Chuayffet: el falso discurso

* Para el secretario federal de Educación en México, el problema de la educación está en los profesores, y no considera otros factores, como el programa que se aplica o los vectores socioeconómicos de los estudiantes y sus familias y la violencia generada. No considera que el 70 por ciento de los alumnos en México cursa la preparatoria y silencia resultados de pruebas que, aunque parciales, revelan un panorama desolador.

 

Miguel Alvarado

Apenas comienza la mañana, los obreros que construyen un puente vehicular en la vialidad Alfredo del Mazo, frente a la sede estatal del PRI, cierran la circulación. Un auto a la vez ocasiona todos los días el mayor congestionamiento de la ciudad. El nuevo puente es además una seña muda donde comienza el norte toluqueño, una región donde unos 85 mil habitantes observan el abandono de las autoridades, año con año, desde hace decenios. No en balde son separatistas, pero como no tienen ningún poder y sus representantes se contenta con los bonos que los gobiernos locales les otorgan, no han concretado que la zona indígena de la capital del Estado de México se constituya con su propio municipio. Al menos, dicen, podrían disponer aunque sea, de los propios errores y pagar las consecuencias, pero no el sojuzgamiento de inteligencias ajenas que de listas tienen apenas un nombramiento popular pero inválido porque aquí no se sienten representados por la priista Martha Hilda González Calderón, alcaldesa  de la ciudad, pero tampoco por nadie que integre el cabildo. No es para menos. La Conquista se ceba en un territorio donde las prácticas sociales parecen retrocedidas en el tiempo y retratan inusual pero vivamente cada uno de los pasajes de un México perdido, que no aparece en los anuncios ni discursos del presidente Enrique Peña o en las elocuentes conferencias del secretario de Educación federal, Emilio Chuayffet.

Zona de milpas interminables y calles a medio terminar, San Andrés Cuexcontitlán es una cartografía enterrada entre casas de adobe y otras que apenas se sostienen porque aquí se practica la albañilería. Las casas se mimetizan en un paisaje de pobreza y gamas grises. Aquí las fachadas no tienen color. La obra negra apenas permite habitar en pequeños espacios diseñados según la arquitectura de la necesidad, del ahí se va, de la intromisión y del desconocimiento ya generalizado de una cultura que, da la impresión, conserva sólo el nombre. Los otomíes de la zona norte toluqueña son además una prueba viva del Estado fallido, la contestación silenciosa contra la propaganda oficial, el peregrinar de maestros por arteras oficinas en busca de fondos para sus escuelas públicas, perdidas para las autoridades en documentos elaborados a propósito para que las cifras cacen. Porque no importa cómo, pero todo debe presentarse por escrito, aunque lo que cifras y palabras consignen, no exista.

“Sabemos lo que significa el Estado de México para el gobierno, para el federal y el estatal. Aquí es el modelo nacional de lo que debe ser un gobierno, de aquí salió Peña Nieto y no puede permitir que los otros estados volteen y encuentren que en realidad es donde más problemas hay”, dice una maestra de primaria, a cuyo cargo tiene cerca de 20 niños, divididos en dos grados y que comparten la misma aula, en una escuela bajo el régimen del Subsistema Indígena, enclavada en el corazón de la zona norte toluqueña. Los profesores abren las puertas de su escuela con la condición de no revelar nombres, pues habría represalias. “No tanto que le hicieran algo a uno pero sí, segurito, que al rato le inventan algo para despedirlo o hace que no cumpla con su trabajo a cabalidad. Por eso”.

Ni siquiera pueden manifestarse públicamente, comenta el director de la primaria, inscrita en el subsistema de Educación Indígena, porque esas amenazas provienen, precisamente, de los mandos inmediatos. Nadie quiere perder su trabajo o ser motivo de reprimenda. Pero entonces, ¿cómo funciona una escuela donde ni siquiera se puede hablar, donde los recursos no llegan y maestros y padres deben pagar para que los programas se apliquen?

“Toco comenzó con el programa de Tiempo Completo, que tiene como intención que los alumnos se queden hasta las cuatro de la tarde para que se les enseñen nuevas materias. Este programa implica que deben comer en la escuela, para lo cual debe haber una cocina y un comedor”, apunta el director, sentado en el cuarto de computadoras, unas 10, que permanecen apagadas desde el 29 de noviembre del 2013, cuando les cortaron la luz porque la escuela no tiene un contrato.

Sin agua, porque las bombas no sirven, sin luz pero también sin cocina y comedor, los niños de todas maneras se someten al programa pues debe cumplirse para evitar problemas con el sindicato, en este caso el SNTE. De dos a cuatro, se hace lo posible para desarrollar habilidades de lecto-escritura, pensamiento matemático y artes. Los niños, todos indígenas, suman 68 y comparten tres salones, todos sin energía eléctrica, dos pequeños baños y un patio de tierra con algunos parches de cemento. A simple vista las cosas no se ven tan mal, pero hay que entrar para darse cuenta.

– Para implementar la cocina y el comedor, para los cuales tenemos dos cuartos, pero sin acondicionar, el programa indica que se debe tener una cocinera y un conserje. Pero el dinero para contratarlos sale de nuestro sueldo. Nosotros no tenemos por qué pagar esos salarios, pero se nos impone con un descuento mensual de mil pesos. Yo gano, con el descuento, 2 mil 800 pesos quincenales. Pero sucede que no tenemos cocinera ni conserje porque, según los supervisores, el recurso no ha llegado. Son casi 5 meses y no sabemos entonces para qué se usa el descuento que nos aplicaron. Yo tengo dos grupos, pero no me pagan extra por eso.

