Uno solo del resto de sus días

* Metepec es una ciudad de contrastes. Genera algunos millones de pesos al día y su tierra se ha revalorado según los parámetros de actualidad. Vale más un metro cuadrado encementado que una parcela para sembrar. Así es Metepec. Más de 80 fraccionamientos y gigantescas áreas comerciales se encargan de probarlo, además de un boyante comercio que no desprecia el narcotráfico, lo han colocado por encima de la pálida Toluca. Pero Metepec tiene sus razones para ser como es.

 

Miguel Alvarado

– Yo no uso mi programa para mentir ni para falsificar la verdad- grita la conductora de Televisa, Laura Bozzo a los invitados en uno de sus programas, mientras llena su panel de pura tragedia. Alardea, pero no deja de sorprender la energía que inyecta a cada una de sus actuaciones. Pareciera que el personaje creado por ella, la Laura que aparece a cuadro y lo mismo vende brasieres que fajas para los gorditos, es real, alimentado por el lugar común del HD y la repetición en tres horarios por el Canal de las Estrellas. Le pasa a cualquiera con un rating diario superior a 22 puntos, durante tres o más años, que pierda el piso, que se enfrasque ella sola en monólogos con la franquicia de Carmen Aristegui.

Las personas-franquicia representan un ingreso sustentado en algo que no existe, en una aparición televisiva, ingrata verborrea a la que se obliga a quienes desean estrellatos de mucha harina y poca mantequilla. Así, el círculo de colaboradores de otro locutor, Carlos Loret, confiesa que cobran 15 mil pesos por hacer publicidad a través de twitter, la red social más efectiva, inmediata de todas. Un twitt por 15 mil pesos no es la gran cosa si se compara con los costos en Estados Unidos, como los 9 mil 100 dólares que se embolsa una mujer llama Khloe Kardashian, de la que dice otro twitter que ni canta, ni baila, ni actúa.

Mientras, en la choricera Toluca la conductora Gina Serrano, de la ectoplásmica TV Mexiquense factura mil 500 pesos por cada clic en la cuenta del pajarito. Gina, una celebridad localísima, ha hallado una franquicia en su acta bautismal y puede explotarla en una ciudad como la capital del Estado de México, que no discrimina a la alcaldesa Martha Hilda González, una desparpajada funcionaria que no le importa acudir un sábado a las 12 del día al Sanborn´s de Venustiano Carranza para comer con sus colaboradores más cercanos y desalojar, 72 horas después a ambulantes con promesas empeñadas. Martha Hilda en los salones de Sanborn´s no parece “la presidenta”, y presume sin saber de cierto garbo a la inversa que confunde a los ciudadanos, quienes la critican por no parecer rica. Pero es sólo eso, percepción, porque Martha Hilda nunca estará en contra de la élite que le ha dado la oportunidad de medir su verdadera estatura. Su encargo público es muy reciente pero su fama laboral no. No se puede comparar con la kilométrica carrera de Carolina Monroy, presidenta municipal de Metepec que lo mismo ha administrado televisoras que el desarrollo económico de la entidad. Le da lo mismo Metepec que irse a la Federación para apoyar a su primo el presidente de México pero atiende todo con eso que los del Grupo Atlacomulco llaman pasión.

Metepec es una ciudad de contrastes. Genera algunos millones de pesos al día y su tierra se ha revalorado según los parámetros de actualidad. Vale más un metro cuadrado encementado que una parcela para sembrar. Así es Metepec. Más de 80 fraccionamientos y gigantescas áreas comerciales se encargan de probarlo, además de un boyante comercio que no desprecia el narcotráfico, lo han colocado por encima de la pálida Toluca. Pero Metepec tiene sus razones para ser como es. Hace 50 años la mayoría se dedicaban a la agricultura y la ganadería y viajar desde la capital mexiquense a era toda una odisea. Ni siquiera había red de agua potable y las calles eran meros caminos entierrados.

Pero la gente no era pobre. No toda. Algunos eran propietarios de ranchos y enormes casas del tamaño de una manzana, como la señora Aurora Ortiz, una de las más ricas de la región en los años 60. Ella habitaba una casona ubicada atrás del ayuntamiento y cuando murió uno de sus familiares heredó la propiedad. Meses después, al intentar arreglos en las bardas, decidió tirar algunas. El encuentro con la suerte no pudo ser mejor. Casi todas las bardas estaban rellenas de oro, lingotes fundidos en tiempos de la Revolución y guardados por aquellos soldados durante su paso por allí. Eso era bien sabido. El pueblo había servido de base temporal para aquellos que peleaban por la libertad y saqueaban al mismo tiempo.

Aquella historia se extendió por la comunidad y pronto otro vecino daba la misma noticia. Sus bardas estaban también rellenas con el sólido engaño de la riqueza. La cara del hombre resplandecía y en medio del éxtasis que produce aquella fiebre, hizo en público la promesa de construir baños públicos para el pueblo “porque ni eso tenemos y ya basta de tanto mugrero”. Cumplió la promesa y meses después los Baños Metepec abrían sus puertas a un público azorado pero maravillado de que se pudiera usar el agua caliente nada más para limpiar el cuerpo.

Los afortunados gambusinos no pasaron desapercibidos para las autoridades, que incrédulas miraban cómo, sin robar, simples ciudadanos se hacían del mayor poder que el hombre ha podido inventarse y ricos todos ellos se iban a conocer el mundo.

Hábiles para detectar recursos, los funcionarios creyeron que si esas dos casas habían arrojado tal cantidad de oro, otras tendrían más que eso y decidieron probar fortuna también. Así, los recursos públicos de Metepec, desde fines de los años 60, se han destinado para hacer, siempre, una obra que permita excavar las calles, remover banquetas, explorar fachadas. La leyenda dice que los alcaldes, hasta Carolina Monroy, se han enterado de alguna manera de aquellas historias y creen firmemente que el oro los está llamando. Filemón Salazar comenzó esta imperecedera tradición y lo siguieron sin chistar 15 alcaldes más, aunque los más mineralizados resultaron Miguel Ángel Terrón, quien exploró por objetos áureos el Calvario de la localidad, llevándose incluso un buen tajo del cerro; Óscar González, quien metió tuberías a casi seis metros de profundidad; Ana Lilia Herrera, quien terminó de poner banquetas a las obras del antecesor y de paso checar la calidad de los ductos y ahora Carolina, de quien se afirma, excava dentro del palacio municipal.

La pintoresca historia sobre Metepec es congruente con la mexicanidad de los Pronósticos Deportivos, la Lotería Nacional, la multimillonaria que se enamora del flojo petimetre o la suerte de tener una casa con paredes al estilo de las Mil y Una Noches. Si los alcaldes han escarbado además para hacerse ricos sin esa sagacidad que tienen para los negocios, no han dejado de usar presupuestos públicos para cumplir las ensoñaciones de Aladino y de todas maneras se retiran para vivir plenos, humanos, realizados, algunos sin volver a trabajar uno solo del resto de sus días.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s