Fábrica de sueños

* Los negocios de la familia Maccise repuntaron en la administración montielista y se consolidaron con Peña Nieto. Nunca se pudo comprobar que Montiel estuviera detrás de esas empresas, pero versiones recurrentes lo ubicaban como uno de los socios. Ni falta hacía. El montielato permitió el desaforado crecimiento económico, gracias al cual los Maccise pueden anunciar la propiedad de diarios como Rumbo de México, Estadio Deportes, The News, Revista Cambio, Diario del DF, Green TV, El Reloj de Hidalgo, El Corregidor de Querétaro, El Caudillo de Morelos, El Águila de Veracruz, El Ángel de Puebla y El Libertador de Oaxaca.

 

Miguel Alvarado

El Grupo Atlacomulco obtuvo el poder absoluto de México en el 2012. Luego de exitosas operaciones de rescate a paraestatales en décadas anteriores y bancos en anteriores sexenios, como Imevisión, Banamex, Banca Cremi, Serfín, Bancomer y Banorte, el priismo tardó un año en poner casi todo lo que faltaba a la venta. Repite sin dificultades el modelo aplicado en el Estado de México durante más de 70 años, donde hasta un volcán puede ser privatizado.

La habilidad de sus miembros es directamente proporcional a la desinformación de la ciudadanía, la apatía, confusión, la incapacidad de usar elementos legales a su favor y ganar en la defensa de los bienes públicos. Otros opinan que la fuerza de aquella asociación de empresarios, dirigentes religiosos y políticos radica en hacer creer que no existe. Ese operar en las sombras es más que evidente. El poder público es una heredad, fórmula medieval al estilo de Blackberry y casas de bolsa inexpugnables, como fortalezas del tesoro.

La televisión ha enseñado, como doctrina absurda, que las acusaciones y pruebas de corrupción deben sustentarse con grabaciones casi en directo y que si no se ve en pantalla no existen o al menos no son sustentables. Y todo esto funciona y norma un criterio. Las clases sociales en el país están pulverizadas y todo se reduce a tres niveles casi primitivos pero también perfectos en la escala social: los dueños del dinero y las armas, ni siquiera el 2 por ciento de la población nacional, están por encima de cualquier tipo de ley constitucional; los operadores, una nueva clase de capataces cuyos látigos no son solamente físicos y por último los trabajadores, la esclavitud de hoy, disfrazada de oportunidades, de libertad de elección, de libre tránsito o expresión.

¿Por qué debemos creer a un grupo que siempre ha mentido, fracasado en sus políticas públicas y saqueado el erario? Atlacomulco no significa priismo. Con ellos están inmiscuidos militantes de todos los partidos, asociaciones y extranjeros. El mito de la democracia mexicana siempre ha señalado que el PRI es una fuerza política con un poder mayor a cualquiera de los grupos que lo forman. Esta vez no es así. El PRI aporta la legalidad y da la cara por el poderoso Grupo, pero lo han excluido del enorme negocio que significa el control del país. Basta ver el gabinete del presidente Peña Nieto, revisado a profundidad por el periodista Francisco Cruz en el libro Los Golden Boy’s. Pero ellos no se esconden. Currículas y filias están a la vista de todos, disponibles en sitios oficiales y seguidos en decenas de reportajes. Todos saben quiénes son y a qué intereses responden. El priismo, como ente político, es esclavo del Grupo Atlacomulco.

Así, provoca gracia la lista que la publicación norteamericana Forbes presenta sobre los 10 más  personajes más corruptos de México. Aquella revista, que en el entramado de los más ricos del mundo también incluye a narcotraficantes, es inocente, se lava las manos aunque se da el lujo de poner al tío del presidente Peña, Arturo Montiel, entre los más tenebrosos. La lista no es incorrecta pero ni siquiera perfila el verdadero cuerpo de la corrupción mexicana, globalizada a más no poder y condenada a responder a intereses todavía menos mexicanos que los de Atlacomulco. Parece más bien un golpe que, pasado el tiempo, generará su respectivo apapacho.

Si Montiel es uno de los más corruptos no es porque lo diga Forbes ni las razones que le enlistan sean las únicas. Producto del priismo mexiquense y miembro del Grupo Atlacomulco, a Montiel se le puede culpar de todo, excepto de no seguir la elemental conducta de un político. Desde sus Cocinas Quetzal, hoy afincadas hasta en Polanco, formuló una empresa política personalísima que no le alcanzó para hacerse de la presidencia del país de manera física pero, al menos, sí para negociar la prestancia y galanura de un sobrino muy mediático, que él mismo construyó y que sabía dócil, dogmático hasta el fanatismo. El Grupo Atlacomulco le debe a Montiel parte del pastel presidencial, pero no todo, y pronto comenzará a cobrarle la parte que ya se ha comido. Forbes recuenta que Montiel separó a sus hijos de la mamá, la francesa Maude Versini, de quien está divorciado aunque era una de sus principales impulsoras para Los Pinos. Cuando Montiel abandonó la carrera, también su matrimonio acabó. Versini regresó a París y rehízo su vida. Montiel casó por tercera vez y hasta pudo reaparecer en público, en un foro que lo colmó de aplausos seis años después de que nadie metiera las manos por su figura, luego de ser investigado por enriquecimiento inexplicable, un caso que Alfonso Navarrete Prida, actual secretario federal del Trabajo dio por cerrado al no encontrar pruebas de ninguna especie.

