El juego de Emilio

 

 

* Antes de sentarse a despachar en la ciudad de México para controlar la política interna de un país convulso, ganaron las prematuras ansias sucesorias y, desde la nueva posición, Chuayffet le arrebató a Hank González el liderazgo del Grupo Atlacomulco, aunque, como pasó desde la época de Isidro Fabela y Alfredo del Mazo Vélez, de 1942 a 1951, lo único que logró fue el sometimiento de los políticos del Valle de México. El país era otra cosa”, escribe el periodista Francisco Cruz Jiménez en el libro Los Golden Boy’s, editado por Planeta en el 2012, al cual pertenece este extracto.

 

Francisco Cruz

Emilio Chuayffet hace su juego. Sus allegados se niegan a recordar el pasado negro. Parece mejor idea ocultarlo. En ese pasado, sus enfrentamientos con la profesora Elba Esther Gordillo Morales, a quien humilló y arrebató, durante la primera semana de diciembre de 2003, la coordinación de los diputados federales priistas son lo menos grave, aunque antes de la Navidad de aquel año usó este recurso para correr a sus protegidos Tomás Ruiz González, Roberto Campa Cifrián, Baltazar Manuel Hinojosa Ochoa y Abel Echeverría Pineda.

En el camino, y luego de las maniobras de Chuayffet —en complicidad con el tabasqueño Roberto Madrazo Pintado—, el PRI expulsó a la maestra, a quien acusó de  realizar actos de desprestigio a candidaturas priistas, solidarizarse con acciones de partidos antagónicos, promover actos de proselitismo de otros partidos, proferir injurias y expresiones calumniosas y difamatorias contra distinguidos militantes del PRI, así como por crear, a escondidas, el Partido Nueva Alianza.

Aquella alianza Chuayffet-Madrazo no fue sorpresa para nadie; ambos se habían formado bajo las “enseñanzas” del  profesor Carlos Hank González. El segundo era su protegido desde la muerte de su padre, Carlos Madrazo Becerra, en un extraño accidente de aviación —que tuvo visos de haber sido ordenada desde la Presidencia de la República—, mientras al primero lo hizo subdelegado de la Delegación Benito Juárez, en el Distrito Federal, en 1976, cuando Emilio apenas tenía 25 años de edad. En 1982, ya era titular de la delegación, cargo que dejó por recomendación de Hank para aceptar la candidatura del PRI a la alcaldía de Toluca.

Por más que lo niegue, gracias a los tentáculos de Hank —el gran corruptor del Grupo Atlacomulco y de la política mexicana— fue impuesto como candidato a la alcaldía de Toluca, en 1982, de donde dio el salto a la Secretaría de Educación, Cultura y Bienestar Social en la administración de Alfredo del Mazo González, y de allí a la Secretaría de Gobierno en el fallido sexenio— porque gobernó menos de dos años— de Mario Ramón Beteta.

Posteriormente, lo rescató Carlos Salinas de Gortari, quien lo nombró titular del instituto Federal Electoral (IFE), de donde lo envió como candidato del PRI a la gubernatura mexiquense. La historia se escribió como sigue.

Elegido gobernador para el periodo del 16 de septiembre de 1993 al 15 del mismo mes, pero de 1999, Chuayffet no completó dos años porque, a finales de junio de 1995, el presidente Ernesto Zedillo corrió a su secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán—luego de una matanza de campesinos en Guerrero, perpetrada por la policía de aquella entidad— y le pidió al mexiquense renunciar a la gubernatura —lo que Chuayffet hizo el 2 de julio—, para que ocupara la secretaría de Gobernación.

A pesar de los argumentos sólidos de la oposición en la Legislatura del estado de México, Chuayffet recurrió a su poder, así como a la docilidad y sumisión de los diputados priistas, para violar la ley e imponer, en el cargo que dejaba vacante, a su amigo y pupilo César Camacho Quiroz.

