La página en Facebook de Carlos Salinas de Gortari

* Porque teatros para una ciudad con tres ejecutados diarios, 15 robos a mano armada, dos desapariciones, 15 intentos de extorsión y un aeropuerto para narcotraficantes parece una declaración del más podrido de los amores. Algo así como Carlos Salinas de Gortari en las redes sociales, y a quien que no le importa, ni siquiera medianamente, el ridículo de que se den cuenta de que no sabe hacer otra cosa si no es dinero.

 

Miguel Alvarado

Los comerciantes ambulantes del Metro en el DF se espantan cuando ven a alguien con una cámara. Solidarios, cierran filas y se pasan el dato. En el vagón fulano hay un zutano que está tomando fotos. Pronto al fotógrafo lo rodean discretamente. Nomás por si acaso. En las puertas, dos vendedores de discos y MP3 con los éxitos del momento. Frente a él, un niño con las pomadas milagrosas de La Campana –estamos casi seguros que eran de La Campana- y a un lado, un hombre ya grande que juega con resortes de plástico, ideal para el niño y la niña o los habitantes más inquietos de la casa. Al fondo, el vendedor de ratas, porque hasta las ratas son atractivas cuando permanecen quietecitas, inmóviles, a los pies del amo, que trata de buscar un comprador, le echa un ojo al gato.

– Lleve su rata, llévela, llévela. Ideal para días de lluvia, para el niño, la niña o la abuelita. Métale un susto a su esposa, por 15 pesos, póngala debajo de la almohada o en el plato de la sopa. Hágala pagar.

El hombre y el fotógrafo salen juntos del vagón. Uno se desvía en la tiendita de los cómics y el otro se dirige a la calle y extiende dos metros de plástico azul, como el azul del cielo lleno de OVNIS que hablan con Jaime Maussán, en la banqueta más suave y arrugada que encuentra. Sentado en la sala de su casa, mira lejanamente. Las ratas corretean aprovechando el impulso, algo macabro, del suelo jodido para siempre. Un hombre vende ratas y sobrevive. Son de a mentiras y cuestan 15 pesos, a veces 10, si uno le dice. En el piso las ratas corren, plástico en fuga. Harán pagar a la esposa descuidada o al hombre desaforado. Al niño o la niña que no estudian o que elegantes practican bulling y los madrazos a la hora del recreo y se masturban tempranamente. Una rata, un hombre tirado, los 15 pesos parecen extenderse por el pavimento recién colocado y ahogan la ciudad, donde los grupos de autodefensa no pueden tomar el control, ocupados en reconocerse ellos mismos, en batallar por las razones más humanas y viles por añadidura, en matar a los muertos también otro poquito, en rezarle a la virgen de Guadalupe, en ignorar Michoacán desde los escritorios, detrás de las computadoras, en internet.

Mientras las ratas corren, Metepec y Toluca son escenario enorme del ridículo. Todo sucede al mismo tiempo, grácil coreografía de lo estúpido, sincronizada esmeradamente en el grito del policía, la mujer atropellada, el narco de corbata que usa salas privadas en compañías aéreas para cambiar un maletín por otro. Avemex, la empresa que cobró 34 millones de pesos a la maestra Gordillo, pero que olvidó declarar, sirve panecillos gourmet en su menú por orden de Miguel Alemán en el aeropuerto de Toluca y se forman para la asignatura de camerinos, cuartitos oscuros, estrechados de media estrella. Pero qué más da si Toluca y Metepec preparan teatros para el pueblo, con recursos etiquetados, que no sirven para nada. La cultura, la confusión de la palabra no permitiría un teatro de 19 millones de pesos cuando la amada Elba prefiere hacerle al faquir y sigue comprando desde su cárcel, para apoyar El Buen Fin.

Porque teatros para una ciudad con tres ejecutados diarios, 15 robos a mano armada, dos desapariciones, 15 intentos de extorsión y un aeropuerto para narcotraficantes parece una declaración del más podrido de los amores. Algo así como Carlos Salinas de Gortari en las redes sociales, y a quien que no le importa, ni siquiera medianamente, el ridículo de que se den cuenta de que no sabe hacer otra cosa si no es dinero. Pasajes literarios perfumados en la poética del más asno son los que Carlos va dejando en su muro de Facebook, https://www.facebook.com/carlossalinasSolidaridad?fref=ts. Es hombre triste, arrepentido para siempre de ser madre y padre de aquellas ratas en el Metro o del fotógrafo en la tienda de los cómics. Se considera origen y consecuencia, falo y Falopio del país, karma y darma, prostituta núbil, fan del América, detractor de Emilio Azcárraga. Pero también escribe, aunque a través de sus empleados, que “entiendo, compatriotas, la animadversión que tienen hacia mi persona. Es fruto de los gobiernos posteriores al mío, los cuales sin duda rompieron la política de igualdad que siempre soñé para la república”.

Carlos sueña todavía con aquella república, colosista y pelona, donde todos los días se asoma por el balcón a ver el sol y las estrellas, tal vez la luna y el pueblo –porque siempre hay un pueblo, jodido por favor- que lo aclama y le besa los pies. La enfermedad del Hitler y el Stalin es la misma que la del Carlos. Nada ha cambiado y eso yo lo entiendo, compatriotas, pero no lo justifico.

El periodismo enseñó a Poniatowska a escuchar. Pero a otros nos enseñó a mentir. Carlos, yo volvería a votar por ti nada más para ver cómo te la mentaban hasta en los mensajes grabados que pasara Televisa. Pero Carlos no tiene la culpa. Sería injusto darle aquella importancia. Lo importante, como él mismo dice, es que comprendamos que “México necesita de nuestra unión, no soy yo el enemigo a vencer, sí lo es la pobreza, el desempleo y la desigualdad”. El desigual discurso, empobrecido todavía más por el empleado pagado que le hace los recados al licenciado, se convierte entonces en una apología de Polo Polo o del bienamado Jo Jo Jorge Falcón. Es lo que parece.

Nadie sabe si la página aquella es una broma pero para el caso es lo mismo. Terapia, pretextos, excusas. El payaso más tenebroso es de origen mexicano y quiere dominar el mundo. La escala Illuminati y el Consejo reptiliano le quedan cortos y por ello ha inventado otros, que comienzan en el sucio piso del Metro Xola, con un hombre vendiendo ratas, algunas a 10 pesos pero otras a 15 y con teatros al aire libre para El Tenorio Cómico o La Danza de los Cisnes en honor de Martha Hilda González, con la hija de Enrique Peña, Sofía Castro, como actriz principal.

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