Fue el gobierno de Montiel el que perdió una de las batallas más significativas, junto con el federal de Vicente Fox, cuando no pudo instalar el aeropuerto de la ciudad de México en tierras ejidales de San Salvador Atenco, un negocio que se calculaba en 5 mil millones de dólares en el año 2000. Luego de una represión contra los opositores de ese proyecto en el 2006 y durante el gobierno de Peña en el Edomex, la Federación anuncia hoy que de todas maneras el aeropuerto será instalado en esas tierras, aunque sin necesidad de expropiaciones, según Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones, quien necesita 5 mil 500 hectáreas para la expansión.

Para el Grupo Atlacomulco el aeropuerto representa sólo un negocio más y será tarde o temprano que logre conseguirlo. Ruiz Esparza, Peña y Montiel son algunos militantes distinguidos. La formación de cuadros, como si se tratara de un equipo de futbol que necesita renovar plantilla, es parte de la planeación en los grupos políticos, como lo demuestra el caso de Manuel Velasco, gobernador de Chiapas y quien lanzó una campaña mediática para reforzar su imagen con un costo de 10 millones de dólares. Su administración es un éxito. No cualquiera gobierna el estado más pobre del país y obtiene recursos para aparecer en espectaculares, revistas y redes sociales así como así. Jenaro Villamil, periodista de la revista Proceso, escribe que Velasco inició esta campaña en la revista Cambio, propiedad de la familia Maccise, originaria de Toluca. Empresarios de medios de comunicación, los Maccise siempre han estado del lado del régimen, sin importar apellidos. La filia es fuerte. Reciben algunos de los convenios publicitarios más grandes, sólo por debajo de las televisoras y se les menciona como posibles auspiciadores del tercer canal de televisión en señal abierta. Además son flamantes socios del periódico de ultraderecha El País, en España, una de las publicaciones globales más exitosas.

Los negocios de la familia Maccise repuntaron en la administración montielista y se consolidaron con Peña Nieto. Nunca se pudo comprobar que Montiel estuviera detrás de esas empresas, pero versiones recurrentes lo ubicaban como uno de los socios. Ni falta hacía. El montielato permitió el desaforado crecimiento económico, gracias al cual los Maccise pueden anunciar la propiedad de diarios como Rumbo de México, Estadio Deportes, The News, Revista Cambio, Diario del DF, Green TV, El Reloj de Hidalgo, El Corregidor de Querétaro, El Caudillo de Morelos, El Águila de Veracruz, El Ángel de Puebla y El Libertador de Oaxaca.

El sentido patriótico de los Maccise se impregna hasta en la elección de los nombres, la tendencia aparece desde la razón social y se encarga de las directrices editoriales, meros simulacros informativos impresos como lujosos pasquines a color que no dicen nada, pues ni siquiera se destacan en el arte de la adulación. Y es que para ello se necesita todavía más talento. Completan aquella empresa otros medios, ahora radiofónicos, y que son la cereza a aquel pastel tan cargado de publicidad : Radio Capital, que se escucha en el DF, el área metropolitana y Toluca; Capital Máxima, con cobertura en Chilpancigo, Ixtapan de la Sal e Izúcar de Matamoros y Capital FM, con difusión en Morelos, Villahermosa, Xalapa, Tepic y Colima. Antes de Montiel, la cobertura era sólo para el Estado de México.

Manuel Velasco es, para El País, los Maccise y el Grupo Atlacomulco, la moneda de cambio que sucederá a Peña en la presidencia. Al gobernador de Chiapas, joven pero no tan guapo como el sobrino de Arturo Montiel, le han construido una historia paralela a la del ex gobernador del Estado de México. No es brillante, eso sí, pero su apariencia está diseñada para aparecer en las revistas del corazón que para encabezar un gabinete explicando reformas, proyectos públicos. Es novio de Anahí, una actriz de Televisa y se le menciona continuamente en medios de espectáculo. Su sonrisa es incluyente y cálida. Cercano al pueblo, al menos en sus propios comerciales, no se avergüenza de las distancias sociales, donde él representa el extremo opuesto de la pobreza. Detrás de él, los Maccise, Anuar y Luis, se toman la foto con Juan Luis Cebrián, uno de los diamantes del Grupo PRISA, dueño del diario español, para cerrar alianzas. Y es que no se puede explicar que El País, a pesar de su postura, uno de los medios más rigurosos editorialmente del mundo, se fije en el periodismo deschavetado de los dueños de Radio Capital. “¿Leeremos en El País informaciones sobre actualidad mexicana filtradas con los criterios pro priistas que singularizan a las notas de Rumbo de México? ¿Se mimetizarán los diarios del grupo español con la costumbre de publicar como notas de la redacción informaciones pagadas (aquí les dicen gacetillas) que singulariza a los diarios del Grupo Mac igual que, todavía, a importantes segmentos de la prensa mexicana? ¿Imperarán en la mexicana XEW, copropiedad de Prisa y Televisa, los programas de Radio Capital que es como se denomina la frecuencia que históricamente fue la XELA, que transmitía música clásica y que desde hace algunos años es controlada por el Grupo Mac con una programación anodina y sin audiencia?”, escribe el columnista Raúl Trejo Delarbe sobre el tema.

Es claro que no. Una alianza así no pasa por contenidos sino por relaciones políticas, empresariales. Los Maccise son una de las caras mediáticas de los de Atlacomulco y desde allí se puede negociar. Velasco es un negocio, como lo es Peña y el mismo Grupo PRISA. Los trucos, en esta puesta escénica, tienen una explicación y la más simple es la que prevalece.

Por lo pronto, el gobernador de Chiapas aprovecha algunos espectaculares en Toluca, como el que se encuentra en la avenida Venustiano Carranza, metros antes de la vialidad Vicente Guerrero, para comunicar sus parabienes. Presidencial o no, ha derramado 10 millones de dólares, casi todos  a sus amigos y a cambio ha conseguido atención nacional, aunque no del todo favorable.

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