Maquinaciones e intrigas aparte, la decisión de Chuayffet y sus aliados los legisladores locales priistas tenía un objetivo común: impulsar, con cinco años de adelanto, la candidatura presidencial chuayffetista. La secretaría de Gobernación, el segundo puesto más importante del gabinete —el primero es el jefe de la oficina de la Presidencia, cargo equivalente al de una vicepresidencia ejecutiva— les daría tiempo, espacio y poder.

Hasta entonces, a Chuayffet se le había dado en forma natural el oficio de hilar fino el entresijo de la política mexicana. Desde el gobierno de Carlos Hank González (1969-1975), ningún gobernador mexiquense —ni Alfredo del Mazo González— había tenido el camino tan claro hacia la candidatura presidencial priista. Al menos eso parecía, por el exceso de confianza del equipo de Chuayffet.

Antes de sentarse a despachar en la ciudad de México para controlar la política interna de un país convulso, ganaron las prematuras ansias sucesorias y, desde la nueva posición, Chuayffet le arrebató a Hank González el liderazgo del Grupo Atlacomulco, aunque, como pasó desde la época de Isidro Fabela y Alfredo del Mazo Vélez, de 1942 a 1951, lo único que logró fue el sometimiento de los políticos del Valle de México. El país era otra cosa.

En forma incuestionable, mordió el anzuelo de la ambición cuando, a través de amenazas, veladas y abiertas, los chuayffetistas doblegaron a todos los priistas —y a quien se atravesara a su paso— que intentaron salirse del huacal e irse por la libre. Del 28 de junio de 1995 al 30 de agosto de 1997 Chuayffet se convirtió en un dios para los priistas mexiquenses.

Frente a la rancia tecnocracia que representaba el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León —fiel seguidor del modelo de economía interna al servicio del libre mercado y del modelo neoliberal, impuesto por Miguel de la Madrid en su sexenio, que empezó el 1 de diciembre de 1982—, la innegable influencia política de Chuayffet, así como la imposición de su “santa” voluntad duró hasta el martes 9 de septiembre de 1997, cuando quedó atrapado entre los enconos del salón de plenos del Palacio Legislativo de San Lázaro.

Aquel día, en una moción promovida por el camachista Marcelo Ebrard Casaubón, los diputados federales lo censuraron, recriminaron y desconocieron como interlocutor del gobierno federal zedillista. Ni los panegiristas de Chuayffet pudieron meter las manos para evitar la debacle, la vergüenza y el deshonor. Su liderazgo indiscutible apenas alcanzaba para controlar a la clase política mexiquense. Zedillo nada sabía de política, pero tonto no era.

Frente a esos legisladores federales a los que había intentado someter “apenas le alcanzó el aliento para bajar la mirada, callar y perder su autoridad. Su refinado liderazgo quedó hecho trizas, aunque más tarde el mismo sistema que lo depuró se encargaría de mostrarle sus bondades o su miopía. Lo disuadió para mantenerse en la generosidad de la nómina gubernamental”—tal y como se documenta en Negocios de Familia. Biografía no autorizada de Enrique Peña Nieto.

Contrario a Zedillo, quien no estaba preparado políticamente para gobernar, considerado como un burócrata de las finanzas al que le cayó del cielo la candidatura presidencial, a Chuayffet le sobraba experiencia para moverse en los terrenos de la política.

Después de su paso por la Delegación Benito Juárez, la presidencia municipal de Toluca, las secretarías estatales de Educación, Cultura y Bienestar, y General de Gobierno, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la Dirección General del Instituto Federal Electoral (IFE) y la siempre poderosa gubernatura mexiquense, tenía tablas para enfrentar cualquier problema político que le pudiera surgir.

Además,  a diferencia de su jefe el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, él sí fue educado para “despachar” desde la Presidencia de la República. Tenía ganas, ambiciones abiertas y los ánimos para gobernar. Si se mira la historia con cuidado, Emilio siempre ambicionó llegar a Gobernación, desde donde se catapultaría a la candidatura presidencial, en su anhelo de servir.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s