lado del otro, en el festival Celebremos México, organizado por Televisa. La siguiente ocasión, considerada como la expresión máxima del interés mutuo, se reportó el 5 de septiembre de 2005, cuando Salinas asistió en calidad de invitado de honor a la toma de posesión de Enrique Peña como gobernador del Estado de México, realizada en el teatro Morelos de la capital mexiquense.

Si bien el 4 de marzo de 2011, en una entrevista con Carlos Loret de Mola, Peña intentó desmarcarse de Salinas, de inmediato se recordó que funcionarios de su gabinete —y empresarios amigos como Roberto González Barrera— tenían fuertes ligas con el salinismo. Entre ellos destacaban el procurador Alberto Bazbaz Sacal y el secretario del Agua, David Korenfeld. Además, Salinas impuso a Elba Esther Gordillo Morales como secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), la mayor organización gremial de América Latina, que también tiene su lugarcito en la agenda presidencial de Peña.

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