Hablando de mitos

* El poco a poco desilusionante replanteamiento de los Consejos Técnicos Escolares y sus superfluos rasgos de normalidad mínima, que ocupa un viernes de cada mes para sesionar, dejando a los alumnos sin clases, ha provocado ya el “aburrimiento” de los maestros asistentes, que no se identifican con el “plan de mejora” impuesto, estresando únicamente a los ponentes en la búsqueda de modalidades que mantengan cierto interés en la sesión.

 

Luis Zamora Calzada

El jueves 21 de noviembre, en la cabecera municipal de Zinacantepec, el actual presidente de la república pidió a los maestros federales traídos de diferentes partes del país, 2 mil en promedio, hacer suya la transformación de la enseñanza que impulsa su administración y difundirla para romper los mitos y desinformación generados en torno a la reforma, como si los asistentes fueran expertos en la materia.

En una revisión a fondo de la literatura publicada de la reforma, entre las ausencias, es notorio que no se encuentra ningún planteamiento de transformación de la enseñanza, si bien es cierto que el tercer párrafo agregado al artículo 3ro. Constitucional establece que el “Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos”, también lo es que queda a nivel de enunciado, sin tener hasta el momento iniciativas de reforma a la docencia, mucho menos en los materiales y métodos que siguen intactos, las computadoras regaladas no son suficientes, ni se garantiza su uso con fines curriculares y la construcción de una cultura pedagógica no se observa por ningún lado.

El poco a poco desilusionante replanteamiento de los Consejos Técnicos Escolares y sus superfluos rasgos de normalidad mínima, que ocupa un viernes de cada mes para sesionar, dejando a los alumnos sin clases, ha provocado ya el “aburrimiento” de los maestros asistentes, que no se identifican con el “plan de mejora” impuesto, estresando únicamente a los ponentes en la búsqueda de modalidades que mantengan cierto interés en la sesión. Lo decepcionante es la falta de transformación de la docencia que se practica en el aula, porque no se hace nada al respecto en estos espacios.

Los rasgos 7 y 8 de la normalidad mínima, de la participación del alumno en clase y dominio de lectura, escritura y matemáticas, no son la panacea educativa. La historia y la experiencia docente acumulada ha mostrado que no se puede obligar a nadie a hacer lo que no desea hacer, al final sólo serán reportes y más reportes, sin avances en el perfil del alumnado y con un incremento mayor a la carga administrativa, pero sin planteamiento alguno para transformar la enseñanza, tema que inicia su recorrido para convertirse en mito educativo.

 

Ya no ha respeto al maestro

 

“¡Usted no es nadie! No está ni para llamar la atención de mi hijo, a mi muchacho yo lo regaño cuando quiero, pero no porque no traiga una pinche tarea que ni revisan. Los voy a acusar en Derechos Humanos. Que quede claro de una vez por todas, mi hijo no se porta mal, ustedes tienen la culpa, maestra, dejan que los otros chamacos lo molesten, ahí es en donde debieran poner atención….”, casi gritaba el padre de familia de Primero “C” a la orientadora del grupo, que estaba sorprendida o más bien espantada y molesta de la actitud que estaba recibiendo del ciudadano trajeado que tenía enfrente.

Se hizo un breve silencio al notar nuestra presencia. Aprovechamos para saludar y de alguna manera interrumpir la airada agresión que estaba ocurriendo en un área de orientación de una escuela secundaria ubicada en Toluca. Ante esto y como testigos presenciales de la desagradable escena, el hombre se retiró, sin despedirse por cierto. Al parecer no se había desahogado.

– Qué pena, maestros, qué pena- dijo nerviosa la orientadora.

– ¿Está usted bien, maestra? ¿Gusta un café o agua?- pero no hubo respuesta, simplemente se dejó caer en su silla.

– Dios Mío, Dios Mío. ¿Qué vamos a hacer, maestro? Cada día las cosas se ponen peor, los alumnos no quieren trabajar, los padres se vuelven groseros, hay grupos en donde ya no le hacen caso al maestro o incluso pretenden gritarles, quizá queriendo imitar lo que ustedes vieron, es muy difícil este ambiente…

Sin pretender forzar la asociación de hechos, éste es un claro ejemplo del resultado de la devaluación provocada de la imagen del maestro ante la sociedad. La destrucción de la figura magisterial emprendida de manera permanente en la televisión tiene sus primeros frutos.

El declive de la escuela pública se gestará si lo permitimos quienes laboramos en ella, es urgente un análisis integral de quiénes somos y qué significamos en el contexto de cada institución educativa, considerando a los actores, principalmente a los alumnos y compañeros maestros, el currículo, el perfil cultural individual, la llamada política educativa, el marco normativo, entre otros, para ejercer la actuación del maestro de este siglo en la escuela y el probable impacto en el alumnado que se atiende.

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