Una de las mamás ayuda a la profesora a elaborar un periódico mural. Un grupo de niños recorta y pega papeles de colores, cartulinas y algunas imágenes. Allí esperan la hora del recreo, mientras el director confirma que a los padres de familia se les prometió una ayuda diaria de 15 pesos, para los alimentos.

– Eso nos dijeron las autoridades. Eso les dijimos, pero eso fue hace 5 meses aproximadamente. Mientras, las familias ponen 15 pesos diarios para la comida de los niños, pero ya muchos protestaron. Y es que no pueden. Aquí se vive al día. Se llegó al acuerdo de que los propios papás trajeras la comida y les dieran de comer aquí a sus hijos. Toda una complicación, porque trabajan. No pueden salirse así como así de su actividad. Quienes siguen pagando 15 pesos diarios, pues échele, son 300 pesos al mes por cada uno de los niños. Parece que no es mucho, pero esta es una zona donde hay que trabajar diario y se cobra diario. Pues no les conviene. “Antes iban como 15 papás, hoy solo fueron tres. Ya nos dijeron que no les conviene porque ellos están llevando de comer y preguntan dónde están los 15 pesos de la comida. Les mandan dinero a sus hijos para comer en recreo. Ellos quieren quitar el programa de Tiempo Completo por eso”, apunta una de las maestras.

– ¿A los maestros les pagan las horas que permanecen para que se cumpla el programa de Tiempo Completo?

– No. Apenas esta última quincena de noviembre llegó el pago de dos meses, pero faltan otros tres. Por esa actividad el programa indica un salario de 2 mil 800 pesos al mes.

La escuela ha sido repintada y es atendida por los propios maestros. Pocos padres participan en el cuidado de las instalaciones, dicen los maestros, pues no lo consideran su deber aunque sepan que no hay recursos y que sus hijos pasan ahí más de la mitad del día. El director cuenta que es bien fácil apaciguar los brotes de inconformidad del magisterio mexiquense. “Hace unos dos meses hubo una manifestación de maestros de la CNTE, en el centro de Toluca. Al otro día se les envió un bono por mil pesos y luego nos dieron uno a cada uno de nosotros, aunque no estuvimos allí. Son mil pesos, ni siquiera nos dicen por qué o de qué fondo o programa vienen. Y nadie pregunta, además”.

Para el director de esta escuela, donde hay tres maestros pasa seis grados y 68 alumnos a los cuales se les debe enseñar, el Subsistema Indígena está igual en todas partes. Hace un cálculo y afirma que al menos el 90 por ciento de estas escuelas están en condiciones deplorables. “Hay peores”, afirma.

La hora del recreo, las 11 de la mañana, permite a los niños comprar algo en la pequeña tienda de la escuela, pero que de ninguna manera sustituye a una comida en forma. Cerca de la tienda, recargadas en la pared, una fila de pequeñas bicicletas espera por los niños, que se transportan durante el día con este medio.

Pobre pero limpia, la escuela espera a que lleguen los recursos. Con todo, han habilitado un espacio como biblioteca, donde ponen los libros que la SEP envía. Allí, a la mitad de las mesas, dos enormes cables de luz cuelgan, en espera de ser usados. Otra habitación sirve como pequeña bodega y una más alberga sillas y mobiliario, amontonado todo en paredes castigadas por la humedad.

– También queremos afirmar que lo que el secretario de Educación, Emilio Chuayffet dice en su discurso público, es falso. No es verdad que las escuelas de tiempo completo funcionen. No es verdad que les lleguen recursos. No es verdad que no estén pagando más. Ni siquiera sabemos si funciona el programa, porque se aplica de una forma distinta.

Los maestros de esta escuela ya fueron evaluados, hace un año. “Aplicamos un examen, lo hicimos sin problemas, lo entregamos, pero hasta la fecha no sabemos los resultados, no los conocemos. No nos han dicho si pasamos o qué significa. Los medios masivos de comunicación han crucificado a los maestros que realizan plantones, pero ninguno se ha tomado la molestia de venir a ver estas escuelas. Es cierto que esos movimientos están politizados, pero también reclaman algo, luchan algo que, a pesar de estar ahí, nadie lo quiere ver. La reforma educativa no existe porque se trata de una reforma laboral”.

Para Emilio Chuayffet, el problema de la educación está en los profesores, y no considera otros factores, como el programa que se aplica o los vectores socioeconómicos de los estudiantes y sus familias y la violencia generada. No considera que el 70 por ciento de los alumnos en México cursa la preparatoria y silencia resultados de pruebas que, aunque parciales, revelan un panorama desolador. “De acuerdo con los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), si México sigue con este pobre desempeño, tardaría hasta 65 años en alcanzar el promedio en la calidad de lectura del resto de las naciones examinadas, y 25 para llegar a la media en matemáticas. México obtuvo 413 puntos en matemáticas, 424 en lectura y 415 en ciencias, lo que implica que los estudiantes mexicanos se desempeñan en los tres rubros “homogéneamente mal, advirtió Gabriela Ramos, jefa de gabinete de la OCDE, durante la presentación del informe”, reproduce el semanario Proceso.

La zona norte de Toluca ha sido “descubierta” por políticos que encuentran allá la discreción suficiente para construir enormes mansiones o comprar grandes extensiones de terreno. Servidores públicos como Fernando Zamora, ex líder magisterial en el SMSEM o la familia de José Manzur, senador por el PRI, han construido sus residencias y hasta bodegas donde almacenan, en el caso del último, una colección de autos Mustang. Pero estas particularidades tienen sin cuidados a los habitantes originales, quienes aceptan incluso que el nuevo estadio de la Bombonera, del equipo de futbol profesional de la ciudad, se construya allí. Eso, al parecer, es más importante que las condiciones escolares de los niños indígenas.

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